Albergue de Peregrinos

10ª Jornada

Lunes/martes, 22/23 abril 2002

Sto.Domingo de la Calzada-Belorado

Parcial 22 Km; Total 212 Km; A Santiago: 540 Km  

El reencuentro con el Camino

          Después de un salto en el tiempo,Patio del Albergue de Sto. Domingo aquí me encuentro de peregrino ante la fachada de la Casa del Santo, antiguo Hospital y hoy convertido en Albergue de Peregrinos de Sto. Domingo de la Calzada, disfrutando de un hermoso día primaveral; debo regocijarme de hallarme de nuevo en el Camino.

        Sin pensármelo dos veces traspaso el umbral de la entrada. A mi derecha, una puerta conduce a un amplio despacho de recepción. Me presento al hospitalero y entrego la credencial. Le explico las circunstancias que me hicieron abandonar el Camino el pasado 12 de septiembre. Gracias a Dios la rodilla hace meses que no me molesta, la tengo casi olvidada, debo vanagloriarme de ello. Esta vez soy el primer peregrino en llegar, de la forma que lo he hecho se puede.

          El hospitalero y ayudante me acompañan a las estancias de la planta superior. Le explico al hospitalero mis problemas respiratorios nocturnos, después de pensárselo unos instantes parece comprenderme y me asigna cama en una dependencia contigua, la que él llama sala roja. Me dice que es posible que allí estaré solo. Eso es un lujo, 17 camas y una sola ocupada por mí, la verdad es que he tenido suerte.

          El Albergue me produce una grata impresión. Dejo la mochila y salgo al exterior a pasear y comer cuando sea la hora.

          Antes de nada me acerco al Hostal Las Teresitas a preguntar por el bordón que me había dejado olvidado en la habitación donde había permanecido alojado cuando me produje la lesión. A pesar de que por teléfono les había pedido que me lo guardasen, del bordón ni rastro, había desaparecido como por encanto, no saben nada de él y como no era cuestión de ponerse a discutir y a pesar de que era un poco pronto todavía, me dirijo al Mesón Caballeros situado en la calle Mayor junto a la Catedral. Tengo apetito, así que entre los platos de la carta, me decido por una cazuela de judías rojas con chorizo y una ración de pimientos del piquillo rellenos más un flan casero de postre. Estupenda comida 12 €, calidad/precio MB.

          Vuelvo al albergue, ya han llegado peregrinos, todos extranjeros. Procurando hacerme pasar desapercibido, me dirijo a mi escondite, cierro la puerta ¡¡qué silencio!!.

          Me acuesto sobre el saco de dormir y pronto, la acumulación del cansancio de una larga noche de tren unido al sopor producido por el comienzo de la digestión surte su efecto, me quedo dormido.

          Son las seis cuando vuelvo en sí de la profunda siesta. Me doy cuenta que dos peregrinos se encuentran en sendas camas en el lado diametralmente opuesto al que ocupo. Eso quiere decir que la otra sala-dormitorio está al completo. Hablo con ellos, son dos ciclistas brasileños que están reventados, se han dado una buena paliza de pedaleo. Vienen desde Los Arcos (80 Km).

          Salgo al exterior y me acerco a visitar la Catedral llamada del Salvador, enseño la credencial en el mostrador de recepción y me dan la entrada gratis por ser peregrino.

          Muy interesante su interior donde destacan: el impresionante Retablo Mayor, el mausoleo del Santo, varios retablos laterales y una colección de pinturas, la sillería del coro y en el brazo derecho del crucero frente al mausoleo del Santo, el Gallinero construido en una hornacina elevada donde vivaquean a su aire una pareja de Torre.campanariogallo y gallina blancos que son sustituidos más o menos cada mes, en recuerdo del famoso Milagro del Santo. Una vez satisfecha mi curiosidad, salgo para contemplar los exteriores de la Catedral y su Torre exenta de estilo barroco. Tiene 70 m de altura y es popularmente conocida como La Moza de la Rioja.

          Después de pasearme por las antiguas y blasonadas callejas y de hacer una cena ligera, vuelvo al Albergue donde los peregrinos dan los últimos bocados a sus improvisadas cenas. Me dirijo a mi holgado dormitorio donde los dos ciclistas brasileños ya duermen y me empaqueto en el saco de dormir, pero antes de caer entre los brazos de Morfeo, doy rienda suelta a mis pensamientos rememorando aquel lejano 12 de septiembre de 2001...

          “Pienso en la desilusión y rabia contenida que se apoderó de mí cuando me di perfecta cuenta que la lesión de mi rodilla izquierda me obligó a abandonar.

          Pienso en el viaje de vuelta a Madrid con mi padre y hermano Juan que habían venido en coche hasta Sto. Domingo a recogerme y en los peregrinos que pudimos ver por el Camino que discurre paralelo a la carretera durante casi todo el recorrido hasta Villafranca, qué suerte la de ellos!!.

          Pienso en el viaje de Madrid a Castellón en tren ayudándome con unas muletas después de haber pasado por Urgencias del Hospital Gregorio Marañón y diagnosticarme un derrame en la rodilla y una meniscopatía.

          Pienso en mi visita al traumatólogo de Castellón y mi pregunta a “bocajarro”:-Pero podré volver a continuar el Camino de Santiago??- y la respuesta risueña del doctor –Parece que está más preocupado del Camino que del dolor de la rodilla-. La verdad es que el doctor tenía razón, toda mi obsesión se concentraba en volver lo más pronto posible al Camino. Pero la convalecencia duró un mes, al cabo del cual desaparecieron todas las molestias. Comencé los entrenamientos y gracias a Dios la rodilla respondió a ellos, poco a poco fui perdiendo el miedo, fui incrementando las distancias y las dificultades por las sendas, veredas y trochas de la sierra de Les Santes próxima a Castellón.

          Pienso en mis frecuentes paseos a El Grao, la hora de natación y la vuelta a casa. Todo marchaba de maravilla, ya me encontraba preparado para retomar el Camino que me propuse iniciar en los primeros días de mayo.

          Por la Lista de Amigos del Camino de Santiago me enteré que los Amigos de los Refugios de Castrogeriz habían convocado una reunión en dicha localidad. Era una buena ocasión para hacer un precalentamiento que me sirviera al mismo tiempo de prueba y conocimiento real de los amigos de la Lista del Albergue Virtual. La reunión fue convocada para el día 28 de abril. El día 21 por la noche tomé un tren que me condujo a Logroño y de allí un autobús que me dejaría en Sto. Domingo de la Calzada.

          El trayecto en tren estuvo lleno de incidencias. Entre Tarragona y Zaragoza el tren tuvo varias paradas en medio del campo y la oscuridad de la noche hasta que la máquina no aguantó más y se paró definitivamente. Tuvo que venir una nueva máquina a recogernos. Estuvimos parados dos horas y pico, sin luz ni calefacción y para más “inri” al bajar el polo, pues hacía frío, la hebilla de la cremallera tropezó casualmente con uno de los cristales de mis gafas con tan mala fortuna que se astilló, menos mal que no llegó a salirse de su sitio. Mal augurio. Llegamos a Logroño con casi cuatro horas de retraso, he dicho bien, no me he equivocado. Menos mal que pude tomar el autobús de las once para Sto. Domingo. Me dio hasta tiempo de tomarme un buen desayuno.

          Durante el trayecto de autobús, fui reconociendo el Camino que había andado el pasado septiembre, varios peregrinos transitaban por él...”.

          Finalmente el sueño puede conmigo, mañana será otro día.

          A las siete me despierto. He dormido como un tronco. Como de costumbre, me aseo convenientemente, arreglo la mochila, me la cuelgo a la espalda y dejo el Albergue. Antes de nada, tengo que encontrar un bar para desayunar. Después de contentar a mi estómago, me dirijo por la travesía de la carretera nacional hacia la salida de Sto. Domingo de la Calzada. Llegó la hora de la verdad, es mi reencuentro real con el Camino.

          Cruzo el largo puente sobre el Río Oja, construido por el Santo. Después de dos kilómetros y Puente sobre el río Ojamedio de arcén llego al cruce de la circunvalación. El Camino arranca a la izquierda y a la subida de un repecho me paro ante una gran cruz de madera plantada a un lado de la calzada con la inscripción Cruz de los Valientes, monumento que conmemora la lucha a vida o muerte mantenida entre  Martín García en representación del Ayuntamiento de Grañón y un calceatense representante del Ayuntamiento de Sto. Domingo de la Calzada. El grañonero  da muerte a su contrincante, pasando a favor de los suyos la propiedad de la Dehesa por la que mantenían continuos pleitos los dos Ayuntamientos.

          El día se presenta soleado, aunque de momento hace fresco. Los peregrinos brillan por su ausencia. Solo mi sombra alargada me precede y acompaña. Continúo por una pista entre campos de verde cereal y a los 3 km hago la entrada en Grañón por su calle Mayor. Las flechas amarillas me encaminan hacia la derecha, saliendo del pueblo por un mirador natural desde donde se divisa una bella panorámica de la llanura ondulada de trigales y algún que otro viñedo donde comienzan a despuntar las hojas de las cepas. Después de haber saciado la vista, continúo en descenso pronunciado hasta el llano, cruzo el Río Villar por un puente y pronto estoy ante una encrucijada de caminos dudando por donde tirar, posiblemente la misma duda que tuvieron Salva y Paca y que desafortunadamente al tomar el camino equivocado les hicieron vagar completamente perdidos junto a otros 30 Límite La Rioja-Castillaperegrinos, según su testimonio reflejado en el Diario de su Camino del año 1999. Me decido continuar recto hacia la loma y acierto. Tras unos 45 minutos de marcha a través de pistas de concentración parcelaria alcanzo un altozano donde un monumento indica el límite entre las Comunidades de La Rioja y Castilla-León. Desde esa privilegiada altura se contempla otra vista maravillosa, en primer término el pueblo de Redecilla del Camino y a continuación el de Castildelgado.

          Una vez alcanzada la carretera nacional, solo tengo que cruzarla para entrar en la localidad de Redecilla del Camino que se atraviesa por su calle Mayor. Frente a la Iglesia, una fuente con un buen caño de agua, sin embargo, un viejecillo del lugar me comenta que padecen una pertinaz sequía, parece que la lluvia se ha olvidado de la comarca y si esta situación persistiera, sin duda lo iba a notar la cosecha de cereal.

          Continúo la marcha por la c/Mayor hasta dar de nuevo con la carretera, a la derecha están construyendo chalés de nueva planta, posiblemente de segunda residencia.

          Siguiendo por el arcén, pronto se toma una pista por la izquierda. Al poco rato avisto a un peregrino canadiense que por su forma de andar aparenta encontrarse algo tocado, le adelanto preguntándole si necesita ayuda y deseándole BUEN CAMINO entrando enseguida en la localidad de Castildelgado, un pueblecito con pocas casas en el que destaca su Iglesia y plaza con una hermosa fuente. Buen lugar para descansar unos minutos. Allí en un banco se encuentran dos peregrinos belgas aireando sus pies y dando buena cuenta de unas galletas. Por mi parte, me acerco al horno de una panadería y compro un bocadillo que como en un santiamén junto a los belgas y el canadiense que acaba de llegar. Relleno la botella de agua en la fuente y a caminar se ha dicho.

          A la salida del pueblo, las flechas amarillas me dirigen por una carretera local a la localidad de Viloria de Rioja, cuna de Sto. Domingo, siempre entre verdes trigales que se pierden a lo lejos. En Viloria pocas casas, apenas veinte vecinos se esfuerzan por conservar el pueblo que gracias a los peregrinos se mantiene con vida. Me entretengo un rato en la plaza Mayor junto a la fuente; la casa donde nació el Santo se encuentra enfrente. Salgo del pueblo por la carretera local asfaltada que en descenso alcanza de nuevo la carretera nacional.

Vista de Belorado

          El Camino discurre paralelo a la carretera y a 5 Km aparece la localidad de Villamayor del Río detrás de una colina. Después de pasar ante el cementerio, una pista agrícola que discurre también paralela a la carretera me conduce a Belorado, al que se llega después de una hora de marcha y tras atravesar la carretera nacional y bordear unos cerros que me imagino sirven de protección al pueblo de los vientos del Norte.

          Son las doce y media cuando paso junto al Albergue de Peregrinos donde ya ha llegado una pareja de franceses. El Albergue está ubicado en una especie de garaje mal acondicionado, por lo que continúo para buscar la Pensión Toñi de la que tengo muy buenas referencias. Se encuentra al otro lado del pueblo atravesando la plaza Mayor junto a la travesía de la carretera nacional y enfrente del Restaurante Picias.

          Más que una pensión, se trata de un piso muy bien dispuesto para albergar a los huéspedes. La habitación que me muestran es estupenda con TV y el baño común muy limpio, el precio 12 €.

          Después de darme una buena ducha y arreglarme, salgo dispuesto a hacer un extraordinario en el Picias, un sabroso cordero asado al estilo burgalés con ensalada fué más que suficiente. Después a descansar a la habitación.

          Me despierto sobre las seis acercándome al Albergue a sellar la credencial. El Albergue está completo, todos los peregrinos son extranjeros. Me quedo a charlar un poco sentado en los bancos del exterior. Conozco a una peregrina peruana que viene acompañada de su marido, un belga jubilado residente en Perú, tienen ganas de conversación, sobre todo ella. Me Plaza Mayor de Beloradocomentan que salieron de SJPP y llegaron a encontrar 50 cm de nieve por los Pirineos. Ella está muy machacada con dolores en la rodilla y las ampollas. Lleva una mochila de 70 litros, demasiado para su frágil cuerpo. Le recomiendo que si quiere llegar a Santiago a pié, la vaya aligerando todo lo que pueda.

          Después de un buen rato de animada charla hago un recorrido por las calles del casco antiguo, estrechas y tortuosas, con típicos pa-sadizos, después visito la Iglesia de Santa María donde a la derecha del Altar Mayor se puede admirar una capilla plateresca dedicada al Apóstol Santiago en sus dos advocaciones, Matamoros y Peregrino, y la Iglesia de San Pedro situada en la Plaza Mayor porticada y adornada con plátanos orientales todavía sin hojas y un kiosco de música en el centro. Me siento en un banco de la plaza a descansar y dejar volar la imaginación. Enfrente de mí, la Iglesia de San Pedro y al fondo el cerro donde se asientan los últimos restos del Castillo. El sol se pierde en el horizonte y comienza a oscurecer, me dirijo al Picias donde hago una cena ligerita y luego a retirarme a mi cubil en Casa Toñi.
       Buenas noches y hasta mañana. Ojalá que el día se presente como el de hoy.

Azofra - Sto. Domingo Belorado - S.Juan de Ortega

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