Fachada principal de la Catedral de Sigüenza

 

8ª JORNADA

Viernes, 4 de mayo de 2007

Sigüenza-Atienza

Parcial: 0,0 km; Totales: 213,5 km; Restan: 175,1 km

 

Jornada de “descanso”

 

Hoy no hay prisa en levantarse. La jornada la vamos a emplear en hacer turismo. Pienso, que en nuestro peregrinar hacia Santiago, la mayoría de las veces pasamos de largo por las ciudades sin apenas haberlas visitado como se merecen. Hay ciudades monumentales por sí solas que no se deberían pasar de largo, una de ellas es Sigüenza, una ciudad medieval con un valioso patrimonio artístico digno de ser visto. No queremos perder esta ocasión que nos brinda nuestro peregrinaje por la Ruta de la Lana, cualquiera sabe cuando volveremos... si volvemos algún día.

Torre de las Campanas

Desayunamos en el mismo hotel con tostadas y aceite, más o menos como casi todos los días hago en casa. Como hay tiempo hasta el comienzo de las visitas a la catedral, nos acercamos a la parada de taxis para apalabrar el traslado a Atienza. Son 28 euros  y la salida a las cuatro de la tarde. Callejeamos por la villa observando las diferentes construcciones que mantienen su aspecto original con muchos blasones luciendo en las fachadas. Cuando llega la hora, nos dirigimos a la Catedral de Santa María, una robusta construcción que, impulsada por el obispo Bernardo de Agén -aunque fue su sobrino el que dio comienzo definitivamente a las obras- comenzó a levantarse en el siglo XII. Si bien, su base constructiva fue en estilo románico, la arquitectura en su conjunto es de estilo cisterciense (transición del gótico).

Situados en el amplio atrio, podemos contemplar la fachada oeste y portada principal. Destaca en el cuerpo central el medallón en bajorrelieve y el rosetón románico. A ambos lados de la fachada, se alzan las dos torres almenadas de base cuadrada construidas con piedra arenisca; la de las Campanas a la derecha en cuyo interior están dispuestas, en la tronera de su cuarto del último cuerpo, quince campanas en dos niveles, cada una con su propio nombre, que se encargan, por sí solas o combinadas, de dar automáticamente hasta doce toques diferentes; y la de Don Fadrique a la izquierda. Inicialmente se utilizaron a efectos defensivos y estuvieron adosadas a las murallas. Las dos torres se comunican por una balaustrada de piedra.

Una vez recreada la vista, nos aproximamos hacia la puerta central, llamada del Perdón, de estilo románico como las laterales y penetramos en el templo. Menos mal que vamos abrigados porque en el interior el ambiente es bastante frío y húmedo. En la Parroquia de San Pedro, situada en la primera capilla de la izquierda, convenientemente habilitada con calefacción, va a oficiarse la Santa Misa. Vamos directamente hacia el lado derecho de la Capilla Mayor, donde se encuentra la famosa Capilla de San Juan y Santa Catalina, más conocida como la Capilla del Doncel que sirve como punto de encuentro para las visitas guiadas. De momento estamos solos y tenemos que esperar un rato a que aparezca el sacristán que se encarga de enseñar la Catedral. Merece la pena la espera, porque al percatarse de que somos peregrinos, se desvive desde el primer momento en atendernos como si nos conociéramos de toda la vida. Se llama Oscar, procede de la Argentina húmeda, y lleva varios años desempeñando las funciones de sacristán y guía de la Catedral.

Retablo de Sta. Librada y Mausoleo de
D. Fadrique

En primer lugar nos lleva a visitar el Retablo de Santa Librada cuyo altar preside la Santa, que junto a las estatuas de sus ocho hermanas -todas ellas Vírgenes- y pinturas que representan escenas de su vida, se alza al fondo de la nave transversal izquierda. Está labrado en piedra caliza y es una de las más estimadas obras del plateresco. En el centro del segundo cuerpo, se emplaza una hornacina con una arqueta repujada en plata que contiene sus reliquias. Pepe se muestra interesado por conocer detalles de la vida de Santa Librada (tiene una tía que se llama así) y una de sus hermanas, Santa Quiteria que es la patrona de Almassora (un municipio limítrofe al de Castellón de la Plana). Oscar se presta amablemente a satisfacer su curiosidad.

-Según la leyenda, Santa Librada y sus ocho hermanas fueron consecuencia de un parto múltiple de Celsia, mujer del gobernador romano de la Lusitania Lucio Catelio allá por el año 119. Para evitar que su marido se enterara -los partos múltiples estaban mal vistos ante la creencia de que eran consecuencia de haber mantenido relaciones sexuales con varios hombres- se las entregó a la comadrona para que las ahogase. La comadrona era cristiana y no podía hacer tal cosa por lo que decidió criarlas. En una de las persecuciones de cristianos, todas las hermanas fueron apresadas y llevadas ante Catelio. Celsia las reconoció al instante confesando la verdad. Catelio les ofreció riquezas y honores si abandonaban la fé de Cristo pero ellas se resistieron, por lo que el gobernador no tuvo más remedio que condenarlas a muerte de acuerdo con la ley. En base a esta leyenda, Santa Librada es invocada por los devotos en casos de esterilidad.

Enternecedora historia la de Santa Librada y sus hermanas.

Añade que la mayor parte de los turistas lo único que les lleva a visitar la Catedral es conocer la Capilla del Doncel, haciendo poco caso a otras obras de tanto valor artístico como aquella.

Santa Librada

Formando ángulo recto con al Retablo de Santa Librada, se sitúa el Mausoleo del Don Fadrique de Portugal, obispo que tuvo un papel importante en la construcción de la Catedral. Mandó elevar la torre izquierda, construir el retablo de Santa Librada y el de la Virgen de la Leche e incluso su propio mausoleo. Dividido en dos cuerpos: el inferior con el escudo del obispo y esculturas de San Francisco y San Andrés y en el segundo, aparece la estatua orante del obispo con distintas esculturas entre las que destacan San Pedro y San Pablo. Sobre los dos cuerpos, unos relieves de la Piedad y el Calvario rematan la valiosa obra decorada con el más depurado estilo plateresco.

Continuamos la visita. Cada una de las capillas y retablos que circundan la catedral tienen algo especial que ver y alguna historia que Oscar nos va transmitiendo con sumo detalle. Como curiosidad, nos señala la capilla perteneciente a la familia Vázquez Figueroa, parientes del cantante Rafael. Parece estar interesado en que nos llevemos una buena impresión de la Catedral y, por supuesto, de él mismo.

Entramos en la Capilla Mayor separada por una reja plateresca de hierro forjado. Al fondo del presbiterio se encuentra el Altar Mayor con un retablo renacentista de madera policromada de diferentes estilos. A lo largo del muro del presbiterio se encuentran enterramientos de personajes ilustres. A ambos lados, destacan sobremanera los púlpitos construidos íntegramente en alabastro, el de la derecha o de la Epístola de estilo gótico flamígero con escenas que representan a la Virgen sobre una nave de San Jorge y Santa Elena, y el de la izquierda o del Evangelio de estilo plateresco con escenas de la Pasión de Cristo.

Coro de la Catedral de Sigüenza

El Coro se encuentra en el centro de la nave principal. La sillería es de madera de nogal tallada en estilo gótico con celosías que no se repiten. Sobre los asientos hay un dosel corrido, en gótico flamígero, con escudos del Cardenal Mendoza, por cuya iniciativa y a sus expensas fue construido este soberbio coro. En la parte superior del dosel se extienden dos tribunas con balaustrada plateresca donde se instala el órgano churrigueresco de 2100 tubos. Parte del coro fue destruido por las bombas caídas sobre la catedral durante la Guerra Civil española y reconstruido, al igual que la Linterna, después de la misma.

Pasamos seguidamente a la Capilla del Doncel situada al lado derecho de la nave transversal. Con portada plateresca y separada por una reja, fue en un principio dedicada a Santo Tomás de Cantérbuy (el obispo Tomás Becket) que como casi todos sabemos por la magnífica película "Becket o el honor de Dios" protagonizada por Richard Burton en el papel de Becket y Peter O'Toole en el de Enrique II, fue asesinado -por el solo hecho de desafiar la autoridad real sobre la Iglesia- en los peldaños del altar de la catedral de Cantérbury por cuatro caballeros secuaces del Rey Enrique II de Inglaterra.

Enterramiento de los padres del Doncel. Al fondo el suyo.
El Doncel
Detalle

En el interior de la capilla -mas bien un panteón familiar- destaca en el centro, el mausoleo de los padres del Doncel, Don Fernando de Arce y Doña Catalina de Sosa, sostenido por leones, y sus efigies yacentes. La cabeza de ella sobre un dosel y la de él sobre laureles, indicando que murió guerreando. En el muro, destaca también el sepulcro plateresco de D. Fernando de Arce, obispo de Canarias y hermano del Doncel. Pero la obra maestra de la Capilla es el enterramiento de D. Martín Vázquez de Arce, el Doncel de Sigüenza, que tantos visitantes atrae a la ciudad. Muerto, según la leyenda, en brazos de su padre en el campo de batalla durante una incursión en la Vega de Granada, su hermano Fernando se encargó de levantar el mausoleo. Bajo una hornacina se haya el sepulcro con la estatua semiyacente del Doncel recostado leyendo un libro, luciendo la Cruz de la Orden de Santiago en la parte delantera de su esclavina. Un paje llora desconsolado a sus pies. Para Ortega y Gasset "la estatua más bella del mundo". A ambos lados de la hornacina unos relieves del Apóstol Santiago a la izquierda y San Andrés a la derecha, contemplan el indefinido semblante del Doncel que sorprende ante la naturalidad de la postura. Parece como si el artista hubiese querido dejar a la imaginación del observador la interpretación sentimental que refleja el rostro del Doncel. Verdaderamente es una escultura excepcional. De nuevo Pepe se queda con las ganas de sacar unas fotos, el Apóstol Santiago hubiera sido una buena excusa, pero sigue sin atreverse a pedírselo a Oscar.

La parte inferior de la hornacina contiene la siguiente inscripción:

Aquí yaze Martín Vasques de Arze
cauallero de la Orden de Sanctiago
que mataron los moros socorriendo
el muy ilustre señor duque del Infantadgo su señor
a cierta gente de Jahén a la Acequia
Gorda en la vega de Granada
cobró en la hora su cuerpo Fernando de Arce su padre
y sepultólo en esta su capilla
ano MCCCCLXXXVI. Este ano se tomaron la ciudad de Lora,
las villas de Illora, Moclín y Monte frío
por cercos en que padre y hijo se hallaron.

Junto a la Capilla del Doncel, se ha instalado parte del antiguo retablo que se hallaba en la Sacristía de la Capilla que da gran colorido y belleza a esta parte de la nave transversal derecha.

Vamos dando la vuelta a la girola contemplando las distintas capillas de las que nuestro cicerone nos va dando todo lujo de detalles, hasta que llegamos a la puerta de la Sacristía Mayor o "de las Cabezas", una de las obras artísticas más representativas de la catedral.

La puerta de madera, de gran valor artístico, está decorada con las tallas de catorce santas mártires. Oscar nos hace llamar la atención de un lienzo sobre la puerta, en el que se funden en un mismo cuadro el Pentecostés y la Ascensión del Señor.

-Fijaros -nos explica Oscar- como ante la mirada atónita de sus discípulos -que aparecen con las lenguas de fuego posadas sobre sus cabezas- da la impresión que el Señor se sale de la parte alta del cuadro empujado por los ángeles.

¡Verdaderamente sorprendente!

Sacristía de las Cabezas
Busto de Santiago Peregrino de la Sacristía

La originalidad de esta Sacristía, reside en las 340 cabezas de personajes de la época, esculpidas en roca, que cubren la totalidad de la bóveda de medio cañón. Estas se alternan con relieves más pequeños que representan florones y querubines. Una maravilla. Oscar nos señala un busto del Apóstol Santiago. Pepe no tiene que pedir permiso para tomar una foto, el mismo Oscar le autoriza a hacerlo. De todas formas nos entregará al final unas postales de lo más representativo de la catedral. Aprovechamos la circunstancia de tener ante nosotros al Apóstol Santiago para preguntarle si nos puede estampar el cuño de la catedral en nuestra credencial de peregrino.

-Cuando termine la misa que se está celebrando en la Parroquia de San Pedro, se lo pedís al cura, no os pondrá ningún reparo.

Al salir de la Sacristía vemos al cura dirigirse a la puerta de salida con intención de marcharse. Nos falta tiempo para salir tras él que al escuchar nuestra pretensión, no tiene inconveniente en volver a la sacristía de la Parroquia en busca del sello.

-Estoy supliendo al párroco y lo primero que hay que hacer es encontrar el cuño.

Pero el cuño no aparece por ningún lado a pesar que Oscar entra a formar parte de la búsqueda. Al final nos conformamos con una nota manuscrita en la credencial refrendada con su firma, es más que suficiente.

En estos momentos aparece un tropel de chiquillos que acuden con su maestro a visitar la catedral que inmediatamente se sientan ante el Altar Mayor. Oscar no tiene más remedio que llamar la atención al maestro al ver que algunos mozalbetes están haciendo uso indebido de las cámaras de fotos.

-Ahora voy a enseñaros el Claustro, merece la pena, aunque está cerrado al público por encontrarse en obras, lo hago por vosotros, porque sois peregrinos.

Una vez en el Claustro, nos explica nuestro guía:

-Mirad los huecos que hay en el muro, probablemente son las huellas de donde iban empotradas las vigas de la techumbre de madera que cerraba el primitivo claustro. El viejo, fue reedificado en el año 1505 por iniciativa del obispo López de Carvajal, con ayuda del Cardenal Cisneros que fue Capellán Mayor de la Catedral en tiempos del Cardenal Mendoza. De estilo gótico tardío, cada una de las cuatro galerías de unos 40 metros de longitud, disponen de siete ventanales ojivales por lado, calados con celosías góticas protegidas por verjas. Observarlos bien, ¿no os parece que muestran cierta similitud con los del claustro de la Iglesia de Santa María de Nájera?

Jardín del Claustro
Galería del Calustro

Dos puertas de arcos de medio punto dan paso al jardín, plantado por zonas con hierbas aromáticas y árboles frutales. En el centro se abre un aljibe de piedra de sillería con escalinata y brocal renacentista.

-Es curioso que a diferencia de los claustros de otras catedrales y conventos, éste se encuentre situado al norte -puntualiza nuestro guía.

En los muros de las galerías o pandas, cada una con su nombre propio, se abren varias capillas, en las que destacan sus portadas, y enterramientos. Entre ellas es digna de mención la Capilla de la Concepción situada en la "Panda de la bodega" dedicada a los enterramientos de los familiares de los canónigos. Oscar se encarga de darnos detalles minuciosos de todo lo que aparece a nuestro paso.

Salimos del claustro por la Puerta del Jaspe que da acceso a la catedral.

Trascoro y Altar de la Virgen de la Mayor

A pesar de que ya han transcurrido casi dos horas desde que iniciamos la visita, el tiempo se nos ha pasado volando. Oscar no puede dejar de enseñarnos el altar de la Virgen de la Mayor, patrona de Sigüenza, que preside el altar barroco del trascoro. De origen románico fue traída a Sigüenza por el Obispo Bernardo de Agén en el año 1143. Está fabricada con madera de ciprés y se libró varias veces de ser destruida o quemada. Todavía se nota en su mejilla derecha la huella del sablazo que le asestó un soldado francés durante la guerra de la Independencia. Desde el año 1928 preside la procesión del "Rosario de los faroles", interrumpido durante la guerra civil española y reanudada a partir del año 1943. Asimismo nos pide que alcemos la mirada hacia lo alto del trascoro. Sobre una de las columnas salomónicas -la izquierda- descansa la estatua del Apóstol Santiago al que le falta un brazo. Es el tercer Santiago que existe en la catedral.

-Fue una de las zonas más castigadas por las bombas durante la Guerra Civil española.

La hora de las visitas ha rebasado con creces. En el atrio de la Catedral nos despedimos de Oscar al que agradecemos su deferencia, ha sido un cicerone de lujo.

-Todavía tenéis tiempo de visitar la "Casa del Doncel" - concluye alejándose.

Por la Plaza Mayor embocamos la calle homónima. Echando una mirada hacia atrás, podemos contemplar la fachada sur donde se abre la Puerta del Mercado, de estilo románico, que da directamente a la plaza. Esta puerta está cubierta por un pórtico. Sobre la portada una gran rosetón muy original. A la derecha se alza la Torre del Santísimo, también llamada del Gallo que en sus tiempos sirvió de atalaya.

Nos encaminamos sin más por la cuesta de la Calle Mayor. A media calle a la izquierda se encuentra la Iglesia de Santiago, actualmente en restauración, que formaba parte del antiguo Convento de las Clarisas, hoy en día convertido en residencia privada. Un poco más arriba, doblamos a la derecha por la Traveseña Alta hasta acceder a una plazuela donde a la izquierda se sitúa la Iglesia Parroquial de San Vicente con portada románica y frente a ella un bello edificio. Se trata de la casa de las familias de los Vázquez Arce y Sosa, la conocida como Casa del Doncel, símbolo de la ciudad. Su construcción data del siglo XIII. Su aspecto exterior asemeja una casa-torre. Su interior recientemente rehabilitado, contiene un Museo que se presta a visitarlo. Sus amplios salones están decorados con cenefas mudéjares y separados por arcos del mismo estilo. En el segundo piso se guarda el Archivo Histórico Municipal.

Rincón tipico de Sigüenza
Portal Mayor

Se va aproximando la hora de la comida, y debemos concluir nuestra visita a la ciudad. Seguimos nuestros pasos por la Traveseña Alta hasta dar con la Plaza de la Cárcel que en su día fue la Plaza Mayor, centro neurálgico de la ciudad medieval.

El espíritu ya lo tenemos más que colmado, ahora toca dar satisfacción al cuerpo que nos está suplicando su ración de alimento.

Así que directamente nos dirigimos al Restaurante "El Mesón" del que tenemos buenas referencias. Hoy nos desquitamos del día de ayer con un sabroso "cabrito asado" de esos que saben tan bien preparar en la zona. Un sobresaliente para el restaurante y cocinero.

Llega la hora de despedirnos de esta encantadora ciudad. Recogidas las mochilas nos dirigimos a la parada de taxis donde pronto aparece el taxista que nos tiene que llevar a Atienza.

Salinas de Imón

Durante el recorrido, el taxista nos va explicando los lugares más significativos. Uno de ellos, las antiguas Salinas de Imón de las que se tiene referencia que fueron construidas en el siglo X y han estado en plena producción hasta el año 2002. Fue uno de los complejos salineros continentales más importantes de la península. Sus albercas e instalaciones están condenadas a la ruina.

Poco más adelante, ya en el valle, podemos divisar a lo lejos la localidad de Atienza asentada alrededor de un cerro en cuya cima destaca el castillo, "la peña muy fuert" mencionada en el Cantar del Mío Cid.

El taxista nos deja justo al lado del Hostal "El Mirador" donde tenemos reservada habitación. Cuando descendemos del taxi, el viento frío nos espabila del sopor que nos está produciendo la digestión del asado.

Una vez tomamos posesión de la habitación nos disponemos a visitar el pueblo. El frío obliga a ir bien arropados. Además los nubarrones que van apareciendo por el cielo son de los que llevan agua.

Puerta de Arrebatacapas (Atienza)

Entramos en el recinto amurallado por la Puerta de la Virgen. Enseguida encontramos la Plaza del Trigo o del Mercado en uno de sus costados se alza la Iglesia de San Juan. La plaza, donde antiguamente se celebraba el mercado de la Villa, está rodeada por tradicionales casas apoyadas sobre soportales que alternan la madera y la piedra en su construcción. En primer lugar entramos en la Iglesia de San Juan por una portada de líneas clásicas. El interior es grandioso de tres naves separadas por gruesas columnas cilíndricas.

De nuevo en la Plaza, seguimos nuestro recorrido a través de la llamada Puerta de Arrebatacapas. Mucho viento debe soplar en los crudos días de invierno a través de ella para llamarse así. La Puerta comunica con la Plaza de España donde se sitúa el Ayuntamiento. Esta Plaza es de forma triangular y al igual que la Plaza del Trigo, está rodeada de soportales y construcciones de diversas épocas entre las que destaca un palacio del siglo XVI con gran arco adovelado y bello escudo heráldico de la familia "de los Bravo". Es ahí donde nació Juan Bravo, uno de los Comuneros de Castilla, según confirma una placa adosada a la fachada.

Volviendo sobre nuestros pasos, hacemos un inciso en un bar donde calentamos nuestros cuerpos con unos cafés. Subiendo la cuesta en dirección al Castillo, pasamos junto a la Iglesia de la Trinidad que encontramos cerrada. Pepe continúa hacia el castillo y poco después sigo sus pasos. La cuesta es de aúpa pero hoy estamos frescos y nos lo podemos permitir. Junto a las murallas, a la altura de la Iglesia de San Salvador, observamos la grandiosidad de la Torre del Homenaje del castillo que sobresale majestuosa de un enorme promontorio rocoso, destacando sobre un profundo cielo azul salpicado con nubes de tormenta. A través de una abertura en la muralla, tenemos una bella panorámica del amplio valle, cubierto con un manto de verde cereal, cuyas hojas crecen vigorosas por el agua caída con generosidad durante casi toda la primavera. Al final de las murallas se encuentra el cementerio, junto al cual se ubica la Iglesia de Santa María que está cerrada.

Plaza del Trigo (Atienza)
Castillo de Atienza e Iglesia de Sta. María

Emprendemos la bajada dejando a nuestra izquierda una improvisada Plaza de Toros sin ningún interés artístico. Las campanas de la Iglesia de la Trinidad comienzan a repicar. A ver si tenemos suerte y podemos visitarla y de paso estampar el cuño en la credencial.

Encontramos cierto revuelo a la entrada de la Iglesia. Debe celebrarse algo importante. Unos zagales en bicicleta se aproximan a nosotros. Preguntamos por el cura.

- Yo sé donde vive -nos dice el más predispuesto de ellos- seguidme, os llevo a su casa.

Detrás de él descendemos nuevamente hacia la Plaza del Trigo. Nos introduce en una casa donde nos sale al paso una mujer.

-Son peregrinos que vienen a ver al cura -le dice el avispado chaval.

Subiendo las escaleras y sin pensárselo dos veces, nos conduce directamente hasta los aposentos del cura párroco y nos presenta a D. Agustín, una persona entrada en años.

-¡Qué buen lazarillo eres Pedrito! -le dice el cura revolviéndole cariñosamente el cabello.

Ante tan buena recomendación, D. Agustín nos sella inmediatamente las credenciales.

- Si queréis, podéis venir conmigo a la Iglesia de la Trinidad. Dentro de diez minutos dará comienzo el Santo Rosario. Además, hay cosas bonitas que ver en la Iglesia, es todo un museo. Os aconsejo que no os vayáis sin verlo.

Acompañados del cura y de Pedrito nos dirigimos a la Iglesia que está repleta de fieles y entre ellos los cofrades de la Santa Espina con sus atuendos para la ocasión -tienen en la iglesia su propia capilla- alargando el brazo con el cepillo postulando una ayuda a todo el que pasa.

Cristo del Perdón

El Retablo Mayor de estilo barroco, ocupa todo el muro circular del presbiterio, y está presidido por un grupo escultórico de la Santísima Trinidad. Se hace preciso destacar la Pila Bautismal de estilo románico, el Cristo de los Cuatro Clavos, escultura del siglo XIV y especialmente, el Cristo del Perdón al que se le puede contemplar casi rozándole y provoca al mirarlo una sensación de estupor y mutismo. Desde luego es una maravilla.

Como no queremos entretener los Oficios, no es la ocasión más adecuada para visitas, dejamos la iglesia y nos dirigimos, atravesando el pueblo, a la Ermita de San Bartolomé de estilo románico. Es una pena que esté cerrada, ya que su en su interior hay un valioso museo, aunque eso sí, podemos admirar la extraordinaria galería porticada de entrada con siete arcos de medio punto.

La tarde comienza a languidecer, el tiempo se está volviendo desapacible y no tardará en llover por lo que decidimos regresar al calorcillo del Hostal. Junto a la Ermita advertimos unas flechas amarillas de salida del pueblo, lo cual nos extraña pues en la guía la salida se hace por la carretera de Cañamares, al otro extremo. Habrá que preguntar.

Ermita de San Bartolomé (galería porticada)

Ya hay gente en el comedor cuando llegamos al Hostal. Con una cena ligera será suficiente pues hoy la comida ha sido copiosa. Preguntamos a la dueña por la salida hacia Miedes de Atienza y no lo duda, por la carretera que nos indica a través de una ventana, en la parte baja del pueblo en dirección a Tordelloso.

-No hay otra -nos asegura la buena señora-.

Así que habrá de olvidarse de las flechas que hemos visto y hacerle caso, hay que evitar las aventuras en una etapa que no sabemos como se presentará y donde encontraremos cobijo, aunque nuestros amigos Luis y Pedro Antonio y la propia guía nos aseguran que en Tarancueña, el cura D. Inocente ofrece con mucho gusto la casa parroquial a los peregrinos. Quedamos con la propietaria que a las siete estaremos listos para desayunar.

En el exterior hace frío y está lloviznando pero la habitación está calentita por la calefacción. Me acuesto pensando en el ajetreado día que hemos llevado. A pesar de haberlo empleado de descanso, menuda paliza de idas y venidas nos hemos dado visitando lugares y monumentos. Pero no me preocupa, ha sido una jornada muy gratificante. El día no se ha perdido, ha merecido la pena vivirlo. Nunca mejor dicho: "El Camino no se anda, se vive".

Buenas noches y hasta mañana.

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