26ª Jornada

Domingo, 19 de mayo de 2002

Villafranca del Bierzo-Ruitelán

Parcial 21 Km; Total 582 Km; A Santiago: 162 Km

Un valle de ensueño

          Salgo temprano del Albergue, hoy es domingo y por el aspecto del cielo vamos a tener Calle del Agua-Villafranca del Bierzoun día primaveral, Juan Luis y Visi, para no perder la costumbre, hace media hora que han salido. Paso de nuevo ante la "Puerta del Perdón", alcanzando la carretera por la parte trasera del Castillo. En ese punto tienes dos opciones, seguir por la carretera a través del túnel (recomendado para los ciclistas) o cruzar el pueblo. Mi opción es obvia, recorro la típica Calle del Agua empedrada y flanqueada por casas nobles blasonadas hasta llegar al Puente de los Peregrinos por donde cruzo el río Burbia en dirección al valle del Valcarce, entrada natural a Galicia. Llegado al Barrio de Tejedores, tienes la opción de ir por Pradela después de una imponente subida que se inicia nada más dejar Villafranca. Yo me dirijo al Valle por la traza primitiva, la antigua carretera nacional VI que ahora con la Autovía, ha disminuido su tráfico; elegir la opción de Pradela creo que supone un esfuerzo inútil a estas alturas, es para masoquistas.

          Nada más salir de Villafranca se rodean los túneles, bordeando el río con abundancia de arbolado de ribera. Sigo por el arcén izquierdo en continuo pero suave ascenso admirando el paisaje y con el sonido agradable del agua que me llega del río Valcarce que fluye paralelo a la carretera, los pájaros no dejan de trinar desde la frondosidad de la arboleda. Es un panorama fascinante.

          Poco a poco me voy acercando a Pereje al que accedo tras un desvío a la derecha. Allí encuentro a los burgaleses en un bar que a pesar de la temprana hora y ser domingo estaba abierto. Allí estaban vigilando mi paso a través de los cristales de la puerta mientras desayunan. Yo hago lo propio y después de tener calientes los estómagos reemprendemos la marcha. Volvemos de nuevo a la carretera nacional que será nuestra inseparable compañera durante toda la jornada, ahora entramos en un tramo con circulación normal de un domingo ya que la autovía entre Pereje y Portela, debido a dificultades técnicas, aún no está terminada. Vamos muy animados charlando de nuestras cosas siguiendo el arcén izquierdo hasta llegar a Trabaledo donde decidimos hacer una parada para descansar y aprovechamos para tomamos unos cafés. Al salir comprobamos que la gorra de Visi ha desaparecido como por encanto y deducimos que el responsable del robo era un perro enorme que logró alcanzarla con sus fauces, en fin Visi -le decimos- te has quedado sin gorra.

          Reanudada la marcha y después de 2 kilómetros se gira a la izquierda siguiendo la antigua nacional VI y que nos adentra completamente en el valle de Valcarce. Por aquí, el ruido de los camiones ha sido sustituido por el agradable trino de los pájaros. Seguimos subiendo suavemente y no perdiendo detalle del paisaje que nos brinda la Naturaleza por este valle de ensueño.

          Castillo de Sarracín-Vega de ValcarceAl frente contemplamos boquiabiertos un viaducto de la Autovía del Noroeste que parece colgado del cielo, los coches parecen miniaturas. Pasamos bajo el viaducto, circunstancia espectacular y enseguida entramos en Vega de Valcarce. El Albergue de Peregrinos lo dejamos a nuestra derecha, casi empotrado en el tramo final del viaducto. En sus cercanías se asienta el castillo de Sarracín que perteneció a los García Rodríguez de Valcarce. Esta fortaleza, ubicada en una peña, se levantó a finales del s. XIV o XV, posiblemente sobre uno anterior. Posee dos torres recias y una fuerte muralla. Allí decidimos parar a comer en un bar-restaurante que ya conocía Juan Luis. Buena calidad. Después de reposar un rato la comida, reanudamos la marcha y tras pasar otro viaducto llegamos a Ruitelán, por hoy ya hemos tenido bastante.

          El Albergue de Peregrinos es privado y se encuentra a la entrada al pueblo a la derecha en una antigua casona rehabilitada. Nos atienden Carlos y Luis que nos sellan la credencial y nos asignan catre. Después de hacer la habitual colada, me quedo en el patio charlando con los escasos peregrinos que han decidido alojarse en el albergue, dos brasileños, la alemana fuerzota del episodio del ratón en Molinaseca, y un alemán, estamos en familia. La tarde es espléndida y es agradable permanecer al exterior disfrutando del sol y el panorama.

          Intento telefonear con el móvil y no existe cobertura es normal, estamos en el centro de una hoya del valle. Carlos me indica que por la parte trasera del albergue, si me alejo un poco conseguiré la cobertura, así lo hago y efectivamente tiene razón. Desde el lugar donde me hallo ahora, el entorno es un prodigio, a la derecha y hasta el río, desde donde me llega el apacible sonido de la corriente de agua, se extiende un prado donde unas vacas con sus ternerillas pacen sin preocupación alguna.

          Elevando la mirada observo la autovía sobre el viaducto, solo su visión pValle de Valcarceroduce pánico. Unos chopos altísimos parecen forcejear tratando de alcanzar la carretera, misión imposible, por lo menos hay 80 metros de altura.

          Recibo una llamada gratificante de Vicente el donostiarra de la Lista del Camino de Santiago, infundiéndome ánimo e interesándose por mi estado físico, se lo agradezco de corazón y me añade que en la Lista se interesan mucho por mí, le ruego que transmita mis saludos y recuerdos. Hago las llamadas acostumbradas a la familia y me hubiera quedado en ese lugar más tiempo llenándome de paisaje pero está refrescando y es mejor ir a refugiarse para evitar problemas.

          Los hospitaleros han puesto música clásica que entona el ambiente del Albergue. A las ocho nos avisan que la cena está preparada. Carlos es un cocinero profesional. Nos sirven sopa de menudillos, ensalada mixta, espaguetis al pesto, pollo al ajillo y fruta variada, vamos que el que no quede satisfecho es porque no quiere. Uno de los brasileños que por cierto, había optado por el duro recorrido de Pradela, se toma por lo menos cuatro tazas de sopa a la que añade trocitos de pan, es un peregrino muy parlanchín. La cena familiar a tope, los baffles en este momento nos hacen llegar música brasileña que a los dos peregrinos de esa nacionalidad les produce saudade, circunstancia que queda reflejada en sus rostros. La alemana no para de comer espaguetis. La sobremesa se hace interesante con el brasileño de la sopa animando el cotarro y sacando cada uno temas afines al Camino, por supuesto.

          Es hora de retirarse a descansar que mañana tendremos que afrontar la subida más dura del Camino, el Cebreiro.

          Me arropo bien dentro del saco de dormir pues hace bastante fresquillo.

          Buenas noches y hasta mañana.

Molinaseca-Villafranca del Bierzo Ruitelán-Hospital de la Condesa

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