Santo Domingo de Silos

 

12ª JORNADA

Martes, 8 de mayo de 2007

Quintanarraya-Santo Domingo de Silos

Parcial: 25,3 km; Totales: 327,7 km; Restan: 60,9 km

 

El Buen Pastor

            

Cerrando la puerta del Refugio de Quintanarraya

 Cuando el amanecer comienza a vislumbrarse por las ventanas del Refugio, ya estamos despiertos. Son las 06:30 horas. A pesar de las ínfimas condiciones de la habitación, prácticamente he dormido de un tirón, sin apenas notar el frío y humedad de la noche. Una vez aseados como Dios nos da a entender, a las 07:00 horas estamos cerrando el Refugio y depositando la llave en el buzón.

Atravesamos el pueblo envuelto en un silencio sepulcral. Siguiendo las indicaciones de nuestros anfitriones de anoche, y después de pensarlo un poco, nos desviamos por una pista a la derecha por la que recorremos unos 300 metros. Dudamos si continuar o volver, la eterna duda del peregrino cuando no existe señalización, no nos fiamos un pelo del camino ya que parece dirigirse hacia el este. Así que optamos por dar marcha atrás y regresar a la carretera de acceso al pueblo dirigiéndonos hacia la general, vamos cogiendo pánico a perdernos. A 1600 metros del pueblo alcanzamos la carretera general que se dirige a Huerta del Rey.

 Por el arcén vamos apuramdo los 4,6 km que nos separan de Huerta del Rey, atravesando el valle por un terreno prácticamente llano y rodeado de huertas. El día se presenta luminoso, ni una sola nube en el cielo. Unas paradas técnicas y a las 09:00 horas estamos entrando en el pueblo y buscando un bar abierto donde desayunar. Ahí tenemos el Bar Villarreal, ¡qué casualidad! Villarreal es un pueblo limítrofe con Castellón de la Plana. Nos pedimos el desayuno habitual lamentando que la atención del propietario brille por su ausencia. Le debemos parecer unos bichos raros y nos da la impresión que está deseando que nos vayamos. Intentamos encontrar una panadería donde comprar el almuerzo pero hasta las diez no abren el horno y no es cuestión de esperar, así que continuamos nuestro camino, a falta de pan... habrá que conformarse con las socorridas pastillas energéticas.

Fuente de Arandilla

Acompañados del río Arandilla que llevamos a la izquierda, vamos saliendo del pueblo por un desfiladero. A 1250 metros y tras cruzar un puente llegamos a la zona de las piscinas municipales y la Fuente Arandilla, que abastece de agua al río. En este punto es donde se encuentra a la izquierda el desvío a Pinarejos.

Dejando la Ermita a la izquierda y la Casa Forestal a la derecha, nos adentramos en una zona de pinares sobre un prado que se presta durante algunos tramos, para andar entre los pinos evitando el asfalto. Estamos en el entorno de los pinares de las Navas que nos alegra la vista, acompañando el buen día que se nos ha presentado con una temperatura ideal para caminar.

A 4750 metros del desvío, siempre entre pinos, llegamos a una zona recreativa donde se encuentra el Centro Forestal de Pinarejos, la Ermita y la Fuente del Caño, por la que brotan dos buenos chorros de agua. Buen sitio para tomarse un descanso y dar cuenta de una pastilla energética y frutos secos. Son las 10:30 horas. El ambiente es más bien fresco por lo que apetece mantenerse al sol. Mientras Pepe toma unas fotos a la ermita y alrededores, aparecen dos ciclistas burgaleses que están haciendo el Camino del Cid hasta Valencia. Todavía les queda mucho trecho por delante.

Ermita de Pinarejos
Area recreativa de Pinarejos

Desde aquí, comienza la carretera a tirar hacia arriba hasta llegar al puerto de Mamolar después de 2 km de ascensión. Aquí a 1170 metros de altitud, el bosque clarea bastante. Enfrente, podemos contemplar la escarpada pared caliza de Peñáguila La carretera comienza un descenso suave hasta Mamolar (3800 metros del puerto). A la entrada del pueblo nos sentamos en unos poyetes y aprovechamos para cambiar de calcetines. Es mucho asfalto lo que llevan nuestros pies y mi pie izquierdo ya lo está notando. Una ampolla en el talón y otra incipiente en la raíz de una uña. Cuando lleguemos a Santo Domingo habrá que repararlo.

"Mayo" de Mamolar

Entrando en la plaza del pueblo, nos llama la atención un alto pino con el tronco muy pelado al que solo le queda un "penacho" de ramas en lo alto.

-Es el "mayo" que plantamos todos los años a principios de mayo -nos informan unos vecinos.

Este es uno de tantos pueblos castellanos que se celebran los "mayos", una festividad muy antigua.

-Alrededor del "mayo" -nos aclara un lugareño- concurren mozos y mozas contemplando a los mozos trepar a lo más alto del árbol intentando alcanzar una bandera u otro trofeo, mientras las muchachas los animan desde abajo bailando y cantando. Esos días, son propicios para "rondar" a las mozas casaderas que quedan obligadas a invitar al mozo a una buena merienda.

Desvelada nuestra curiosidad, cruzamos la plaza en dirección a la Iglesia y la carreterilla de Peñacoba. De repente, casi tropezamos con una figura que nos resulta conocida. Es el cura bajo y gordinflón que vimos de pasada en Quintanarraya. Con una colilla de puro retorcido en la boca, tocado con boina llena de agujeros y vistiendo una sotana de color indefinido, raída, sucia y apergaminada va camino de la iglesia portando dos cubos de agua que casi no puede sostener.

-Vosotros sois los que pasasteis ayer por Quintanarraya -nos dice como sorprendido.

Pocos curas se ven ya con esas trazas. No tenemos más remedio que explicarle nuestra procedencia y meta. Pasamos por delante de la Iglesia en cuya espadaña penden unas viejas campanas.

Próximos a Peñacoba

La carreterilla va bordeando el valle con los altos cortados de Peñáguila a nuestra derecha y con un hermoso robledal a nuestra izquierda, cuyos árboles comienzan a despuntar las hojas. Al socaire de los cortados de Peñáguila, unos caballos pastan a sus anchas disfrutando de la soledad del valle y relinchando cuando advierten nuestra presencia. Pronto divisamos el alto de Peñacoba al final de los cortados. A mitad de camino nos sale al encuentro un pastor que vigila con atención como las ovejas cruzan la carretera. Se llama Jesús, tocayo del "anticristo" de Zayas de Báscones, pero menuda diferencia. Todo lo contrario que aquel, sencillo y amable. Este es el buen pastor del Camino. Nos dice que si le hubiéramos dicho que queríamos sacar una fotografía al rebaño nos lo habría agrupado en la pradera.

-Hay otro pastor en Mamolar -nos dice- pero él no lleva las ovejas tan blancas como las llevo yo, es un cochino, las ovejas se merecen lavarlas de vez en cuando.

Lo encontramos tan receptivo que Pepe no se resiste en contarle uno de los mejores chistes de pastores, de la cosecha del amigo Vicente de Almazora, al que responde con una carcajada contenida. Nos informa del desvío para llegar a Santo Domingo de la Calzada.

-Está a un par de kilómetros, un poco antes de llegar a Peñacoba, es un camino de tierra -nos dice despidiéndose.

Da gusto tratar con gente que no tiene reparo en perder unos minutos conversando y respondiendo a nuestras preguntas.

Seguimos adelante prestando atención al desvío, advertimos uno pero la dirección que lleva no nos infunde confianza por lo que llegamos al acceso de pueblo y seguimos hasta dar con un vecino. Nos dice que la pista la hemos dejado atrás, a menos de 100 metros del acceso al pueblo. Es la que habíamos visto. Nos informa que también podemos seguir por la carretera pasando por el desfiladero de La Yecla. ¡Estamos como para más asfalto! Y además son casi 4 km más. Nada, a volver y seguir por el Camino. ¡Qué lástima la ausencia de marcas! No vemos una flecha amarilla ni por casualidad.

Efectivamente, a 50 metros del acceso a Peñacoba, sale la pista en dirección a los cortados, un poco hacia atrás. A los pocos metros, la pista rectifica y se dirige a una embocadura por donde penetra un arroyo entre dos grandes rocas. Esta es la referencia que nos dio el pastor. Llegamos a la embocadura y dejando una pista a la izquierda, seguimos por el desfiladero el cauce del arroyo hasta donde no tenemos más remedio que abandonarlo, a 900 metros de la carretera.

Virgen del Camino

Tomamos un camino carretero que sale a la izquierda y que comienza a remontar el monte por detrás del Alto de Peñacoba. El camino es pedregoso y molesto, sobretodo para mis ampollas. Por otra parte, el calor comienza a hacerse notar. Poco a poco vamos ganando altura, incluso vemos alguna flecha amarilla ¡Aleluya! Ya nos habíamos olvidado de ellas. Desde la cumbre se nos aparece de repente Santo Domingo de Silos a nuestros pies, con su famoso Monasterio benedictino en primer término. Otra de las imágenes impactantes de la Ruta de la Lana.

El camino convertido en sendero comienza a descender de forma vertiginosa, pasando por la ermita de la Virgen del Camino y la estatua situada a la derecha. Unos turistas se encuentran sentados en posición contemplativa. Y es que la vista que tienen ante sus ojos, se lo merece.

 Otra bajada pronunciada nos lleva a cruzar el río Mataviejas por un puentecillo y tras pasar por el Arco de San Juan, accedemos a los aledaños del Monasterio. Desde el desvío han sido 3,6 km.

La puerta de acceso al Monasterio se encuentra cerrada. Un cártel avisa que hasta las 16:30 horas no abren. Son las dos de la tarde y habrá que ir pensando en comer algo para ir ganando tiempo.
Llegando Santo Domingo de Silos
De donde venimos. Ermita y Virgen del Camino

Comemos bien en un bar de la plaza. Después de reposar con tranquilidad la comida nos acercamos al Monasterio donde nos recibe el Hermano Portero, Fray Antonio. Con muy buenas palabras nos dice que no podemos alojarnos, según las normas se requieren por lo menos tres noches. Haciéndole valer nuestra condición de peregrinos, intento persuadirle para que haga una excepción, aunque sea pagando, pero es una tarea imposible. Flaco favor a la Regla de San Benito, cuando dice en uno de sus normas:

"Recíbanse a todos los huéspedes que llegan como a Cristo, pues Él mismo ha de decir: "Huésped fui y me recibieron". A todos dése el honor que corresponde, pero sobre todo a los hermanos en la fe y a los peregrinos".

Parece como si la Regla no fuera con él. No obstante nos apunta con poca convicción pero buenas y medidas palabras:

-Tenemos un albergue a unos 500 metros de aquí pero no sé en que condiciones se encontrará. Yo que vosotros iría a un hotel.

Es una forma sibilina de librarse de nosotros, parece como si ni siquiera le apetece acompañarnos al albergue. Esto no se parece en nada al espíritu de la Regla pero no es cuestión de machacarle más. ¿Tan difícil sería tener reservadas una o dos habitaciones para los peregrinos? Aunque pensándolo bien, esto choca con otra de las Reglas que no permite a las féminas alojarse en el Monasterio y ¿qué hacer con ellas entonces? En la época de San Benito, pocas peregrinas habría, por no decir ninguna.

Seguiremos su recomendación, no estamos para pasar otra noche incómoda teniendo sitios alternativos donde alojarnos. Además necesitamos una buena ducha y sobretodo yo necesito un buen descanso. Así que sin pensarlo más, nos vamos al Hotel Santo Domingo que lo tenemos cerca, frente al Monasterio. No hay problemas. Una habitación sencilla pero suficiente para nosotros por 36 euros .

Después de la ducha, lo primero es curar las ampollas. Pepe con mucha delicadeza las unta con Betadine, las pincha y aplica un apósito. Ya podemos tumbarnos a descansar un rato.

 Tras el descanso, salimos a visitar el claustro del Monasterio. Cuando llegamos ya se encuentra cerrado para las visitas. Pepe intenta convencer al guía para que nos deje pasar diciéndole que somos peregrinos, pero ni por esas. Nos enfrentamos a las estrictas normas, una barrera imposible de traspasar. ¡Qué le vamos a hacer! Hoy estamos llegando tarde a todos los sitios. Nos acercamos a la Oficina de Turismo. Cerrada. Solo abren los fines de semana. De nuevo volvemos a la entrada de la Iglesia del Monasterio para esperar que den las siete, hora de comienzo de las "Vísperas".

Los frailes se congregan alrededor de la sillería del coro. Un silencio sepulcral invade la iglesia cuando da comienzo el oficio con el "Deus, in auditorium meum intende…". Música celestial. El canto gregoriano, magníficamente interpretado por los monjes, se eleva mansamente hacia el cielo. Un sentimiento de paz interior inunda todo tu cuerpo. Momentos propicios para pensar en tus seres queridos, en ti mismo y confesarte ante Dios.

Concluido tan emotivo acto, volvemos a la entrada del Monasterio para intentar, que por lo menos, nos sellen la credencial. En medio del patio de entrada se eleva un magnífico ejemplar de secuoya. El Hermano Portero está a punto de cerrar la verja. Le pedimos que nos selle la credencial y amablemente nos lleva al interior del monasterio. Le contamos que nos hemos quedado con las ganas de visitar el claustro. Parece compadecerse de nosotros y mientras marcha a sellar las credenciales nos permite que lo visitemos. Una deferencia por su parte. Parece como si quisiera congraciarse después de la fría acogida.

Claustro y detalles de capiteles

El claustro está formado por dos pisos. Muy de pasada vamos recorriendo las galerías del inferior, contemplando los extraordinarios bajorrelieves esculpidos en los machones de las esquinas en los que se plasman escenas de la Pasión y Resurrección de Cristo. Y entre las esquinas, la arquería con bellísimos capiteles sobre dobles columnas, alguna de ellas torsas, cada uno de ellos tallados con motivos inspirados en el arte andalusí. Verdaderamente, la sublime obra parece haber sido creada por poetas en lugar de por escultores. Cada capitel precisa un análisis detallado que nosotros tenemos que posponer para otra ocasión. Pasear por las pandas del claustro es una gratificación para los sentidos. Todo el conjunto se presta a la meditación. La galería norte la preside una bella imagen de la Virgen del Paraíso y hacia el centro la artística tumba y altar de Santo Domingo, el fundador del Monasterio a mediados del siglo XI. Tan ensimismados estamos contemplando las figuras de un capitel que no nos damos cuenta que fray Antonio está detrás nuestro.

-Es todo precioso, una verdadera joya del románico, ¿verdad peregrinos?, aquí tenéis las credenciales.

-Tiene razón, habría sido una pena pasar de largo sin verlo- le contestamos con entusiasmo.

Una última mirada al jardín, donde en uno de sus ángulos se alza el famoso ciprés plantado hace unos 125 años y que ha inspirado a varios poetas, entre ellos Gerardo Diego con un soneto precioso. Habrá que volver.

"Enhiesto surtidor de sombra y sueño....
....mudo ciprés en el fervor de Silos"
Gerardo Diego

Con las credenciales selladas -¡Qué sello más chulo!- nos dirigimos a visitar parte del pueblo haciendo tiempo para asistir a las "Completas". Por la calle Mayor llegamos hasta la plaza del Crucero situada al final de la calle. Al borde de un camino de tierra que sale del pueblo advertimos un poste con las marcas de un GR y la inscripción: "A Covarrubias". Quedamos algo perplejos. La Guía indica que para ir a Covarrubias se tome la carretera y aquí vemos la señalización de un sendero que obviamente atravesará campo y monte, mucho mejor que el odioso asfalto. ¿Es que no se habrán dado cuenta que existe este sendero? No obstante, decidimos seguir las indicaciones de la guía, no vaya a ser que vayamos a tener problemas.

Próximos a las diez, nos acercamos a la Iglesia para asistir a las "Completas" que se inician a esa hora en punto en el ala norte del claustro, junto a la tumba de Santo Domingo. Al igual que las "Vísperas" los frailes en pleno rezan los oficios entonando con voz melodiosa cánticos gregorianos bajo la penumbra de la incipiente noche. Buen momento para dar las gracias por el día que hemos tenido y meditar. Para terminar nos dirigimos con ellos a la iglesia donde termina el oficio con la bendición con agua bendita, uno por uno de los presentes. Los frailes desfilan lentamente hacia sus aposentos y nosotros ya podemos recogernos plenamente satisfechos del deber cumplido.

En el Hostal nos disponemos a tomar algo ligero de cena. La dueña muy simpática es el "alma mater" del negocio, no para de hablar y de intercambiar bromas con los clientes. Le sobran "bemoles" para reírse a carcajada limpia y responder con ironía a los comentarios jocosos de unos jóvenes con ganas de juerga. El marido asiste impasible tras la barra del bar. Cuando los ánimos están calmados, nos dice que si vamos al Hotel Abadía de Burgos -de la misma familia- nos respetan el mismo precio. Ya veremos. Encargamos los desayunos que nos dejarán en el hall y nos retiramos a dormir y descansar. Hoy más que nunca, lo necesitamos de verdad.

Buenas noches y hasta mañana.

Atrás Adelante

Tabla de contenido