Cruz de Ferro (17-05-02)

24ª Jornada

Viernes, 17 de mayo 2002

Rabanal del Camino-Molinaseca

Parcial 25 Km; Total 531 Km; A Santiago: 213 Km

La Cruz de Ferro

         Como va siendo costumbre, el albergue despierta temprano hecho que contagia a los más remolones a pesar que la claridad apenas penetra por las ventanas, y es normal, el cielo se encuentra totalmente encapotado y llueve sin parar, y lo que es peor no parece que la cosa vaya a mejorar.

         Hago un buen desayuno en el Albergue, con tostadas de pan y aceite. Dudo entre iniciar la jornada o no, Juan Luis y Visi han salido hace poco y los demás lo van haciendo también así que sin pensármelo dos veces me enfundo el poncho, es la segunda vez que lo hago y a caminar, esperemos que no me arrepienta.

        Acometo por el arcén izquierdo de la carretera las fuertes rampas del inicio de la etapa hacia la Cruz de Ferro. A parte de llover de forma incesante, hace una rasca que pela y las manos se me están quedando heladas por lo que tengo que protegerlas como sea con las mangas del polo nórdico para que entren en calor. Además de la lluvia, el viento añade un punto adicional de molestia a la marcha. Ahora voy pensando que quizá lo más prudente hubiera sido esperar en el Albergue pero hay que apechugar con la decisión adoptada, estoy en medio de la borrasca como buen marino y con la mirada fija en el suelo voy consumiendo los metros por el asfalto, en estas condiciones no tiene sentido alguno aventurarse por las sendas que indican las flechas.

        En estos momentos me alcanza Jesús del grupo de "los cinco" que lleva un ritmo trepidante y poco después hacen su aparición Hugo y Magali, los hermanos mejicanos, que tratan de darle alcance.

        Yo continuo la ascensión a mi ritmo, rodeado por el monte donde abundan las retamas y los brezos.

        Una hora y cuarto más tarde el camino se desvía hacia el pueblo abandonado de Foncebadón donde se accede por lo que era su calle Mayor. Da mucha pena observar el entorno con las casas desvencijadas y las techumbres hundidas. La Iglesia también se encuentra en ruinas. Mientras atravieso el fantasmagórico pueblo pienso en el ermitaño Gaucelmo que construyó allí un albergue y hospital y hasta tres hospitales más hubieron en la Edad Media para dar cobijo y proporcionar ayuda a los peregrinos en su paso obligado por el poblado.

        En este soliloquio me encontraba cuando advierto que ha dejado de llover, menos mal, y además el cielo se va abriendo, aunque gruesos nubarrones  hacen presagiar que puede seguir lloviendo en cualquier momento.

        A la salida del pueblo, se rodea una colina e inmediatamente se sale de nuevo a la carretera donde ya puedo divisar la famosa Cruz de Ferro, que alcanzo a las nueve con un sol radiante, es curioso, quién lo podía prever!!.

          El paisaje en este lugar rodeado de pinares es maravilloso, nos encontramos a 1504 metros de altitud, casi el techo del Camino que pronto alcanzaremos. Hemos coincidido allí muchos peregrinos que se entretienen haciéndose fotos de recuerdo mientras descansan y almuerzan junto a la pequeña ermita de Santiago. Yo hago lo propio y aprovecho para comerme una manzana. No podían faltar el grupo de los "cinco" y mis compañeros burgaleses.

          Después de un rato y ya en compañía de Juan Luis y Visi reemprendemos la marcha después de dar un último vistazo al emblemático y sencillo crucero formado por una pequeña cruz de hierro hincada en un tronco pelado bastante alto en cuya base se alza un montículo de considerables dimensiones emulando a las antiguas murias romanas, formado con las piedras que los peregrinos van depositando a su paso.

          Montes de León (17-05-02)Ahora vamos descendiendo suavemente por el arcén de la carretera hasta que escuchamos el tañido de una campana cuyo sonido nos llega en nuestra dirección, es el hospitalero templario Tomás que desde su humilde refugio hace repicar una campana cuando se percata de la presencia de algún peregrino. En su humilde refugio emplazado en el poblado ruinoso de Manjarín, sin agua corriente ni energía eléctrica, ofrece a los peregrinos que lo desean alojamiento. No hay que ser ningún mago para adivinar las comodidades que podemos encontrar en el interior de la choza, sobran las palabras, aunque el bueno de Tomás se esfuerza en mantener abierto todo el año en lugar tan inhóspito este refugio medieval. Antes de proseguir la ruta, ofrece a todos lo peregrinos un café calientito. Después de ponernos el sello en la credencial nos despedimos del caballero templario y a continuar.

          Después del descenso, ahora toca un duro repecho hasta alcanzar el cruce que lleva a donde se alzan las antenas de una estación militar, en ese punto es donde se encuentra el techo del Camino (1517 mts.). Con un panorama espléndido de lo más impactante de la ruta. Valles por doquier perdidos entre las laderas con nubes aisladas flotando allí abajo en un día tan caprichoso como el de hoy, ahora luce un espléndido sol. Allá al fondo, un pueblecito empotrado en un valle nos hace comentar lo triste que deben sentirse sus moradores sobre todo en la época invernal que en estos lugares se nos antoja de una rudeza extrema y donde con toda probabilidad queden incomunicados pues solo una serpenteante carretera da acceso al lugar.

          Ahora toca descender de lo lindo, rampas muy pronunciadas donde un cártel avisa "precaución a los ciclistas, pendiente peligrosa", no ha lugar a dudas.

          El Acebo  a la vista (17-05-02)Seguimos por el arcén de la izquierda hasta que las flechas nos desvían por la derecha a una senda que aparte de evitar la carretera sirve de atajo, pronto conectamos de nuevo con el asfalto y volviendo a otro atajo por la izquierda con una fuerte pendiente y que atraviesa un piornal, -mejor no tomarlo lloviendo- asegura Juan Luis. La marcha se hace muy peligrosa y hay que extremar las precauciones para no lesionarse, pero pasamos la prueba sin novedad y entramos por su calle Real en la localidad de El Acebo, primera pintoresca localidad de El Bierzo, resurgida como otras muchas gracias al Camino de Santiago. Allí decidimos hacer una parada para descansar y almorzar en un bar conocido de Juan Luis, donde damos buena cuenta de unos bocadillos de embutido de la comarca.

          El Acebo-Monumento a un peregrino alemánSaliendo de El Acebo, junto al cementerio se erige un monumento formado por una gran roca sobre la que descansa el esqueleto de una bicicleta con los atributos propios del peregrino; una placa recuerda a un peregrino alemán muerto en accidente.

          Enseguida nos desviamos por otra senda también con una pendiente bastante peligrosa que nos deja en otra localidad muy pintoresca, me refiero a Riego de Ambrós con sus balconadas de madera engalanadas con macetas floridas. El cielo va tomando un cariz que no nos gusta nada así que nos refugiamos en la terraza de un bar-restaurante a la salida del pueblo hasta que las condiciones atmosféricas sean favorables. Visi está nerviosa, por ella hubiésemos continuado. Nuestras sospechas eran ciertas, pronto cae un fuerte chaparrón, menos mal que esta vez no hemos hecho caso a Visi. Cuando deja de llover reemprendemos la marcha, ya debe quedar poco para concluir la etapa.

          Andamos como un kilómetro por el arcén de la carretera y tras una curva nos desviamos por una senda de tierra a la derecha que desciende a un precioso vallecillo vadeando el río de la Pretadura. En una revuelta del Camino encontramos a un señor mayor junto a un chamizo cubierto de plásticos y muchas estampitas y que Juan Luis saluda por conocerle de años anteriores. Se llama Balbino y dicen que es un curandero que todos los días viene de Molinaseca a este lugar para tratar de hacer clientela entre los peregrinos a los que intenta calmar los dolores de pies y piernas con sus masajes y pócimas aunque las malas lenguas aseguran que muestra una extraña predilección por los más jóvenes y es que parece que pierde algo de aceite. Después de despedirnos, seguimos a lo nuestro. Ahora la senda asciende un collado entre jaras y hermosos chopos y castaños, el cual bordeamos y ahí abajo casi como desde un alto acantilado divisamos la carretera hasta donde tenemos que descender. Vamos con sumo cuidado pues un despiste a estas alturas resultaría desastroso y al fin pisamos el suelo firme, llano y seguro del asfalto desde donde ya tenemos a tiro de piedra Molinaseca. Ha sido un descenso pronunciado, casi en picado, 900 metros en tan solo 12 km, el mas sobresaliente del Camino y también el mas peligroso.

          Puente romano y Santuariode las Angustias-MolinasecaSeguimos la carretera pasando por delante del Santuario de la Virgen de las Angustias adosada al monte, entrando en Molinaseca por un bellísimo puente romano sobre el río Meruelo que desemboca en la calle Real o de los Peregrinos que guarda todo el aroma de las viejas rúas, con casas de buena traza, muchas de ellas blasonadas. Es curioso observar la cantidad de bares que vamos encontrando. Más tarde nos enteramos que se pueden contar hasta 34 que los lugareños llaman "bodegas".

          Atravesamos el pueblo emplazado a ambos lados de la calle Real, desde el interior de una bodega, escuchamos el grito de alguien que nos pregunta si vamos a alojarnos en el Albergue, le contestamos afirmativamente, a lo que nos contesta que le esperemos allí que va enseguida, se trata de Alfredo el hospitalero.

          El Albergue se encuentra a unos 800 metros de la salida del pueblo en el lado izquierdo de la carretera de Ponferrada. Bastantes peregrinos se encuentran ya en él, nosotros nos asignamos camas bajas. Me ducho y cambio de ropa y junto a Juan Luis salgo resguardado con el poncho en busca de comida, había comenzado de nuevo a llover, vaya día más variable!!. En una bodega cerca del puente romano entramos y damos debida cuenta del acostumbrado menú del Peregrino. Luego a volver al albergue donde nos hacemos una buena siesta.

          El Albergue ha sido habilitado aprovechando la reciente restauración de la Ermita de San Roque. Está distribuido en dos plantas, la baja sirve de recepción, sala de estar con buena chimenea y servicios y la superior sobre piso entarimado a la que se accede por escaleras de madera, sirve como dormitorio colectivo. A primera vista parece un buen albergue aunque la realidad es que deja mucho que desear sobre todo a lo que a limpieza y distribución se refiere.

            Poco a poco van apareciendo más peregrinos hasta llenar por completo el Albergue, allí están las dos jóvenes catalanas y Alex el "vizcaíno". Después de la siesta salgo al exterior donde llueve. Me siento en un banco bajo el porche junto a una tienda de campaña y me apresto a hacer las llamadas telefónicas de costumbre, en esa faena me encontraba cuando veo salir de la tienda más deprisa que lo normal a una peregrina alemana fuerzota con semblante despavorido. Qué pasará??-me pregunto-. La respuesta es instantánea, un ratoncillo tan campante sale casi pisándole los talones, pasa delante mío y después de un paseo por la pared regresa de nuevo a la tienda.

          Cuando llega la hora me acerco con Juan Luis de nuevo al pueblo para cenar y como el día no está para bromas, lo mejor es refugiarse en el albergue a descansar. Allí encontramos a las catalanas forcejeando con Alex intentando que las acompañe con Alfredo al pueblo, al final Alex a regañadientes acepta y es que nos da la impresión de que son de armas tomar, tienen mucha marcha, a Visi no les cae nada bien.

       En honor a la verdad y a pesar de la lluvia, ha sido una de los tramos del Camino más bonitos hasta el momento, .

       Buenas noche y hasta mañana.

Astorga-Rabanal del Camino Molinaseca-Villafranca del Bierzo

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