Villambistia a la vista-La sombra del peregrino

11ª Jornada

Miércoles, 24 abril 2002

Belorado – San Juan de Ortega

Parcial 24 Km; Total 236 Km; A Santiago: 514 Km  

La sombra del peregrino

          A las siete y media ya estoy dispuesto para iniciar la jornada después de un completo desayuno en el Bar Goya. Por la acera izquierda enfilo la travesía de Belorado, observando varias fábricas de artículos de piel a ambos lados de la carretera.  

Río Tirón-Belorado    La salida de Belorado se efectúa atravesando el Río Tirón por un puente de madera de reciente construcción paralelo al de piedra, Puente el Canto. A continuación pistas de rodadas entre verdes sembrados de cereal que se pierden en la lejanía. Llego al cruce de San Miguel de Pedroso tirando a la derecha por una senda, antigua cañada real a veces cubierta de maleza que en paralelo a la carretera y después de cinco cómodos kilómetros me conduce a Tosantos. Hace algo de rasca a estas horas de la mañana y muy pronto el sol hace acto de presencia. Es curioso observar mi sombra alargada que precede y acompaña a todos los peregrinos con los primeros rayos solares, actuando de reloj de sol a lo largo de la etapa, pero esta sombra mía tiene hoy algo especial, un halo amarillento la envuelve brillando sobre el verde trigal, se hace necesario tomar un foto. Ni una nube en el cielo, el día parece que va a ser espléndido.

        Rodeo la localidad de Tosantos por el sur y después de recorrer un tramo flanqueado por altísimos chopos, salgo de nuevo al claro. Dirijo la mirada a mi derecha; empotrada en el monte alcanzo a ver la Ermita de la Virgen de la Peña.

        Continúan los trigales y enseguida aparece la silueta de Villambistia al frente del Camino. En un cuarto de hora me hallo cruzando el pueblo con vetustas casas y la Iglesia de San Esteban resaltando del entorno.

 Santuario Virgen de la Peña - Tosantos       Veinte minutos después, debo cruzar la carretera nacional entrando a continuación en la localidad de Espinosa del Camino con viejas casonas abandonadas. Después de cruzar el Arroyo Palomar, la senda se convierte en una ancha pista en ascenso suave hacia unas antenas de comunicación. Desde el altozano ya se puede divisar la siguiente localidad, Villafranca Montes de Oca.

        Ahora se desciende suavemente llegando a los restos del ábside de la Ermita de San Felices que se deja por la derecha, girando noventa grados a la izquierda se enfila Villafranca. A medio kilómetro del pueblo hay que salir a la carretera nacional y tras atravesar el Río Oca se alcanza la localidad. Me dan intenciones de efectuar una parada pero opto por seguir adelante, quiero enfrentarme cuanto antes con las subida al Puerto de las Pedrajas en plenos Montes de Oca.

        Pasado el antiguo Hospital de Peregrinos de San Antonio Abad y la Iglesia de Santiago,  afronto a la derecha un recto y duro repecho, comienza la subida. Después de las primeras rampas acuso el esfuerzo, llego a una meseta y entonces sí que paro, hay que desprenderse de la ropa de abrigo y tomar un trago de líquido, un último vistazo a los tejados de Villafranca y a seguir sufriendo un poco, ahora algo mejor después del aligeramiento de ropa.

        Sigo ascendiendo hasta alcanzar la Fuente de Mojapán donde existe un área de descanso. Allí me siento en un banco a tomarme un descansillo y de paso ingerir una barra energética que me haga recuperar energías. La verdad es que de la fuente a malas penas brota un hilero de agua.

        Unos minutos de descanso y a seguir ascendiendo entre bosques de robles y quejigos con sus hojas aun incipientes. La cuesta se ha suavizado bastante, da gusto subir acompañado del continuo trinar de las numerosas familias de aves que deben anidar entre el espeso bosque, es el único sonido que se percibe pero ¡qué sonido más agradable!. Tenía entendido que es monte de lobos pero por ahora ninguna señal de ellos.

         Poco después alcanzo la cima. Hay un monumento que recuerda a los Caídos en la Guerra Civil española. En ese lugar, los espacios se abren. Debe haber habido algún incendio no hace mucho pues todo el campo se encuentra repoblado con pinos todavía muy jóvenes.

        Ahora al Camino le toca descender por un cortafuegos flanqueado por coníferas  La carretera nacional discurre serpenteando por la izquierda.

        Los últimos kilómetros de la jornada por esos cortafuegos se me atragantan. San Juan de Ortega no se deja ver hasta que estás casi encima. El Camino deja el cortafuegos y desciende por una pista entre pinos hasta salir el claro. Me cruzo con un grupo de jóvenes excursionistas alemanes que habían llegado en autocar.

        A las doce y media hago mi entrada en el Santuario y después de saludar al cura D.José María, ya entrado en años, que está observando las obras que tienen lugar en la Iglesia, me dirijo directamente  al Albergue de Peregrinos situado en el antiguo Monasterio. Parece ser que soy el primer peregrino que llega de los que estábamos en Belorado. Tengo que esperar pues están efectuando unas reparaciones de fontanería.

    Al poco rato aparece Pepe, un joven peregrino chileno afincado en Madrid donde trabaja para una firma de Internet. Ha venido pisándome los talones, ojalá nos hubiésemos encontrado por los Montes de Oca, seguro que se nos hubiera hecho mas llevaderos el paso por lo cortafuegos sin fin.

        Van llegando peregrinos con cuentagotas. José María me sella la credencial y mantenemos una charla intrascendente mientras me dan entrada al Albergue. Yo mismo me asigno la litera, como siempre buscando un rincón donde moleste lo menos posible. Como todavía no funciona el agua corriente, me cambio y me dirijo al único bar del lugar donde sirven platos combinados, la ducha la dejaremos para la tarde. Pido huevos fritos con lomo, chorizo y la famosa morcilla de Burgos, suficiente de más.

        Como hace tan buena tarde, declino el echarme la siesta Ante el Albergue de Peregrinos y me siento en un banco de la explanada  charlando con el peregrino Pepe que entre otras cosas me cuenta que después de llegar a Santiago, marchará unos días a París y volverá a EEUU donde residen sus padres en Los Ángeles. Sus dos años en Madrid no le han servido de mucho. Espera tener mas suerte en América. Entre charla y charla van transcurriendo los minutos. Consulto el móvil, tengo un mensaje de Fernando Pazos avisándome que mañana estará en Burgos para hacer el recorrido hasta Castrojeriz en mi compañía. Me alegra mucho la noticia, Fernando vive en Valencia pero solo nos conocemos por la Lista de los Amigos del Camino de Santiago en Internet.

        Entretanto, Julia la hospitalera, me avisa que ya puedo ducharme. Me quedo nuevo, estaba deseando que llegase dicho momento. A las siete asisto a la Misa del Peregrino y a continuación, Julia que además es hermana del cura José María nos pasa a todos los peregrinos a un comedor donde nos sirve una rica sopa de ajo. Los guiris no salen de su asombro, nunca habían tomado nada igual y repiten. Alguno hasta mezcla la sopa con el atún en lata, eso sí que era la primera vez que lo veían mis ojos. En fin, la sopa, al que más y al que menos nos supo a gloria bendita y entonó nuestro cuerpo ya que la tarde se volvía fresquilla.

        Un grupo coral alemán llega al Santuario para visitarlo. Es digna de ver la cabecera románica de la Iglesia. En el interior, podemos admirar el fabuloso capitel, maravilla del arte románico, que representa escenas de la Anunciación, Visitación, Sueño de San José y Natividad. Cada equinoccio (21 de marzo y 21 de septiembre), unos mágicos rayos de sol vespertino, penetrando a través de un estratégico óculo, y mientras el templo se sume en penumbra, va iluminando una a una las escenas esculpidas, es el famoso Milagro de la Luz. También destacan la cripta y mausoleo de San Juan de Ortega que fue discípulo de Santo Domingo de la Calzada. Juntos acometieron diversas obras civiles mejorando los caminos por donde pasaban los peregrinos.

        Al final de la visita y con el cura José María sonriente, los alemanes nos deleitan con unos cánticos improvisados ante el altar que convierten el templo en algo majestuoso, terminando el acto con unas palabras de agradecimiento del Jefe del Grupo contestadas cariñosamente por D. José María.

        El cura marcha a Burgos apareciendo más tarde con un camión cargado de pesados bancos de iglesia y unas cajas de botellas de vino, solicitando la colaboración de los peregrinos para la descarga. Pepe el chileno se porta de maravilla, ha trabajado duro y después de unas cervezas, Julia y su hermano le invitan a una inesperada cena ya que, pensando que allí habría algún cajero automático, se había quedado sin un duro. Tanto José María como su hermana Julia se desviven por el peregrino, por lo menos esa ha sido mi impresión.

     La noche se vuelve fría, hay que acostarse pronto, me tomo un yogur y sin más dilación a dormir. Mañana si Dios quiere en Burgos.

       Buenas noches.

Sto. Domingo-Belorado S.Juan de Ortega-Burgos

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