Caminando hacia Calzadilla de la Cueza

17ª Jornada

Viernes, 10 de mayo 2002

Carrión de los Condes-Sahagún

Parcial 39 Km; Total 381 Km; A Santiago: 366 Km

Paciencia y penitencia

            La claridad del alba que penetra por las ventanas acompañada por el movimiento habitual de los peregrinos preparándose para la jornada, me despiertan. Es muy pronto todavía pero no importa, hoy la jornada será larga, mucho trayecto por delante y además es un día muy especial, el paso del ecuador del Camino. Doy un vistazo al cielo a través de mi ventana, comprobando que si no se tuerce, disfrutaré de un día espléndido de primavera, así que decido calzarme con la sandalias pues la etapa se presta para ello y mis pies lo agradecerán.

         Ya estoy sentado en un taburete junto a la barra de un Bar que hace picoesquina con la Plaza Mayor tomando una café con leche con repostería, son las siete y media. Una vez bien desayunado toca caminar.

         Bajo por la calle Hortaleza y las escalerillas, cruzo el río Carrión por el puente de piedra, un último vistazo a la hermosa fachada del Monasterio de San Zoilo en el que se encuentra integrado un Parador Nacional, cruzo la carretera de Palencia, e inmediatamente el inicio práctico de la etapa por la local asfaltada a Villatilla.

         Hoy observo más peregrinos por delante y por mi espalda, será porque el Camino tiene menos curvas??. Liquido los cuatro primeros kilómetros hasta las ruinas de la Abadía de Benevívere, un oasis en medio del desierto. Desde allí, la carretera gira bruscamente noventa grados a la izquierda terminando el asfalto y comenzando una pista empedrada. Dirijo una detenida mirada al frente perdiéndose mi vista en la interminable llanura, menos mal que los planteles de verde cereal que se me antojan con poca fuerza, produce la sensación de sosiego en tan desolador paisaje. Hay que armarse de paciencia pues quedan más de tres horas de camino sin asentamiento humano alguno, solo el contorno de algún peregrino a lo lejosy mi sombra amiga que me guía, una soledad impresionante penetra Torre del cementerio de Calzadillaen el fondo de mis sentidos. Hay que continuar como lo hacen los demás peregrinos, parando el reloj y esperando que allí en el horizonte lejano se llegue a alguna parte, es una penitencia que forma parte del lado negativo del Camino y que hay que expiar.

         Allá al fondo diviso algo que asemeja a una nave e ilusiona comprobar como te vas acercando poco a poco a ella. Cruzo la pista de Bustillo y enseguida, otra referencia, al frente se vislumbra un solitario árbol que alcanzo tras recorrer kilómetro y medio de marcha, se trataba de una hermosa encina. Poco después, la copa de otro árbol que parece mayor que el anterior y que despunta en el horizonte. Para llegar a su altura me quedan unos tres kilómetros pasaditos.

         Son minúsculos detalles que entre tanta soledad tienen ocupada tu mente como si se tratara de un juego de ilusiones, que te mantiene entretenido.

        Entre ilusión e ilusión, voy pensando en mis cosas procurando descartar los malos Llegando a Calzadilla de la Cuezapensamientos. Alcanzo a algún que otro peregrino que se encuentra al borde del camino descansando, otros me adelantan. Aquí, cada cual a su aire y ritmo. Marcho con los pies muy descansados por las sandalias. Cruzo un pequeño arroyo sin apenas agua. Después de otro cruce de pistas, alcanzo el segundo árbol que dejo a mi izquierda, se trata de otra encina mayor que la primera. La longaniza está prácticamente servida. Oteo el horizonte y allá al fondo hacia la derecha me parece divisar algo que se asemeja a la parte alta de una torre lo que significa que el primer pueblo de la jornada debe encontrarse a tiro de piedra.

        Son casi cuatro horas de marcha las que han transcurrido desde mi salida de Carrión y me parece mentira observar como, lo que parecía que iba a convertirse en algo pesado, ha transcurrido casi sin sentirlo, por supuesto, a ello ha contribuido la ayuda inestimable de esa especie de juego de las ilusiones en la que he participado en solitario, una sorprendente terapia contra la soledad.

 Lentamente, la torre va tomando forma enfrente, a la derecha del Camino, pero vestigios Calzadilla de la Cuezade casas, ninguno. No puede ser –me digo a mí mismo- y de improviso, bajo una depresión del terreno, aparecen las primeras techumbres de un poblado, no cabe duda que se trata de Calzadilla de la Cueza. Al final, la torre ha quedado definitivamente a mi derecha, formaba parte del cementerio.

        Entro en un bar que está muy concurrido, como no podía ser diferente de peregrinos, la mayoría extranjeros. Pero en las mesas distingo al “grupo de los cinco”, es decir, el madrileño, el matrimonio de Vitoria y los jóvenes hermanos, él y ella, mejicanos. Hablo con ellos y nos contamos las peripecias del trayecto realizado.

        Repongo energías con una estupenda ración de tortilla española, pan y vino y un cortado, lo suficiente para continuar sin problemas. La verdad que voy muy cómodo con las sandalias, tanto es así, que estoy pensando en llegar a Sahagún, ya veremos...

        El trayecto hasta Lédigos, discurre por la N-120 llegando a dicha localidad sin novedad. Es un pequeño núcleo de casas, la mayor parte de adobe y donde se ve alguna que otra cueva bodega. Llego a una especie de plazoleta con una fuente en la que me tomo un descansillo de cinco minutos.

        Pronto se deja el asfalto y me adentro por una senda de tierra entre escaso arbolado, presentándome en media hora en Terradillos de los Templarios, donde un cártel muy llamativo me señala donde está el Albergue de Peregrinos. A estas horas, son casi las dos de la tarde, la mayoría de los peregrinos han llegado y prefieren quedarse a pernoctar, es un buen sitio para fin de etapa. Así lo van a hacer el “grupo de los cinco”. Pienso un poco lo que voy a hacer sentado ante una mesa del hermoso patio tomándome una cerveza con almendras. Quedan 14 km para Sahagún. La verdad es que no me encuentro del todo mal, y si hago una prueba??. Dicho y hecho. Me despido de los compañeros de Camino y sin pensármelo dos veces, enfilo la salida del pueblo.

        Sigo por una pista de concentración parcelaria rodeado por todas partes por el verde cereal, llegando a la localidad de Moratinos, un punto muy especial por ser el ecuador del Camino Francés desde Roncesvalles. Me parece mentira haber podido llegar hasta aquí. En la fuente de la plaza celebro el acontecimiento bautizándome bajo el caño de agua, dando gracias al Apóstol Santiago por su protección.

        Poco después de dejar Moratinos, llego a un pozo con bomba manual emplazado en una vaguada, pruebo a mover la palanca, y efectivamente, un caño de agua fresca y cristalina brota del caño.

San Nicolás del RFeal Camino Media hora después y siguiendo por caminos de concentración parcelaria llego a San Nicolás del Real Camino, un pueblo que a tenor de sus casas, parece de mayor importancia y además es el último de la provincia de Palencia. Hago allí otro descanso de cinco minutos porque los kilómetros empiezan a pasar factura a las piernas y todavía quedan casi siete kilómetros para llegar.

        A la salida de San Nicolás, pronto se alcanza la carretera nacional, discurriendo el camino en paralelo y a la izquierda de la misma. Rebaso a unos peregrinos americanos que se encuentran en una orilla comiendo y descansando, son de los pocos que encuentro en este último tramo.

        En un nudo de carreteras, junto a un puente, paso por el mojón indicador de la Provincia de León, la provincia más ancha de todo el Camino de Santiago. Rodeo el puente por su izquierda y continuo en paralelo a la carretera. Es buena hora para llamar por teléfono a casa para preguntar por mi suegra que se encuentra hospitalizada en Murcia, está mejor -me comenta Loli- pero tengo que darte una mala noticia, Emilio del ISM ha fallecido esta Límites Palencia-Leónmañana de un infarto. Me paro en seco, la noticia me ha dejado helado, Emilio García Tárrega, compañero de trabajo en el ISM y excelente amigo, descanse en paz. Es una noticia muy triste para mí pues aunque ya hacía casi tres años que no trabajaba junto a él, nos veíamos con frecuencia en el bar Rialto o La Encina de Castellón, donde me ponía al corriente de los pormenores de la Oficina y hablábamos de todo un poco. Tenía tan solo 61 años y esperaba con muchas ansias la llegada de su jubilación y sentía una envidia sana hacia mí por haberme podido jubilar anticipadamente.

        Continuo mi Camino con la mirada fija en Sahagún y mis pensamientos ocupados en pasar una película de todos los buenos momentos que pasé en compañía del difunto Emilio, son cosas de la vida pero imposible que se te vaya de la cabeza.

        Ensimismado en mis pensamientos, me planto en la entrada del pueblo donde un peregrino guiri me alcanza y adelanta, me encuentro bastante tocado. Paso por un puente las vías de ferrocarril y torciendo a la derecha me presento en la Iglesia de la Trinidad, dedicada toda ella a albergar a los Peregrinos. No me produce mala impresión, han aprovechado la nave central que han dividido en altura por un piso de madera, sobre el que han colocado las literas separadas por tabiques cuatro a cuatro, todo en madera, los servicios con duchas individuales y dos grandes mesas por si quieres tomar algo, pero se me antoja algo frío.

Sahagún

        He llegado “molido”, me duelen las piernas y los pies por todos lados y encima me han salido unas ampollas en los talones de ambos pies. Ha sido una temeridad que he pagado con creces.

        Me doy una buen ducha, pero al salir noto bastante frío, parece que estoy algo destemplado, solo faltaba que cayese enfermo.

        Me pincho las ampollas con una aguja para sacarles el líquido, hago algo de colada y seguidamente salgo al exterior en busca de un sitio donde cenar. Después de dar unas vueltas por el centro del pueblo, decido entrar al Restaurante La Codorniz, es pronto todavía pero hoy no he comido bien y el estómago me pide comida. En la barra del bar encuentro a un peregrino que viene también solo y charlamos un rato mientras abren el comedor. Es de Segovia y me dice que mañana en El Burgo Ranero se reunirá con su esposa e hija, para hacer el Camino juntos el fin de semana. Sin apenas darme cuente, abren el comedor. Esta vez voy a dejar aparte el menú del peregrino y voy a pedir algo especial: sopa castellana, entrecot y cerezas, todo muy bien servido y rico.

        Doy una pequeña vuelta por la Plaza Mayor y aledaños para llamar por teléfono y al mismo tiempo bajar un poco la cena. Ha oscurecido y comienzo a notar frío, sigo destemplado y como ya no hay nada que ver, me dirijo al Albergue y me envuelvo con el saco de dormir, hay que descansar, a ver si me recupero para mañana.

Desde luego, la etapa me ha servido de lección sobre lo que no debemos hacer, casi 40 kms andando es un disparate. Lo tendré en cuenta de aquí en adelante.

        Hasta mañana. Buenas noches.

Frómista-Carrión de los Condes Sahagún-El Burgo Ranero

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