Larrasoaña

2ª Jornada

Miércoles, 5 de septiembre 2001

Zubiri-Pamplona

Parcial 21 Km ; Total 43 Km; A Santiago: 707 Km

Caseríos del medievo

          A las siete me encuentro ya sentado ante una mesa de la cafetería del hostal desayunándome un buen café con leche acompañado de tostadas untadas con mantequilla y mermelada, y en poco mas de media hora ya estoy en el Camino.

          Pronto me tropiezo con Jesús el riojano, muy buen chico, las sevillanas que se lo toman todo a chirigota, un matrimonio de Sardanyola del Vallés, la argentina charlando con un valenciano y otros peregrinos guiris. Cada uno va a su ritmo y una vez les adelantas y otra te adelantan ellos. Voy contento, se respira aire puro.

          Al ir atravesando los caseríos, un tufillo ecológico que envuelve el ambiente me retrotrae a la época de mi juventud, allá por los años cincuenta cuando residía en Madrid, recordándome al que se respiraba en la Sierra del Guadarrama y que ya creía olvidado. Desgraciadamente, ese tufillo ecológico se ha visto sustituido por el tufo contaminante que despiden los tubos de escape de los vehículos a motor.

          El río Arga será mi compañero inseparable de viaje hasta Pamplona. El Camino es un continuo sube y baja en un entorno de hayedos y coníferas sobre una alfombra de sotobosque donde abundan los helechos, brezos y árgomas. De vez en cuando típicos caseríos navarros que parecen surgidos de la época medieval. La única nota discordante es el paso por la fábrica de magnetitas instalada entre Zubiri y Larrasoaña, un borrón en la ruta jacobea a su paso por Navarra.

          Paso a paso, acompañado del río Arga y del infatigable y continuo trinar de los numerosos Basílica Trinidad de Arrepájaros que revolotean entre el follaje de los árboles, voy cruzando los bellos caseríos de Akerreta, Zuriain, Irotz, un poco de asfalto, giro a la izquierda, el caserío de Zabaldika, área de descanso con fuente, y subida de nuevo a la derecha hasta alcanzar la media ladera de la montaña. Paso por el caserío de Arleta con su bella ermita de Santa Marina que nos sale al paso antes de enfrentarme a las modernas autovías y accesos a Pamplona que desconciertan algo, después de tanta belleza como he podido contemplar.

          Franqueo de nuevo el Río Arga por un bonito puente para llegar a la basílica de la Trinidad de Arre, me adentro por el casco urbano de Villava, pueblo natal de Indurain, y a continuación Burlada, donde entro en un supermercado a comprarme un refresco isotónico, pues hace bastante calor y hay que aliviar la sed y reponer sales.

          Por la calle Larrainzar, me encuentro y acompaño a una muchacha peregrina de Bilbao que es la segunda vez que intenta hacer el Camino. La primera vez lo hizo acompañada de su marido y tuvo que abandonar en Burgos debido a una indisposición intestinal de él.

          Ya puedo divisar la esbelta silueta de la catedral de Pamplona y muy pronto entramos en la Puente de La Magdalena-Pamplonaciudad por el Puente de la Magdalena. En el Parque de la Tejera junto a las murallas aparece Jesús el riojano, que lo encuentras en el momento mas inesperado. La chica bilbaína nos dice que continúa pues piensa comer y llegar hasta Cizur Menor donde pernoctará. Jesús y yo nos hacemos mutuamente fotos y entramos en la ciudad por el Portal de Francia, también llamado de Zumalacárregui, rodeamos la catedral y llegamos a la Plaza Consistorial. Muy cerca de allí el Albergue de Peregrinos que se encuentra en unos anexos de la Iglesia de San Saturnino, una calle más arriba de la Cuesta de Sto. Domingo, justo al inicio de la calle Mayor.

          Allí dejamos nuestras mochilas que hacen la cola reglamentaria. El Albergue se abre a la una, faltaba un cuarto. Dudo si quedarme o buscar hostal y al final decido la primera de las opciones. El Albergue dispone de 20 plazas en literas y por lo tanto no estará demasiado masificado. Así podré comprobar in situ la vida en los albergues.

          Poco a poco van apareciendo todos los peregrinos conocidos que han decidido quedarse en Pamplona, otros han continuado a Cizur Menor (5 Km). Las señoras francesas, el matrimonio de Sardanyola, los señores de León con una pareja de jóvenes gallego él y malagueña ella y otros guiris van haciendo su aparición.

          Una vez sellada la credencial, asignada litera y la correspondiente ducha, salgo hacia la calle San Nicolás donde doy buena cuanta de una de colmada ración de pulpo a la gallega. Después la siesta de turno y luego a pasear por la ciudad, Ayuntamiento, Cuesta de Sto. Domingo donde se encuentra la diminuta imagen en la pared del célebre San Fermín, "bendito, por ser nuestro Patrón..." según cantan los mozos en los minutos previos a los famosos encierros, c/ Estafeta y Pza. del Castillo donde me siento en la terraza del Bar Iruña y tomando un té aprovecho para escribir unas postales a mi tío Juan y mi tía Marta, y por último la Catedral que también merecía la pena ser visitada.

          Sobre las ocho busco un restaurante para cenar, pero hasta las nueve no abren los comedores, así que debido a que el Albergue se cierra a las diez, tengo que cenar de pintxos por los bares, pero no me arrepiento lo más mínimo. Luego un helado y a recogerme. Duermo un poco intranquilo ya que me tocó en suerte una litera alta y he tenido necesidad de levantarme tres veces. Debo añadir que la impresión que me llevo de Pamplona es la de ser una hermosa ciudad


Panorámica navarra desde el Camino

 

Roncesvalles-Zubiri   Pamplona-Puente la Reina

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