35ª Jornada

Martes, 28 de mayo de 2002

Pedrouzo (Arca)-Santiago de Compostela

Parcial 18 Km; Total 744 Km; A Santiago: 0 Km

El anhelado abrazo 

      Nos levantamos a la 07:15, era imposible permanecer más tiempo en la cama, los nervios y la ilusión por llegar a Santiago me tienen despierto hace casi una hora. Además habíamos quedado con Visi a las “y media” en el bar “Regueiro”. Así que a cargar con el morral y a la calle.

      Nos dirigimos al bar donde ya se encuentra Visi esperándonos hace un cuarto de hora, me parece que el que más y el que menos tiene los nervios a flor de piel. Hacemos unos buenos desayunos y sin más preámbulos nos disponemos a afrontar la última etapa, eso sí, con un cielo plomizo que no augura nada bueno. Menos mal que de momento las condiciones meteorológicas nos respetan.

      En fila india, tomamos el arcén izquierdo de la carretera de Santiago, el Camino señalizado discurre un poco desplazado del pueblo pero que más da, al final llegaremos al mismo sitio y como es temprano, todavía el tráfico es escaso. Divisamos una pareja de cuervos que están dando buena cuenta de la carroña de algún animal atropellado, cuando llegamos a una distancia que los cuervos estiman prudencial, levantan el vuelo pero sin irse muy lejos, tan pronto como se percatan de que nos hemos alejado lo suficiente, vuelven a su particular festín.

      En una hora escasa nos encontramos atravesando el río Amenal, llegando a la aldea de Cimadevila donde confluimos con el Camino. Allí giramos por una calle a la izquierda que nos introduce a través de un frondoso corredor en un bosque espeso de eucaliptos altísimos y manto de helechos, -hay que gozar a tope y saborear con codicia el último tramo boscoso del Camino, amigos Juan Luis y Visi- casi les ordeno.

      La pista pica en ascenso pero ya no me asusta nada, saturo mis pulmones con el aire aromatizado del bálsamo procedente de las hojas de los eucaliptos y aunque me molesta un poco la zona lumbar, hoy no es día de quejarse, hay que olvidarse de las lumbalgias, no hay dolores que valgan en esta etapa, respiro profundo y a la marcha.

      Se sigue ascendiendo hasta alcanzar el alto de Lavacolla terminando en este punto el bosque de eucaliptos para dar paso a un gran espacio abierto en donde se sitúan las pistas de aterrizaje del aeropuerto. Me llama mi hermano Juan por el móvil comunicándome que ya se encuentra con mi padre en Lugo tomándose una ración de pulpo y que nos veremos en el Alto de San Paio-A doce km de Santiagohotel. El camino inicia una bajada pasando pegado a las balizas señalizadoras de la cabecera de pista. Un avión se prepara para despegar llegando hasta nosotros el ensordecedor sonido de las turbinas tratando de alcanzar su potencia máxima. En unos instantes el avión se encuentra en el aire hasta convertirse a nuestra vista en un minúsculo punto del infinito.

      El Camino desemboca en la carretera donde está situado un mojón especial que muestra los atributos del peregrino con la leyenda "Santiago" en lo alto y una indicación con los 12 kilómetros que restan para la llegada. Santiago no se distingue aún, pero se siente.

      Cruzamos la carretera y enseguida nos hallamos ante un bar a la entrada del poblado de San Paio (San Pelayo). Allí dirigimos nuestros pasos pues el estómago nos está reclamando algo estimulante. Engullo con apetito un suculento bocata de queso con una cerveza rematado con un café caliente. Ya hemos entonado el cuerpo para los 11 kilómetros que faltan.

      Al salir nos percatamos que la lluvia va en aumento por lo que se hace preciso enfundarse los incómodos ponchos. Con lluvia incesante atravesamos la localidad de Lavacolla saliendo a la antigua carretera del aeropuerto, ahora con una circulación casi nula, recibo una llamada en el móvil del amigo Antonio Zorrilla de Miranda del Ebro infundiéndome sus ánimos y su enhorabuena adelantada y poco después la de José Luis desde Santiago preguntándome por donde marchaba y citándome a las seis de la tarde en la fuente de la Plaza de Platerías, es natural que hoy sea día de llamadas telefónicas, se trata de un día muy especial.

      Ahora tenemos que decidirnos si continuar por la pista que parte a la izquierda y pasa por Villamaior o continuar por el arcén de la carretera. Hacemos caso a Juan Luis que recomienda seguir por la carretera, -se ataja algo- afirma Juan Luis –y además nos evitamos unos repechos duros hasta el Monte del Gozo- concluye. A estas alturas del Camino lo importante es evitar sobreesfuerzos.

      La lluvia arrecia y se hace muy incómodo andar en estas condiciones, Visi va como una moto y yo intento seguirla mientras Juan Luis protesta, no es su paso el que vamos imponiendo pero el campo magnético de Santiago parece como si se fortaleciera conforme nos acercamos y nos hace avivar la marcha que en honor a la verdad a veces se convierte en frenética, tiene mucha razón Juan Luis con sus reproches. Paramos un ratito refugiados bajo el voladizo de una parada de autobús y es que caen verdaderos chuzos de punta. Pero hay que proseguir, la borrasca no parece tener visos de remitir.

      Alcanzamos el Alto de San Marcos donde entramos en un bar para descansar de la lluvia que se hace insoportable. Aprovechamos para tomarnos unos vinos de albariño, ese blanco aromático gallego de color amarillo-pálido brillante de tan reconocida fama, con unas tapas de empanada de bacalao recién cocinada y por cierto muy gustosa que nos ofrece el camarero, Visi que se encuentra muy nerviosa nos recrimina que no perdemos el tiempo.

      Desde allí doblamos a la izquierda por una calle de la población de San Marcos en dirección al Monte del Gozo, donde retomamos el Camino señalizado. Pasamos ante el monumento conmemorativo de la visita del Papa Juan Pablo II en el año 1992, en lo alto de una colina. Desde aquí era donde contemplaban por primera vez los caminantes del medievo las torres de la Catedral, hincando las rodillas en el suelo entre lloros y cánticos, dándole las gracias al Apóstol por haber llegado hasta allí sanos y salvos después de haber padecido tantas calamidades y sacrificios, pero a nosotros, la lluvia y la neblina nos han jugado una mala pasada, no es que nos impidan ver las torres de la Catedral, es que ni siquiera se ve la ciudad.

      Vamos descendiendo la colina pasando junto a los barracones que forman parte del macro complejo de acogida de Peregrinos, confluyendo en la carretera después de bajar por una escalinata. Tras cruzar el puente sobre la autovía de circunvalación y la vía férrea Santiago-A Coruña se llega a una rotonda y a partir de ahí comienza la agónica entrada a la ciudad que se encuentra envuelta en niebla y con una lluvia pertinaz que resbala por todos lados y que no remite, vamos completamente mojados por fuera y por dentro. Nos queda casi una hora para alcanzar la Puerta del Camino atravesando el Barrio de San Lázaro por la avenida de los Concheiros (los peregrinos) hasta el crucero de San Pedro y desde este punto seguimos la larga calle del mismo nombre. A pesar de las inclemencias del tiempo vamos contentos pues objetivamente estamos pisando las calles de Santiago. Una vez que llegamos a la Puerta del Camino accedemos al casco antiguo cruzándolo por la rúa de las Casas Reales, praza y rúa das Animas, praza de Cervantes y rúa de la Azabachería, callejas todas ellas empedradas, donde nos cruzamos con una excursión de escolares. La maestra señalándonos con el dedo les explica -mirad niños, estos son peregrinos que bla, bla, bla...-. Por la vía Sacra accedemos a la zona alta de la Plaza de la Quintana entre la Casa de la Parra y el Monasterio de San Paio, donde nos topamos al fin con la impresionante mole de la Catedral con la Torre del Reloj, (la "berenguela"), al frente. Ahora sí que podemos decir que hemos alcanzado la meta, en nuestra mirada queda reflejada una gran satisfacción y orgullo por el deber cumplido.

       Inmediatamente descendemos las escalinatas y cruzamos la Plaza de la Quintana y la de Platerías y nos dirigimos a la Oficina del Peregrino situada en una dependencia de la Casa del Dean esquina con la rúa do Vilar y allí cuando me llega el turno, consigo la ansiada Compostela.

      Me despido de mis compañeros de fatigas Juan Luis y Visi con un abrazo emocionado, quedando para mañana a las doce para asistir juntos a la Misa del Peregrino en la Catedral, ellos van a alojarse al Seminario Menor y un servidor se dirige al Hotel Peregrino donde me estarán esperando mi padre con 93 años que ha demostrado gran valor por venir a recibirme y mi hermano Juan.

      El Hotel queda a un kilómetro desde donde me encuentro, pero qué es un kilómetro a estas alturas..., allí me esperan los besos y abrazos de alegría de mi padre y hermano y un saludable baño.

      Una vez aseado y con ropa adecuada, salimos a comer y a continuación una buena siesta.

      Cuando me levanto, me dirijo a la Plaza de Platerías donde José Luis ha acudido como un clavo. Nos damos a conocer y nos abrazamos. José Luis contacta con Michell de Pamplona y Silvia de Madrid del mismo grupo de Amigos del Camino de Santiago, para que capturen nuestra imagen junto a la Fuente de los Caballos, "La Fuente del Sueño" como acertadamente la apoda el gran poeta Federico García Lorca, a través de la webcam instalada en la Plaza, para insertarla en la Lista como recuerdo del encuentro. Al poco rato aparece José Antonio Riera, otro miembro puntero de la Lista, dando un respiro de alivio al acreditar que había llegado sano y salvo por lo que quedaba totalmente exonerado de cumplir la promesa de llevarme en volandas hasta la catedral y más aun al darse cuenta de mis arrobas de más.

      Acto seguido, José Luis haciendo de cicerone de lujo, me da un paseo por el casco antiguo en compañía de José Antonio señalándome detalles durante el recorrido que sin su ayuda me hubieran pasado desapercibidos.

      Después a celebrar la llegada al bar O Beiro, donde hacen su aparición los amigos Moncho Trigo junto Vera y Rosa María, las brasileñas que conocí de hospitaleras en El anhelado abrazo al ApóstolCastrogeriz y un brasileño que había realizado el Camino Portugués. Poco después se presenta también el hermano de José Antonio un verdadero deportista que hace años realizó el Camino Francés desde Roncesvalles con una mountain-bike pero sin salirse de las sendas, nada de carretera. Entre todos mantuvimos una amena tertulia acompañada por unas botellas de buen albariño y queso gallego, que José Luis no nos dejó pagar, del gasto se hacía cargo él, era el anfitrión. Allí estuvimos hasta las ocho, hora en que se retira José Luis por motivos familiares y poco después lo hago yo disculpándome pues también tenía obligaciones de familia. Fueron unos momentos muy agradables que nunca olvidaré.

      Junto a mi padre y Juan, entramos en la Catedral para darle el anhelado abrazo ritual al Apóstol Santiago a quien agradezco la protección recibida durante todo el Camino y hago mis votos por la familia y amigos. Acto seguido bajamos a la cripta donde me tomo unos momentos de reflexión ante los restos mortales de Santiago el Mayor, hijo del Zebedeo contenidos en una urna de plata repujada junto con los de dos de sus discípulos. Quién me iba a decir a mí aquel fatídico y lejano día de mi lesión llegando a Santo Domingo de la Calzada, cuando perdí toda esperanza de llegar hasta aquí, que iba a estar saliendo por el Pórtico de la Gloria tan reconfortado.

Arzúa-Pedrouzo (Arca) Epílogo 

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