Embalse de Salime

22ª JORNADA

Viernes, 23 de junio de 2006

Berducedo – Grandas de Salime

Parcial 22,5 km; Totales: 587,9 km; Restan: 194,4 Km

Las hogueras de San Juan

            Esta noche he dormido de un tirón. La Sra. Amelia me espera en la cocina donde me sirve un buen desayuno. A la pobre la he hecho levantar más pronto de lo que acostumbra. Después de pagarle le agradezco sus atenciones. Ha vuelto la niebla –me dice- le deseo Buen Camino. Y a las 06:30 ya estoy saliendo hacia La Mesa.

            Envuelto en la niebla, paso por la fuente y la Iglesia donde la calle inicia una subida hacia el monte. Al pasar las últimas casas del pueblo comienza un camino que remonta la ladera hasta lo más alto donde se interna en un pinar desembocando en la carretera. Gracias a la estupenda señalización no da lugar a perderse. Tomo la carretera hacia la izquierda y tal como tenía previsto, a las 07:30 horas, me encuentro entrando en La Mesa. La niebla continua espesa. Inmediatamente busco a Juan y Pepe que se encuentran en el exterior del Albergue esperándome.

            El albergue no está tan mal. Es pequeño pero apañado. Allí se encuentra pensativo el joven sevillano. Llegó casi de noche –me comenta Pepe- y después de asearse estuvo haciendo yoga. Estaba desencajado. Veremos hasta donde llega. En La Mesa existe también una Casa rural (La Rectoral) pero solo dispone de 4 habitaciones que suelen estar reservadas por los guiris. Dan de cenar y desayunar.

 
Capilla de Buspol en la niebla
 
Interior de la Capilla

            A las 07:40 horas estamos saliendo por la carretera hacia el Alto de Buspol. Es una subida exigente de unos 1200 metros desde La Mesa. Por el Puerto pasan unas torretas de alta tensión. Oímos el ronroneo de los molinos eólicos que deben estar por alguna parte aunque la niebla nos impide verlos.

En el puerto, tomamos un camino por la derecha ya en descenso y 800 metros después pasamos por una casa que forma parte del poblado de Buspol que debido a la niebla no conseguimos distinguirlo. Se sigue sin ver a dos palmos de distancia. A unos metros de la casa nos encontramos con la pequeña Ermita de Santa Teresa y Santiago construida con losas de piedra y tejado de pizarra, haciendo una parada para ver su interior por una ventana junto a la puerta. Un interior muy primitivo en el que distinguimos las imágenes de Santiago y Santa Teresa sobre el altar adornado con jarrones de flores.

Saliendo de Buspol

Transcurridos unos metros por terreno llano entre ribazos de losas de piedra comienza la pendiente propiamente dicha. La visibilidad sigue siendo totalmente nula. A unos 850 metros de la Ermita, el camino desemboca en una pista que tomamos a la izquierda, en la que la pendiente se muestra con mayor crudeza. A unos 1500 metros de bajada y tras una curva muy cerrada a la izquierda nos internamos en un pinar. Después de muchas revueltas que algo alivian la fuerte pendiente y de andar unos 1400 metros desde la curva de entrada al pinar nos encontramos casi a la orilla del embalse a la altura del antiguo poblado de Salime, hoy totalmente en ruinas. De vez en cuando asoman las aguas del embalse entre los bancos de niebla que se desplazan con el viento. Unos 600 metros después llegamos a una curva muy cerrada a la izquierda donde advertimos en la ladera un alto ribazo en círculo construido con piedras y losas. Se trata de un viejo cortín, un colmenar protegido para evitar que los osos pudieran acceder en busca de la preciada miel, bocato de cardinale para ellos. Los cuadriceps han tenido que trabajar lo suyo para vencer la bajada, pero se están portando.

Antiguo "cortín"

            A unos 1500 metros del cortín, entramos en un frondoso bosque de castaños que en esta época se encuentra en plena floración dando unas coloraciones sorprendentes. Nos introducimos en el bosque por un sendero que sale de la pista por la izquierda y zigzagueando bajo las frondosas copas de los castaños, alcanzamos por fin la carretera. Es un tramo precioso de unos 800 metros. Son las 10:15 horas, por lo tanto hemos invertido dos horas y media para llegar a este punto desde La Mesa. Desde el Alto de Buspol han sido 9 km.

Una vez en la carretera andamos unos 300 metros para acceder, por un estrecho túnel horadado en la roca, a un mirador desde donde podemos contemplar con detenimiento la impresionante pared del dique del embalse de Salime y abajo la central eléctrica. 400 metros más adelante llegamos a la mediana del dique.

Salida del castañar a la carretera

Desde aquí, se inicia una remontada por la carretera que discurre paralela al embalse lo que contribuye a seguir admirando bellas vistas. La niebla nos ha dejado dando paso a un sol radiante aunque los bancos siguen por las alturas. A 1 km del dique, llegamos a un antiguo Hotel con bellas vistas al embalse que se encuentra cerrado a cal y canto. No obstante, hacemos una parada técnica para reponer fuerzas. Sentados en las escaleras de acceso al hotel, damos buena cuenta de la bollería adquirida en Berducedo, tabletas energética y sobres de “Flectomín”. Mientras nos encontramos en pleno almuerzo, nos pasan una pareja de peregrinos austriacos que han dormido en “La Rectoral” de La Mesa. El va con la cabeza rapada al cero aguantando el fuerte ritmo que impone ella.

Seguimos ascendiendo y a 900 metros del Hotel después de una cerrada curva que salva un ramal del embalse, nos detenemos en un mirador que parece haber sido construido a propósito de dar un último vistazo al embalse. Observamos la pronunciada y escabrosa ladera por la que hemos descendido del Alto de Buspol que sigue cubierto por la niebla.

Mirador desde el dique

Seguimos ascendiendo bordeando el embalse. El almuerzo nos ha dado nuevos bríos que hacen que nuestra marcha sea muy viva. Tenemos a los austriacos en el punto de mira y los alcanzamos sin problemas. Es uno de los días que mejor me encuentro y esta vez no tengo problemas para seguir el ritmo de Juan. A 2,3 km llegamos a otra curva de las de herradura donde advertimos una desviación que en fuerte bajada debe ir a dar al embalse al lugar donde se encontraba el desaparecido pueblo de Salime. Si las informaciones que tenemos son ciertas, muy pronto se podrá salvar el embalse en barca saliendo a este lugar con lo que se evitaría un gran rodeo.

Desde la curva, seguimos soportando la cuesta, menos mal que vamos arropados por los castaños que se prodigan a ambos lados de la carretera. A la salida de una curva de 90º a la izquierda ya podemos divisar Grandas de Salime que tenemos a tiro de piedra, solo nos queda superar los últimos 400 metros de carretera y casi 300 metros de acceso al pueblo para encontrarnos junto al Ayuntamiento. El reloj de la Colegiata nos da la bienvenida con las campanadas de las doce en punto. Han sido 6 km de constante subida desde el dique.

Inmediatamente accedemos al Albergue que está ubicado en los bajos del Ayuntamiento. Somos los primeros. Observamos que todo se encuentra muy limpio. Deben haber dado una buena limpieza recientemente. Porque las referencias que teníamos de este albergue no eran muy buenas.

Maquinaria del molino

Una vez duchados y de haber dejado tendida la colada, nos acercamos al Museo Etnográfico. En el Museo recibimos la ayuda de una guía que nos va instruyendo por las distintas dependencias. Todo el conjunto gira en torno a la sociedad rural tradicional asturiana que hasta no hace muchos años era el modus vivendi en el campo. Se trataba de una economía de subsistencia en la que la mayor preocupación era conseguir el autoabastecimiento para no depender de los comercios y mercados locales. La casa, en la que se incluía tanto la vivienda y los residentes en ella como las tierras, ganados, árboles y utensilios, tenía el nombre de la familia propietaria. Además de cultivar la tierra y criar el ganado, tenían que amasar y cocer el pan, matar los cerdos para fabricar los embutidos, hilar la lana y el lino para hacerse con la ropa y la elaboración del vino y el orujo. Todas estas labores que exigían unos conocimientos muy amplios, se repartían entre los familiares según sexo y edad. En el museo pudimos ver todo aquello que la familia precisaba. La casa, el hórreo, la panera, el molino, las cuadras, los corrales, las bodegas, cabañas así como todos los aperos y herramientas a propósito y los enseres domésticos. Hasta hemos podido ver funcionar un molino produciendo harina. Todo el conjunto te transporta a tiempos pasados y te da una idea bastante objetiva de la economía de subsistencia. Una visita muy interesante.

De vuelta al albergue vamos viendo como van llegando peregrinos, entre ellos Javi el sevillano, una pareja de amigos catalanes, unos franceses, unos italianos. El albergue está casi a tope.

Colegiata de Grandas

Es hora de comer. Javi se viene con nosotros al Bar La Arraigada donde comemos con apetito el socorrido menú del peregrino. Javi se encuentra muy cansado, se veía llegar. Ya veremos si no tiene que abandonar. Lo que hizo la primera etapa fue una barbaridad que más pronto o más tarde se paga.

Tras la comida un servidor se va a echarse la siesta. Juan, Pepe y Javi se acercan a un bar para ver por TV el partido España-Arabia correspondiente al Mundial de Fútbol.

Por la tarde termina de llenarse el albergue. Llegan dos peregrinas nuevas, Ana y la noruega Elisabeth que se instalan en la litera próxima a la de Pepe y los dos catalanes. El ambiente peregrino se palpa.

En la Plaza del pueblo actuará un acordeonista que amenizará la noche de San Juan.

Santiago de la Colegiata

Asistimos a Misa en la Colegiata del Salvador, dependiente de la Catedral de Oviedo que en su día contó hasta con 13 canónigos según nos informa el párroco. En la misa coincidimos muchos peregrinos, entre ellos los ovetenses Antolín, Tere y Violeta que se alojan en un hostal. También advertimos la presencia de Aurel, el suizo que coincidimos en Tineo.

Terminada la misa nos acercamos a la plaza donde el acordeonista no se resiste a comenzar una pre-actuación. En la plaza han colocado unos chiringuitos en los que se tira la sidra y te ofrecen los famosos bollos preñaos y otras tapas típicas. El ambiente va in crescendo por momentos. La pira para la hoguera de San Juan va creciendo con enseres viejos que la gente retira de sus casas. En el pueblo más recóndito del territorio español, por pequeño que sea, se celebra la Noche de San Juan, la noche de las hogueras. Y Grandas de Salime no iba a faltar a la cita. Esta noche se avecina una buena.

Nos acercamos a cenar a “La Parrilla” donde no nos atienden muy bien. Parece como si faltase personal.

Mientras anochece nos quedamos por la Plaza junto a los peregrinos conocidos, charlando, riéndonos y escuchando los sones que salen del acordeón del actuante.

"Tirando" la sidra

Ya entrada la noche, Juan y yo nos retiramos a dormir que mañana tenemos que estar descansados para acometer la subida al Acebo. Pepe tiene ganas de juerga y se queda en la fiesta más tiempo con Aurel ( el suizo loco), y Javi, son más jóvenes y pueden con todo.

Cuando llevo un buen rato en el Albergue tratando de conciliar el sueño, aparecen de vuelta los festeros. Aún a Pepe le queda fuelle para cuchichear y reírse por lo bajinis con Ana y la noruega acompañados del sonsonete de fondo cada vez mas lejano del acordeón hasta que poco a poco vamos todos cayendo en los brazos de Morfeo.

Buenas noches y hasta mañana.

  

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