Por el término de Montouto

24ª JORNADA

Domingo, 25 de junio de 2006

Fonsagrada (O Padrón) – O Cadavo

Parcial 27 km; Totales: 642,7 km; Restan: 139,6 Km

Al límite

            No he pasado muy buena noche que digamos. He tenido dificultades respirato-rias, el pecho me oprime y además noto un carraspeo molesto en la faringe. Pero hay que hacer de tripas corazón y levantarse. Los kilómetros irán dando cuenta de mis con-diciones físicas.

            Después de un buen desayuno, salimos del Albergue a las 07:15 horas. Ana y los dos catalanes lo han hecho antes. De nuevo la niebla, aunque parece que no es tan densa.

            Cruzando la carretera, nos dirigimos hacia el núcleo urbano de O Padrón. Junto a la Iglesia tomamos un camino entre huertos que discurre más o menos en paralelo a la carretera hasta que salimos a ella a la altura del cementerio (900 metros). De momento sin novedad. Vamos bien abrigados pues las alturas por las que caminamos (sobre los 1000 metros) y la niebla, hacen que haga bastante frío, lo cual no es nada bueno para mis dolencias.

            Por la derecha del cementerio, tomamos una senda que se introduce en el monte. Durante 600 metros, para salir a la carretera a la altura de una área de descanso. Cruzamos la carretera y tomamos un camino que se interna en el bosque durante 800 metros, donde vuelve a salir a la carretera. 300 metros más adelante, llegamos a una amplia curva donde la señalización nos desvía por un camino a la derecha que pasa entre fincas de cultivo por las proximidades de Villarlongo, pasando por la Ermita de San Isidro a unos 500 metros de haber tomado el desvío.

Hospital de Montouto y detrás el dolmen

            El camino continua en línea recta, pasando por unas extensas praderías. A la izquierda se nos aparecen las esculturas en piedra de unos toros que asemejan a los de Guisando. Juan no se resiste a montarse en uno de ellos y Pepe aprovecha la circunstancia para hacer una foto. A 1500 metros de la ermita, llegamos a la de Santiago de Pedrafitelas ya en la carretera por la que andamos unos 600 metros para tomar un desvío a la derecha que nos deja, después de recorrer unos 800 metros en el poblado de Montouto. Después de una corta bajada, seguimos de frente. En lo alto ya podemos ver los molinos eólicos. Seguimos por la pista que asciende y tras recorrer 1300 metros desde Montouto, nos plantamos en lo alto de la loma donde se halla situadas las ruinas del antiguo Hospital de Montouto. Son las 09:00 horas. Hacemos una parada. Junto a las ruinas un dolmen recuerda los túmulos funerarios de nuestros antepasados. Estamos a unos 1000 metros de altura, en un paraje inhóspito donde solo caben los molinos del Parque eólico que giran sin parar. Es impresionante la envergadura de los molinos. Hay que acercarse a ellos para darse verdadera cuenta.Yo me encuentro cada vez peor y temo que el catarro se me haya pasado al pecho. Estoy intranquilo y para evitar enfriarme más, les digo a mis compañeros que voy a continuar despacio mientras ellos se entretienen fotografiando molinos. Ya me alcanzarán, de eso puedo estar seguro.

Molino del Parque Eólico de Montouto
(la mancha que se ve en la base es Juan)

            Inicio la bajada por una pista con mucha pendiente que discurre paralela al Parque Eólico. De nuevo me está costando dar un paso. Bajo con lentitud pues mis piernas comienzan a flaquear y el dolor de la espalda se agudiza por momentos. Estoy deseando llegar al próximo pueblo para descansar bajo techo de algún bar. Compruebo como la aridez de la cima se va convirtiendo en un bosque de pinos con un sotobosque cubierto de helechos. Es curioso observar la cantidad de helechos que pueblan las laderas de las montañas gallegas.

            Tras recorrer unos 2 km la señalización me desvía a la derecha por un sendero que conforme va descendiendo en fuerte pendiente se va cerrando de maleza. Voy sufriendo de verdad. Mi cabeza comienza a urdir pensamientos nada halagüeños. Me voy planteando la necesidad de tomarme por lo menos un día de descanso, a ver si mejoro del fuerte resfriado y recupero las fuerzas. Maldita niebla del Acebo!!, aunque los kilómetros que llevan mis piernas también tendrán parte de culpa. Voy separando con los bastones tojos, zarzas y helechos . Me alcanzan Juan y Pepe y reagrupados terminamos la bajada, interminable para mí, hasta salir a la carretera a la altura del poblado de Paradavella.

            Son las 09:45 horas cuando entramos en el primer bar que encontramos. Juan me aconseja tomar un taxi hasta O Cadavo y descansar en el Hostal “La Moneda”, cuyos propietarios son amigos suyos. Los que le suministran el orujo que tan buena aceptación tiene entre los amigos de Castellón. Pienso que Juan tiene razón, estoy al límite de mis fuerzas y todavía quedan por vencer el duro repecho de A Lastra y el puerto de Fontaneira. Es inútil seguir machacándome. En el estado en que me encuentro lo más seguro es que no voy a poder llegar. Casi no tengo ganas de abrir la boca. Me tomo un poco de queso y agua. La mujer se nos queja de la soledad que se siente en el poblado y lo duro que es el trabajo de la casa, el bar y la huerta. Juan bromea con el matrimonio, sobre todo con la mujer. Unos sutiles comentarios sobre el "sábado, sabadete..." la hacen ponerse en guardia y llamar la atención del marido con el que intercambia una sonrisa de complicidad. Eso, eso -le dice la mujer- mira lo que dicen, aplícate el cuento. Todos nos reimos por la ocurrencia de Juan y la inmediata respuesta. Todo esto, es el síntoma mas palpable que pasan pocos peregrinos por aquí. Nos comentan que una peregrina acompañada por dos chicos no hace mucho que han estado aquí. Seguro que son Ana y los dos catalanes. El propietario del bar, da la casualidad que es taxista y se ofrece para llevarme a O Cadavo.

Subiendo a Lastra

            Juan y Pepe aprovechan el taxi para despojarse de sus mochilas. Por lo menos harán el tramo más duro de la etapa (unos 13 km) ligeros de peso. Nos despedimos hasta O Cadavo. Al taxista se le ha olvidado recomendarles que tomen la carretera para subir hasta A Lastra. La senda señalizada que sale a la derecha, no tiene sentido. Te hace bajar para después subir en fuerte repecho. No se adelanta nada y es un rompe piernas.

            Un poco antes de llegar a Lastra, veo a los dos catalanes tirando de Ana a buen ritmo de subida. Ellos han hecho caso de la recomendación.

            Pienso que he hecho bien en dejar de andar porque las cuestas de A Lastra y Fontaneira son de las que se las traen. El taxista me va explicando por donde discurre el Camino. Evidentemente es muy duro.

            Llego al Hostal “La Moneda” donde me atiende con amabilidad José Antonio (el hijo del propietario). La ducha me deja casi nuevo porque el resfriado sigue dentro. Entrego mi ropa para lavar y me acuesto a descansar hasta que aparezcan mis compañeros de fatigas.

            A las 13:30 horas me llama Juan. Ya han llegado y están en el Albergue. Me acerco para encontrarme con ellos. Están más frescos que una lechuga. No sabes lo bien que se va sin mochila –me dicen contentos-vas como flotando en el aire. Aunque hemos sudado la camiseta sobretodo para vencer el último repecho de A Lastra. Allí nos hemos tropezado con los madrileños exhaustos. Veo a Ana y los catalanes y también a los ovetenses. El Albergue es de lujo, pero no hay enchufes en los dormitorios.

Llegando a Cadavo

 

            Nos vamos a comer al restaurante del Hostal. De menú un caldo gallego bien calentito y merluza a la gallega. De categoría. Mientras comemos aparecen los ovetenses. Ana y los catalanes se han ido a comer a otro sitio.

            La buena comida, se merece una buena siesta. A media tarde, me acerco al Albergue donde formamos una animada tertulia peregrina. Ana se muestra como una persona con una personalidad muy definida. Tiene una escala de valores muy sui generis. Nos dice que ha llegado a conocer a la Madre Teresa de Calcuta con la que estuvo unos días ayudándola. Con Juan continúa su particular polémica espiritual iniciada en O Padrón la noche anterior. Aparece el “suizo loco” Aurel con el que compartimos mesa durante la cena. El solo se bebe una botella entera de vino con el consiguiente efecto. Con la seriedad que se palpa en el ambiente, intenta formar algo de juerga. Juan se pone nervioso y le tiene que llamar al orden. Aquí no –le dice- son amigos y que van a pensar de nosotros. Vamos fuera y allí cantamos y reímos todo lo que quieras. Menos mal que le convence y se aplaca.

            Les digo que mañana me voy a tomar un día de descanso. Me iré en autobús a Lugo donde lo primero que haré es ir a que me vea un médico. No las tengo todas conmigo. He llegado al límite.

            Después de la cena, ellos se van al albergue y yo me subo a la habitación. Necesito un buen descanso.

            Me enchufo el respirador y a dormir si puedo.

            Buenas noche y hasta mañana.

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