Por Zayas de Báscones

 

11 JORNADA

Lunes, 7 de mayo de 2007

San Esteban de Gormaz-Quintanarraya

Parcial: 30,5 km; Totales: 302,4 km; Restan: 86,2 km

 

La hospitalidad de un pueblo

 

A las 06:15 horas, totalmente repuestos iniciamos los prolegómenos de la salida y a las siete ya nos encontramos desayunando en el bar del hotel.

Aunque hace algo de fresco, el estado del cielo, totalmente despejado, augura calor. Por la Avda. de Valladolid nos dirigimos hacia el puente que dejamos a la izquierda siguiendo la carretera de Aranda del Duero. A 400 metros del puente tomamos a la derecha la carretera de Alcubilla de Avellaneda, que al inicio rodea el montículo sobre el que se alza majestuosa la Iglesia de Nª Sra. del Rivero. A 800 metros, cruzamos la carretera de circunvalación por un paso inferior, y ya nos encontramos en medio de la campiña rodeados de campos que alternan el cultivo mayoritario de cereal con algún que otro plantel de cepas.

Curioso tejado en Matanzas de Soria

A 7 km del desvío pasamos de largo por la pequeña localidad de Matanzas de Soria donde nos llama la atención la forma de cubrir las casas, muchas de ellas construidas de adobe, con teja en una sola hilera colocadas con la concavidad mirando al cielo. Nos extraña que de esa forma no entre agua al interior de la casa, pero un vecino nos asegura que no pasa ni una gota.

3 km más adelante, entramos en la localidad de Villálvaro cuando tres chiquillos acompañados por su maestra, se apresuran para entrar en la Escuela al son de la música. Nos extraña que con tres alumnos la tengan activa. Son las 09:30 horas, buena hora para buscar algún sitio donde almorzar.

Localizamos la única tienda-bar existente en el pueblo. Nos atienden de maravilla con un buen desayuno casero. Enseguida entablamos conversación con el dueño y un inmigrante de Igualada. Nos comenta el buen señor, la rapidez con la que estos pueblos van perdiendo sus habitantes, denominador común de la mayoría de estas pequeñas poblaciones. Cuando él se jubile lo más seguro es que el pueblo se quede sin tienda ni bar. Se trata del padre de la Directora General de Educación de la Junta de Castilla-León. Gracias a ella, la escuela permanece activa con los tres niños que quedan en el pueblo. Queda con esto desvelada nuestra extrañeza. Al saber que somos de Castellón, nos dice que nuestro actual Obispo Casimiro tiene parientes en el pueblo al que ha acudido en varias ocasiones. Con el inmigrante catalán comentamos la necesidad imperiosa de mano de obra que tienen estos pequeños pueblos para poder mantener las explotaciones agrarias y subsistir en una sociedad cada vez más proclive a las grandes urbes. Los comentarios e historias que vamos escuchando a lo largo de las etapas, van formando parte esencial de las vivencias de un Camino irrepetible.

Mojón tallado

Después de media hora de distendida tertulia, reanudamos la marcha. El asfalto está siendo el dueño y señor de la jornada. En un altozano próximo a Zayas de Báscones, nos encontramos con un pastor y su rebaño de 900 cabezas que aparecen entre las encinas haciendo sonar los cencerros. Parece que no le caemos muy bien. Desde el primer momento se muestra esquivo a nuestras preguntas. De estatura más bien baja y gordinflón, cara tosca de tez morena reseca por el viento y el sol, mirada huraña. Es extremeño y se llama Jesús, de los pies a la cabeza, un espécimen ibérico de la España profunda. Sin miramiento alguno nos suelta a bocajarro:

-¡Qué le den por culo al Camino de Santiago!

Nos quedamos de piedra. ¿Qué le habrá hecho el Camino de Santiago? Apoyado en un cayado tan retorcido como el dueño y que no para de mover, no nos inspira confianza. Es un amargado arregla mundos. Infunde temor.

-Los únicos seres inteligentes del planeta -sigue largando por su boca, por decir algo- son las abejas que no dudan en matar a los zánganos cuando no los necesitan. Hay mucho zángano suelto por el mundo empezando por los curas.

Le escuchamos con nerviosismo y sin atrevernos a contradecirle. No nos fiamos un pelo, es un tipejo de mucho cuidado, ¿No nos habremos topado con el mismísimo anticristo? La situación se podría complicar así que abreviamos la parada y nos marchamos a paso ligero, mientras él continúa mascullando improperios entre lo que le queda de dientes.

Al paso por las propiedades de la Finca de Zayas de Báscones (6 km de Villálvaro), delimitada con grandes mojones de piedra en los que están tallados el emblema y nombre de la propiedad, nos sacamos la espina del encuentro con el pastor contemplando la extensa alfombra de flores amarillas que destaca sobre unos campos de verde cereal. Otra bonita estampa que nos brinda la Madre Naturaleza. El calor va en aumento y se va transmitiendo al asfalto y por ende a las plantas de los pies. Estamos deseando llegar aunque sea a Alcubilla de Avellaneda donde pararemos y esperamos encontrar algún sitio donde comer.

 
Ermita del Sto. Cristo del Campillo
 
Palacete de los Avellaneda

A las 13:30 pasamos por delante de la Ermita del Santo Cristo del Campillo y poco después entramos por las calles de Alcubilla donde preguntamos por el bar.

- Seguidme -nos dice el primer vecino que nos sale al paso- soy el dueño del bar.

Ni hecho a posta. Han sido 22 km de carretera los recorridos. Resulta que es un alicantino que se ha hecho cargo del bar hace unos meses. Enseguida nos prepara una mesa. Unas cervezas para refrescarnos y al poco rato la comida servida por su mujer, unas lentejas estofadas y un plato combinado, buena cocinera. El bar lo tiene limpio y muy bien arreglado. Nos comenta que próximamente estará abierto un hotel rural en el palacete de los Avellaneda, actualmente en restauración.

Terminada la comida, entablamos conversación con el cura mientras se toma su aperitivo. Nos pedimos unos cafés y entretanto charlamos con él sobre el Camino y principalmente de la ruta a seguir hasta Santo Domingo de la Calzada. El cura y un vecino se enzarzan en una discusión sobre la ruta más idónea. Más bien parece un diálogo de besugos. El cura, muy cabezón, se quiere salir con la suya y el vecino por no llevarle la contraria pone pies en polvorosa. Nosotros le explicamos el camino que pensamos seguir de acuerdo con la Guía que le mostramos y parece que no se queda muy conforme. Está ofuscado en que el Camino debería pasar por Clunia -un antiguo enclave romano-. Damos por terminada la charla y en su compañía, nos dirigimos a su casa donde nos estampa el sello en las credenciales y acto seguido nos indica como salir del pueblo.

Curiosa señalización a la salida de Alcubilla

A la altura de un taller, sale una calle que termina en una pista que comienza a remontar la ladera de una montaña nada más pasar unas cuevas-bodega. El repecho es fuerte, pero tenemos tantas ganas de pisar tierra que a pesar de estar en plena digestión, apenas acusamos la subida. De flechas nada de nada. La única señalización que encontramos es un orinal colgado de unos matojos. Marchamos por pista entre encinas, algún pino, coscojos y matorral diverso. Después de subir durante 2100 metros, llegamos a la altura de unas taínas de ganado, donde comienza a llanear la pista. 350 metros más adelante, nos acercamos a una bifurcación continuando a la derecha por el camino más pisado que comienza a descender. Las marcas continúan brillando por su ausencia. Lo único amarillo que vemos, y nos hace sonreír, es la carrocería amarilla de un coche en lo alto de una loma. A 1100 metros de la bifurcación salimos a una carreterilla asfaltada. Tenemos frente a nosotros dos pueblos a la vista, por el tiempo que llevamos caminando, debe tratarse de Hinojar del Rey y un poco más alejado Quintanarraya. Cruzando la carretera, seguimos nuestro descenso por una pista de concentración parcelaria. A 1700 metros, con la primera población a tiro de piedra, alcanzamos otra pista que cruza. A la derecha no puede ser ya que nos alejaríamos. Tenemos el pueblo encima y no conseguimos encontrar la mejor forma de acceder a él. Probamos en línea recta por el linde de un sembrado de cereal, pero el río nos impide la continuidad, imposible vadearlo por la zona, lleva demasiada agua. Tenemos que retroceder a la pista. Por instinto, optamos por tomarla a la izquierda por donde nos parece vislumbrar a lo lejos una línea de árboles en dirección al pueblo, debe existir un puente por allí. 1500 metros después alcanzamos un área lúdica junto a unos chopos donde nos sentamos a descansar unos momentos y beber. Ya estamos muy cerca. Efectivamente a 100 metros cruzamos el río e inmediatamente llegamos a las primeras casas del pueblo.

Saludamos a un matrimonio que se encuentra descansando sobre unos poyetes a la puerta de su casa. Les pedimos agua y preguntamos por la salida hacia Quintanarraya.

-¿Quintanarraya?- nos contestan perplejos.

-Sí, Quintanarraya ¿no es esto Hinojar del Rey? -les preguntamos con desconfianza.

-¡Qué va hombre, que va! Esto es Quintanilla de Nuño Pedro, parece que van un poco perdidos, Quintanarraya lo tienen a unos 10 kilómetros.

En un instante, el alma se nos cae a los pies. ¡Como habrá sido posible! Con lo que hemos sufrido para llegar y al final nos hemos tenido que despistar.

-No hace mucho que otros peregrinos aparecieron perdidos por aquí- nos dicen tratando de confortarnos.

Pero el malhumor ya lo tenemos clavado en el corazón. Es un consuelo saber que no hemos sido nosotros solos. Pero al fin y al cabo, un consuelo de tontos. Ahora tendremos que retroceder para tomar la carretera de Hinojar del Rey y eso nos va a llevar unas dos horas. Tratamos de serenarnos refrescándonos con el agua que nos ofrece la buena señora y escuchamos con atención por donde debemos ir.

-A Hinojar del Rey se puede ir por pista pero yo les recomiendo la carretera, no se vayan a perder otra vez.

Desde luego le haremos caso.

Rebaño de ovejas cerca de Hinojar del Rey

A lo hecho, pecho, así que a rectificar toca. Son las 18:30 horas. Con la moral por los suelos y cabizbajos, recorremos los dos kilómetros de la carretera de Alcubilla hasta donde sale a la derecha la carreterilla que se dirige a Hinojar. Ya no siento ni el dolor de la espalda. Nos viene a la memoria la pérdida en la última etapa del Camino de Madrid cuando aparecimos en Gordaliza del Pino en lugar de Reliegos. Vamos a paso ligero apurando al máximo las pocas fuerzas que nos quedan. De nuevo toca subir hasta el collado donde arranca la pista que equivocadamente tomamos. Luego vienen unos sube y bajas. El tiempo corre que vuela. ¿Cuánto llevaremos andado hoy? No quiero ni pensarlo, he perdido hasta la cuenta. ¡Cómo pesan los kilómetros! Un pastor conduce, entre los encinares, a un rebaño de ovejas de regreso a los corrales. Y después de 7 km de recorrido desde Quintanilla estamos entrando en el verdadero Hinojar del Rey cuando el sol se aproxima al ocaso. Non encontramos en la Provincia de Burgos.

Saliendo de Hinojar del Rey

Preguntamos por el camino de Quintanarraya, no quisiéramos equivocarnos de nuevo. Siguiendo las indicaciones que nos porporcionan los lugareños, atravesamos el río por el puente situado a la salida del pueblo, tomando el camino de la derecha junto a una báscula. A los pocos metros, advertimos una flecha amarilla pintada sobre un ribazo. ¡A buenas horas mangas verdes! ¡Cuantos kilómetros llevábamos sin ver una flecha amarilla! ¡Ya podía haber estado en la bifurcación donde nos perdimos! Hay que intentar ser positivos. No es cuestión de lamentarse. Ahora sí que estamos cerca del final de etapa. El camino inicia un fuerte repecho hasta coronar una loma. Y ahí tenemos Quintanarraya a nuestros pies en medio de un llano entre arbolado y huertas. ¡Aleluya! ¡Bienvenida sea!

Quintanarraya ¡Por fin!

Un poco antes de entrar en el pueblo nos fijamos en un gran cartel junto a unas cuevas-bodega anunciando "El Camino del Cid". Debe ser lo que vende por la zona. El Camino de Santiago ha quedado diluido, como un azucarcillo en el agua, entre el "Camino del Cid" y del "Destierro del Cid" en sus dos versiones. Entramos reventados al pueblo después de casi 40 km, cuando la etapa era de 30,5 km. Un grupo de vecinos en plena tertulia, sentados en el interior de una cochera, nos saludan y nos ofrecen sillas, agua y vino de su propia cosecha que no dudamos en aceptar agradecidos. Se desviven por atendernos. Enseguida ponen en jaque a otros vecinos para procurarnos la llave del albergue y acercarse al bar para ver si nos pueden dar de cenar. Lamentablemente, el bar está cerrado y no consiguen encontrar al propietario. Como un "flash", veo a cierta distancia un cura retaco con boina y sotana cruzando la calle. Ha sido visto y no visto, no da ni tiempo a saludarle. Unos cuantos vecinos nos acompañan hasta el Refugio y enseguida aparece la Presidenta de la Asociación "La Espiga" -ligada al Camino del Cid- con la llave del local. Menos mal que por lo menos dormiremos bajo techo. El refugio muy humilde, bastante destartalado y oliendo a humedad pero por lo menos tendremos unos amplios colchones sobre el suelo, suficientes para extender los sacos de dormir; serán nuestros lechos de esta noche. Hay que ser agradecidos con lo que te ofrecen. La máxima del peregrino es pedir poco y agradecer mucho. El fontanero del pueblo, a su vez marido de la Presidenta de la Asociación "La Espiga", nos abre la llave de paso del agua y nos enchufa el "termo" pero la ducha ¡para que contar! Aunque necesitamos más que nunca un buen aseo, vamos a tener que posponerlo para mañana. Hoy habrá que lavarse como los gatos. Poco después aparece de nuevo el fontanero y nos dice que nos espera en su casa para compartir la cena con su familia. ¡Qué manera de desvivirse por nosotros! Esto sí que es hospitalidad.

Refugio

Entre unas cosas y otras se han hecho las nueve de la noche. Sin cambiarnos siquiera nos acercamos a la casa. Alrededor de la mesa de la cocina -como si se tratara de nuestra propia casa- cenamos a gusto escuchando los comentarios de la familia. Nos cuentan lo de los peregrinos que se perdieron como nosotros.

-Hicisteis bien en venir por la carretera, por la pista lo mas seguro es que os hubieseis vuelto a perder.

Como es natural nos hablan del pueblo, de los diferentes "Caminos" que pasan por él y de sus actividades. Les sugerimos que igual que hay una flecha a la salida de Hinojar del Rey, podrían pintar unas cuantas más, por lo menos en los cruces y bifurcaciones mas conflictivos, sobretodo el desvío del monte. También nos explican la salida del pueblo hacia Huerta del Rey. Nos ofrecen levantarse cuando lo hagamos nosotros para darnos el desayuno. Declinamos el ofrecimiento, faltaría más, ya desayunaremos en Huerta del Rey, solo son 6 km. Agradeciendo su deferencia y la generosa hospitalidad de todo el pueblo, nos despedimos. Hoy estamos bastante cansados, seguro que pillaremos bien la "cama".

Tal como estamos -¡cómo para andarse con remilgos!- nos arrebujamos en el saco de dormir. Hace frío y más que hará a lo largo de la noche. Me enchufo el bendito respirador y después de dar las gracias al amigo "Santi" por la feliz conclusión de la etapa, en un santiamén caigo entre los brazos de Morfeo.

Buenas noches y hasta mañana.

 

Punto conflictivo

ADVERTENCIA:

Rebobinamos un poco la etapa hasta Alcubilla de Avellanada. Nos situamos a la salida del pueblo ascendiendo al monte. Una vez que estamos a la altura de las taínas de ganado, a unos 350 metros existe una bifurcación. Nosotros hemos tomado a la derecha por la pista más marcada cuando en realidad deberíamos haber tomado el camino de la izquierda algo perdido durante 150 metros, lo cual induce al error. Es el sitio donde no debería faltar una buena indicación. A unos 500 metros de la bifurcación el camino entronca con una buena pista que 2300 metros más allá te dejará en la carretera a 200 metros de la entrada de Hinojar del Rey. En todo caso, si te equivocas y vas por la derecha, al salir a la carreterilla, la tomas a la izquierda y 3,5 Km más adelante llegarás igualmente a Hinojar del Rey. Nuestra equivocación nos ha costado un rodeo de nada menos que 8 km.

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