Las "Tetas de Viana" desde el valle de la Solana

5 JORNADA

Martes, 1 de mayo de 2007

Salmerón-Trillo

Parcial: 31,2 km; Totales:152,8 km; Restan: 235,8 km

 

El "Cebreiro" de la Ruta de la Lana

A las siete suena la alarma del móvil. Nos hemos desquitado de la mala noche de ayer, hemos dormido como lirones. A las siete y media, la Sra. Marciana ya nos tiene preparados unos estupendos desayunos y antes de la ocho nos despedimos de la buena señora que nos desea suerte en el paso por Villaescusa de Palositos. La verdad es que vamos a necesitarla.

Nos encaminamos hacia la Plaza Mayor. Ya en la Iglesia Parroquial, nos detenemos unos momentos ante la Puerta de los Apóstoles, también llamada de los Peregrinos, y nos encomendamos al amigo "Santi" que nunca nos ha fallado en los momentos difíciles. Frente a la Portada, sale una calle que va a dar a las afueras desde donde podemos contemplar una impresionante panorámica de la vega, que se abre a una cota inferior, y la ladera de la sierra que deberemos remontar muy pronto. El tiempo sigue la tónica de días pasados, hace bastante fresco y las nubes se mueven por el cielo amenazantes.

Por una pista descendemos a la vega, por la que discurre el Río Garibay, que salvamos por un puente hasta encontrar una pista que cruza tomándola a la izquierda. Han sido 500 metros desde el punto de salida. El pueblo se alza al otro lado del valle, encaramado en la cima plana de un cerro. Después de 300 metros por la nueva pista, sale otra en ascenso por la derecha. Es el Camino de Palositos, en fuerte ascenso por la ladera de la sierra.

Tal como nos decía ayer la hija de la Sra. Marciana, la pista está muy embarrada. Así que no queda más remedio que afrontar el repecho peleándonos con dos frentes: el molesto barro y la dureza de la pendiente. De momento caminamos entre bancales de olivos. ¡Menuda cuesta para empezar! Ya nos decía Pedro Antonio que esta subida podría considerarse como el Cebreiro de la Ruta de la Lana.

 
Primeros repechos
Flecha amiga

Poco a poco vamos dejando a nuestros pies Salmerón y su vega. El barro está complicando mucho la subida. Dicen que hay unos atajos para librarnos de unas "eses" que forma la pista, pero ni nos parece oportuno tratar de localizarlos ni se encontrarán en buenas condiciones de paso. A unos 1500 metros del inicio de la pista vemos, al borde de una curva cerrada, una flecha de hierro pintada de amarillo que pone "Camino de Santiago", sostenida por una Cruz de Santiago, sobre ella una vieira. Eso quiere decir que vamos por el buen camino. Es gratificante encontrar de vez en cuando alguna señalización jacobea que nos recuerde que estamos en el Camino. Sigue el ascenso en la más absoluta soledad. Conforme nos aproximamos, Villaescusa de Palositos se va convirtiendo en una obsesión. Varias preguntas no dejan de martillear nuestra mente. ¿Cómo nos apañaremos para entrar en la finca? ¿Tendremos que volver a saltar una verja? ¿Nos saldrá algún guarda apuntándonos con la escopeta? Son preguntas que nos las vamos haciendo a cada momento sin respuestas objetivas.

Continuamos ascendiendo, aunque en este último tramo, algún descansillo sirve para tomar aire y ralentizar el corazón. A una hora del inicio de la cuesta, llegamos a la altura de las ruinas de la Ermita de San Matías de la que solo se mantienen en pie algunos sillares y una portada deteriorada con una inscripción: "Acabose en el año 1631".

Ya hemos llegado al altiplano rodeados de pinares, encinas, robles y matorral, plantas aromáticas y medicinales y alguna que otra pradera. De momento parece que se acabó de subir. Nos encontramos a 1100 metros de altitud. Han sido casi 4 km de ascenso y hemos superado un desnivel de casi 400 metros. Es un placer contemplar el espectáculo que nos brinda la Madre Naturaleza.

Bidón amarillo

A unos 500 metros de la ermita dejamos a la izquierda los restos de unos corrales en medio de una pradera. Llaneando por el altiplano, nos vamos acercando poco a poco a la finca de Palositos. Dejamos la pista antigua por la que marchamos que se interna en el bosque dando paso a una nueva de bastante anchura que parece trazada a tiralíneas. Cuando llevamos recorridos 1300 metros por el nuevo camino, advertimos el bidón amarillo que es la referencia para torcer a la izquierda y enfilar el acceso a Villaescusa de Palositos. La imagen del guarda y la escopeta vuelve a martillear nuestras mentes.

Ahora marchamos por el llamado Camino de Escamilla. A 500 metros del cruce del bidón amarillo, pasamos frente a la Casa de San Román, unas dependencias de la Finca de Briones. Comienzan las alambradas. Unos perros nos saludan con sus ladridos. Unos 500 metros más allá el camino se bifurca. Por el de la derecha vemos una flecha amarilla pero ya estamos advertidos que no vayamos por él, salvo fuerza mayor, se trata del camino que bordea los lindes de la finca dando un gran rodeo. Si queremos pasar por Villaescusa de Palositos debemos seguir de frente. Los nervios están a flor de piel. Vamos por el medio de una gran llanura plantada de cereal. El barro nos obliga a ir pegados a la alambrada para pisar sobre la hierba. A unos 800 metros de la bifurcación comenzamos a bordear un gran bosque de chaparros que vamos dejando a nuestra izquierda y al fin, a 900 del inicio del bosque, llegamos a la verja que da paso a la demarcación de Villaescusa de Palositos.

"Lo que encontramos en el lugar es desolador..."

El espectáculo que encontramos es desolador, ramos de flores embarradas se encuentran esparcidos por el suelo y unos metros de cercado de alambre de espino destrozados. Pensamos en la pobre gente que el sábado intentó sin éxito traspasar la verja por el camino público de toda la vida para colocar unas flores en las tumbas de sus familiares. Verdaderamente tuvo que ser muy triste. Y más aun la sangre fría de los Guardia Civiles prohibiéndoles el paso. Pero ellos cumplían órdenes de la superioridad, así salvaban su honorabilidad. ¿Como se puede consentir semejante tropelía?

Nos encontramos en el mismo sitio sin guardias civiles ni persona alguna que nos impida el paso. Bajo la lluvia que comienza a caer, no lo pensamos dos veces y a través del espacio abierto en la trifurca que se formaría, nos adentramos en la finca. Que sea lo que Dios quiera. Muy lejos, ya comenzamos a distinguir la silueta de las "Tetas de Viana" que parecen dos granos sobre el horizonte. Por allí deberemos pasar también.

La Iglesia tras el alambre de espino

En el trayecto hasta la parte baja de Villaescusa de Palositos (900 metros desde la verja) no nos sale nadie al encuentro, no obstante marchamos con precaución, seguro que alguien nos estará observando desde algún punto. Advertimos como en el cerro donde se asienta el pueblo -cerca de la iglesia- han construido algo parecido a una gran mansión que desentona con el conjunto. Junto a los corrales y caballerizas, la pista está cubierta de cieno de lado a lado. Intento pasar y hundo las botas en el lodazal hasta el tobillo. Instintivamente doy marcha atrás pero el mal ya está hecho. Las botas quedan cubiertas totalmente de una mezcla de barro y excrementos de animales. ¡Qué vamos a hacer! El Camino lo limpia todo. Por el borde, pegados a las vallas, logramos salvar el barrizal con algún esfuerzo. De todas formas a mí ya me da igual. Me he puesto perdido. Obviamos la visita a la Iglesia románica y el pueblo, no está el horno para bollos, es mejor no tentar la suerte. Pero lo que más pena nos da es observar la Iglesia tras el alambre de espino y en lo alto del cerro, la nueva construcción.

Por detrás de unos almacenes buscamos el camino de salida. Sorteando el barro como Dios nos da a entender, llegamos a la fuente-abrevadero, donde la pista se encuentra todavía peor, encharcada y embarrada. Una vez rebasada la fuente ya se puede caminar mejor. La pista inicia un ascenso. Ya hasta se nos había olvidado que nos encontramos en una propiedad privada. Pero el amigo "Santi" nos ha echado una mano como de costumbre y podemos respirar tranquilos una vez llegamos a la verja de salida -a 1500 metros de las casas- que se encuentra, como era de suponer, cerrada con cadena y candado y no tenemos mas remedio que pasar por encima. Con la experiencia que tenemos en asaltar verjas, no supone mucha dificultad para nosotros.

Ya estamos fuera del recinto privado. El susto ha pasado. A nuestra izquierda otra verja da paso a una finca anexa a la de Palositos y por la derecha llega la pista que rodea su perímetro. Estamos en el borde de una extensa meseta sembrada totalmente de cereal. La vista se nos alegra con tanto verdor.

Seguimos por la pista en dirección a una construcción que vemos en medio de los campos de cultivo. Se trata de la Casa de Abajo. Son 1000 metros los que tenemos que recorrer entre los trigales para llegar hasta ella. Son las 12:00 horas. Se impone comer algo y descansar un rato que todavía nos quedan muchos kilómetros para llegar a Trillo. La Casa de Abajo es en realidad un corral abandonado, "guardado" por la carrocería -cada vez más oxidada- de un coche. Nos despojamos de las mochilas y nos tomamos unas barras energéticas y un sobre de "Flectomín", es nuestro almuerzo circunstancial, no tenemos otra cosa.

Otra flecha amiga

Continuamos la marcha, el descanso nos ha venido bien. Corre una brisa fresca que anima a caminar. A 250 metros de la Casa de Abajo, la pista forma un ángulo recto. Una afortunada flecha amarilla de hierro nos indica que debemos abandonar la pista por un camino de rodadas semioculto por el cereal que lo ha invadido y cruzar el sembrado de frente en dirección a un bosquecillo. Menos mal que la flecha está donde debe estar.

A 200 metros de la flecha entramos en un bosque de encinas que atravesamos hasta llegar al borde de un campo de cultivo (400 metros). Desde aquí tenemos que caminar por el borde entre el encinar y el bancal unos 200 metros, dando a una pista que cruza y desde donde podemos contemplar las "Tetas de Viana" hacia donde poco a poco nos vamos aproximando, pero todavía quedan unos cuantos kilómetros. Seguimos a nuestra izquierda bordeando en descenso la cabecera de un barranco hasta llegar a unos 750 metros a otra pista que cruza. La tomamos a la derecha descendiendo por la vertiente izquierda del barranco en dirección al valle.

¡Qué diversidad de paisaje estamos asistiendo hoy! Los planos que nos ha dejado Luis nos están sirviendo de mucha ayuda porque las flechas siguen escaseando cuando mas las necesitas.

La bajada se hace larga. Menos mal que la tierra está más compactada y no hay prácticamente barro. A 3 km comienzan de nuevo los sembrados, ya estamos en el valle. A la izquierda dejamos un corral. Por aquí debe salir un atajo pero no nos atrevemos ni a buscarlo, no vaya a ser que nos perdamos a última hora.

 
Las "Tetas de Viana" desde la cabecera del barranco
 
Vadeando el Arroyo de la Solana

A 600 metros del corral, ya en el valle, la pista forma un seno muy cerrado con el solo objeto de salvar un arroyo por un puentecillo. Vemos al otro lado la pista y no lo pensamos, si podemos cruzar el arroyo ganaremos unos metros. Efectivamente, el arroyo lo saltamos sin dificultad y tras subir por un talud nos plantamos en una pradera en cuyo centro surgen unos robustos nogales. Unos metros después recuperamos la pista que se encuentra bastante embarrada. Menos mal que la podemos bordear. Cuando llegamos al cauce del Arroyo de la Solana, nos quedamos impresionados por el agua que lleva. Es imposible vadearlo tal como vamos. No tenemos mas remedio que descalzarnos, remangarnos las perneras del pantalón y aguantar el contraste del agua helada. El nivel del arroyo nos llega hasta las rodillas. Una vez al otro lado, nos congratulamos, ya que ese baño de agua fría ha servido de sedante natural para los pies y pantorrillas.

Una vez calzados, reanudamos la marcha. A unos metros damos a la carretera. Desde la cabecera del barranco han sido 5 km los recorridos.

Tomamos la carretera a mano izquierda en dirección a Viana de Mondéjar. Las "Tetas de Viana" las tenemos casi encima. 2200 metros de pesado asfalto y ya estamos subiendo el fuerte repecho que conduce al centro del pueblo. El Camino pasa por la Iglesia románica con una interesante portada y un poco mas arriba damos con el Hogar Social. Frente a él, una puerta de la vieja muralla. Son las 15:00 horas. Es tiempo de tomarse un descanso y comer algo.

 
Portada de la Iglesia de Viana de Mondéjar
 
Puerta de la antigua muralla de Viana

El matrimonio que lleva el bar, nos ofrece unos huevos fritos con patatas y chorizo que vienen muy bien al estómago. Son muy amables y se muestran interesados por el Camino que llevamos. Después de un buen descanso, a continuar.

 
Colmenas alcarreñas
 
Cuevas-bodegas

Descendemos las pendientes calles del pueblo hasta que enfilamos un barranco por una pista que se dirige directamente a las "Tetas de Viana". Después de recorrer unos 350 metros de pista, las flechas nos desvían hacia el barranco por una estrecha senda que sale a la derecha de la pista. Es cuestión de ir siguiendo la dirección de la cabecera del barranco por la ladera de las "Tetas de Viana", dejando éstas a mano izquierda. Pasamos entre unas antiguas colmenas y las cuevas-bodegas que horadan la ladera de la derecha. Vamos subiendo con facilidad. Estos senderos son los que nos gustan. Este tramo está bien señalizado.

Chimeneas de la Central Térmica nuclear

A 700 metros llegamos a una bifurcación. No hay lugar a dudas de que tenemos que seguir por el ramal de la izquierda. Poco a poco vamos dejando las "Tetas" atrás hasta llegar a un collado desde el que nos da un bofetón las horribles chimeneas de la Central Térmica nuclear echando vapor a todo lo que dan. Son 1800 metros desde la bifurcación. El monte es salvaje predominando las carrascas y quejigos. En este punto hay una bifurcación importante. La senda que llevamos, en mejor estado, continua bordeando las "Tetas" en busca de la senda de ascenso. Una señal nos advierte que debemos tomar una trocha que sale a la derecha y que en descenso se dirige a Trillo por una ruta de pequeño recorrido. Da gusto caminar entre las carrascas. Ya estamos próximos a la llegada y eso nos infunde ánimos y fuerzas. Vamos a paso ligero. No sentimos ni las piernas.

Siguiendo la señalización, a 3 km desde el collado comenzamos a entrar en las primeras casas de Trillo después de haber pasado por las instalaciones de unas pistas de "karts" y poder contemplar el Parador Nacional ahí abajo, junto al Río Tajo. En el pasado reciente era un importante Balneario. Enfilamos hacia el río por una cuesta abajo de pronunciada pendiente que nos deja en el puente sobre el Río Tajo. Estamos en Trillo. Son las 19:00 horas. Llevamos casi 12 horas sobre el camino. Una larga jornada.

 
Puente sobre el Río Tajo
 
Cascadas del Río Cifuentes

Pasado el puente, preguntamos por algún alojamiento. Es mal día hoy para encontrar algo. Se celebra el Día Internacional del Trabajo. No obstante damos con un vecino que nos recomienda el Hostal Rural "Las Viñas", otra cosa no hay. El mismo se encarga de llamar a los dueños. No hay ningún problema, menos mal. Desandamos lo andado y cruzamos de nuevo el puente en busca del Hostal, está al otro lado del río. No hay nadie por aquí. Nos descargamos las mochilas e intentamos llamar a los teléfonos expuestos en un cartel. Pero nadie nos contesta. Es cuestión de esperar, sentados en el suelo. Ya aparecerá alguien.

Estamos deseando coger la habitación para darnos una buena ducha. Nos damos cuenta que la puerta del Hostal cede al picaporte, no tiene echada la llave, así que entramos y a esperar en el salón mas cómodos. Después de un rato aparece la hermana del dueño que se encarga de ir a buscarle. Poco después aparece Eusebio. Resulta que el teléfono móvil que tiene es de Vodafone y precisamente hoy está sin cobertura. Eusebio es un enamorado de la Ruta de la Lana, lo que nos da pié para hablar sobre ella y contarle los pormenores de la compleja etapa de hoy, con el paso por Villaescusa de Palositos incluido. Eusebio tiene una página web con espléndidas fotografías de Trillo y los alrededores.

- Trillo puede considerarse la puerta al Parque Natural del Alto Tajo -nos informa Eusebio que nos proporciona un CD con una bella presentación de los alrededores.

Pasado y presente

Después de una reparadora ducha y de la colada, nos desplazamos al centro del pueblo en busca de algún sitio donde cenar. Desde el puente, nos llama la atención el ábside de la Iglesia junto a las más lejanas chimeneas de la Central Térmica, el pasado y presente. El Mesón que nos recomienda Eusebio está cerrado, así que no tenemos mas remedio que cenar unas chuletillas de cordero y una ensalada en el Mesón de Victor, situado junto al puente, en una plazoleta en la parte baja del pueblo. Desde aquí podemos contemplar las sofisticadas cascadas del Río Cifuentes antes de desembocar en el Río Tajo.

Ya de noche, nos retiramos al Hostal donde distribuimos la ropa mojada por los radiadores del Hostal.

Y sin más preámbulos, a enchufarme el respirador y a descansar que la etapa ha sido dura y la de mañana se supone que no tendrá nada que envidiarla.

Buenas noches y hasta mañana.

Atrás Adelante

Tabla de contenido