Pamplona - Jardines de la Taconara

Jardines de la Taconara - Pamplona

3 Jornada

Jueves, 6 de septiembre 2001

Pamplona-Puente la Reina

Parcial 24 Km ; Total 67 Km; A Santiago: 683 Km

El Camino del viento

          Hay que levantarse pronto en los albergues de peregrinos, éstos comienzan sobre las seis a hacer mucho ruido preparando sus mochilas. Así que a las siete menos cuarto me encuentro ya en el exterior. Es de noche todavía. Enfilo la calle Mayor junto al matrimonio de Sardenyola, hace frío y el polo nórdico que me regaló mi hermana Carmen me viene de perillas, al final de la calle me separo del matrimonio pues quiero desayunar, lo necesito para calentar el cuerpo y almacenar calorías. Me dirijo a la cafetería de la Estación de Autobuses donde me hago un buen desayuno. Tengo calor y allí mismo me desprendo del polo saliendo al exterior donde el cielo comienza a clarear. Bordeo los Jardines de la Ciudadela, hace bastante helor, me pesa haberme desprendido del polo, y acelero el ritmo para tratar de calentarme. Encaro la salida de Pamplona en dirección a Cizur Menor. Por los jardines de la Universidad de Navarra alcanzo a unas peregrinas de Vic. Charlo un poco con ellas y las rebaso pues muy tranquilas quieren hacerse unas fotos junto al Puente de Azella.

          En la plaza de la Iglesia de Cizur Menor vuelvo a encontrarme con el matrimonio de Sardanyola, están terminando de dar cuenta de unos bocadillos y espero para acompañarles.

          Ya se puede distinguir el Alto del Perdón con sus molinos eólicos. Parece cerca pero la "Pamplona va quedando atrás..."vista engaña; aun quedan dos horas largas para coronarlo. Poco a poco, Pamplona va quedando atrás empequeñeciéndose en la gran planicie amarillenta de cereal trillado.

          Antes de llegar a Zariquiegui mis actuales compañeros se paran, posiblemente por alguna urgencia continuando en solitario por una pista en suave ascenso. Me tropiezo con una pareja de alemanes de Stuttgart y nos hacemos unas fotos pues la panorámica hacia Pamplona es espléndida. Cuando llegamos a Zariquiegui en continua subida, ellos se detienen, quieren descansar.

          Desde la salida del pueblo, comienza a ponerse dura la cuesta y a arreciar el viento que no obstante viene muy bien a mi esfuerzo. Encuentro al peregrino que le hemos "los molinos eólicos cada vez más cerca"apodado el pirata por su indumentaria, tatuajes, aretes, decenas de cachivaches que lleva encima colgando y un pañuelo a la cabeza, sentado en posición de yoga y desayunándose un porro. Ahora viene un serio repecho pero hay que hacerse con él. El viento arreciando por momentos y los molinos eólicos cada vez más cerca. Me voy cruzando con varios peregrinos extranjeros.

          Por fin alcanzo la cumbre donde sopla un viento que corta el espacio y casi te hace perder el equilibrio. Hay un curioso monumento silueteado en hierro dedicado al peregrino y rematado con la expresiva leyenda Donde se cruza el Camino del viento con las estrellas. Los molinos eólicos con su rum-rum-rum. A una banda del alto se contempla la extensa vega de Pamplona y a la otra la localidad de Puente la Reina con los pueblos intermedios Uterga, Muruzábal y Óbanos alineados. Entonces aparece como no podría haber sido de otra manera Jesús el riojano y con la dificultad que impone el viento, nos hacemos las fotos de rigor. Aparece el matrimonio de Sardanyola. Hay que comenzar el descenso pronto pues el fuerte viento empieza a incomodar.

          En el peligroso descenso con piedras sueltas Jesús me adelanta y yo llego a la altura de los peregrinos leoneses a los que acompaño durante un trecho, pero ellos llevan el paso más vivo y me van dejando atrás.

          Unos kilómetros antes de llegar a Uterga, diviso en la distancia a una pareja de chicas y me da la corazonada que una de ellas me es conocida, acelero un poco el paso y efectivamente, compruebo con alegría que se trata de Belén, la pediatra, que va acompañada por Angels médico de familia del grupo de Castellón. Cuando llego a su altura nos saludamos. Me dicen que habían salido de Cizur Menor donde habían pernoctado.

          Sigo el ritmo de Belén y Belén el mío, Angels es acompañada por Jesús que se adelantan. Belén y yo entablamos una conversación entretenida. Me da pormenores de los miembros del grupo: Fernando (ginecólogo), Eusebio (médico de familia), José Antonio que ejerce en Sagunto y Victor amigo de Eusebio que es Diplomado en Empresariales y trabaja en la azulejera Marazzi. Todos caminan por delante.

          Me revela que el Albergue de Cizur Menor está muy bien y que por la noche les invitaron a una paella, claro está, a la navarra, servida en el jardín del Albergue con asistencia del Delegado gubernativo de la Comunidad Foral.

          Belén y yo vamos muy tranquilos de charreta, a nuestro ritmo. Atravesamos las localidades de Uterga, Muruzábal y más adelante en Óbanos, donde se unen los Caminos Aragonés y Francés, paramos a descansar en un banco de la plaza de la Iglesia, en la que destaca su fachada y el Arco de los Peregrinos. Allí se encuentra reposando también otra peregrina conocida, Elisabeth la ranchera que reside en Santa Fé, Nuevo México (USA) donde su marido tiene un rancho dedicado a la cría de vacas. En el bar compro unas latas de bebida refrescante isotónica para reponer fuerzas. Se las ofrezco a las dos peregrinas pero la ranchera declina mi ofrecimiento dándome las gracias. Belén y yo nos la tomamos en un santiamén, teníamos bastante sed pues el calor surtía sus efectos, el contenido de la otra lata fue a parar a la cantimplora. Nos hicimos unas fotos y a continuar que ya faltaba poco para llegar al fin de etapa.

          Llegamos al cruce de los Caminos Aragonés y Francés y tras cruzar la carretera atravesamos una huerta privada yendo a salir a la vía de acceso al pueblo, primero el Hotel Jakue y luego el Albergue de Peregrinos que gestionan los Padres Reparadores. Parece que el albergue tiene buen aspecto, así que decido quedarme. Me sellan la Credencial y me asignan litera en la habitación donde están alojados el grupo de Belén menos Angels que le han asignado una litera de la habitación contigua y por lo tanto aislada del grupo por lo que le ofrezco el cambio por la mía. Me lo agradece sinceramente. Parece un buen grupo y no quisiera perder su contacto. La habitación la comparto con el riojano, los leoneses, el gallego y su novia la malagueña.

          Después de una relajante y refrescante ducha, salgo a buscar un sitio para comer, tenía hambre, el cuerpo necesitaba alimentarse. Me encuentro con el grupo de médicos que están ocupados en el mismo menester y todos juntos nos dirigimos al restaurante del Hotel Jakue, donde después de unas cañas de fresca cerveza y un poco de espera, nos comemos unas pochas a la navarra de primero y chicharro a la espalda de segundo, todo regado con un buen vino de crianza de denominación de origen. Excelente comida.

       A través de los ventanales observamos como llegan las sevillanas con su familia, el reloj marca las cuatro y aparentan estar deshechas, no creo que aguanten mucho.

          El grupo me presiona para que cene con ellos en el Albergue, van a comprar algo de lechuga y tomate para hacer una gran ensalada, embutido y fruta, invitación que acepto pero con la condición que aportaría mi parte.

          Después de la colada me hago una buena siesta y a continuación el paseo ritual por el pueblo, muy interesante por su antigüedad. Transito por su calle Mayor donde se emplaza la Iglesia de Santiago de visita obligada. Genera curiosidad un cuadro expuesto en el muro izquierdo del retablo mayor que los lugareños consideran prohibido porque imaginan ver a tres Dioses, aunque según información recabada con posterioridad, en realidad representa una Trinidad antropomorfa donde aparecen las tres figuras sedentes sobre una gloria de nubes con sus atributos que las identifican: cetro, estigmas y paloma. Es obra atribuida al pintor mexicano Miguel Cabrera y fechada a mediados del siglo XVIII. Formaría probablemente parte del legado enviado por algún conquistador español.

          La cena resulta muy animada, tenemos que esperar un poco porque otros grupos ocupan las mesas. Pero mereció la pena la espera, fue una experiencia muy interesante. Las voces y risas de los comensales inundaban la sala. Se masca en el ambiente la excelente camaradería entre los peregrinos, cada uno ayuda en lo que sabe y puede, todo con una sencillez digna de encomio.

          Quedamos para desayunar en una panadería de la Calle Mayor. Duermo como un tronco enfundado en mi confortable saco de dormir.

Puente de Piedra sobre el río Arga

Puente de Piedra - Puente la Reina

 

Zubiri-Pamplona   Puente la Reina-Los Arcos

Tabla de contenido

Inicio