Dejando atrás Monteagudo de las Salinas

1ª JORNADA

Viernes, 27 de abril de 2007

Monteagudo de las Salinas-Fuentes

Parcial: 21,8 km; Totales: 21,8 km; Restan: 366,8 km

 

Haciendo de “marines”

 

Punto de salida

Tal como habíamos previsto, a las 06:00 horas partimos de Villarreal hacia Monteagudo de las Salinas para iniciar la Ruta de la Lana. Nos lleva en su coche Juan Calvo que en principio iba a ser compañero de peregrinación pero por cuestiones laborales no ha podido ser. Todavía es noche cerrada y hace fresco. Dejamos la Autovía de Levante por Minglanilla donde encontramos un bar de carretera abierto ideal para desayunar. Media hora después llegamos a Monteagudo de las Salinas en los primeros albores del día. El pueblo se encuentra envuelto en un silencio profundo roto esporádicamente por los ladridos de algún que otro perro en la distancia. En el único bar abierto, la camarera está en plena faena de limpieza. Es portuguesa y nos atiende con unos nuevos cafés. Hay que llevar el cuerpo bien entonado. Llega la hora de la partida. Nos desplazamos al crucero de hierro situado en el camino del cementerio. No vemos ninguna flecha amarilla pero la Guía es clara en este punto. El semblante de Juan denota tristeza. Estaba tan ilusionado con esta ruta…. Está nervioso. Intuyo el sufrimiento que lleva por dentro y el esfuerzo que hace por contener las lágrimas. Entendemos que cuanto antes partamos mejor para todos. Entrego a Pepe la cámara de fotos. Va a ser el fotógrafo oficial. ¡¡ ULTREIA!! ¡¡BUEN CAMINO!! -nos desea el pobre de Juan-. ¡¡ULTREIA!! Amigo Juan, hasta la vuelta -le contestamos al unísono.

 

 

 
Camino del cementerio
 
Flecha con matrícula

Vamos bien abrigados. Al ponerme la mochila, mi espalda acusa su peso. Y es que esta vez llevo como suplemento, el nada desdeñable peso de un respirador que debo utilizar mientras duermo para evitar las peligrosas apneas del sueño y al mismo tiempo los molestos ronquidos. Como ayuda, utilizo un recién estrenado bordón de bambú negro de la Sierra Espadán. Es ligero pero muy resistente. En la pared del cementerio vemos la primera flecha amarilla. Pasado el cementerio, la buena pista por la que vamos inicia con suavidad la subida al monte donde imperan los pinos y quejigos. De las ramas de los quejigos comienzan a brotar tiernas hojas primaverales. Vamos frescos y contentos. Pepe toma unas fotos del pueblo envuelto en la semipenumbra y en el que destacan sus dos colinas, la de más altitud coronada por el castillo y alrededor de la otra el pueblo. Lástima que dada la temprana hora, no hayamos podido sellar la credencial. Termina la cuesta y comienza un medio llaneo por el monte. De momento las flechas amarillas pintadas en las bifurcaciones no dan lugar a dudas. Por otra parte la pista está en buenas condiciones para la marcha.

A unos 2 km de la salida, nos encontramos con una bifurcación comprometida, menos mal que una flecha amarilla sobre una placa de matrícula de coche de Cuenca, nos indica que debemos tomar a la izquierda. Continuamos con la misma tónica y agradecido paisaje por la pista de la izquierda, que ahora tiene tramos más rectilíneos, hasta que a unos 5 km de la bifurcación inicia una bajada formando un seno muy cerrado que salva una vaguada. Pepe ve la posibilidad de atajar "cortando" el lazo, pero cuando llegamos a la pista advertimos que justo en lo más cerrado de la curva sale una pista a la derecha, por lo que retrocedemos para averiguar de qué se trata. No vemos flecha alguna. Es la entrada de una finca con cercado muy resistente. Sobre la verja, a la izquierda, podemos leer: "CERRADO-Prohibido el paso-GANADO BRAVO", y más al centro: "Finca particular-Prohibido el paso" y otro cartel: "Coto privado de caza". La verja está cerrada con cadena y dos candados. Dudamos si se trata de la Finca de Navalrramiro. Pero como no vemos ninguna flecha que nos indique que esa es la continuidad del camino, decidimos continuar por la pista que llevamos que sigue descendiendo suavemente. A 1300 metros sin encontrar ninguna marca, alcanzamos una pista que se cruza y limita con un extenso sembrado de cereal. No puede ser. No coincide nada. Estamos perdidos. Pues sí que empiezan pronto los problemas. Llamamos a Luis para que nos oriente. Efectivamente la verja que habíamos visto era por la que debíamos entrar a la Finca de Navalrramiro. Así que a retroceder toca. De momento vamos a hacer casi tres kilómetros de propina.

 
Desvío a la finca de Navalrramiro
 
Verja de entrada a la Finca de Navalrramiro

Al llegar de nuevo a la verja, nuestro pensamiento se centra en como nos las ingeniaremos para pasar al otro lado. Pepe inicia una exploración siguiendo la cerca a ambos lados, sin encontrar ningún hueco por donde pasar. Muy al contrario lo que encuentra son alambres de espino que dan más protección a la finca. Por teléfono, Luis nos dice que no hay alternativa, la única posibilidad es pasar por ahí. Y Pepe no se lo piensa dos veces, la situación exige una decisión inmediata.

Haciendo de "marines"

La verja tiene unos 2 metros de altura. Pepe se encarama a ella sirviéndose de los alambres como escalones y tras un titubeo en las alturas consigue pasar al otro lado. Ahora me toca a mí. Ya veremos como me apaño. Me descargo de la mochila y respirador y se los paso a Pepe. Inicio la escalada. Las piernas me tiemblan porque la puerta se mueve. Dirigido por Pepe consigo trepar hasta lo alto. Ahora el problema está en pasar al otro lado. El tembleque de puerta y piernas lo hace complicado. No obstante, consigo por fin equilibrar la postura y con algún apuro, logro poner un pié sobre una fila de alambres de la otra parte y luego, con mucha precaución, el otro. ¡Qué respiro! Desciendo sin complicaciones y ya estoy junto a Pepe. Estamos dentro de la finca. Hemos hecho de "marines" -asegura Pepe-. Ya veremos lo que nos depara el destino, pero ya no hay vuelta atrás. Qué sea lo que Dios quiera y que el amigo "Santi" nos proteja.

Seguimos de frente por la cañada que han convertido en acceso a la finca. Cuando llevamos una media hora, advertimos la presencia de un todo-terreno que se dirige hacia nosotros y se detiene a nuestro lado. Lo conduce un hombre setentón que malhumorado nos reprende.

-¿No han visto el cartel de "Prohibido el paso"? -nos pregunta con cara de pocos amigos.

- Mire -le contestamos-, creemos que vamos por una cañada real que debería ser de paso libre.

-De paso libre, nada -nos dice serio- yo solo tengo obligación de dejar pasar a los ganaderos. El camino para el resto va por otro lado.

- Somos peregrinos camino de Santiago y le rogamos que nos deje atravesar la finca.

-Con la Iglesia hemos topado. Así que peregrinos...-muestra cierta dificultad al hablar- Soy el dueño de la finca. Si dejase pasar a todo el mundo, se colarían las "motocross" y los "quads" y molestarían a los animales que andan sueltos. Por el monte viven a su aire unos 1000 corzos y 100 vacas. Miren -nos enseña unas llaves- ahora iba a abrir los candados de la verja. La otra puerta ya está abierta.

Parece que le hemos caído en gracia. Poco a poco vamos tomando confianza. Menos mal. Gracias amigo "Santi". Nos despedimos y le agradecemos su comprensión.

Pasada la incidencia continuamos nuestro camino. Desde luego es una gran finca. Los animales deben estar a sus anchas por el frondoso bosque. Recordamos el consejo de Pedro Antonio de Alatoz sobre la conveniencia de llamar al Alcalde de Monteagudo de las Salinas para advertirle de nuestra presencia e intención de atravesar la finca de Navalrramiro. Si le hubiésemos hecho caso, posiblemente la verja hubiera estado abierta.

 
Ermita de la Concepción
 
Navalrramiro

A unos 3300 metros de la verja, llegamos a un claro donde se levantan cuatro o cinco construcciones. La más grande debe ser la mansión del propietario. A la derecha dejamos unos corrales de ovejas que se espantan al vernos. Una ermita solitaria es la última construcción aislada del grupo de casas. Pensamos que junto a una de sus paredes donde da el sol, sería un buen sitio para almorzar. Nos dirigimos a la ermita y nos descargamos de las mochilas, junto a la pared que da al mediodía frente a la mansión, donde unos perros no paran de ladrarnos. La brisa sigue siendo fresca y unos nubarrones van apareciendo hacia el norte. Pero de momento tenemos sol. Sentados en el suelo y apoyados en la pared, vamos dando cuenta de los bocadillos y fruta. Telefoneamos al Ayuntamiento de Fuentes avisando de nuestra llegada. Le pasan el teléfono al cura. Nos dice que cuando lleguemos preguntemos por él.

Al poco rato aparece el todo-terreno que se dirige directamente hacia nosotros. El que dice ser el propietario de la finca se apea y nos pregunta si deseamos visitar la ermita. Se trata de la antigua Ermita de la Concepción que él mismo mandó restaurar.

Con mucho gusto le complacemos. El interior está muy bien cuidado. De sus paredes cuelgan cuadros clásicos, uno de ellos que llama la atención es un San Benito. Aparenta ser muy valioso pero no conseguimos que nos revele su autor. Está todo decorado con enseres de su casa. Poco a poco vamos entrando en una distendida conversación.

-Soy arquitecto… ¿saben? En el último año jubilar, me desplazaba en coche con mi madre a Santiago para ganar el jubileo y cuando circulábamos por la autovía un coche se saltó la mediana y chocó de frente con el nuestro. Los ocupantes del otro coche fallecieron en el acto y nosotros estuvimos un año en coma. A raíz de ese percance, decidí retirarme de mi desmedida vida laboral y comprar esta finca. Vi la muerte muy de cerca y pensé que no merecía la pena seguir trabajando. De esto hacen cinco años. A partir de entonces vivo en esta finca de 10.000 hectáreas en contacto con la naturaleza. Me siento otra persona. La naturaleza y los animales colman con creces mi bienestar.

Sigue contándonos que su mujer es una marquesa de misa diaria. Que la está esperando. -Miren, ahí tiene en su reclinatorio, el misal y las gafas preparadas para la misa de mañana. El cura viene a oficiar la misa para nosotros.

Nos parece todo muy extraño. Tiene dificultad al hablar y para expresar los números debe ayudarse con los dedos y es que la operación en la cabeza tuvo que ser complicada -nos muestra las cicatrices-le debe haber dejado secuelas. De todas formas, a pesar de resultar una persona vanidosa aparenta buenas maneras.

Le agradecemos su deferencia por haber confiado en nosotros y enseñarnos la ermita y nos despedimos. ¿En que estado se encontraría la ermita si no hubiera sido por él?

-Continúen por el camino que llevaban y a poco más de un kilómetro encontrarán la verja que se encuentra abierta. Poco después tendrán que pasar por las obras del futuro AVE.

Para ser la primera etapa, ¡cuantas vivencias nos está deparando!

Efectivamente, a unos 1300 metros encontramos la verja de salida abierta. En uno de los muros podemos leer: "Las Gracias", nombre que no deja de tener connotaciones con su propietario.

Las nubes continúan desarrollándose y la brisa va convirtiéndose en viento. Mal asunto, barrunta tormenta.

A unos 3300 metros del acceso a la finca llegamos a las obras del AVE, justo donde la pista alcanza otra más ancha muy embarrada por el paso de transporte pesado. Damos el alto a un coche de las obras y sus ocupantes nos dicen que continuemos por la pista de la derecha, una vez cruzada la vía del AVE por un puente, todo seguido hasta Fuentes. Por aquí está todo muy desolado. Y es que las obras están levantándolo todo. En el puente se encuentran trabajando unos obreros. Dos de ellos marroquíes que se extrañan cuando les decimos que vamos a Santiago. No deben entendernos.

Entre el AVE y Fuentes

Una vez pasado el puente, el Camino ya no ofrece dudas. Ahora va descendiendo con suavidad en busca del valle. Cuando llevamos andando una hora, comienza a aumentar la fuerza del viento y a cubrirse el cielo de negros nubarrones. Los truenos y relámpagos los tenemos ya casi encima. Hay que cubrirse de inmediato con los chubasqueros. Primero son unas cuantas gotas y enseguida un fuerte aguacero mezclado con granizo y viento racheado. Y lo peor es que todavía nos faltan unos cuatro kilómetros para llegar a Fuentes. La granizada toma intensidad, el piso de la pista se va encharcando y llenándose de barro. Vamos a paso ligero, no hay sitio donde refugiarse, estamos en medio del campo. Hay que seguir adelante y aguantar como sea. Un coche de las obras nos pasa patinando y dando tumbos. ¡Vaya final de etapa! Vamos calados hasta los huesos. El agua ya se ha introducido en las botas que chapotean. Después de una hora soportando estoicamente la lluvia, el granizo, el viento y el estruendo de los truenos, alcanzamos el asfalto muy cerca de Fuentes. Justo cuando la tormenta comienza a remitir. Desde las obras del AVE han sido 8200 metros.

Son las 14:30 horas. Nos dirigimos al Bar "Cazadores". Está lleno de clientela. Nos desprendemos de los chubasqueros y preguntamos por el cura. Precisamente está comiendo con unos amigos al fondo del comedor. Me acerco a su mesa y me doy a conocer.

-Comed tranquilos, después hablamos- me dice con amabilidad después de darme la bienvenida.

Pues sin pensarlo a comer. La verdad es que tenemos hambre.

Después de una comida reposada, esperamos la presencia del cura que tarda un poco en llegar. Es que tenía que atender a los amigos y hacer unas cosas -se disculpa-.

Nos presentamos. El se llama Emilio. Le relatamos por encima lo que ha dado de sí la etapa mientras nos tomamos unos cafés.

-Vamos a mi casa, vais a dormir en ella. ¡Como vamos a declinar su ofrecimiento!

Una vez en la casa parroquial -un gran caserón de muchos años de antigüedad- nos ofrece una habitación con dos hermosas camas. Nos enseña las estancias. En una gran sala de la planta baja piensa habilitar un Albergue de Peregrinos. En la planta superior está construyendo dos apartamentos rurales para alquilar. Todo para ayudar a las necesidades de la Parroquia. Se le nota muy ilusionado con sus proyectos. Una vez finalizada la visita, se despide. Como en vuestra propia casa -nos dice- tengo que salir a cumplir mis obligaciones. La verdad es que Emilio además de ser un gran emprendedor, es una persona maravillosa. Estamos ante la verdadera hospitalidad.

Nos cambiamos de ropa y la colgamos en la sala de la caldera. A las botas, empapadas de agua, las rellenamos con papel de periódico una vez sacadas las plantillas, y las colocamos también en la misma sala que es donde mas calorcillo hace.

Con Luis Cañas

Nos acostamos a descansar las piernas, pero por poco tiempo ya que recibimos una llamada de Luis que nos está esperando en el Bar Cazadores para asesorarnos de las etapas siguientes y darnos unas hojas con planos. Así que a levantarse toca.

En el Bar Cazadores encontramos a Luis a quien relatamos las incidencias de la etapa, sobretodo las ocurridas en la Finca de Navalrramiro o "Las Gracias" como la ha rebautizado su actual propietario.

-Deberíais haber llamado al Ayuntamiento de Monteagudo y posiblemente hubieseis encontrado la verja abierta-. Pues sí. Lleva toda la razón.

Mientras nos tomamos unos cafés, nos va dando sobre plano, pelos y señales de los tramos más conflictivos con los que tendremos que enfrentarnos. En Cuenca nos reservará alojamiento en la Posada Tintes. Es un sitio bien situado y muy tranquilo -nos explica-. También nos pone al corriente de la marcha que mañana va a tener lugar entre Salmerón y Villaescusa de Palositos, con objeto de reinvindicar el paso libre por el despoblado cuyo término municipal alguien ha comprado y lo ha cercado. Ya veremos como concluye -nos subraya-. Por la tarde si tiene un rato libre nos hará por ver en Cuenca, lo mismo que Pedro Antonio de Alatoz que también participará en la marcha.

Salimos al exterior y nos enseña unos agujeros bajo un puente por donde a veces brota el agua que abastece al río Moscas. Nace ahí mismo. Curiosamente, en estos momentos no sale una gota de agua. Fuentes es un municipio serrano situado en la vertiente oriental de la sierra de los Palancares.

Después de tomar unas fotos nos despedimos. Luis se ofrece a resolver todas las dudas que tengamos, aunque estará algo ocupado este fin de semana. Siempre se encuentran grandes amigos en el Camino dispuestos a ayudarte en lo que sea.

Cuando nos despedimos nos retiramos a nuestro "Albergue" a descansar. Ya casi se nos ha olvidado el chapuzón que nos hemos dado llegando al pueblo.

 
Calle de la Iglesia
 
Iglesia de la Asunción

Sobre las siete, salimos a dar una vuelta. Pocas cosas que ver. La ermita junto a la carretera y la Iglesia de la Asunción en lo alto. Aunque está nublado, no ha llovido en toda la tarde. Se está volviendo fresco. Volvemos al "Albergue". Allí se encuentra Emilio que se dispone a prepararnos la cena. En primer lugar nos estampa el sello parroquial en las credenciales y nos muestra algunos libros sobre el Camino. Nos ofrecemos a ayudarle y comprar lo necesario para la cena. Pero Emilio nos dice que tiene de todo y que la cena la prepara él. La tortilla primavera es su especialidad y además preparada con huevos de corral. Se esmera en la elaboración de la tortilla. Asimismo saca de una orza unas morcillas caseras conservadas en aceite. Más que suficiente. La tortilla exquisita y qué decir de las morcillas. No sabemos como agradecer semejante hospitalidad. Emilio nos sorprende con su deseo de acompañarnos mañana durante un tramo de etapa. Se le nota un entusiasta del Camino de Santiago dispuesto a favorecer a los peregrinos. En su día acompañó a un grupo escolar en un tramo del Camino Francés.

Detalle de la Iglesia

Terminada la cena, Emilio recoge las llaves de la Iglesia y nos ofrece visitarla. ¡Cómo nos vamos a negar! Aunque restaurada, la iglesia todavía conserva vestigios de su procedencia románica. En el ábside podemos contemplar unas ventanas de dicho estilo bastante bien conservadas. En el interior, junto al altar mayor, también se conservan restos de la antigua planta románica. Después de la visita nos tomamos unos cafés en el bar y a dormir que mañana hay que madrugar un poco. Quedamos en levantarnos a las 07:00 horas.

Una vez en la cama y conectado el respirador, pienso en lo mucho que ha dado de sí esta primera etapa de la Ruta de la Lana. Para ser la primera ha resultado bastante movidita, esperemos que mañana sea más tranquila. A pesar de que los 22 km de etapa se han convertido en 25 debido a nuestros despistes, ha merecido la pena vivirla. Mañana si Dios quiere estaremos en Cuenca. Pido al amigo "Santi" que nos guíe y aguce nuestros sentidos para no perdernos.

Buenas noches y hasta mañana.

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