Epílogo

Miércoles, 29 de mayo de 2002

Santiago de Compostela

Misa del Peregrino y despedida 

       Hoy he dormido de un tirón, mi hermano Juan también está despierto, me levanto y descorro las cortinas de la terraza quedando la habitación iluminada por un flujo de luz prometedor. Aunque hace algo de fresquillo me da la impresión que vamos a tener un día espléndido primaveral. Menos mal que el frente nuboso ha pasado.

       Salgo del hotel con mi padre y hermano, haciendo un buen desayuno en una pastelería cercana al hotel y sin más nos encaminamos al casco antiguo para deambular por sus calles y pillar un buen sitio en la Catedral. A esas horas y con el buen día que hace, la ciudad bulle de peregrinos y turistas, casi todos guiris.

       Al paso, me encuentro con muchos peregrinos conocidos de vista pero es una sorpresa para mí encontrar entre ellos a Flor y Emi, el matrimonio de Elda que había perdido la pista desde la etapa Mansilla de la Mulas-León, me explican que Emi había tenido problemas de tendinitis y tuvieron que perder un día para descansar. Nos felicitamos por habernos visto y por la conclusión del Camino.

       Con tiempo por delante nos vamos a la Catedral sentándonos en uno de los bancos de la nave central, enseguida aparecen Juan Luis y Visi que se acomodan junto a nosotros y en unos instantes se van ocupando todos las plazas de asiento. Cuando falta aún media hora para comenzar la Santa Misa, ya estaban los bancos completos, los peregrinos que iban llegando se acomodaban como podían alrededor de ellos. La Misa resultó impresionante y con muchos momentos de emoción. Cerca de nosotros se encuentran el peregrino peruano-alemán y compañeros, otros brasileños, americanos, austriacos, etc. etc. éramos un conjunto heterogéneo de peregrinos de lo más cosmopolita.

       Hasta tuvimos la suerte de poder ver el botafumeiro en funcionamiento gracias al “donativo” de unos peregrinos alemanes. Un grupo de turistas japoneses contemplan atónitos y boquiabiertos como el botafumeiro controlado con precisión por los ocho botaboleiros, oscila a lo largo de la nave transversal de la catedral echando fuego y humo a través de los orificios. Seguro que no habían visto cosa igual en su vida.

       Cuando finaliza la Santa Misa, nos congregamos peregrinos y turistas en la amplia plaza adoquinada del Obradoiro emblema de la ciudad. Empleo unos minutos en observar con admiración el entorno que no tiene desperdicio, mirando al frente la doble escalinata que conduce a la fachada principal de la Catedral con la imagen del Apóstol tallada sobre granito allá en lo alto del Espejo, con sus dos torres barrocas, la de las Campanas y la de la Carraca, protegiendo el hermoso Pórtico de la Gloria del Maestro Mateos y en segundo plano algo desplazada la imponente Torre del Reloj, la famosa Berenguela; a mi izquierda el Hostal de los Reyes Católicos antiguo hospital de peregrinos y hoy convertido en un lujoso Hotel; a mi derecha el Colegio de San Jerónimo con fachada procedente del antiguo Hospital de la Azabachería; y a mi espalda el Palacio de Rajoy donde se alojan el Ayuntamiento  y parte de la Xunta de Galicia.

       Juan Luis es el más fotografiado por los guiris, al que deben imaginar como prototipo de peregrino medieval con su sombrero y bordón artesano, realmente da el pego.

       Juan Luis irradia alegría y nos invita a la cafetería del Hostal de los Reyes Católicos, -un día es un día- nos manifiesta –hay que celebrar el feliz desenlace de nuestro peregrinaje. Brindamos con un buen vino albariño y una vez apurada la consumición nos acercamos a otro bar del casco viejo para devolver la invitación y donde sin querer llega la hora del siempre doloroso acto de la despedida. Sello mi amistad con los burgaleses con un fuerte abrazo agradeciéndoles su compañía y esperando volver a verlos. –Si te decides a Visi, Juan Luis y Mario en la Plaza del Obradoirovolver al Camino- me dice Juan Luis –no dudes en llamarme que me uniré a ti con mucho gusto en Burgos. –De acuerdo, le contesto- ten por seguro que repetiré y no me olvidaré de lo que me has dicho, te lo prometo Juan Luis. Mis compañeros de Camino se alejan con paso cansino por la calle do Franco perdiéndose entre los viandantes.

       Una vez repuesto de la despedida, me dirijo con mi padre y Juan a comer cerca del Hotel y a continuación una corta siesta. Como hace tan buen día aprovecharemos la tarde para ir a Fisterra, sorprende que mi padre a pesar de su edad y de haber viajado tanto desconocía estos lugares.

       Una vez en Fisterra, lo primero que hacemos es acercamos al Faro donde hacemos tiempo para poder contemplar la puesta de sol mas maravillosa que hayamos visto jamás, sin nubes que le estorben, el anaranjado astro rey se posa suavemente sobre la superficie del océano sumergiéndose con lentitud en las profundidades.

       Corría un airecillo molesto del norte mientras nos hacemos las fotos para el recuerdo que invita a buscar el socaire, así que entramos en la cafetería del Faro a refugiarnos.

       Después nos dirigimos al restaurante “Tira do Cordel” enclavado en el extremo occidental de la Playa de Langosteira para celebrar como se merece la feliz conclusión de mi Camino con una suculenta cena.

       Ya era bastante tarde cuando nos ponemos en camino de regreso. En las casi dos horas de recorrido tengo tiempo suficiente para hacer un balance final de mi Camino que ha supuesto para mí una experiencia maravillosa, un reencuentro conmigo mismo. Es cuando te das perfecta cuenta de lo poco que se necesita para vivir y ser feliz. En definitiva, ha sido la asignatura pendiente de mi vida que espero haber aprobado con holgura.

Recuerdos y agradecimientos

     Por último y haciendo un poco de memoria, quisiera expresar mi recuerdo y agradecimiento a los peregrinos que tuve la suerte de tratar:

Vicenta la primera peregrina del Camino con la que compartí viaje de Zaragoza a Roncesvalles,

Belén y sus compañeros médicos de Castellón que me acogieron en su grupo con tanto cariño,

Jesús el joven desenvuelto riojano y el matrimonio de Sardenyola

Diego el cartagenero, muy buen muchacho, que pacientemente me acompañó durante tres etapas,

Elisabeth la ranchera de Santa Fe,

María, la frágil pero valiente peruana y su marido, el belga René,

Pepe el chileno afincado en Madrid y que ya se encontrará en Los Angeles con sus padres,

Fernando Pazos que vino de Valencia para acompañarme entre Burgos y Castrogeriz,

Jesús con su grupo de los cinco: el matrimonio de Vitoria y los jovencísimos hermanos mejicanos Hugo y Magali,

Flor y Emi el matrimonio de Elda tan servicial y desinteresado,

Marta y Nuria las guapas y vivarachas jóvenes catalanas y Alex el algorteño,

Peregrinos brasileños y alemanes con los que compartí mesa y mantel en Ruitelán,

y que decir de Juan Luis y Visi los que fueron mis compañeros durante tantos kilómetros, desde Burgo Ranero hasta el final,

y en fin, tantos otros que aunque mantuve un menor trato, nos intercambiamos consejos, nos infundimos ánimos y compartimos vivencias, que más se puede pedir.

      Asimismo, quisiera manifestar mi reconocimiento a los hospitaleros por sus generosas atenciones, a los miembros de la Lista de Amigos del Camino de Santiago, Antonio Zorrilla, Ales, Vicente, Carlos Zarca, Silvia y alguno más que no hubiera querido dejar en el tintero, que tantos ánimos me infundieron a lo largo del Camino con mensajes y llamadas de aliento y a José Luis, Moncho Trigo y José Antonio Riera por sus ánimos y especial recibimiento en Santiago.

    Para todos vosotros y futuros peregrinos:

ULTREIA!!   SUSEIA!!  y  BUEN CAMINO!!

 

Pedrouzo (Arca)-Santiago

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