Panorámica del casco antiguo de Cuenca desde el Hospital de Santiago

 

2ª JORNADA

Sábado, 28 de abril de 2007

Fuentes-Cuenca

Parcial: 20,4 km; Totales:42,2 km; Restan: 346.4 km

 

Cuenca

 

La alarma del móvil suena a las siete en punto. He dormido de un tirón. Advertimos como, gracias a la calefacción, toda la ropa está seca, incluso las botas. Emilio hace un rato que está levantado y con el desayuno preparado. Está algo nervioso por acompañarnos. Sobre las 07:45 horas ya estamos dispuestos a emprender la etapa. De momento no llueve, pero en el horizonte se advierten nubes de tormenta. De todos modos, la temperatura, ideal para caminar.

Cruzamos la carretera general y una vez salvado por un puentecillo el cauce seco del Río Moscas, enfilamos la salida bordeando por la derecha el montículo donde se emplaza la Iglesia de la Asunción. Un coche se detiene ante nosotros. Lo conduce el alcalde que nos da los buenos días y nos desea "buen viaje", eso del "Buen Camino" parece que no se lleva por aquí.

Con el cura Emilio en la Laguna de los Cedazos

Enseguida tomamos una pista de tierra que va separándose de la carretera y aproximándose al monte. Tal como nos temíamos, la pista se encuentra embarrada por la intensa lluvia de ayer pero de momento vamos andando sobre la hierba que crece en los bordes evitando el barro. Nos encontramos entre interminables campos de verde cereal y otros roturados para la siembra de girasol. En general, el campo produce en la estación primaveral una imagen de esplendor.
A unos 1500 metros del pueblo, dejamos un gran "socavón" a nuestra izquierda convenientemente protegido. Es una "torca" -nos aclara Emilio- un día el terreno se hundió y se formó. Se prodigan por esta zona. Algunas son secas, como ésta y otras contienen agua que mana del interior de la tierra. En la Sierra de Palancares podemos encontrar muchas de ellas. Todos los días se aprende algo.

A 3200 metros del pueblo, llegamos a la Laguna de los Cedazos, una de las "torcas" con agua rodeada de vegetación y en la que varias aves acuáticas se desplazan por la superficie. Un oasis salvaje en medio de tanto campo de cultivo. La Ermita de la Atalaya ya la podemos contemplar en lo alto de una loma rocosa.

 
Laguna de los Cedazos

Aquí os tengo que dejar -nos dice Emilio- os deseo "Buen Camino" y que el Apóstol Santiago os proteja. Faltan las palabras para expresar nuestro agradecimiento por la hospitalidad y generosidad que nos ha demostrado. Además de las gracias, le deseamos con un fuerte abrazo mucho éxito en sus proyectos que a buen seguro verán la realidad muy pronto.

Conforme vamos ascendiendo hacia la Atalaya, el barro va complicando cada vez más nuestra marcha. Falta hierba donde pisar. Paso a paso y procurando no resbalar, llegamos a lo alto de la loma junto a la ermita, donde existen unas rocas calizas aptas para descargarnos las mochilas y desprendernos de la ropa de abrigo. Han sido 1500 metros de subida desde la laguna. La Atalaya es en realidad un caserío dedicado a la explotación ganadera. Dos o tres casas y varios corrales. Mientras Pepe se entretiene con las fotos yo me adelanto siguiendo la pista que bordea el montículo rocoso para aparecer luego a pocos pasos de la ermita. Es un rodeo innecesario.

 
La Atalaya de Cuenca a la vista
 
Ermita de San Pedro (La Atalaya)

La puerta de la finca está abierta, así que no lo pensamos y nos introducimos en ella. No nos fiamos de un camino que sale a la izquierda, no hemos visto ninguna flecha y además está embarrado. Al pasar por las casas, unos perros nos reciben con ladridos desaforados, pero no hay peligro, están encerrados. No vemos a nadie. Salimos por la otra puerta y advertimos un camino que bordea la finca sin tener que pasar por su interior, es el mismo que vimos a la entrada. A 130 metros de este camino sale otro a la izquierda que se introduce por los cultivos, no hay que tomarlo. Hay que seguir de frente por la pista que desciende. En una curva a la derecha, a 90 metros, sale de frente otro camino que se interna en el monte. No vemos ninguna flecha. Nos metemos por él y enseguida encontramos una señal blanco-roja negativa sobre un pino. Hay que retroceder. Una vez en la pista preguntamos a los ocupantes de un coche que se dirige a La Atalaya. Sigan por la pista, a unos 150 metros de aquí tomen el camino que sale a la izquierda, ese les conducirá a Mohorte.

Continuamos descendiendo y efectivamente a esa distancia más o menos sale un camino a la izquierda debidamente señalizado con una flecha amarilla pintada sobre el bordillo de la cuneta. El camino se introduce directamente en el monte en suave ascenso. 600 metros más adelante, un gran campo de cultivo recién arado corta la pista de cuajo. Sobre el tronco de uno de los pinos aislados en el interior del campo advertimos una flecha amarilla. Pero el barro hace imposible atravesar el bancal. Llamamos a Luis y nos dice que si no podemos atravesarlo, no hay más remedio que bordearlo por la derecha hasta encontrar la continuidad del camino.

Así lo hacemos. A la vista de la fábrica de aglomerados de madera situada en el valle, entre encinas, pinos, matorrales y subes y bajas formados por pequeñas vaguadas, llegamos al camino interrumpido donde existe una flecha amarilla. Han sido 1100 metros de rodeo.

Llegando a Mohorte

El nuevo camino está muy embarrado y se hace pesado caminar. Las botas se llenan enseguida de barro pegajoso pero menos mal que conforme bajamos va mejorando hasta que alcanzamos la Calle Mayor de la localidad de Mohorte después de recorrer 2500 metros. Unas señoras que acaban de comprar el pan, nos saludan.

-Buenos días señoras, somos peregrinos hacia Santiago-.

-Pues no hace mucho que paso otro peregrino por aquí -nos contestan-.

Una de las lugareñas, nos acompaña hasta el inicio del camino de La Melgosa.

-No tiene pérdida, la pista va paralela a la carretera, todo seguido hasta La Melgosa, unos 4 km escasos.

Muy confiados tomamos la pista, muy bien compactada, que discurre como trazada a tiralíneas, hasta unos montículos. Superados los mismos tenemos a la vista La Melgosa. Pasamos primero por el secadero abandonado de una antigua industria y enseguida las calles del pueblo y en la Plaza Mayor un bar hacia el cual nos dirigimos. Va siendo hora de tomarnos algo, son ya las diez y media. Unos bocadillos de tortilla de jamón practicamente los devoramos en un santiamén.

Iglesia de La Melgosa

Con el estómago contento, reanudamos la marcha. El camino que se dirige a la Casa de la Mota discurre entre unas lomas que dejamos a la izquierda y campos de cultivo que nos separan de la carretera. Son 2 km la distancia. La Casa de la Mota es un gran caserón con patio interior. Nos dicen unos jóvenes que se encuentran dentro que es propiedad del obispado. Ya que está abierto, Pepe aprovecha para tomar una foto en el patio.

A partir de aquí podemos tomar la carretera general que pasa rozando la Casa de la Mota o bien dirigirnos por un camino que cruza el río Moscas y después la vía férrea y evita 1100 metros de carretera. Evidentemente nos decidimos por esta opción. Todo lo que sea evitar el asfalto se da por bien hecho aunque sea a costa de dar un pequeño rodeo. Desde la Casa de la Mota hasta la carretera por el camino son 1400 metros. El río Moscas se salva por un sencillo puentecillo romano. El camino está bastante encharcado pero siempre encontramos un sitio por donde librarnos del agua.

 
Patio de la Casa de la Mota
 
Dejando atrás la Casa de la Mota

Una vez en la carretera, por el arcén izquierdo y la ciudad de Cuenca a la vista. ¡¡Qué pesado se hace andar sobre el asfalto!! Y eso que el sol no calienta todavía. Tras atravesar un polígono industrial -horroroso como todos- entramos en la ciudad de Cuenca propiamente dicha por la Avda. de Juan Carlos I que coincide con la carretera. Se hacen eternos los 3700 metros de asfalto. Una vez dentro de la ciudad, giramos a la derecha por la calle Ramón y Cajal, que a su vez empalma con la calle de las Torres hasta alcanzar el cauce canalizado del Río Húecar. Sin pasar el puente, tomamos a la izquierda la Calle de los Tintes que va pegada al río. Unos metros más adelante tenemos la Posada Tintes donde Luis nos tiene reservada habitación. Son las 13:00 horas. En total hemos recorrido desde Fuentes 20,4 Km.

La habitación de la posada es sencilla pero suficiente para un peregrino. Después de una buena ducha, bajamos al comedor que está repleto de comensales, lo que promete buen yantar. El camarero nos recomienda el menú degustación (20 euros) y no lo pensamos. Unos entrantes de la casa y un segundo de carne o pescado, fruta, bebida y café incluido. Demasiado para el cuerpo. Buenísimo.

Puerta antigua del Hospital de Santiago

Ahora toca una siestecita que el cuerpo y las piernas piden su descanso también. Sobre las cinco nos levantamos. Los nubarrones se van espesando y comienzan a caer chaparrones intermitentes. Lo primero que hacemos es dirigirnos al Hospital de Santiago para que nos sellen la credencial.

El antiguo hospital se encuentra en un altozano cerca del puente de San Antón sobre el río Júcar por el que mañana tendremos que pasar. Una Hermana de la Caridad nos atiende y en primer lugar nos estampa el cuño solicitado. A continuación se presta a hacer de guía visitando el Hospital. Ahora es una Residencia de Mayores. En primer lugar el patio interior que se encuentra protegido por cristaleras. Luego nos enseña la Sala de Santiago, la dependencia noble de la casa, utilizado para recepciones especiales. Está adornada con tapices y cuadros auténticas obras de arte y un mobiliario a juego. Después nos sube a un amplio jardín-mirador, un remanso de paz con unas vistas excepcionales. Se divisa todo el casco antiguo de Cuenca, en estos momentos cubierto de negros nubarrones, así como los barrios judío a la derecha y moro a la izquierda, en la ladera del monte al otro lado del río Júcar. Dicho jardín-mirador está rodeado por salas de ocio muy bien acondicionadas para uso y disfrute de los residentes. Por último nos enseña la antigua Botica que están habilitando como museo, un auténtico tesoro. En la botica podemos ver antiguos tarros de barro con cruces de Santiago grabadas, unas de color azul y otras rojo, dependiendo de la época que fueron fabricadas. También podemos ver diferentes útiles de farmacia, balanzas, fórmulas magistrales, etc.

Pedro Antonio de Alatoz nos llama por teléfono. Nos está esperando en el exterior. Agrademos a la monjita la visita guiada y salimos en busca del amigo.

Pedro Antonio acaba casi de llegar de la marcha a Villaescusa de Palositos. Resulta que al llegar a la verja de entrada de la actual finca, les estaban esperando unas parejas de la Guardia Civil que no les han permitido la entrada a pesar de que portaban flores para llevar al cementerio. Un auténtico abuso de autoridad. Una sola palabra para definir tal actitud: vergüenza.

Vamos hacia el centro en busca de algún supermercado abierto donde comprar unos bocadillos para la etapa de mañana. Además de ser domingo, creemos no vamos a encontrar ningún sitio donde nos den de comer. La tarde se está volviendo fea. Nubarrones negros van cubriendo poco a poco el cielo de Cuenca. Vamos en busca de un bar donde charlar. Y nada más entrar, comienza a diluviar, primero agua y luego granizo que cubre en unos momentos la calzada. No para de llover. Hay que aguantar en el bar.

Aprovechamos para comentar las próximas etapas. Pedro Antonio nos aconseja y nos da una serie de nombres y teléfonos para que podamos acudir en caso de necesidad. Allí mismo pedimos algo para cenar. Unas tapas de lo que tienen en la barra. Bastante mediocre pero que vamos a hacerle. No está la tarde para andar callejeando.

Catedral de Cuenca
Casas Colgadas

Entre bocado y bocado no paramos de conversar. Sin darnos cuenta se nos hacen casi las diez. Pedro Antonio tiene todavía que regresar a Alatoz pero nos dice que antes nos tiene que llevar a la parte alta de la ciudad para que veamos algo. Así que a por el coche. El granizo se ha acumulado en las aceras y resulta peligroso dar un paso. Una vez en el coche, lloviendo como está, nos desplazamos por el casco antiguo para hacer una mini-visita turística. La fachada de la catedral reluce con el sistema de iluminación nocturna. Después nos lleva hasta el Parador Nacional para que veamos las famosas Casas Colgadas también iluminadas, que esta vez contemplamos a través de la lluvia pertinaz que no deja de caer. Hay que volver a Cuenca cuando se presente la ocasión.

Se hace tarde y la noche no está para bromas. Cuanto antes regrese Pedro Antonio a su casa mejor. Nos deja al lado del hotel. Apenas nos hemos mojado.

-Hasta la vista amigo. Muchas gracias por todo.

-Buen Camino -nos contesta.

Da gusto estar en la habitación caldeada. No tardamos en meternos en la cama. Con el susurrante sonido de la lluvia tras los cristales de la ventana, no tardo en caer en los brazos de Morfeo.

Buenas noches y hasta mañana.

 

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