Castillo de Sigüenza

 

7ª JORNADA

Jueves, 3 de mayo de 2007

Mandayona-Sigüenza

Parcial: 20,7 km; Totales: 213,5 km; Restan: 175,1 km

 

Las Hoces del Río Dulce

 

Son las 07:00 horas y después de una noche apacible ya estamos dispuestos a emprender la etapa. Me encuentro totalmente recuperado de la larga jornada de ayer. Anoche quedamos con el "patriarca" de la casa que nos serviría el desayuno y nos trasladaría a Mandayona en su taxi, pero parece ser que se le han pegado las sábanas y todavía tenemos que esperar un rato a que haga acto de presencia. De momento el día amanece nublado y lloviznando.

Hoy hemos decidido seguir una alternativa a la Ruta de la Lana que nos seduce más. En lugar de ir a Atienza directamente, iremos a Sigüenza por el Barranco del Río Dulce, tal como nos explicó Pedro Antonio y él mismo hizo. De paso, nos tomaremos un día de descanso que aprovecharemos para visitar Sigüenza con detalle.

Una vez desayunados, el "patriarca" nos traslada hasta el Puente Nuevo, donde arranca el sendero del Río Dulce. Hemos obviado el tramo entre Mandayona y el puente por no merecer mayor interés y además ayer lo hicimos de propina.

Primeros pasos por el barranco

Desde el desvío a Aragosa, tomamos un camino a la derecha en dirección al río. De momento ha dejado de lloviznar pero no por ello el tiempo deja de parecer inestable. Por la margen derecha, vamos remontando el curso del río. Enseguida nos damos cuenta que el paisaje que tendremos por delante será algo digno de contemplar. 800 metros más allá salimos a la carretera. Ya comienzan a verse los sorprendentes farallones calizos que prácticamente envuelven a la pequeña localidad de Aragosa por la que entramos tras recorrer por carretera otros 800 metros.

El asfalto termina a la salida de Aragosa donde comienza el verdadero sendero que se interna en el Parque Natural propiamente dicho. Un panel informa de sus peculiaridades y normas de comportamiento.

Enseguida el río queda encajonado por unos altos cortados rocosos donde los buitres han encontrado un sitio idóneo para anidar. Comienza a llover, era de esperar. Toca enfundarse los chubasqueros. A pesar de la lluvia no perdemos detalle y paso a paso vamos abriendo camino, disfrutando de los maravillosos caprichos que, en algún momento de nuestra vida, la Madre Naturaleza tiene a bien brindarnos. Un regalo digno de agradecer.

Adentrándonos en el Barranco

De repente el valle se abre dando lugar a una extensa y fértil huerta. Solo se oye el sonido constante de la lluvia al rebotar en las hojas de los chopos, sauces, alisos y fresnos que pueblan las húmedas tierras de las riberas del río y dan unos matices sorprendentes al entorno. Advertimos numerosas encinas, enebros y quejigos que alternan las laderas solaneras, mientras que en las umbrías observamos que predominan los quejigos. Un ecosistema maravilloso que transmite paz y tranquilidad.

La huerta da paso a la zona conocida como "El Portecho", un cañón formado por curiosos farallones de caliza de varias tonalidades entre cuyas paredes, serpenteando, se abre paso el río. ¡Espectacular!

   
Otras perspectivas

A 4200 metros de Aragosa, nos encontramos con el Caserío de los Heros. Aun pueden verse las ruinas de un antiguo molino papelero donde, en tiempos del Rey Alfonso XIII, se fabricaba papel moneda.

Al dejar a nuestra derecha lo poco que queda del caserío y acompañados por el rumor relajante de la corriente de las aguas cristalinas del río, salimos a una zona de praderas donde las aguas se remansan formando unos meandros. Sigue lloviendo de forma menuda y persistente. En medio de la pradera surgen orgullosos unos robles de gran porte, motivo suficiente para detenernos y contemplarlos unos momentos, a pesar de la lluvia. Con buen tiempo sería un lugar idóneo para perderse del mundanal ruido. Un poco mas adelante dejamos a nuestra izquierda una gran finca donde según los letreros expuestos en la verja de entrada, parece ser que hay un museo naturalista.

Tolmos
"...surgen orgullosos unos robles de gran porte..."

Poco después tenemos a la vista el poblado de La Cabrera al que accedemos por un puente de piedra. Han sido 2900 metros desde el Caserío de los Heros. Son casi las 10:15 horas y el estómago nos está pidiendo su ración de comida. Esperamos que en el bar de Pelegrina podamos complacerle.

Puente de La Cabrera

Cruzado el río por el puente de piedra, se accede al pueblo donde varios albañiles se encuentran en plena faena de restauración de una vieja casa. Indudablemente, es un lugar ideal para disfrutar de unas vacaciones. Pasamos ante la Iglesia y a la salida del poblado comienza una senda que culebreando por la margen izquierda del río, va abriéndose paso entre los quejigos que abundan en esta zona más salvaje y umbrosa.

El sendero va a salir al linde de un bancal recién arado, donde desaparece invadido por el roturado. Por el borde del bancal vamos caminando de mala manera entre el barro y las zarzas que no nos permiten evitarlo. Ya podemos ver los restos del castillo de Pelegrina, encaramado en un cerro y un poco mas adelante las primeras casas del pueblo asomando tras el castillo. Y no para de llover.

Terminado el dificultoso paso por el bancal, recuperamos el sendero que va a dar al río que debemos vadear haciendo equilibrio sobre unas piedras.

Castillo de Pelegrina
Haciendo equilibrios

Una vez al otro lado, el camino mejora. Ya tenemos a tiro de piedra las primeras casas de Pelegrina. Pero todavía tenemos que superar un fuerte repecho hasta entrar en el pueblo. Una vecina nos dice que el bar está cerrado, solo abre los fines de semana y para mas "inri" no hay ningún establecimiento donde avituallarnos de comida. ¡Vaya por Dios! Nuestro gozo en un pozo. No hay mas remedio que resguardarnos en algún sitio -la lluvia se intensifica- y tomarnos nuestra ración de emergencia de tabletas energéticas muy prácticas en estas circunstancias.

Atrio de la Iglesia de Pelegrina
Devorando el "superbollo"

En el atrio de la Iglesia encontramos un humilde acomodo, aunque debemos evitar las goteras que surgen por doquier del maltrecho techo. Mientras vamos apurando las tabletas, oímos el persistente sonido de una bocina. Sin duda, debe tratarse de algún vendedor ambulante. A pesar de la lluvia que arrecia por momentos, Pepe no se lo piensa y se dirige a su encuentro. Al poco rato aparece con dos "superbollos" rellenos de manzana confitada. De nuevo el amigo "Santi" se nos ha aparecido. Ni un minuto antes ni un minuto después, justo en el momento oportuno. No hace falta explicaros como nos sientan los bollos que en lugar de comer, los devoramos.

La lluvia se ha transformado en fuerte chaparrón. No hay más remedio que aguantar a que escampe. Con el estómago complacido, podemos esperar, solo nos quedan 8 km para el fin de etapa. Frente a nosotros advertimos un panel con señales de la Ruta de Don Quijote que deberemos seguir hasta Sigüenza. Más al fondo, se abre una gran depresión rodeada de unos altos cortados. Se trata del entorno utilizado por el famoso etólogo Feliz Rodríguez de la Fuente, gran valedor de la vida silvestre, en especial de la fauna y toda la ecología, para filmar algunos de sus conocidos documentales. Sobre la cerrada existe un Mirador que hace honor a este gran comunicador que hizo las delicias de los amantes de la Naturaleza y los animales con los programas "Planeta Azul" y "El Hombre y la Tierra" emitidos por televisión durante la década de los 70.

Ruta de Don Quijote
Quejigal

 Por fin deja de llover fuerte, ya podría parar del todo, con el agua caída hoy ya está bien. Emprendemos el descenso hacia el valle bajo la llovizna siguiendo ahora la señalización de la Ruta de Don Quijote (estacas en bisel rematadas en verde). Cruzamos el valle en dirección a una granja situada en la parte baja de la ladera de la solana. Al llegar a la granja -700 metros desde Pelegrina- dudamos un poco porque el camino se encuentra muy perdido invadido por las malas hierbas y no logramos localizar la continuidad. Pero la intuición nos lleva a la senda que comienza a remontar la ladera. Ya no hay ninguna duda, la señalización es perfecta. Zigzagueando vamos superando la pendiente hasta alcanzar el punto más alto de la sierra. Ahora nos introducimos en un tupido bosque de quejigos por cuyo ramaje despuntan las tiernas hojas primaverales. Caminamos muy cómodamente cumbreando la sierra. Guiados por las estacas y los mojones vamos atravesando el bosque sin problemas hasta alcanzar un claro y poco después la carretera (4200 metros desde la granja).

Cruzamos la carretera intentando seguir la ruta, pero por más que buscamos solo conseguimos ver una estaca solitaria en medio de la nada que aparenta ser la última del recorrido. Todavía no podemos divisar Sigüenza. Al no encontrar señalización alguna decidimos continuar por la carretera. Hay que ir a lo seguro. Tras rebasar un cerro, ya podemos ver la gran villa sobre un cerro coronado por el Castillo. Ahora todo es descenso hasta la entrada del pueblo (3100 metros desde la última señal).

Una vez en esta villa medieval, preguntamos por "La Casona de Lucía", alojamiento recomendado por nuestro amigo Pedro Antonio. Lamentablemente no contesta nadie a nuestra llamada, debe tratarse de su día de descanso. Nos dirigimos al centro en busca, en primer lugar, de algún sitio donde comer, pues ya son las dos de la tarde. Con el restaurante "El Mesón" nos damos con la puerta en las narices ¡Qué extraño! Aparentemente está todo cerrado. Preguntamos el motivo. Resulta que al haber tenido mucho trabajo durante el largo puente del 2 de mayo, la mayoría de los establecimientos han optado por hacer fiesta. Así que a buscar un bar donde poder tomar algo. En el primer bar que encontramos abierto nos metemos y nos pedimos el socorrido "pollo asado", no es lo que teníamos pensado comer pero por lo menos será suficiente para aguantar hasta la noche. Mañana, si Dios quiere, nos desquitaremos. Hacemos tiempo hasta las cuatro, hora de apertura de la Oficina de Turismo, donde nos informamos de algún lugar donde pernoctar.

En la Oficina de Turismo, después de llamar a varios hoteles, los únicos que tienen habitaciones libres son el Parador Nacional -por supuesto prohibitivo para unos peregrinos de "a pié"- y el Hotel Laberinto, hacia el que nos dirigimos. Tenemos ganas de ducharnos y estirar las piernas un rato.

Catedral de Sigüenza
Casa del Doncel

A las seis salimos para dar una vuelta por la localidad y comprar "Flectomín" en la farmacia, siempre es conveniente llevar unos sobres en la mochila para reponer en un momento determinado las sales perdidas por la sudoración. Desde la Plaza del Ayuntamiento, nos dirigimos por la calle Mayor hacia la parte alta del pueblo, donde se encuentra el Castillo que por su estratégica ubicación acogió en épocas sucesivas, una ciudad romana, una ciudadela visigoda, una alcazaba musulmana y sirvió como fortaleza a obispos medievales. ¡Cuánta historia entre sus robustos muros!

Castillo de Sigüenza

  Desde el Castillo, hoy convertido en uno de los Paradores de Turismo más bonitos de España, podemos contemplar una espléndida panorámica de Sigüenza y los alrededores. Pero el tiempo no está para muchas bromas. El cielo vuelve a ponerse feo y no tarda en comenzar a levantarse viento e inmediatamente a llover. Así que a regresar al hotel, cenar allí mismo y a descansar. Mañana será otro día, un día que nos tomaremos de descanso. Por la mañana, tendremos tiempo suficiente para visitar a conciencia la catedral y otros lugares de interés.

Mientras tomo el sueño, no se me va de la cabeza, lo visto y vivido en nuestra travesía por el Barranco del Río Dulce y todo ello a pesar de la lluvia. Evidentemente el lugar más bello y espectacular del Camino hasta el momento. Desde luego, ha merecido la pena optar por esta alternativa.

Buenas noches y hasta mañana.

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