Vista de Mansilla de las Mulas desde el Puente de Piedra

19ª Jornada

Domingo, 12 de mayo 2002

El Burgo Ranero-Mansilla de las Mulas

Parcial 19 Km; Total 421 Km; A Santiago: 329 Km

Sesión de curas

            Me levanto con tranquilidad, no tengo prisa alguna, la jornada de hoy no es de las largas. La mayoría de los peregrinos ya estarán  en el Camino, no importa, he venido comprobando que al final nos encontramos en el mismo sitio.

        Hago un buen desayuno en el bar y parto en solitario hacia la salida del pueblo. He descansado muy bien y me encuentro en forma. Me sorprende que no haya oído croar a ninguna rana, aunque en honor a la verdad, que me digan en qué charca podrían subsistir??

        Afronto con resignación los trece kilómetros de soledad que me separan de Reliegos, después del tramo de Carrión de los Condes a Calzadilla, es el tramo más largo sin ningún pueblo intermedio. El paisaje más de lo mismo, la planicie parece no tener fin y esa monotonía que envuelve el paisaje hace eterna cualquier llegada. Una hora caminando hasta una zona de descanso con algún chopo pero bastante destartalada. Otra hora de marcha y el Camino cruza la vía del tren. Son detalles puntuales que sirven para dominar el aburrimiento y hacer mas soportable la soledad del tramo de Camino. Media hora más allá entro en Reliegos por su calle principal. A ambos lados observo unas antiguas cuevas-bodegas abandonadas con la techumbre hundida, solamente una de ellas a la derecha parece que sigue en servicio. Después de los trece kilómetros y pico recorridos creo que me merezco un descanso. Entro en un bar de la plaza Mayor donde almuerzo un pincho de tortilla española con vino mientras aireo los pies.

Albergue de Peregrinos de Mansilla de las Mulas  A la salida de Reliegos ya se puede divisar Mansilla de las Mulas lo que te da ánimo para avivar la marcha. El caminar se hace fácil por la carretera a punto de ser asfaltada. En una vaguada se me atraviesa una liebre que tímida y esquiva se pierde con ligereza entre los matorrales.

     En poco más de media hora, estoy entrando en el casco antiguo de la medieval villa de Mansilla de las Mulas. Guiado por las flechas amarillas encuentro pronto el Albergue, ubicado en una casa de pueblo situada en una de las céntricas callejas peatonales. Me reciben atentamente la hospitalera Laura ayudada por el voluntario alemán Wolf (el Lobo), me sellan la credencial y me asignan litera baja, menos mal, en una habitación frente al despacho. Ya hay bastantes peregrinos en el Albergue, posiblemente hoy sea un día que tendrán que colgar el cartel de “no hay billetes”. Una vez duchado y hecha la habitual colada, salgo a comer y a continuación la siesta a descansar los pies.

        Me levanto a la hora de costumbre y salgo al hermoso patio interior del albergue, donde se hacen corrillos de peregrinos charlando de los avatares del Camino como no podía ser de otra manera. El voluntario Wolf (el Lobo) resulta ser un correcaminos que se jacta de hacer una media de 60/65 kilómetros de jornada con un peso de 32 kg en la mochila. Nos quedamos todos bastante extrañados pensando para nuestros adentros que exagera, pero bueno, si nos engaña se engaña a sí mismo.

        El ambiente del Camino mejora cada día, ahora somos más españoles los que nos Tertulia y curas de pies en el albergueencontramos en él. Laura la hospitalera es muy simpática y servicial, allí en el patio se dedica a curar las ampollas de quien lo solicite mientras el Lobo se presta a masajear pies y pantorrillas. La conversación y bromas se van extendiendo y pronto formamos una verdadera piña de amigos.

        Comento con Laura si se acuerda de un peregrino de Castellón llamado José Manuel Flores, muy simpático y hablador y además gran amigo mío, que hacía el Camino en el año 1998 y tuvo que abandonarlo en Astorga a causa de llevar los pies hechos una carnicería por lo que cuando pasó por Mansilla, seguro que tuvo que curarle.
-Efectivamente que me acuerdo- me contesta Laura, -llevaba los pies hechos cisco, por supuesto que le recuerdo-. Entonces le suelto la noticia,
-Pues el pobre Flores falleció pocos días antes de retomar el Camino en Astorga, tenía una gran ilusión por concluirle-.
Laura se queda sorprendida ya que mi amigo Flores no había cumplido aún los 50.
- Lo siento muchísimo- me contesta-, era un excelente peregrino.

    Cuando termina la sesión de curas, un grupo que habíamos hecho migas, nos dirigimos a tomar café a un bar cercano acompañados de Laura y el Lobo. Hay que esforzarse mucho para hacernos comprender americanos, alemanes, holandeses, belgas, brasileños y españoles, una verdadera Torre de Babel. Juan el burgalés se hace cargo amablemente de la cuenta. Se nota que como lleva tres Caminos a sus espaldas, es un veterano. Me comenta que le quedan tres meses para jubilarse, estuvo al frente de una Droguería de su propiedad situada en el mismo centro de Burgos que ahora, convertida en una tienda de productos típicos de la zona, la tiene cedida en arrendamiento. Es muy campechano, viene acompañado por Visitación también burgalesa que trabaja de funcionaria en el Ayuntamiento. Los dos son muy sencillos y amables.

        Terminada la entretenida tertulia, salimos cada uno a nuestro aire. Yo me dedico a Mansilla de las Mulasvisitar el pueblo, a orillas del río Esla y rodeado de unas anchas murallas construidas de canto y adobe de las que se conserva gran parte, sobre todo las que dan al río, recorriendo sus callejas peatonales y sus plazuelas, es un lugar confortable para el peregrino y con mucha historia.

        Es hora de ir pensando en la cena, me dirijo a Casa Manolo donde ya se encuentra Juan y me siento junto a él. Charlamos abiertamente, me parece que al fin voy cogiendo el pulso al Camino. También charlo con el madrileño del “grupo de los cinco”. Me comenta que el Lobo ha negado el alojamiento al “segoviano” porque al verle demasiado fresco en compañía de su esposa e hija, se figuró que se trataba de unos turistas que querían colarse.

        Una vez terminado el socorrido menú del Peregrino, nos vamos a descansar que mañana entraremos en León y la etapa no es de las más recomendables. Duermo sin dificultad. Al despertar al día siguiente, Flor y Emi los eldenses, me dicen que esa noche me he portado bien, de mi boca no ha salido un solo ronquido. Me alegro.

Sahagún-El Burgo Ranero   Mansilla de las Mulas-León

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