Ermita de Nª Sra. de la Blanca a la salida de Ínes

 

10ª JORNADA

Domingo, 6 de mayo de 2007

Caracena-San Esteban de Gormaz

Parcial: 23,4 km; Totales: 271,9 km; Restan: 116,7 km

 

El Duero

 

Los primeros albores del día me despiertan. Son las 06:30 horas. También Pepe se está moviendo. En unos instantes nos incorporamos y nos espabilamos con agua muy fría del lavabo. Pepe, pendiente toda la noche del crepitar de las brasas, ha tenido que levantarse dos veces a reponer troncos para mantener vivo el fuego de la chimenea. ¡Qué buena persona el amigo Pepe! Está en todos los detalles. Es una suerte tenerlo de compañero de peregrinación. Por mi parte, y a pesar del suelo, he dormido de un tirón y es que el cansancio ha podido con el rudimentario lecho.

Una vez nos tomamos los batidos que nos dejó Santiago, nos disponemos a iniciar la jornada bien abrigados. Hoy tenemos previsto llegar a San Esteban de Gormaz, otro de los grandes pueblos de la Ruta de la Lana. Al abrir la puerta, una ráfaga de aire helado azota nuestros rostros, única parte descubierta del cuerpo. Dos perros pastores que montan guardia a la puerta, nos dan los buenos días meneando el rabo, parece como si nos conociéramos de toda la vida. El cielo está completamente raso, es el primer día que esto sucede.

Descendemos por la calle en busca de la salida del pueblo, acompañados por los dos perros. Atravesando la Plaza Mayor nos fijamos por última vez en la esbelta picota situada en medio de la plaza, para que todo el vecindario no tuviera problemas de contemplar el castigo ejemplarizante impuesto a los delincuentes.

Pasada la plaza, iniciamos un descenso más pronunciado. Ya estamos en la única carretera existente de acceso al pueblo, los perros se despiden de nosotros, meneando el rabo y jugueteando, alejándose a toda prisa en dirección a los corrales.

Ermita de Nª Sra. del Monte y buitrera

Por el estrecho valle del Río Caracena nos dirigimos a Carrascosa de Abajo, distante 5,3 km,. A 2100 metros del pueblo, pasamos ante la Ermita de la Virgen del Monte, situada en la falda de unos altos escarpes, donde los buitres han encontrado un lugar idóneo para establecer sus colonias.

A 600 metros de la ermita, donde la carretera forma una gran curva obligada por los tajos que se alzan a la derecha, cruzamos el río por un puente. Unos metros después de cruzar el puente, se encuentra el acceso al Complejo Turístico Rural "Las Praderas", que aprovecha esta zona privilegiada, con amplias praderas y hermosas choperas y vegetación, para ubicar sus instalaciones dominadas por una atalaya árabe levantada en un cerro cercano.

A unos 1200 metros del Complejo Rural, cruzamos de nuevo el río que ahora llevamos a nuestra derecha. Poco después, Pepe se adelanta para tomar unas fotos. A 1400 metros del puente estoy entrando en solitario en Carrascosa de Abajo mirando a todos lados tratando de localizar a Pepe. Atravieso el pueblo sin toparme con nadie. A Pepe parece habérsele tragado la tierra. No sé si apurar el paso o ralentizarlo. Opto por ir más despacio, no puede ser que Pepe haya pasado el pueblo sin esperarme. Pero ¿adonde se habrá metido?

Los montes comienzan a perder altura, el valle y el paisaje se ensancha. Voy ganando distancia y Pepe sin aparecer. En una recta de la carretera miro hacia atrás y por fin le veo venir a marcha forzada intentando alcanzarme. Resulta que se había visto obligado a hacer una parada técnica. Y yo sin darme cuenta de su mochila que había dejado visible en la cuneta. Respiro más tranquilo.

"Picota" de El Fresno de Caracena

A 3,5 km de Carrascosa de Abajo entramos en Fresno de Caracena. Menos mal que aquí nos encontramos con más gente. Pepe toma unas fotos a la Iglesia y al "rollo jurisdiccional" de la misma hechura que el de Caracena. A partir de aquí, disponemos de unos planos que nos facilitó Luis, así que esperamos no perdernos por las traicioneras pistas de concentración parcelaria.

Pasada la Ermita de la Soledad, y tras una cerrada curva, sale una pista a la izquierda a 1100 metros del pueblo señalizada con una flecha amarilla.

-Tomad la pista que asciende hacia la loma del monte y sin perder la enfilación NW os conducirá a Ínes -nos había dicho un paisano unos momentos antes.

Despidiéndonos del río Caracena, que tan inolvidables vivencias nos ha proporcionado, comenzamos la subida a la loma entre sembrados de cereal. A 550 metros encontramos una bifurcación con una flecha que nos indica a la izquierda. Seguimos subiendo. A unos 750 metros nos encontramos con otra bifurcación, esta vez debemos tomar la pista de la derecha. Ya casi hemos alcanzado lo alto de la loma donde tenemos otra bifurcación sin señalizar pero el plano no ofrece lugar a dudas, debemos seguir la pista de la derecha.

Tosco crucero junto al Camino

Entramos en una zona donde se alternan las encinas con franjas de tierra que aprovechan al máximo su fertilidad para sembrar cereal. A 1 km de la bifurcación, tenemos que dejar la pista por un camino muy perdido que sale a nuestra izquierda que poco después, convertido en torrentera, desciende a otro vallecillo por donde fluye un arroyuelo (450 metros del desvío). Cruzado el vallecillo, la pista forma una curva a la izquierda y tras una subidita otra curva a la derecha nos saca a otra pista (500 metros desde el arroyo). Tomamos la nueva pista a la derecha en dirección norte que ya sin perderla nos encamina en suave descenso a la localidad de Ínes. El paisaje se vuelve más agreste. Las tierras de cultivo escasean. Una tosca cruz de madera nos saca de la monotonía y poco después entramos en una zona donde el paisaje se transforma como por arte de magia en un auténtico vergel. Una dehesa donde abunda el arbolado y huertos de hortalizas que recibimos con alegría porque la temperatura ambiente comienza a hacernos sudar. Al atravesar esta zona de frescor que aprovecha la humedad del Arroyo Madre, entramos en Ínes, un pueblo que vive del vino (con denominación de origen Ribera del Duero) y el cereal. Desde Fresno de Caracena han sido 8 km los recorridos.

Pepe se ha quedado un poco rezagado. Entro en el pueblo donde advierto cierto revuelo y voces. Son un grupo de peregrinos de Carrascosa de Abajo que se dirigen a Santiago -me informa un vecino-. Justo me da tiempo a ver las mochilas de los últimos desapareciendo tras una curva. Me quedo con las ganas de charlar con los primeros peregrinos de la Ruta de la Lana con los que casi tropezamos.

Al poco rato aparece Pepe y juntos entramos en el Bar de la Asociación de Jubilados. Es hora de tomar algo y descansar. Solo nos pueden ofrecer unas refrescantes cervezas acompañadas con "cortezas" y "panchitos". Hubiésemos preferido otra cosa más sustanciosa pero no puede ser. Una vez reposados reanudamos la marcha acompañados por Jesús, un viejo vecino que se presta con amabilidad a indicarnos la salida.

-Dejando la ermita de Ntra. Sra. de la Blanca a la derecha -nos explica al pasar las últimas casas del pueblo- sigan siempre adelante sin desviarse.

Buena gente por donde pasamos, siempre dispuesta a ayudarte.

Olmillos

El calor va en aumento, de nuevo comienzo a padecer por culpa de la espalda. Los 4 km de pista hasta Olmillos, entre campos baldíos y algún sembrado de cereal, se me hacen eternos. No obstante soporto el dolor con resignación, esperando se me pase como en etapas anteriores.

Al entrar en el pueblo nos topamos con unos vecinos que mientras holgazanean sentados en la calle, discuten sobre los peregrinos. Uno de ellos, montado en un todo terreno, no comprende ir caminando a Santiago.

-Habiendo coches -intenta justificarse- ¿Cómo es posible?

-Pregúntales, pregúntales -le increpan varios vecinos- si quieren que les lleves en el coche.

No se atreve porque en nuestras caras ya adivina la respuesta.

-Llevan a un grupo de peregrinos un cuarto de hora por delante -nos informan- que tengan buen viaje.

El Buen Camino sigue sin existir.

Salimos de Olmillos al encuentro de la carretera. Lo que faltaba, el maldito asfalto con el calor que hace y encima final de etapa. Comentando la discusión de los vecinos, acometemos la carretera por terreno completamente llano, preludio de que el gran río lo tenemos encima. Pepe me hace una especie de almohadilla con el polar que interpone entre las correas de la mochila y la espalda para tratar de aliviar el dolor. Y por fin, a 2600 metros de Olmillos, nos recibe el caudaloso Río Duero, con sus típicas aguas teñidas de marrón después de fuertes lluvias, el mismo que hizo de límite fronterizo natural entre los reinos cristianos y Al Andalus.

Llevando el río de la mano, pronto divisamos a lo lejos los restos de un castillo sobre un cerro. Estamos a tiro de piedra de San Esteban de Gormaz. No obstante, los 3,4 km que nos separan del pueblo se nos hacen eternos. El calor nos ha pillado de improviso. El sol cae a plomo sobre nuestros sudorosos cuerpos y ni una sombra donde poderse detener unos minutos. Pero todo llega y por fin alcanzamos el largo puente medieval que salva el río, entrando en San Esteban de Gormaz. Han sido 23,4 km los recorridos desde Caracena. Son la 14:15 horas.

Río Duero a su paso por S. Esteban de Gormaz

Dejando atrás junto al río, el complejo turístico rural de "El Sotillo", pasamos junto al Arco de la Villa y por la Avda. de Valladolid, buscamos el Hotel "Ribera del Duero", cuya puerta encontramos cerrada. ¡Vaya por Dios! Con las ganas que tenemos de una buena ducha… Me desprendo de la mochila y el respirador, sintiendo un gran alivio. Menos mal que responde el dueño a nuestra llamada de teléfono y acude enseguida para asignarnos la última habitación que queda (55 euros con desayuno incluido). Resulta que el domingo es el día de descanso. La habitación magnifica, con todos los detalles. Hoy vamos a descansar bien. Antes de despedirse, nos prepara la televisión para que podamos ver el partido de fútbol de esta noche entre el R. Madrid y el Sevilla C.F. Al final hemos tenido suerte.

¡Qué bien nos siente la ducha, después de dos días sin poder hacerlo! Una vez aseados nos dirigimos al Restaurante "La Puerta de Castilla" también conocido como Casa Rufino que se encuentra junto al Arco de la Villa. Aunque un poco tarde, no hay problema para comer. Rufino nos atiende en persona. Unos revueltos de setas y unas chuletillas de cordero con ensalada, nos devuelven la vida. Hasta el dolor de espalda ha desaparecido.

Arco de la Villa

Hace calor en la calle, necesitamos una buena siesta. Hasta las siete no despertamos, ¡qué bien hemos cogido la cama! A pasear y visitar el pueblo.

En primer lugar, nos acercamos al soto del río Duero para contemplar junto a la orilla, un primer plano del puente de 16 ojos y tomar unas fotos. ¡Cuántos años de historia el de este soberbio puente medieval, vía de acceso obligado a la antigua muralla! ¡Cuántas batallas entre moros y cristianos habrán soportado sus piedras!

Seguidamente nos encaminamos hacia el Arco de la Villa, también llamado Portal de Castilla por donde se accede a la Plaza Mayor, el corazón del casco antiguo. La parte posterior del Arco muestra un noble escudo de armas. La Plaza Mayor con soportales presidida por el Ayuntamiento cuya fachada poco favor le hace, lamentablemente desentona con el conjunto. Ascendemos por la Calle Real flanqueada por casas señoriales de piedra alternadas con otras de adobe, exponiendo en sus fachadas sus blasones hasta llegar a la Iglesia de Santa María del Rivero, una joya románica al igual que la Iglesia de San Miguel a corta distancia, más empotrada en el cerro del castillo.

 
Iglesia de Sta. Mª del Rivero
 
Galería porticada

Visitamos la galería porticada de la Iglesia de Santa María del Rivero, una auténtica atalaya sobre la ribera del río, de ahí su nombre. En los capiteles y metopas de las columnas, advertimos una importante decoración dominada por un escenario de terror y desafío. Muestra de ello los motivos que aparecen en los capiteles, entre ellos, la enorme serpiente que mantiene aprisionada un águila en su boca; una enorme ave rapaz acabando de cazar una especie de paloma de largo pico; un monje combatiendo a un ave de gran cabeza. Y en una de sus metopas, llama la atención un fraile sonriente que parece estar observando la ribera del río mientras muestra un libro abierto. Un auténtico goce para los sentidos. Nosotros también perdemos o más bien ganamos un poco de tiempo observando la frondosa ribera surcada por las aguas del gran río. Es una pena que no podamos completar la visita a la Iglesia por encontrarse cerrada.

Castillo e Iglesia de San Miguel

Arriba sobre la plataforma rocosa de un cerro horadado por multitud de cuevas-bodega, los restos de un castillo cristiano junto a un castro moro, dominan la extensa planicie que se abre a sus pies por la que fluye orgulloso el río Duero.

Es hora de regresar, la tarde comienza a languidecer y a pesar del calor de las horas centrales del día, se está volviendo fresco. De nuevo en el centro, pasamos por delante de una pastelería y no lo pensamos dos veces. La cena de hoy será un café con leche con una típica torta del lugar, será más que suficiente. Comentamos donde se habrán metido el grupo de peregrinos que llevábamos delante. Parece como si se los hubiese tragado la tierra.

De vuelta al calorcito de la habitación, nos disponemos a presenciar el emocionante partido de fútbol entre el Sevilla y el Real Madrid que termina con la victoria in extremis de los "merengues" por 3-2. Pepe alterna el fútbol con los "sudokus".

A enchufarme el respirador y a dormir como un bendito arrebujado entre las sábanas.

Buenas noches y hasta mañana.

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