Puente de Piedra sobre el Esla - Mansilla de las Mulas

20ª Jornada

Lunes, 13 de mayo 2002

Mansilla de las Mulas-León

Parcial 17 Km; Total 438 Km; A Santiago: 310 Km

Albergue cinco estrellas

          A las seis comienza hoy el baile de peregrinos, parece como si todos tuviéramos prisa por llegar a León. En la habitación somos seis peregrinos entre ellos el matrimonio formado por Flor (él) y Emi (ella), con los que coincidí en Frómista; son los que me acaban de decir que no me han oído roncar. Es un matrimonio muy jovial y siempre solícito a ayudar a los demás peregrinos. En el Camino, siempre marcan un buen paso.

    Por el pasillo veo pasar a los burgaleses que nos saludan indicándome que en el Camino nos encontraríamos. Los últimos en salir de la habitación, el matrimonio de Elda y un servidor. Unos peregrinos holandeses se han dejado olvidado los bastones que recogemos por si damos con los dueños y al mismo tiempo para evitar que se pierdan.

    Por fin me decido a salir observando como de costumbre el cielo que hoy aparece con unas nubes que no me gustan un pelo, estábamos teniendo mucha suerte con el tiempo. Doy una pequeña vuelta en busca de algún sitio para desayunar, es muy pronto todavía y además lunes, encuentro todo cerrado, me tengo que hacer a la idea de desayunar más adelante.

Crucero de Mansilla de las Mulas     Llego a la salida del pueblo, frente a mí el majestuoso Puente de Piedra sobre el río Esla y a mi izquierda un bonito crucero. En su base, formada por unas gradas, se hallan en posición de reposo las esculturas de unos peregrinos. En este lugar la muralla se abría por el Arco de San Agustín del que solo queda la muralla cortada a mi izquierda. Doy una última mirada a las murallas fabricadas a canto y adobe, al curso del río Esla y a las frondosas choperas en las riberas, es una maravillosa estampa después de tanta aridez padecida en la interminable planicie de Tierra de Campos. Advierto con alegría, que el paisaje está comenzando a cambiar de aspecto.

    Ya me encuentro cruzando el puente y al poco rato las flechas amarillas me encaminan hacia un sendero agrícola a la izquierda de la carretera. Por él transitan varios peregrinos, el matrimonio de Elda me alcanza comunicándome que han dado con los dueños de los bastones y que piensan pernoctar como ellos en el Albergue de las hermanas carbajalas, así que les hago entrega del que llevo para que sea devuelto a su propietario, BUEN CAMINO y hasta León.

        En Villamoros, antes de cruzar un puente de hierro sobre el río Parma, encuentro un bar abierto, se trata del Bar-Restaurante Casablanca y allí oriento mis pasos para desayunar que el estómago me lo está pidiendo a gritos. Aparecen pisándome los talones Juan y Visi, ¿no te decía que nos encontraríamos, Mario?, me alegro mucho de su compañía y aceptan que les invite a la consumición. Una vez con los estómagos calientes, a cargar cada cual con sus bártulos y a continuar el Camino. Ni que decir tiene, que Juan, como veterano que es, nos va informando a cada instante de los pormenores del trayecto.

      Pasamos el PELIGROSISIMO puente de Villarante sin apenas arcén por donde pasar y Puente de Villarentesin otro paso alternativo, parece mentira que en los tiempos que corren no hayan habilitado alguna pasarela aunque fuera de madera, independiente del puente, para el uso de los peregrinos y demás transeúntes al igual que existe en otros lugares. Los camiones nos empujan materialmente hacia la banda protectora y encima el ruido, gracias a Dios, a la salida de la molesta y ruidosa travesía se deja la carretera por una senda que poco a poco se va separando de ella. -Se deja de momento- nos avanza el veterano Juan- no os hagáis ilusiones.

    El cielo se va encapotando por momentos, ya veremos si no nos libramos de algún chaparrón.

    Llegamos a la altura de una manufactura de estructuras metálicas que dejamos por la izquierda. Juan nos avanza la próxima referencia, un cercado anexo a la fábrica, donde campean a su aire unos cuantos ejemplares de corzos, monos, conejos, pavos reales y algunas especies más en amistosa convivencia, es curioso.

    Comienza ahora un corto pero fuerte repecho que nos deja en la siguiente localidad, Arcahueja que se atraviesa por la parte posterior para descender seguidamente hasta encontrar nuevamente la carretera nacional. Se acabó el camino de tierra, -nos indica Juan, -¿no os lo decía?, ahora toca sufrir un poco hasta llegar a León.

Alto del Portillo - León   Por el arcén izquierdo vamos ascendiendo al Alto del Portillo acompañados de nuevo por tráfico continuo de coches y enormes camiones. La carretera está franqueada por feas naves industriales a ambos lados. Cuando llegamos al alto, con un crucero moderno sustituto del antiguo que han emplazado frente al Hostal San Marcos, se nos presenta al fondo la imagen de León y con mucha atención percibimos a duras penas las agujas de la catedral. debido al estado nubloso del cielo. A pesar de la oscuridad del día, nos hacemos unas fotos de recuerdo.

    Una señal nos indica que faltan 2 km para llegar a un puesto de Información Turística, Juan pronostica que estará cerrada como las veces anteriores que pasó por allí. Seguimos adelante avivando algo el paso ya que el cielo se está cubriendo con unos nubarrones que no nos gusta nada, pueden descargar en cualquier momento. Menos mal que ya comienzan las casas y si nos vemos en apuros nos podremos resguardar.

    Entramos en la capital por su barrio de Puente Castro y después de cruzar por un puente el río Torio, pasamos por delante de la Oficina de Turismo que nos indicó el cartel. Juan había acertado en el pronóstico, sorprendentemente se encontraba cerrada.

    Algo más adelante llegamos a un paso de peatones con semáforos, unas flechas amarillas en el suelo indican dos direcciones, una de ellas cruzando la calle hacia el Albergue de las hermanas carbajalas y la otra, siguiendo la acera donde nos hallamos hacia el Albergue Municipal, que es la que seguimos haciendo caso de las recomendaciones de Juan que añade -Ya veréis que albergue más majo-.

    Llegamos al Albergue pronto, aun no han dado las doce y como era de esperar se encuentra en plena labor de limpieza. El aspecto desde luego parece excelente, ya veremos las estancias y servicios. Nos sentamos a descansar en la sala de espera y nos descalzamos. Mientras tanto leemos las publicaciones disponibles y charlamos con otros peregrinos que van llegando. Pasada una hora nos asignan por fin habitación, es la nº 6. Es una estancia bastante amplia con ocho literas y muy limpia, cada cama incorpora sábana, manta y almohada. Me preparo para ducharme y me acerco a los servicios, impecables y amplios también. Desde luego, le tengo que dar la razón de nuevo a Juan, se trata de un Albergue de primera categoría, el mejor de los que conozco hasta el momento.

    Después de disfrutar de una buena ducha y afeitarme, les digo a mis compañeros que me voy al centro, ellos prefieren quedarse por los alrededores pues piensan ir a un bar asturiano que según Juan se come muy bien y barato.

    El cielo sigue amenazante pero le cuesta descargar el agua contenida en los negros nubarrones. Llego a la catedral pero ya se encuentra cerrada, dejaré la visita para la tarde. Se impone entrar en algún sitio para comer, voy husmeando los diversos restaurantes que encuentro en mi deambular y de repente comienza  un fuerte aguacero acompañado de viento racheado, por lo que se impone entrar en el primer restaurante que pille al paso. He tenido suerte, me había librado de un buen remojón.

    Protegido de las inclemencias meteorológicas ya no hay prisa, me siento tranquilamente dispuesto a hacer un pequeño extraordinario: patatas con congrio y morcillo guisado, el menú especial de la casa, pero no acerté en la elección, las patatas estaban zapateras, el congrio brillaba por su ausencia y encima el guiso de morcillo pecaba de exceso de grasa y especias, en fin, un verdadero fracaso, estos son los gajes del nomadismo característico del peregrino.

    Cuando salgo al exterior había escampado y lucía el sol aunque las nubes no se habían Catedral de Leónido del todo y el viento continuaba fuerte, así que en estas circunstancias lo juicioso es buscar refugio en el Albergue y echarse una buena siesta. Pero ahora venía la segunda parte de la comida, la digestión, que trabajo me estaba costando!! Malditas especias!! Debiera haber hecho caso a Juan y haber ido con ellos al asturiano, seguro que no tendrán mi problema.

     Son las seis cuando me despierto, miro por la ventana, luce un sol espléndido, qué contraste con el cielo del mediodía. Me dirijo al centro, rodeo la Plaza de Toros cubierta como la de Zaragoza. Visito la Catedral, sus vidrieras tan maravillosas como describen las guías (1800 m2 de superficie acristalada), sin embargo me da la sensación de que hay mucha oscuridad a pesar de las vidrieras y eso que en el exterior luce el sol. Pero en general la catedral en su conjunto me cautiva.

Mural de la Catedral de León     Continuo mi paseo por la ciudad, compro unas postales para enviar a la familia y cansado de patear entro en una cafetería a tomarme algo que ayude a mi estómago a concluir la pesada digestión mientras relleno las postales y escribo notas para Mi Diario.

    De camino al albergue, suena el móvil, es mi hermano Juan que preveía incorporarse al Camino a mi paso por Sarria pero calculando la fecha de paso por dicha localidad, me dice que le es imposible pues tiene unos compromisos en Madrid para esos días. En fin, me hubiera gustado hacer los últimos 118 km en su compañía pero las circunstancias obligan, otra vez será.

     En un Supermercado compro dos yogures que es lo que pienso cenar, todavía no acabo de hacer la digestión, siento mucha pesadez en el estómago. Por qué no iría a comer con mis compañeros de fatigas?? Me dijeron antes de salir por la tarde que habían comido estupendamente.

    Cuando llego al Albergue es casi de noche y los compañeros de habitación están ya acostados, Juan y Visi, el segoviano, y otros dos jóvenes extranjeros, nos encontrábamos en familia.

    Después de tomarme los dos yogures hago lo propio, a ver si logro que el estómago se normalice y ceda al esfuerzo extra al que ha sido sometido por mi culpa.

    Verdaderamente, pienso mientras concilio el sueño, ¡¡cuánta razón tenía Juan!!, me hallaba en un Albergue cinco estrellas.

    Buenas noches y hasta mañana si Dios quiere.

Catedral de León

El Burgo Ranero-Mansilla   León-Villadango del Páramo

Tabla de contenido

   Inicio