Virgen de la Luz (Cuenca)

 

3 JORNADA

Domingo, 29 de abril de 2007

Cuenca-Villaconejos de Trabaque

Parcial: 49,6 km; Totales: 91,8km; Restan: 296,8 km

 

El valle de la chopera

 

 

Saliendo de la Posada Tintes junto al río Huécar canalizado

Hoy nos permitimos levantarnos un poco mas tarde, es domingo y estamos mentalizados a caminar durante casi todo el día. Los kilómetros de la etapa lo requieren. ¡Qué importa levantarse media hora antes o después!

A las 07:45 horas nos encontramos saliendo de la posada. Aunque no llueve, las nubes cubren parte del cielo. Hace fresco. Hay que enfundarse bufanda y guantes.

Tiramos por la calle Tintes siguiendo el curso del río Huécar girando hacia la Plaza de España donde nos han dicho que tendremos un bar abierto. Los domingos son malos días porque casi todo está cerrado y lo poco que abre lo hace tarde.

Efectivamente, el bar está abierto y lleno de clientela, la mayoría trasnochadora. Observamos que el que más y el que menos están desayunándose chocolate con porras. "Allí donde fuereis haced lo que viereis". ¡Qué chocolate más rico! Y de las porras calentitas mojadas en chocolate, ¡qué decir!

Río Júcar
 
Puente de San Antón

Con el cuerpo bien entonado, nos dirigimos hacia la salida de Cuenca por el Puente de San Antón que salva el Río Júcar, poco después de recibir las aguas del Huécar. En un cortado bajo el puente, junto a una oquedad convertida en hornacina, se encuentra la réplica de la imagen de la patrona de la ciudad: la Virgen de la Luz que se venera en la Iglesia que hay justo enfrente. Es oportuno unos minutos de oración para pedirle nos proteja durante esta larga etapa. Desde aquí nos despedimos de Cuenca cuyo casco viejo se puede contemplar en una bella perspectiva. Tiempo habrá de volver para rendirle una visita mas sosegada. Merece la pena.

Siguiendo la carretera que discurre paralela al curso del río, dejamos a la derecha la antigua Morería, convertida en el Barrio de San Antón, asentado en la ladera del Cerro de la Merced, y poco después unas instalaciones deportivas y la Residencia de la Seguridad Social. Al pasar una gran superficie Comercial, llegamos a una rotonda desde donde parte a la izquierda la carretera de Nohales. Han sido 2300 metros desde la Plaza de España.
Los 2500 metros hasta Nohales se hacen por una estrecha carretera, aunque por tratarse de domingo, el tráfico es escaso y más teniendo en cuenta la temprana hora de la mañana.

Camino de Arcos de la Cantera

De Nohales a Chillarón son 4 km. A la entrada de Chillarón, encontramos abierto el bar del Hostal. Buena hora para almorzar y tomarnos un respiro. Hay que tomarse la etapa con calma.

Después de atravesar el pueblo, tomamos una carreterilla que sale a la derecha en dirección a Arcos de la Cantera. A 700 metros del desvío, llegamos a un grupo de casas. Una flecha amarilla nos dirige entre ellas a una pista de tierra. Se agradece de verdad porque comenzábamos a hartarnos de asfalto. Aunque la pista da un pequeño rodeo es preferible. Debido al agua caída, se encuentra algo embarrada sobre todo en las cercanías de las ramblas que salvamos sin mucha dificultad. Después de recorrer 3100 metros desde el centro de Chillarón, entramos en Arcos de la Cantera. Por carretera hubieran sido 2800 metros.

En Arcos preguntamos a unos paisanos que nos aconsejan ir por carretera hasta Tondos. Por otra parte creo que es la única solución. Ascendiendo por terreno más agreste nos vamos introduciendo en la montaña. Llegan las urgencias del peregrino que dejan a Pepe solo con sus pensamientos durante un tramo y poco después a un servidor que llega en solitario a la fuente-abrevadero de Tondos. Han sido 3600 metros desde Arcos. Hasta el momento llevamos recorridos 15,5 km. Estoy en un paraje arbolado y con bancos donde me descargo la mochila y respirador y espero la llegada de Pepe charlando con un lugareño. Al poco rato se nos une Pepe.

-Son pocos los vecinos del pueblo en esta época -nos informa el lugareño- solo en verano se nota más concurrencia. La gente se traslada a vivir a la capital, a pesar de la tranquilidad y el ambiente que aquí se respira. En diez minutos puedes estar en Cuenca.

Es la tónica de todos los pueblos pequeños que inexorablemente se van convirtiendo en residencias de ancianos. Aprovechamos para preguntarle por el camino a Bascuñana. Al pasar la Iglesia encontrarán una pista en descenso que deberán seguir sin perderla. Le deseamos tenga un buen día y continuamos.

Fuente de Tondos
Iglesia de Tondos

Nada más salir del pueblo, la pista que debemos tomar comienza a descender hacia un barranco para iniciar el ascenso por la ladera opuesta. La temperatura sigue siendo fresca por lo que la cuesta no requiere grandes esfuerzos. Por otra parte, el terreno por el que discurre es muy agreste. Nos llama la atención no ver una sola flecha amarilla. Cuando llevamos 3400 metros recorridos desde Tondos, la pista desemboca en una carretera. Por la derecha se dirige a Bascuñana de San Pedro, de la que nos separan 5 km.

De nuevo el duro asfalto. La carretera discurre por el valle llaneando. Por lo menos, los pinares entre los que se pasa alegran algo la vista y ayudan a que los kilómetros no pesen demasiado. Una hora después estamos entrando en Bascuñana de San Pedro dejando la Ermita de la Concepción a nuestra izquierda. Nos dirigimos directamente a la plaza de la fuente, donde nos descargamos las mochilas y nos disponemos a comer y descansar. Desde Cuenca llevamos recorridos 24 km. Son las 14:30 horas. Solo se oyen los zumbidos de las avispas alrededor de la fuente y el gorjeo aislado de algún pajarillo. Parece como si no hubiera nadie en el pueblo, aunque el tenue humo que despide alguna chimenea con olor de carne a la brasa, nos da a entender que los pocos vecinos que quedan se encuentran comiendo. La brisa que corre es fresca por lo que el sol es bien recibido.

Llegando a Bascuñana de San Pedro
Cueva-bodega a la salida de Bascuñana

El cuerpo ya nos viene pidiendo su ración alimentaria. De momento vamos a dar cuenta de los bocadillos que compramos ayer en Cuenca, será nuestra comida de hoy.

Cuando estamos en plena faena, observamos como algún vecino sale a la calle a curiosear. Uno de ellos se aproxima a nosotros lo suficiente para saludarnos y enterarse de lo que vamos. Aprovechamos para preguntarle por el camino a Torralba del que nos da debida cuenta. Son casi 13 km lo que nos quedan.

Reanudamos la marcha. Son las 15:00 horas. Desplazados a lo más alto del pueblo, tomamos la única pista que se dirige hacia el monte dejando la Ermita de San Isidro a la derecha y unas cuevas-bodega después. La pista va llaneando por la ladera durante 1500 metros, lo que viene bien para digerir el bocadillo. A partir de aquí, se inicia una pendiente pronunciada durante unos 1300 metros llegando a un collado, justo donde la pista forma una curva cerrada a la derecha y continua subiendo. Estamos a 1200 metros de altitud. Comienza a chispear. Hay que ponerse los chubasqueros.

Desde el collado hay que tomar una pista en descenso que sale a la izquierda con la referencia de una chopera que crece en el fondo del barranco que es adonde debemos dirigirnos.

Luchando con el barrizal

La nueva pista es un auténtico barrizal. ¿Dónde nos hemos metido? Parece como si alguna máquina hubiera removido la tierra. Seguimos las huellas de las rodadas, único espacio por el que se puede transitar aunque, eso sí, a duras penas. El barro pegajoso se va acumulando en botas y perneras. Entre el peso que van tomando las botas y la adherencia del terreno, nos cuesta Dios y ayuda levantar los pies. Es un continuo suplicio. Esto no lo esperábamos. Y encima lloviendo. Como Dios nos da a entender, vamos descendiendo con exasperante lentitud hacia la chopera, extremando las precauciones para no resbalar y caer en el barrizal. Son 1400 metros angustiosos hasta llegar al lecho del barranco que nos lleva casi media hora. En cuanto vemos la posibilidad de desviarnos al cauce cubierto de hierba alta, no lo dudamos. Aunque resulta también incomodo caminar por el piso irregular, todo es mejor que hacerlo sobre el barro. Bajo los chopos llegamos al paraje donde se sitúa la Fuente del Gallo. Paramos a recuperar fuerzas y tomar algo de líquido. Asimismo nos desprendemos de los incómodos chubasqueros pues ha dejado de llover. Mientras el terreno nos lo permite, continuamos sobre la hierba hasta que el cauce se estrecha tanto que no tenemos mas remedio que volver a la pista. Otro tramo sobre el barro hasta que llegamos al culpable de tal desaguisado, una excavadora aparcada al borde la pista, justo cuando ésta se estrecha. Está claro que están ensanchándola.

A partir de aquí, vamos encajonados junto al arroyo, que comienza a formarse, y la tupida arboleda de ribera. La pista se ha convertido en camino.

A unos 1600 metros de la Fuente del Gallo y tras dejar unos corrales abandonados a la derecha, el valle comienza a abrirse. Los kilómetros y el barro van haciendo mella en las piernas. Este último tramo se nos está haciendo interminable y para más "inri" no logramos ver ninguna flecha amarilla, lo cual nos disgusta y pone nerviosos.

A unos 1000 metros de los corrales, el camino desemboca en otro que cruza. ¿Por donde ir? La decisión es toda una aventura. La Guía no nos resuelve la duda. Nos metemos por un camino que sigue de frente y que pronto termina en una huerta. A retroceder toca. De nuevo en el camino, optamos por tomarlo a la derecha. ¡Que sea lo que Dios quiera! Menos mal que a 350 metros de la bifurcación advertimos sobre una roca situada en un camino que se desvía a la izquierda, unas franjas blanco-rojas que aunque algo desvaídas son visibles todavía. Esta vez hemos acertado.

Corral en la roca

Por el nuevo camino seguimos a lo largo del valle. El arroyo que llevamos a nuestra izquierda va llevando mas agua. A 450 metros del nuevo desvío el camino forma un recodo derecha-izquierda para librar un bancal. Seguimos adelante. Torralba se está haciendo de rogar. Parece como si los kilómetros no pasasen. Además, todavía no sabemos a ciencia cierta que vayamos por el buen camino.

A 2800 metros del recodo, el camino se bifurca. Intuitivamente tomamos a la derecha. Salgamos adonde salgamos ya nos da igual. Torralba sigue sin aparecer. De improviso, advertimos la presencia de un coche que viene a nuestro encuentro. Buena señal. Por lo menos tenemos a alguien a quien preguntar.

El coche da la vuelta tras pasarnos y se detiene junto a nosotros.

-¡Qué tal peregrinos!

¡Qué alegría nos llevamos! Se trata de Pepe, un miembro de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca, que vive en Villaconejos de Trabaque. Es nuestro enlace en la zona.

-No preocuparos, vais por el buen camino, os quedan unos 2 km para llegar al pueblo.

Este encuentro nos levanta la moral. Aunque vamos cansados de verdad, rechazamos su ofrecimiento de llevarnos en el coche. Hay que terminar como sea la etapa a pié.

-Pues en el pueblo os espero.

Entrando en Torralba con Pepe

Con los nuevos bríos que nos ha dado el encuentro con Pepe, estos dos últimos kilómetros se nos pasan sin sentir. A 1400 metros de la bifurcación ya podemos ver las primeras casas de Torralba y 500 metros más allá nos está esperando nuestro anfitrión en la entrada del pueblo. Juntos nos dirigimos a una plaza donde un olmo centenario emerge orgulloso en el centro. Es uno de los pocos ejemplares de olmo que han podido ser salvados de la plaga que los está matando en todo el territorio peninsular. Han sido 36,5 km los recorridos en esta etapa. Son las 18:30 horas.

Nos relata Pepe, que ayer también formó parte de la marcha reivindicativa del paso por Villaescusa de Palositos, que la marcha terminó con el encuentro de varias parejas de la Guardia Civil apostadas tras la verja de acceso al pueblo. Esta verja y la cerca alrededor de la finca, fue colocada por los nuevos propietarios tras la adquisición del pueblo (incluidas tierras comunales y servidumbres de paso). No valieron, ni las flores que llevaban algunos al cementerio para colocar sobre la tumba de familiares, ni la exhibición de una escritura de propiedad de alguien que no quiso vender, ni las palabras, ni las lágrimas... La Guardia Civil inmutable, les impidió el paso argumentando tajantemente que se trataba de una propiedad privada. Una auténtica vergüenza.

Olmo de Torralba

Volviendo a nuestra situación actual, resulta que en el pueblo no hay ningún local donde pasar la noche. Como es domingo, incluso tenemos problemas para que nos sellen la credencial. La mujer del alcalde nos dice que su marido está por el molino. Así que como no hay nada que hacer, Pepe nos propone llevarnos a su pueblo donde el Ayuntamiento nos puede proporcionar un sitio donde pernoctar.

Durante el trayecto, entramos en Albalate de las Nogueras, y nos acercamos al bar donde por fin podemos sellar la credencial.

Una vez en Villaconejos de Trabaque, nos acercamos en busca del alguacil que nos da las llaves del local que perteneció a las antiguas escuelas. La verdad es que no reúne muy buenas condiciones para quedarse. Pepe va a intentar buscarnos un acomodo alternativo en una casa adosada a una ermita que está a las afueras del pueblo. Durante el trayecto, el alguacil insiste en que en los bajos de las escuelas vamos a estar mejor, no pasaremos tanto frío. De todas formas nos desplazamos a la casa de la ermita. Por verla no pasa nada. Efectivamente hace mucho frío en su interior y no hay ni muebles, ni luz, ni agua, ni nada de nada. Es una pena tener desaprovechada esta casita. Es ideal como albergue o refugio.

- Hablaré con el alcalde -nos dice Pepe- para ver lo que se puede hacer.

Irremediablemente, volvemos al local, tenemos que acomodarnos como sea. Con unas mesas y unos tableros preparamos los lechos, sobre los que ponemos unas colchonetas rígidas de gimnasio. Aunque duras, por lo menos no estaremos en contacto con el suelo. Está visto que hoy nos tendremos que acostar sin ducharnos. El alguacil nos abre el agua de unos humildes aseos que hay en un patio medio abandonado, por lo menos podremos lavarnos la cara. Después de preparar las "camas", Pepe nos proporciona unas mantas. No hay calefacción, el ambiente es húmedo y además por la noche hará frío. Nos sella las credenciales con el cuño de la Carnicería de su mujer. Siente no poder atendernos mejor, pero entra de guardia a las diez y nos tiene que dejar. Le hubiera gustado llevarnos a cenar a su bodega-cueva. Le decimos que no se preocupe que nuestra condición de peregrinos exige algún sacrifico que otro. Por otra parte, descartamos comenzar la etapa en Torralba ya que Pepe no podría trasladarnos allí hasta media mañana. Tratándose de domingo y la hora avanzada, encontrar otra solución lo consideramos problemático. De todas formas, tan solo son doce kilómetros que compensaremos con las pérdidas, que casi seguro se producirán, a lo largo de la ruta. Después de unos consejos para la etapa de mañana y de reiterarnos que le llamemos ante cualquier duda, nos despedimos agradeciéndole su buen comportamiento y desinteresada hospitalidad.

Nuestros "lechos"

Nos cambiamos de ropa y nos acercamos al Bar Máximo en busca de algo caliente para cenar. Mal día los domingos para viajar. El bar está lleno de clientela que se encuentra en plena efervescencia viendo por TV el partido de fútbol entre el Atlethic y el Madrid. Como podemos nos hacemos sigilosamente un hueco en una mesa y pedimos unas tapas de lo que les queda. De paso asistimos al final del encuentro que termina con la desahogada victoria de los "merengues" sobre los "leones" por 1-4.

De vuelta al "albergue", nos introducimos en el saco de dormir colocado en el doblez que hemos formado con la manta. Así estaremos mejor protegidos tanto por debajo como por arriba. Ya veremos si puedo conciliar el sueño. Que sea lo que Dios quiera.

Buenas noches y hasta mañana.

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