Santuario de San Juan de Ortega

12ª Jornada

Jueves, 25 abril 2002

San Juan de Ortega - Burgos

Parcial 24 Km; Total 260 Km; A Santiago: 488 Km  

Atapuerca

         A las 7 tocan diana, hay que prepararse pues a las "y media" Julia nos tiene preparado un buen desayuno, por lo menos esta vez saldré con el cuerpo caliente. Después de despedirme de ella y agradecerle sus atenciones con los peregrinos, salgo al exterior. Parece que vamos a tener otro magnífico día primaveral pero ahora hace bastante fresco, hay que enfundarse el polo, me cuelgo la mochila y a caminar.

        Me vuelvo y echo una última mirada al conjunto, pienso que es un lugar muy interesante, cruzo la carretera local asfaltada que a la izquierda enlaza con Santovenia y la N-120. La pista penetra en un bosque de robles y pinos que se abre justo a la altura de la Llegando a Agestrinchera del Ferrocarril de Agés, antiguo trazado que penetra en la sierra de Atapuerca y que nunca entró en funcionamiento. Esa zona se encuentra ahora remodelándose y según reza un cartel será utilizada como área lúdica y de descanso.

    Poco después llego a una pradera de pastizal sobre el pueblo de Agés donde doy alcance a dos jóvenes peregrinos catalanes que se encuentran extasiados contemplando como pastan un rebaño de vacas y terneros con los primeros rayos solares; estamos en el Alto del Sestil, nos hacemos unas fotos entre el rebaño y como intuyo que no tienen prisa les deseo Buen Camino.

       Salgo de la pradera por un portón que abre el pastor y bajando por una buena pista alcanzo la localidad de Agés. Encuentro un bar y entro a tomarme un café. Al poco rato llegan los catalanes que se sientan aparte.

        Despido al pueblo por una carretera local asfaltada, desde donde puedo contemplar la famosa sierra de Atapuerca. A la izquierda de la carretera veo un pequeño puente de piedra de un solo ojo y consultada la Guía me entero que su construcción es atribuida al “ingeniero” y santo Juan de Ortega.

        La carretera no tiene tráfico y después de 2 km me llevan a la localidad de Atapuerca. A ambos lados de la carretera y en medio de los bancales de cereal me doy cuenta de varios menhires diseminados, cada uno con su inscripción, leo la de uno de ellos, conmemora la batalla que en el año 1054 enfrentó en estos lugares al rey de León y Castilla, Fernando I y el rey de Navarra, Don García muerto en la lid.

        A la izquierda, la famosa Sierra de Atapuerca donde aparecieron no hace mucho tiempo los restos de los primeros humanos que pisaron lo que hoy llamamos Europa, el Homo Antecessor.

        Al salir de la localidad de Atapuerca, el Camino deja la carretera girando a la izquierda por una pista que en ascenso continuo conduce hasta un collado entre bosque de encinas y una doble alambrada que limita lo que fPuente de San Juan - Atapuercaue un campo de tiro del ejército. Arriba, se encuentra clavada en la tierra una gran cruz de madera con un montoncito de piedras sueltas en su base. Desde allí se divisa por vez primera la interminable llanura castellana con las torres de la Catedral burgalesa adivinándose en la lejanía.

        En ese punto, dudo si continuar descendiendo pegado a la alambrada o tirar hacia mi derecha en dirección a las Antenas de Telefónica. Las flechas amarillas parecen dirigirse más bien a la derecha, camino que sigo. Cerca de las antenas las flechas indican un giro a la izquierda. La pista desciende bruscamente pasando por el medio de una cantera de áridos de la que salen y entran unas bañeras formando un polvo que me envuelve. Avivo el paso para salir de tan desagradable situación.

        Una vez llego al llano, observo al frente como unos peregrinos vienen por la izquierda a encontrarse con la pista por la que camino, por lo que intuyo que si bien las dos opciones que me hicieron dudar en el alto son correctas ya que confluyen en ese punto, la de seguir la alambrada posiblemente sea la mas conveniente.

        Sigo por la misma pista que va bordeando la cantera por su parte baja. Observo a las bañeras que descienden de la cantera hacia el camino por donde voy. Por la izquierda, bancales inmensos cargados de verde cereal. Sigo con la mirada demasiado entretenido con el tráfico de bañeras hasta que la pista de tierra se convierte en asfalto, justo donde confluye la carretera de la cantera.

        Me llama la atención haber perdido las flechas amarillas, no hay señal alguna de ellas. Sigo adelante y comienza un descenso pronunciado desde donde diviso las primeras casas de un pueblo, la carretera nacional, la autopista y la vía de ferrocarril. Llego al centro del pueblo y me inquieta observar que las flechas amarillas brillan por su ausencia. Entro en un bar y mientras tomo una bebida refrescante pregunto por el nombre del pueblo. Se trata de la localidad de Rubena, lo que indica que algo ha tenido que suceder para despistarme de aquella manera. No lo entiendo, debería estar en Orbaneja. El camarero del bar me tranquiliza, me informa que más o menos es igual y que siguiendo la carretera Miranda del Ebro-Burgos, a unos 5 km encontraré Villafría.

        Como no había otra solución, me apresto a seguir la carretera por su arcén izquierdo soportando el intenso tráfico y el calor sofocante del asfalto que me recalienta las plantas de los pies. Vaya suplicio!! En mala hora me perdí!!. Me armo de paciencia, hay que pegarse a la cuneta y a pesar de ello, los camiones te empujan hacia ella. Cae un sol de justicia.

        Llego a Villafría reventado y con los pies hechos polvo por el calor que desprendía el asfalto. A la entrada de Villafría me doy cuenta que a la izquierda confluye una carretera, esa sí, con flechas amarillas y que era la que tendría que haber tomado. La próxima vez tendré más cuidado.

        Atravieso Villafría, comienza la locura urbana, ando como un kilómetro y como el calor va en aumento y no merecía la pena mas sufrimiento, sin cargo de conciencia alguno, tomo un autobús urbano que me deja en el mismo centro de Burgos.

        Busco alojamiento en el Hotel España, y una vez acomodado en la habitación y tras una buena ducha, salgo a pasear un poco por el centro haciendo tiempo para la hora de la comida.

        Recibo una llamada de Fernando Pazos comunicándome que la única combinación que Catedral de Burgosha conseguido, llega a Burgos a la dos de la madrugada por lo que me recomienda que siga mi marcha que nos encontraríamos en Hornillos del Camino. Después de una comida regular en un restaurante del centro, vuelvo al Hotel a descansar.

      A las cinco salgo dispuesto a visitar la magnífica Catedral que Burgos tiene la suerte de poseer con un aspecto exterior reluciente después de la operación de limpieza a la que se ha visto sometida, al desprenderse el polvo y hongos acumulados por el tiempo en la piedra que la oscurecían. Sello la credencial en la Sacristía y me dispongo a efectuar un recorrido turístico por la misma.

      La Catedral de Burgos -tal como la conocemos- de estilo predominante gótico, fue construida sobre los restos de un templo catedralicio románico del siglo XI por orden del rey de Castilla Fernando III siendo Obispo de Burgos Don Mauricio quienes colocaron la primera piedra el día 20 de julio de 1221. Fue declarada por la UNESCO "Patrimonio de la Humanidad" el día 31 de octubre de 1984.

     Consta de 3 naves centrales y 13 capillas distribuidas de forma irregular a su alrededor. Se puede acceder a ella a través de cuatro puertas denominadas: Puerta de Sta. María también llamada Real ó del Perdón situada en la fachada principal; en el costado sur, la Puerta del Sarmental y al norte, las Puertas de Pellejería ó Corralejo y la de Coronería ó Cordelería también llamada Alta ó de los Apóstoles que era por donde entraban los peregrinos que llegaban por el Camino Francés y que permaneció abierta hasta el año 1576.

     Del conjunto destacaría: las agujas de la fachada principal del más puro estilo gótico francés; el majestuoso cimborrio en el mismísimo centro de la catedral, construido por Juan de Vallejo en el siglo XVI; la majestuosa Capilla de los Condestables de Castilla, situada en el centro de la girola y que muy bien podría considerarse una catedral dentro de otra y donde reposan los restos de los Condes, don Pedro Fernández de Velasco y su esposa la Duquesa de Frías, doña Mencía de Mendoza, hija del insigne poeta Marqués de Santillana; y la Escalera Dorada que da acceso a la catedral por su flanco Norte, construida para salvar el gran desnivel existente entre la Puerta de Coronería y la planta baja de la catedral.

     Mención especial merecen: El Retablo de la Capilla Mayor de estilo renacentista; el Sepulcro del Obispo don Mauricio; la Sillería del Coro; El Cristo de Burgos; el Museo instalado en el Claustro; el Sepulcro de Mudarra, el hermanastro que vengó la muerte de los Siete Infantes de Lara, de estilo románico; el Cofre y la Carta de arras de Don Rodrigo Díaz de Vivar -el Cid Campeador- así como su tumba junto a la de su esposa Doña Jimena en el mismo centro de la catedral (a plomo del cimborrio); y una Biblia del siglo IX.

      Y por último una curiosidad: en lo alto del primer arco de la nave de la izquierda entrando por la Puerta de Sta. María allí está el popular Papamoscas dispuesto a abrir la boca al son de las campanadas horarias de su reloj.

     En pocas palabras, un conjunto arquitectónico único de incalculable valor artístico.

     Después de tan interesante e instructiva visita, me doy unos paseos por el centro y como el calor todavía se hace notar, acabo sentado en un banco a la sombra, del famoso Paseo del Espolón.

     Al caer el sol, me acerco a la Estación de Ferrocarril donde reclamo el retraso del tren que me dejó en Logroño con casi cuatro horas de retraso. Me corresponde según un baremo la cuarta parte del importe del billete, menos da una piedra.

     Luego a continuar pateando sin prisas la ciudad, me tomo una cerveza en el bar de Casa Ojeda, cena ligera, llamada a la familia y a dormir.

Belorado-S.Juan de Ortega Burgos-Hornillos del Camino

Tabla de contenido

   Inicio