Sufriendo bajo la lluvia, entre Retortillo de Soria y Tarancueña

 

 

9ª JORNADA

Sábado, 5 de mayo de 2007

Atienza-Caracena

Parcial: 35,0 km; Totales: 248,5 km; Restan: 140,1 km

 

Santiago hospitalero

Esta noche he descansado a gusto. A las 06:15 horas ya estamos levantados, tenemos que aprovechar bien la jornada. Una vez preparados nos dirigimos al comedor del hostal donde tomamos un buen desayuno y a las 07:15 horas nos encontramos bajando una cuesta en busca de la carretera de Tordelloso que discurre entre sembrados de cereal con un verde que se desborda por el valle. Como va siendo habitual, hay que abrigarse bien pues hace frío. Polar, bufanda y guantes. Al llegar a la carretera, echamos una mirada atrás antes de enfilar la carretera. De vez en cuando es aconsejable mirar hacia atrás para comprobar de donde venimos ¡Que imagen más espectacular la Torre del Homenaje del Castillo sobresaliendo de la roca y dominando tanto la zona urbana como los llanos de Atienza! Es de las que nunca se olvidan.

Iglesia de Alpedroches

En casi una hora estamos a la altura de la localidad de Tordelloso (4,5 km de Atienza) que dejamos a la izquierda, sin entrar siquiera en el pueblo. En una rotonda del segundo acceso al pueblo, dejamos la carretera que llevamos por una secundaria que sale a la derecha en dirección a Miedes de Atienza.

A 1,4 km del cruce, dejamos a la derecha el Alto de las Peñas que irremisiblemente va siendo "roído" por una cantera de donde se extrae roca para convertirla en áridos para la construcción. El terreno en esta zona es agreste y negruzco. Entre la montaña y el valle vamos acercándonos a la pequeña localidad de Alpedroches a 1,8 km de la cantera.

Saliendo del pueblo en suave descenso nos vamos acercando a los Llanos de Miedes por el que discurre el Arroyo de la Respenda. Ya en los Llanos, observamos unos corrales a nuestra izquierda y una cañada que discurre paralela al arroyo. Al frente se cierra el valle con la Sierra de la Pela que hace de límite natural de las provincias de Guadalajara y Soria y que tendremos que superar nada más pasar Miedes de Atienza.

Fuente de Miedes de Atienza
Blasón

A las diez estamos entrando en Miedes de Atienza (5,2 km de Alpedroches), último pueblo de Guadalajara donde coincidimos con el Camino del Cid. Ya llevamos casi 13 km recorridos, el cielo está despejado y sopla una brisilla de aire fresco que se agradece. Es buen momento y buena hora para hacer un receso y tomar algo si encontramos un bar. En principio nos dirigimos a la Plaza Mayor con una hermosa fuente con obelisco central y unos curiosos tubos que salen de dos de los caños para facilitar la recogida de agua. La plaza está rodeada por casonas palaciegas donde destaca la fachada de la Casa Consistorial luciendo un gran blasón. Nos dirigimos al Bar Moreno donde descansamos un rato hablando con el propietario mientras nos tomamos un café con leche y bollos. En Retortillo nos recomienda el Bar de Juani.

- Es un personaje un tanto extraño -nos explica Moreno- pero es un buen cocinero cuando no tiene un vaso de vino de más.

Ascenso a la Sierra de la Pela, entre piedras y aliagas

Una vez descansados, nos disponemos a enfrentarnos a la sierra. Un vecino entrado en años que encontramos al paso nos señala el camino que debemos tomar.

-También hay otro camino que se dirige directamente a lo alto de la sierra pero no merece la pena y además estará perdido por las aliagas. Tomad el que pasa por el depósito de agua que os evita las curvas de la carretera y se sube muy bien.

Los 600 metros que hay hasta el depósito de agua el camino es ancho y la pendiente no es muy agresiva. Enseguida advertimos las flechas amarillas. A partir del depósito de agua, el camino se convierte en una trocha que discurre por la ladera pedregosa y baldía en paralelo al arroyo por el que fluye algo de agua. El viento va en aumento. Poco a poco vamos remontando el barranco guiados por la señalización hasta alcanzar la carretera, cruzarla y por un camino mejor "cortar" las últimas curvas y salir de nuevo a la carretera a la altura del puerto. Ni un solo árbol, solo las aliagas resisten la crudeza del entorno. Nos encontramos a 1375 metros de altitud, techo de la Ruta. A nuestra izquierda, un parque eólico. Las aspas de los molinos, giran a gran velocidad impelidas por el fuerte viento que azota estas alturas. Desde Miedes de Atienza hasta el puerto han sido 2400 metros.

Hemos dejado atrás la cuenca del río Tajo y entramos en la del Duero. 900 metros de carretera, cuyo trazado se encuentra en pleno acondicionamiento, y llegamos casi llaneando al límite provincial, estamos en la Provincia de Soria. El paisaje es agreste y duro. Ante tanta aridez, nos imaginamos como serán los inviernos por aquí. Seguimos adelante pero de Retortillo de Soria, nada de nada, se hace de rogar. No lo vemos hasta que lo tenemos encima. Observamos como unos abantos planeando sobrevuelan unos estercoleros.

Llegando a Retortillo de Soria y entrada por el Portal

A 3 km del límite provincial estamos entrando en Retortillo de Soria, en cuya Puerta de acceso -que forma parte de la muralla- unos ancianos toman el sol de mediodía al socaire. Nos vemos obligados a parar a saludarles y de paso satisfacer su curiosidad sobre nuestra procedencia y destino. En principio íbamos a ir al Restaurante La Muralla, del que tenemos buenas referencias, pero se encuentra cerrado por encontrarse los dueños de viaje. Así que no tenemos más remedio que dirigirnos al Bar del Cazador.

Son las 12:30 horas, todavía tenemos tiempo de tomar una cerveza antes de comer. Allí mismo nos desprendemos de las mochilas y conocemos a Juani, el propietario. Con gafas de gruesos cristales, cabello revuelto entre rubio y canoso, barba de varios días, aspecto físico deplorable y otras cosas que prefiero callar, aparenta rebasar los sesenta. En sus muchas idas y venidas del interior de la casa al mostrador, siempre tiene un vaso de vino dispuesto para echarse un trago. Ya veremos lo que nos da de comer. Nos acordamos de la advertencia de Moreno de Miedes. "Es buen cocinero pero cuando está algo bebido se puede esperar de todo". Que el Apóstol nos ampare. Enseguida nos viene a la cabeza el Vitorino de Hontanas. Sin lugar a dudas hemos encontrado al Vitorino de la Ruta de la Lana.

Portal de acceso a Retortillo de Soria
Ermita de la Virgen del Prado (Retortillo de Soria)

Después de una larga espera pasamos al comedor que pronto se llena de comensales. Juani atiende, ayudado por una camarera, a la cocina y al comedor. Desde nuestra posición, podemos verle trajinar en la cocina dando con sus manazas unas soberbias "palizas" a los bistés de carne y de vez en cuando, como no, salida al bar a tomarse un "lingotazo" de tintorro. Encuentra tiempo para todo. Intentando no pensar en lo que ven nuestros ojos, vamos apurando sin mucho apetito la comida. Dicen que lo que no mata engorda, así que adelante, que sea lo que Dios quiera.

No hay prisa por marchar, tan solo nos quedan 8 km escasos para concluir la etapa en Tarancueña. Reposamos un poco la comida y a las 15:15 horas nos disponemos a partir. Mientras estamos en el Bar del Cazador, el cielo se ha ido cubriendo de nubes y ya está lloviendo. Así que nos enfundamos el chubasquero y por si acaso los pantalones impermeables. También hace viento y frío por lo que vamos abrigados como si saliéramos a primera hora de la mañana.

Nos liamos un poco para salir del pueblo. Ya en la carretera, divisamos en dirección a Tarancueña un cerro picudo que destaca a lo lejos -el Pico de la Cogullada- que deberemos dejar a la izquierda de la carretera que tras larga longaniza se interna en el monte. Está lloviendo de lo lindo. No obstante Pepe se apercibe de la Ermita de la Virgen del Prado junto al pueblo y retrocede para sacarle unas fotos. Mientras tanto, yo voy haciendo camino en solitario rodeado de campos de cultivo, preferentemente de cereal. A 500 metros del pueblo existe una bifurcación debiendo tomar la carretera de la izquierda, la otra se dirige al Burgo de Osma. Poco después me alcanza Pepe y juntos vamos aproximándonos al cerro que destaca en el valle. La solitaria carretera tira hacia arriba. Observamos como un coche se acerca desde una pista. Cuando está próximo a nosotros, le hacemos el alto, sobretodo para confirmar que vamos bien y de paso intercambiar unas palabras. Se trata de una pareja de "abueletes" que pasan de largo sin hacernos ni caso. No debemos infundirles mucha confianza. El valle poco a poco se va estrechando, la cuesta se empina y sigue lloviendo. El dolor de la espalda me molesta bastante. Marcho apretando los dientes y tratando no pensar en la espalda. Son unos momentos de sufrimiento. Por fin, a unos 4500 metros de Retortillo alcanzamos el cerro y poco después terminan las tierras de cultivo y nos internamos en un bosque de encinas ya en pleno monte. Ya estamos deseando llegar, a ver si tenemos suerte y el cura D. Inocente nos deja alojarnos en la Casa Parroquial.

Ya en bajada y tras unas curvas aparece de repente la localidad de Tarancueña tras 7,7 km desde Retortillo. Son las 17:00 horas cuando entramos en las desérticas calles del pueblo. Mal augurio. Pasamos por la Casa Parroquial que se halla cerrada. No vemos un alma por la calle. Parece como si el pueblo estuviera deshabitado. Damos vueltas y mas vueltas esperando ver a alguien y al final nos hacemos llamar la atención a través de la puerta abierta de una casa. Se oyen voces en el interior. Enseguida sale un paisano al que le preguntamos por D. Inocente.

-Uy!! Si D. Inocente solo viene al pueblo en verano -nos contesta el paisano.

-Tenemos entendido que ofrece la Casa Parroquial a los peregrinos -le instamos- alguien tendrá la llave.

Vamos tras él en busca de una vecina para preguntarle. La vecina no sabe nada.

-Aquí no hay ningún sitio donde quedarse, además no tienen ni bar ni tienda donde poder comprar. Yo es que ya me iba, prácticamente el pueblo está vacío. ¿Por qué no prueban a ir a Caracena? Allí tienen Ayuntamiento y mayor probalidad de encontrar algo.

Si por lo menos hubiera estado abierto el Hostal La Muralla, pero la idea de quedarnos en Casa Juani no nos seduce en absoluto. Además ya no es cuestión de retroceder. El peregrino siempre debe dirigirse adelante.

-Son 8 km siguiendo el cauce del Río Caracena, no tienen pérdida, está bien señalizado con marcas de GR. Yo no puedo hacer nada más, si quieren que les lleve a alguna parte…

No tenemos alternativa. A pesar de la hora que es, no tenemos más remedio que hacerle caso. Aunque estamos cansados, habrá que hacer de tripas corazón y hacer los 8 km suplementarios que nos separan de Caracena. Y allí Dios o el Apóstol dirán.

El mismo paisano nos indica la salida del pueblo. Agradeciéndole su atención, nos despedimos.

En principio, caminamos por una pista bastante embarrada, que discurre por el valle del Río Caracena. Advertimos las marcas blanco-rojas que señalizan este tramo del Sendero Ibérico Soriano. El fértil valle poco a poco se va estrechando hasta que a los 3 km se pierde a la altura de un antiguo molino. Aquí se termina la pista y comienza el sendero por la margen derecha del río.

Por el Cañón del Río Caracena

Comienza el Cañón del Río Caracena. Caminamos entre altos cortados de piedra y tierra caliza entre negra, ocre y rojiza. El río lo llevamos de la mano. Vamos siguiendo su curso serpenteante y a 1500 metros del molino, junto a la Fuente de la Tejilla, debemos vadearlo sobre piedras. Caminamos ahora por la margen izquierda. Los cortados que tenemos casi encima impresionan. El entorno es sorprendente. Por unos momentos imaginamos al implacable caudillo moro Almanzor cabalgando con sus huestes por este paso natural, en una de sus razias contra los cristianos. A 800 metros se vuelve a cruzar el río.

Por el Cañón del Río Caracena
Tolmo y abertura

Estamos en un paraje aun más extraordinario donde unos enormes tolmos de piedra caliza se elevan, majestuosos e imperturbables al paso del tiempo, en medio del cañón. En esta zona dicen que se han encontrado restos arqueológicos de la Edad de Bronce. Hay que saborear estos lugares con avaricia. Una vez cruzado el río, hay que hacer un poco de "escalada" usando las manos para poder seguir las marcas, la senda se ha perdido y hay que trepar agarrándose como se pueda a la roca.

Puente romano sobre el Río Caracena

Salvamos el roquedal por una gran abertura que comunica de nuevo con el sendero. El río serpentea entre los tolmos. Poco después el terreno forma un cañón estremecedoramente angosto. No notamos ni las piernas. Hasta nos hemos olvidado del cansancio. En estos momentos, nuestro único afán es llegar cuanto antes a Caracena. La única vegetación existente se circunscribe a los márgenes del río. Vamos a buen paso pero sin perder detalle alguno. Tenemos que vadear el río hasta tres veces más. En la última de ellas, la de mayor anchura, me falla una piedra, resbalo y meto todo el pie en el agua. Menos mal que ya quedará poco para llegar. Poco después ya podemos ver encaramado en un cerro rocoso el ábside de una Iglesia. Debemos estar cerca de Caracena pero todavía tenemos que dar un gran rodeo para entrar al pueblo. A 1600 metros de la zona de Los Tolmos llegamos al puente romano de Cantos por donde se cruza el río, esta vez con comodidad. Ya hemos salido de las angosturas del cañón. Estamos en un nuevo valle y Caracena lo tenemos a cierta altura a la vistas a nuestra izquierda. Por una senda nos dirigimos junto a unos antiguos corrales a la carretera, punto desde donde comienza la cuesta que nos deja en la Plaza Mayor donde nos recibe el magnífico "Rollo Jurisdiccional" de estilo barroco donde advertimos una fecha inscrita: 1538. Han sido 35 los kilómetros recorridos en el día de hoy. Nos quedaremos como sea.

Picota de Caracena

Pero la cosa no está clara. Al igual que en Tarancueña no percibimos un alma por la calle. Cuando la desolación volvía a reflejarse en nuestros rostros, aparece como por arte de magia, un "todo terreno" conducido por una mujer.

- Creo que no hay nada -nos contesta a nuestra pregunta sobre donde alojarnos - siguiendo la calle encontrarán el Bar Pacheco, está abierto yo vengo de allí, vayan a ver lo que les dicen.

Efectivamente el bar está abierto. Lo atiende uno de los hijos de Santiago Pacheco, pastor y propietario de la casa y bar.

-El único que puede daros alojamiento en el pueblo es Gonzalo, nuestro vecino, voy a ver si no ha salido todavía para trabajar.

El chico vuelve con una lamentable respuesta:

-Ya se ha ido.

El cielo se nos viene encima. Son las 19:30 horas y estamos reventados, ¿adonde ir a estas horas? Lo único que se nos ocurre es esperar a que regrese el pastor a ver si conseguimos que nos deje dormir aquí. Mientras tanto, el chico nos sirve unas cervezas. En la calle hace ya bastante frío, en el bar estamos de maravilla al calorcito que desprende la chimenea. Nos quedamos cómodos desprendiéndonos de la ropa mojada y de las botas empapadas a las que introducimos unas hojas arrugadas de periódico y ponemos todo a secar junto a la chimenea. Pepe sale con la cámara a tomar algunas fotos. Vuelve helado de frío. Poco a poco vamos venciendo la tirantez inicial y ganando la confianza del chaval al que nos cuesta sacar las palabras. Se trata de Diego, el primogénito de una familia compuesta por cinco miembros. Tiene 14 años. Sus otros dos hermanos, Santiago de 12 y Antonio de 6 años. Su madre está encamada enferma de gripe. Su padre Santiago, saca adelante la familia con los beneficios que le reporta un rebaño de 200 ovejas y bien poco del bar. Estará de regreso de ocho y media a nueve. Los chicos, van a un colegio de San Esteban de Gormaz, situado a 30 km de distancia, y se alojan en el Hogar Escolar. Un taxista les traslada los lunes y los devuelve a casa los viernes. Diego está repasando la lección de Geografía. Nos cuenta, que el pasado puente del 2 de mayo ha hecho con un grupo del colegio el tramo del Camino Francés entre Estella y Santo Domingo de la Calzada. Así que tenemos delante de nosotros a un peregrino en ciernes. Ha vuelto satisfecho del Camino al que promete volver en la primera ocasión que se le presente. Entretanto hacen acto de presencia los otros dos hermanos. Santiago aparenta ser el más introvertido y el benjamín Antonio, no para de dar rodeos hasta que definitivamente se arrima a Pepe con un cuaderno de deberes en busca de entretenimiento y sobretodo de algo de cariño. En el pueblo solo viven de forma permanente siete personas. Los únicos niños son ellos.

Galería de la Ermita de San Pedro (Caracena)

Sobre las nueve comienzan a oírse el campaneo de cencerros.

-Ya está mi padre de vuelta -nos dice Diego.

Efectivamente, es Santiago, no podía ser otro, que muy amable nos dice que esperemos a que encierre las ovejas en los corrales. Los hermanos Diego y Santi, enseguida salen para ayudar al padre.

Casi una hora tarda Santiago en volver.

-Las ovejas están en época de parir y los pastores tenemos trabajo adicional -nos dice nuestro anfitrión. -Lo único que os puedo ofrecer es dejaros un sitio para dormir sobre el suelo, aquí o en el comedor, donde gustéis.

Hoy no nos importa lo más mínimo dormir sobre el suelo, faltaría más. De nuevo "Santi", nunca mejor dicho, ha venido en nuestra ayuda.

-Os prepararé algo de cena. Mi mujer está con gripe en la cama, así que me las arreglaré como pueda. Mientras prepara la cena, Diego nos baja dos esterillas y dos sacos de dormir.

-Con las esterillas tenemos bastante, dormiremos en el bar junto a la barra frente a la chimenea.

Detalle del pórtico de la Ermita de S.Pedro (Caracena)

Santiago se desvive por nosotros. Nos prepara unas tortillas a la francesa y una ensalada. Santiago y su prole en una mesa y nosotros en otra vamos dando cuenta de los huevos o tortillas que Santiago ha preparado. Terminada la cena, los dos mayores se levantan para irse a dormir. También quieren llevarse al pequeño Antonio que se resiste aunque está muerto de sueño.

Dejadle en paz -les dice el padre con autoridad - ya lo llevaré yo a la cama.

Santiago tiene ganas de conversación. Nos explica que el pueblo cuenta con dos iglesias románicas, la de San Pedro y la de Santa María, que es la que vimos desde el cañón. La de San Pedro cuenta con una bella galería porticada con siete arcos apoyados sobre bellas columnas. Además tiene un castillo, entre dos precipicios, situado en lo más alto y estrecho del promontorio rocoso. Una "picota" y la Torre de la antigua cárcel que está casi frente al bar, completan el patrimonio monumental de este pequeño pueblo medieval.

Hablamos de las ovejas y su explotación.

-Los sistemas de estabulación de pastos, muy común en Estados Unidos, son muy difíciles de ponerlos en práctica en España -nos explica Santiago-, se necesitan muchas hectáreas de terreno apropiado para ello -nos contesta al comentario sobre nuestro periplo por la Finca de Navalrramiro-.

Sigue comentando que en el pueblo están censados 13 habitantes aunque conviven solamente siete de ellos, los cinco miembros de su familia, Gonzalo que tiene un trabajo de vigilante y alquila habitaciones y un catalán que no habla con nadie y que ha venido al pueblo por el resto de sus días.

-Es el que salió por TV en el programa de "España en directo", por cierto, un poco exagerado -nos dice Santiago.

El alcalde vive en Burgo de Osma y lleva 40 años sin soltar la vara de mando gracias a los votos de sus incondicionales parientes que tampoco viven en el pueblo.

-Así que podéis haceros una idea de como funciona el Ayuntamiento.

Es triste ver que un pueblo con tanta relevancia en el pasado esté irremisiblemente condenado al abandono. Cuando le contamos lo que ha pasado en Villaescusa de Palositos, nos contesta que también alguien envió al pueblo un testaferro con intención de comprarlo.

-Pero lo que no pueden comprar de forma alguna -afirma con rotundidad- son las tierras comunales y las vías públicas de paso.

Estamos de acuerdo con él. El pobre de Antonio ya está dormido apoyada la cabeza sobre la mesa. Santiago no para de hablar y hablar, hasta tal punto que su mujer desde arriba le tiene que recriminar. Está sufriendo por nosotros.

-Ya voy mujer, ya voy.

Se le nota una persona con mucha cultura. Ha vivido varios años en Madrid. Nos llama la atención que se haya venido a asentar aquí y precisamente de pastor. A pesar del cansancio, se nos ha pasado el tiempo como un suspiro.

Buenas noches y hasta mañana

Son casi la una y todavía Santiago tiene que acercarse al "paridero" para ver como le va a la oveja parturienta. Separamos las mesas, nos barre la estancia, pone unos troncos en la chimenea y nos deja unos batidos para el desayuno.

-Cuando salgáis mañana, cerrad la puerta con la mano -nos dice Santiago despidiéndose.

Le agradecemos su hospitalidad y mientras él se va a atender a la oveja, nos vamos acomodando sobre las esterillas que nos ha dejado Diego. Buena familia, sí señor.

Mientras concilio el sueño enchufado al respirador, no puedo dejar de pensar en la suerte que hemos tenido al dar con esta familia. Hoy hemos tenido, y nunca mejor dicho, al amigo "Santi" como hospitalero. A pesar de la dureza del suelo, esta vez mi cuerpo ni lo nota. Además, el calorcillo que despide la chimenea estimula a que en pocos minutos estemos durmiendo. Una etapa vivida con intensidad, otra de las que permanecerán indelebles en el recuerdo.

Buenas noches y hasta mañana.

Atrás Adelante

Tabla de contenido