Próximos a la Autovía Madrid-Zaragoza

 

6 JORNADA

Miércoles, 2 de mayo de 2007

Trillo-Mandayona

Parcial: 40,0 km; Totales: 192,8 km; Restan: 195,8 km

 

El páramo alcarreño

 

Otra noche de buen dormir en este coqueto Hostal de Eusebio. A las 07:30 horas ya estamos dispuestos -totalmente recuperados- en busca de un bar donde poder desayunar. Pasado el puente a la derecha encontramos uno que acaban de abrir donde nos sirven un mediocre desayuno. A las ocho nos hallamos pasando junto a las cascadas, encaminados en dirección a Cifuentes. Siguiendo la tónica de días pasados, hace fresco y llueve. Por eso decidimos seguir la carretera obviando, esta vez y sin que sirva de precedente, las flechas amarillas. En lo posible, vamos huyendo del barro. Además a esta hora no hay casi tráfico y se camina bien por el arcén acompañados de la agradable visión del Río Cifuentes, su ribera y fértil vega. En poco más de una hora nos plantamos en Gárgoles de Abajo (5,5 km) que queda a mano derecha sobre la ladera de un cerro. Aquí hacemos una parada junto a la "Fuente de los nueve caños" que se encuentra a la izquierda bajando unas escaleras.

Castillo de Cifuentes

Vamos rodeando el cerro y el pueblo hasta alcanzar la carretera N-204 que seguimos. A 2,3 km dejamos Gárgoles de Arriba a unos 400 metros a nuestra izquierda. 1 km más adelante pasamos por una piscifactoría abandonada y 2 km más allá dejamos a nuestra derecha un complejo residencial. Ya podemos ver al frente el Castillo de Cifuentes. A 700 metros de la urbanización, dejamos la carretera nacional tomando el acceso al pueblo. Unos metros después pasamos ante la Ermita de Nª Sra. de la Soledad y poco después nos hallamos entre El Balsón y los Manantiales que dan vida al Río Cifuentes. A nuestra espalda se alza el castillo encaramado en un cerro con mucha vegetación.

Ermita de la Soledad (Cifuentes)
El Balsón (Cifuentes)

Como el apetito va llamando a la puerta -llevamos 12 km recorridos y son las 10:15 horas- nos dirigimos al centro en busca de un bar donde almorzar. En la Plaza Mayor rodeada de las típicas casas alcarreñas con soportales, encontramos el Bar Jesús. Está concurrido de parroquianos que se afanan en consumir sus desayunos. El camarero, a pesar de que nos está viendo, no nos hace ni puñetero caso, parece como si no le diera mucho gusto vernos. A buen entendedor pocas palabras bastan, cargamos nuestro "equipaje" y a buscar otro sitio donde seamos mejor recibidos. En primer lugar Pepe hace acopio de medicinas en la Farmacia. La boticaria nos recomienda un mesón en la zona de tascas.

Parece que el mesón acaban de abrirlo. Estamos solos pero el propietario nos atiende enseguida. Cerca de una estufa cuyo calorcillo agradecemos, vamos damos cuenta con tranquilidad de unos soberbios bocadillos hechos con pan recién horneado.

Ermita de los Remedios (Cifuentes)
Casa de los Gallos (Cifuentes)

Una vez cargados de calorías, nos disponemos a hacer una rápida visita al pueblo. Sigue lloviznando. Hay que ponerse el chubasquero. Nos desplazamos hasta la Iglesia del Salvador situada en una plazoleta por encima de la Plaza Mayor. En la fachada lateral derecha, se abre la Puerta de Santiago de estilo románico, muy deteriorada por cierto. Frente a la portada principal de la iglesia se alza un viejo caserón remodelado como restaurante de lujo. Es la noble "Casa de los Gallos", haciendo gala de su blasón en un lugar predominante de la fachada. Un poco más abajo se alza el Convento de Santo Domingo y su iglesia. El tiempo no está para muchas mas visitas. Así que toca continuar la etapa que todavía quedan muchos kilómetros por cubrir.

 
Iglesia del Salvador (Cifuentes)
Portada de Santiago (Cifuentes)
Iglesia de Sto. Domingo (Cifuentes)

Buscamos el cementerio, desde donde sale el Camino a Moranchel. Frente al cementerio están dando los últimos toques a una rotonda. Por la tapia del cementerio parte la carreterilla por la que tenemos que marchar.

A unos 1700 metros llegamos a la altura de una nave. Aquí el camino se bifurca. Hay que tomar el ramal de la izquierda que va pegado a la nave donde vemos pintada una flecha amarilla. No se prodigan mucho que digamos, por eso, cuando advertimos una, nuestro interior se inunda de alegría. 4 km después estamos accediendo al pueblo de Moranchel asentado alrededor de una colina en cuya cima la acción del viento ha moldeado las rocas convirtiéndolas en unas curiosas figuras.

Llegando a Moranchel
Figuras curiosas (Moranchel)

En la Plaza junto a la Iglesia nos paramos a descansar. De momento ha dejado de llover. Frente a nosotros, observamos la fachada de una casa que nos sorprende. Está pintada tal como si fuera una casa y la verdad es que da el pego. Está totalmente ornamentada con dibujos que semejan una fachada real, puerta con gatera incluida, una ventana donde aparece una niña con tirachinas y otra un niño se asoma haciendo pompas de jabón, maceta, enredadera, poyete, botijo, farol y todo lujo de detalles. Y el nombre de la calle: "Buscarruido" Sobre la pared se puede leer la siguiente leyenda:

"Quiero desde aquí agradecer a todos los que de alguna forma me han ayudado a llevar a cabo este trampantojo que comencé el 4 de mayo de 2006 y terminé el 11 de septiembre de 2006. Asun Vicente Ríos".

Perfecto e ingenioso trabajo. Vaya desde aquí mi felicitación para Asun.

Fachada curiosa (Moranchel)
Detalle de la leyenda

De Moranchel accedemos de nuevo a la carretera. A unos 500 metros del pueblo, una flecha nos dirige a una pista que sale a la derecha, es el llamado "Camino del Monte". Ya va siendo hora de pisar tierra. Llevábamos muchos kilómetros de asfalto. Como me va ocurriendo en anteriores etapas, comienza a molestarme el hombro izquierdo. Lo más probable es que sea debido al peso de la mochila. No hay más remedio que soportarlo con resignación.

Puentecillo sobre el Río Tajuña

Poco a poco nos vamos aproximando a la ribera del Río Tajuña. Tengo que parar a solventar urgencias menores. Pepe se adelanta. Reanudo la marcha contemplando el río y la frondosa ribera que lo flanquea. Entre el verdor y los trinos de los pájaros voy caminando a gusto. De pronto, observo a unos metros a mi izquierda un puentecillo de madera y por pura casualidad una flecha amarilla pintada en el lateral de la pasarela. Menos mal que, aunque algo distante, todavía puedo ver a Pepe y le grito para que vuelva. Iba tan ensimismado por la pista que no se apercibió de la flecha. Es éste un punto conflictivo donde es fácil perder el Camino. Está a unos 1500 metros del desvío. Comentamos la conveniencia de señalizar mejor este punto para evitar despistes como el de Pepe. Menos mal que el amigo "Santi" se nos presentó de nuevo para echarnos un cable.

Una vez salvado el Río Tajuña, nos adentramos en una chopera. En este tramo no existe una senda bien definida. Gracias a las flechas amarillas pintadas en los troncos, vamos siguiendo el Camino que discurre paralelo al río. Unas veces te sales fuera de la arboleda y otras vuelves a entrar hasta que llegamos a una casita rural con placas solares (1100 metros). De momento nos desconcierta no ver flechas amarillas, parece como si se las hubiera tragado la tierra. Probamos por una sendita que bordea un sembrado de cereal a la izquierda pero retrocedemos al no encontrar ninguna marca. Descendemos hasta la parte delantera de la casita y vemos un camino de rodadas por el que se accede a ella. No tenemos otra opción que seguirlo. Efectivamente, al poco rato comenzamos de nuevo a ver flechas amarillas, justo cuando el camino de rodadas se transforma en pista. Poco a poco nos vamos separando del cauce del Río Tajuña que continua aguas arriba en busca del Embalse de la Tajera.

A 1300 metros de la casita rural, la pista forma una curva a la izquierda. Una flecha pintada en su sito nos desvía a la derecha por un camino que se interna por un encinar. La encina es el árbol predominante en La Alcarria. Incluso en los sembrados de cereal se ven ejemplares aislados que semejan seres pensativos en medio de la inmensa soledad que les rodea. A pesar de que deben molestar para las faenas agrícolas, no hay agricultor que ose talarlas. Parecen como si fueran un talismán para obtener buenas cosechas.

Por este nuevo camino, marchamos entre sembrados y carrascas aproximándonos a la carretera que aparece a 1200 metros del desvío después de un descenso pedregoso.

Porche de la Iglesia de Las Inviernas

De nuevo a soportar la dureza del asfalto que después de los kilómetros se hace notar. 2500 metros más adelante llegamos a Las Inviernas, un pueblo asentado en una ladera. Accedemos al pueblo por una cuesta. Pepe se entretiene haciendo fotos a la Iglesia. Yo sigo adelante en busca de algún bar donde descansar un rato y comer algo. Encuentro uno abierto y entro sin más. De momento me descargo la mochila y el respirador. Llevo el hombro izquierdo hecho polvo. Pepe no aparece, ¡qué raro! Salgo a buscarle. No lo veo. ¿Será posible que se haya extraviado? Efectivamente, había seguido adelante sin percatarse del bar.

Son casi las cuatro de la tarde. A esta hora era más que probable que no pudiésemos comer. Además las propietarias del bar residen en Madrid y se encuentran con los preparativos para regresar a su hogar. Hoy es el Día de la Comunidad madrileña y han aprovechado para "estirar" al máximo el ya largo "puente". No obstante, nos sirven unos cafés con leche y unas "magdalenas", obsequio de la casa. Por lo menos metemos calorías en el cuerpo. Permanecemos en el bar una media hora charlando con la familia. Nos indican el mejor camino para continuar hacia Mirabueno sin pisar casi asfalto.

Siguiendo sus instrucciones, tomamos la calle principal del pueblo, que tira hacia arriba, en busca de la salida. La pista que encontramos está bastante decente. A pesar de los kilómetros recorridos -casi 26- vamos muy bien de pies y piernas. De momento tenemos que afrontar la Cuesta de la Tinaja. Después de tantos kilómetros esto no nos supone mucho esfuerzo. Al superarla, nos encontramos con una gran planicie sembrada de cereal, son Los Llanos de las Navas, un páramo inacabable. La "longaniza" que tenemos ante nosotros parece no tener fin. Es cuestión de mentalizarse de que en algún momento acabará. Marchamos a ritmo. El hombro ya ni lo siento, debe haberse auto-anestesiado. Ya podemos distinguir la catenaria de la vía del AVE que poco a poco va aproximándose. Cuando llevamos casi una hora desde Las Inviernas nos "topamos" con las vías. Es buen momento para llamar a la familia por el móvil que acaba de recuperar la cobertura. La pista quiebra en ángulo recto en busca del puente para cruzar las vías. Mientras estoy en plena conversación, siento que algo se aproxima como una exhalación, pasando sin apenas haber tenido tiempo de poder verlo. Se trata del AVE que se dirige a Zaragoza. ¡Menuda velocidad! Ha sido visto y no visto. Desde La Inviernas a lo alto del puente han sido 4500 metros. Como curiosidad, decir que el trazado de la línea férrea por el lugar, coincide con la Cañada Real Soriana Oriental.

Chozo y encina (Camino de Mirabueno)

250 metros más allá una flecha amarilla nos dirige a una nueva pista que sale perpendicular a las vías, volvemos a recuperar la enfilación que llevábamos. Se nos va haciendo muy monótono el páramo. Campos y más campos de verde cereal. De vez en cuando advertimos algún chozo de piedra seca junto a una encina solitaria en medio de un sembrado. Y cuando menos lo esperábamos, aparece una pintada sobre una roca que nos levanta la moral: "Camino de Santiago" y una flecha amarilla. Indudablemente y nunca mejor dicho, vamos por buen camino.

A 3 km del puente, desembocamos en la carretera asfaltada de Mirabueno. Ya podemos escuchar el zumbido del continuo tráfico que circula por la ya próxima Autovía Madrid-Zaragoza. A 900 metros nos encontramos sobre el puente que cruza la autovía. Mucho tráfico en dirección a Madrid. Se trata del retorno de los sufridos madrileños después del largo "puente".

2 km más adelante, llegamos a Mirabueno. Son las seis y media de la tarde. Descansamos unos momentos en un banco y aprovechamos para llamar por teléfono al bar-restaurante "Milagros".

-En Mandayona no hay ningún alojamiento donde pernoctar -nos dice el propietario.

El alma se nos cae a los pies. ¿Cómo será posible? Resulta que el Hostal Rural se encuentra clausurado de momento. Aunque vamos a llegar tarde, confiamos en que algo encontraremos. "El amigo "Santi" no nos puede abandonar.

Reanudamos la marcha. Cruzando el pueblo llegamos al final del páramo. A una cota bastante inferior y casi en picado, se abre el valle por el que discurre el Río Dulce. Hacia la izquierda distinguimos un grupo de casas, debe tratarse de Mandayona y a la derecha un paisaje mas accidentado. Nos encontramos casi en el final de etapa.

El comprobar la proximidad de Mandayona nos infunde nuevos bríos. Siguiendo las flechas amarillas, iniciamos la bajada por un camino casi invadido por la maleza. Al llegar a un lavadero rodeado de espesa vegetación, perdemos la señalización. Solo advertimos un sendero que continua bajando a la derecha. Nos decidimos por tomarlo, no encontramos otro. La senda casi se pierde entre las malas hierbas pero continúa descendiendo. Eso es buen síntoma aunque nos preocupa no ver ninguna señal. La única inquietud es que la senda se dirija a huertos privados y tengamos que volver a subir. Pero no, la senda continúa su pronunciado descenso entre huertos aunque parece que no toma la dirección por la que hemos creído reconocer Mandayona. Vamos directamente hacia la carretera en perpendicular, algo desviados a la derecha. Ya no tiene objeto retroceder. Seguimos la inercia de la marcha hasta llegar a una pista ya en pleno valle. La pista confluye en la carretera de Sigüenza junto a una torre de transformación eléctrica, cerca del Puente Nuevo. Han sido 2 km de bajada. Por las referencias que tenemos ya deberíamos estar llegando a Mandayona. ¡Qué le vamos a hacer! Nos iba saliendo todo demasiado bien. Ahora sí que estamos deseando llegar. Las piernas y los pies están acusando los kilómetros. El asfalto se nos pega a las plantas de las botas. No obstante, logramos mantener el ritmo y recorrer los 2 km que nos habíamos desviado, entrando en Mandayona cuando son casi las 20:00 horas. Han sido 40 km los recorridos y 12 horas en el Camino. Por hoy ya está bien. ¡Vaya dos etapas que llevamos!

A la entrada del pueblo localizamos el Bar "Milagros". El propietario nos confirma que no hay ningún establecimiento donde pernoctar. Nos presenta al Alcalde que nos ofrece las llaves del Ayuntamiento por si queremos pasar la noche allí.

-Eso sí -nos dice- tendrán que dormir en el suelo, no hay colchonetas.

No nos encontramos en situación de hacerlo. La única posibilidad de encontrar un hostal es en Matillas, un pueblo que dista 8 km. Demasiados kilómetros para hacerlos a pié. Le pedimos que llame por teléfono a ver si hay sitio para nosotros. Gracias a Dios no hay problema de alojamiento. El mismo propietario, que tiene un taxi, nos traslada a Matillas, situado cerca de la confluencia de los ríos Dulce y Henares. El Hostal se encuentra frente a una horrible fábrica que en su día fue una cementera. Lo importante es que ya nos podemos duchar como Dios manda y tenemos una buena cama donde descansar y recuperarnos de la larga etapa de hoy.

Cenamos en el mismo hostal. Hay apetito, ya ni nos acordábamos que hoy nos habíamos saltado la comida. Quedamos con el yerno del dueño, que mañana éste nos acercará a Mandayona en un taxi que disponen. Menos mal. Al final el amigo "Santi", para no perder la costumbre, nos ha sacado del apuro.

Después de la cena, nos retiramos a la habitación. Necesitamos un buen descanso. Mientras intento conciliar el sueño, caigo en la cuenta de que hoy hemos rebasado el ecuador de nuestro Camino.

Buenas noches y hasta mañana.

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