Capilla de Santiago en Montefurado

21ª JORNADA

Jueves, 22 de junio de 2006

La Mortera - Berducedo

Parcial 23,5 km; Totales: 565,4 km; Restan:216,9 Km

La ruta de los Hospitales

            Hoy he dormido de lujo. A las 06:00 horas me levanto bastante recuperado. Una buena ducha y el desayuno que me ha dejado el camarero en la habitación, son suficientes para iniciar una jornada que promete ser interesante, por lo menos sobre el papel.

            A las 06:45 horas se encuentra como un clavo Luis el taxista ante la puerta del hotel. El día no es ni mucho menos el de ayer. Lamentablemente la niebla ha hecho acto de presencia y se esparce por las laderas de las montañas. Durante el trayecto, y ante el temor de una posible pérdida por los Hospitales, Luis me tranquiliza diciéndome que el recorrido está perfectamente señalizado. Por lo menos hasta el límite del término municipal de Pola –agrega Luis- está marcado para tontos. No era esa la idea que yo tenía –le contesto-. Ha sido recientemente marcado con estacas –continúa Luis-.

            Conforme vamos ganando altura hacia La Mortera, la niebla se va haciendo más densa. Dudo que con la visibilidad que hay podamos acometer la subida. Demasiado riesgo, pienso yo. Tengo entendido que la niebla es el peor enemigo para afrontar con éxito la subida a Hospitales.

            Cuando llegamos a La Mortera, Juan y Pepe están terminando el opíparo desayuno que les ha preparado Elena. Mal día para subir a Los Hospitales –nos dice Elena- yo que ustedes esperaría un rato a ver como se desarrolla la mañana. Nos quedamos pensativos esperando lo peor pero media hora después Elena nos dice que ya podemos salir, predice que la niebla irá desapareciendo conforme transcurra la mañana.

            A las 07:30 abandonamos el Bar Boto no sin antes despedirnos de la buena de Elena que tan atenta ha sido con nosotros. Por si fuera poco, nos ha proporcionado un bocadillo a cada uno.

Ermita de San Pascual

            Partimos en dirección a Pola y a unos 200 metros se toma una carretera a la derecha que tras un fuerte repecho de 100 metros nos deja en la Ermita de San Pascual donde recuperamos las señales jacobeas. La niebla se “masca” y no nos permite ver mas allá de los 50 metros. Además la temperatura es tan baja y húmeda que nos hace ir abrigados de verdad. Incluso tengo que ponerme la braga y los guantes.

            Una vez en la Ermita, el camino gira a la izquierda por una pista que poco a poco va remontando la ladera. Vamos casi a ciegas. Menos mal que Luis el taxista tenía razón y cuando pasamos una estaca ya estamos viendo la siguiente. A 3 km de subida constante aunque llevadera, llegamos al paraje denominado La Paradiella donde se inicia una suave y corta bajada en la que nos podemos dar un respiro para inmediatamente acometer una ascensión importante durante al menos 1 km hasta unos pinos bajos que destacan a duras penas entre la niebla. Qué lástima no poder contemplar el paisaje que dicen es espectacular. Pero lamentablemente seguimos sin ver nada a dos palmos de distancia.

 
Comienza la subida, no se ve nada
 
Seguimos subiendo

            Desde los pinos y en constante subida llegamos 2 km más arriba a las ruinas del que fue Hospital de peregrinos de Fonfaraón donde hacemos un receso para tomar aire y agua y descansar un rato. Solo podemos ver un pequeño refugio de piedra y unos ribazos bastante deteriorados por los alrededores. Son las 09:30 horas. Con visibilidad normal hubiéramos visto, por detrás del refugio, la silueta cónica y pelada del Pico de Hospitales con una cota de 1200 metros.

 
En el Hospital de Fonfaraón

            Cuando reanudamos el Camino, somos protagonistas de una estampa que no olvidaremos mientras vivamos. Como por encanto, aparece a nuestra vista la imagen difusa de una manada de caballos entre la niebla, unos trotando y otros pastando en la braña. Una imagen irrepetible que nos compensa de todas las demás vistas que hubiéramos podido contemplar con buena visibilidad.

Caballos en la niebla

            Cresteando por la sierra, llegamos a la altura del segundo Hospital de Peregrinos, el de Valparaíso, situado a 1,5 km del primero que se distingue a duras penas por las piedras desperdigadas que existen en el prado casi sin cerca.

Laguna de La Marta

            A 2,5 km de este segundo Hospital llegamos a la Laguna Grande, también llamada de La Marta , son las 10:35 horas. En la ribera de la laguna, cuyas aguas se encuentran muy sucias, descargamos las mochilas para tomar un bocado del suculento bocadillo proporcionado por Elena. Seguro que estará pensando si nos habremos perdido. Si hubiera cobertura la llamaríamos para dar señales de vida pero las ondas no llegan a estos recónditos parajes. La densa niebla movida a ras de tierra por el viento, que ha comenzado a soplar, hace que la estancia junto a la laguna sea bastante molesta. Además, al estar sudados, sentimos bastante frío aquí parados. Hay que apurar lo más rápido posible los bocadillos y continuar si no queremos pillar algo indeseable. Pepe se dirige al otro lado la laguna para sacar unas fotos. Con la niebla que hay, no creo que salga nada. De pronto, llegan a nuestros oídos los relinchos de los caballos. Será posible que nos vayan siguiendo?–pregunta Juan-. De vez en cuando alguno de ellos aparece y desaparece difuminado por la niebla que para ellos parece no ser ningún problema, deben estar acostumbrados. Pastan tranquilamente en las brañas como si la fosca no fuera con ellos.

            Guiados por la magnífica señalización, chapeau para los marcadores, reanudamos el Camino por altibajos soportables y a 1,5 km de la Laguna alcanzamos la carretera en el Alto de La Marta.

Alto de La Marta

            En el Alto hay que prestar mucha atención. Un mojón situado frente a nosotros a la derecha de la carretera, te dirige por un camino hacia arriba en dirección al Puerto del Palo, es el Camino oficial que “NO DEBERIAS SEGUIR pues darías un gran rodeo”, como bien apunta la guía de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Astur-Galaica del Interior.. El bueno es el que parte a la derecha entre el mojón y el quitamiedos que en bajada suave bordea la montaña. Hay una flecha amarilla en el quitamiedos y manchas amarillas una vez metidos en el camino.

            Mientras descendemos por el sendero, observamos como la niebla se va disipando, dando paso a grandes claros y poco después a un radiante sol que por primera vez en la etapa nos permite contemplar una panorámica grandiosa de la sierra. En las laderas de pronunciadas pendientes pastan a su antojo grupos de vacas y caballos. Y con el gusto de poder ir disfrutando del paisaje, a 1,5 km del Alto de la Marta llegamos a unas sucias charcas donde se chapuzan descaradamente un grupo de vacas. A ver por donde pasamos ahora.

 
Las charcas
 
Brañas de Vallidanosa

            Dando un pequeño rodeo para no molestarlas, franqueamos las charcas dando a un espléndido mirador desde donde divisamos en la profundidad del barranco unas brañas rodeadas de abundante arboleda. Son las Brañas de Vallinadosa hacia donde tenemos que dirigirnos. Por delante de ellas atraviesa una pista donde parece distinguirse un mojón.

Caballos en la ladera

            Así que ladera abajo, Juan y Pepe se lanzan hacia la pista mientras yo atiendo urgencias. La ladera está casi en su totalidad cubierta de helechos. Observo como Juan y Pepe tiran ladera abajo entre los helechos haciendo eses. Poco después hago lo mismo siguiendo sus huellas y sorteando como puedo las numerosas boñigas sin hacer mucho caso de sendas ni trochas. Hay que descender como sea entre los espacios dejados por los helechos hasta el punto de mira que es la pista junto a las brañas. Es aproximadamente 1 km de descenso. En la pista me esperan Juan y Pepe.

            Una vez en ella, a la izquierda advertimos un enorme socavón conocido como La Freita, una de las zonas de minería de oro más importante en la época de los romanos. Nos imaginamos a los esclavos horadando la ladera en busca del preciado mineral.

            Tomamos la pista hacia la izquierda que emprende una exigente subida, hasta llegar a una curva cerrada a la izquierda desde donde ya podemos ver frente a nosotros, tras otra gran depresión, el caserío de Montefurado y la traza de la carretera que desciende desde el Puerto del Palo haciendo eses por la ladera. Desde las brañas hasta la curva serán unos 800 metros.

            Ahora solo nos queda bordear el barranco hasta alcanzar la carretera, unos 1500 metros desde la curva.

            Cruzamos al otro lado de la carretera y después de recorrer unos 300 metros por un sendero llegamos al pequeño poblado de Montefurado, -por lo de los montes de oro –nos aclara Juan-. Aquí es obligada una parada. Es mediodía y aunque el sol luce radiante, la brisa que corre sigue siendo más bien fresca por lo que no es aconsejable desprenderse del polar.

            En el pueblo no hay un alma. Debería estar por ahí José, su único habitante, pero no aparece por ningún lado y es una pena porque nos hubiera gustado saludarle y visitar la pequeña iglesia donde dicen que hay una imagen de Santiago muy peculiar. Otra vez será. No obstante entramos al patio de su casa, nos refrescamos bajo el grifo de agua y rellenamos las cantimploras.

            Reanudamos el camino por una senda que discurre por una loma en pendiente que al principio se aleja algo de la carretera para después discurrir paralela a ella. Desde la loma advertimos la presencia de un peregrino que viene pisándonos los talones y a punto de alcanzar la carretera por la senda que desciende del Palo, una pareja mayor que nos da la impresión que sea el matrimonio mayor francés.

            Poco después el joven peregrino que viene tras nosotros nos alcanza. Se trata de un francés que también ha venido por Hospitales y que nos adelanta en la bajada hacia la carretera que alcanzamos tras él en el Collado del Couso. El joven busca un lugar adecuado para tomar algo pero nosotros preferimos hacerlo en la localidad de Lago de la que nos separa 1,5 km por carretera.. Desde Montefurado han sido unos 2,3 km de senda.

Tejo centenario de Lago

            Son las 13:30 cuando delante de un tejo centenario que se encuentra a la entrada del pueblo, Juan pide a Pepe que le haga una foto. Poco después entramos en el bar para comer. A pesar de la niebla hemos llegado aquí sin grandes problemas. Estaba convencido que la subida de Hospitales era mas dura de lo que realmente es.

            De menú tenemos macarrones con tomate y huevos fritos con patatas y jamón. Muy adecuado para recuperar calorías. En vez de los huevos fritos yo me pido tortilla a la francesa. No me fío, ahora que el estómago se encuentra mejor, no vaya a ser que recaiga. Por supuesto los huevos son de corral. El color amarillo intenso de la tortilla delata su “noble” procedencia. Hacía tiempo que no los comía. Advertimos como un bicigrino que come en la mesa de al lado, devora la gran fuente de macarrones que le han puesto dejando limpio el plato. Al poco rato entra el matrimonio francés. Efectivamente eran ellos los que veíamos desde la loma de Montefurado.

            Concluida la comida y tras un oportuno descanso, reanudamos el Camino. A la salida de Lago, se toma una senda que sale por la derecha de la carretera y que en 800 metros se interna por un frondoso pinar maderero. Da gusto caminar a la sombra de los pinos. A la salida del pinar viene un tramo de carretera y por una pista que sale por la izquierda nos lleva directamente a Berducedo (a unos 4 km de Lago).

            En Berducedo entramos en el bar de la Sra. Amelia que nos atiende muy bien. Llevamos unos 24 km recorridos y no quisiera pasarme, precisamente hoy que parece que me encuentro mejor. Así que decidimos que yo me quede allí si la Sra. Amelia me ofrece una cama. Como era de esperar no tiene ningún inconveniente de cederme una habitación de su propia casa para quedarme a pasar la noche. Juan y Pepe compran provisiones para cenar porque desconocen lo que les deparará el destino en el Albergue de La Mesa. Quedamos en que mañana saldré a las 06:30 horas para llegar a La Mesa una hora después y emprender juntos la siguiente etapa.

            Mientras espero en la tienda a que la Sra. Amelia atienda el negocio, llega un joven peregrino sevillano reventado. Dice que hoy ha salido de Tineo. Así viene él!! Ya veremos si no tiene que retirarse. Me dice que quería comprobar sus fuerzas hasta donde le llevarían. Y además quiere llegar a La Mesa. Creo que has cometido un gran error amigo mío –le digo- al Camino no se viene a competir. Me contesta que sí, que lo sabe, pero quería probarse. Allá él. Cuanto me queda para La Mesa? .me pregunta-. Unos 4 Km –le respondo. Después de hacerse con unos víveres se aleja renqueando. Buen Camino, amigo!!, pero todavía tienes mucho que aprender de él.

Pinares entre Lago y Berducedo

            Una vez solo en la habitación me doy una buena ducha, creo que la mejor del Camino y me tumbo a sestear hasta las seis y media. Salgo al exterior a disfrutar del sol pues ha quedado una tarde espléndida. Me decido a dar un paseo hasta encontrar la salida del pueblo por el Camino. Paso por la iglesia en cuyo porche leí en algún sitio que había pasado la noche algún peregrino.

            De vuelta, dirijo la mirada hacia las cumbres de la Sierra del Palo donde vuelve a asentarse bancos de niebla. Ya veremos mañana lo que me reserva el tiempo.

            En el bar de la tienda me siento a escribir un poco pero Amelia tiene ganas de charla y no tengo más remedio que atenderla. Me cuenta su vida en el pueblo. Sus negocios con las vacas. Ahora solo criamos vacas para carne –me dice- dan menos trabajo que las lecheras. A nuestros años hay que descargarse de trabajo pues los jóvenes emigran a las ciudades, no quieren el campo ni en pintura, solo para descansar unos días. Es verdad –le contesto- deben ser muy duros los inviernos por estas tierras. Le pregunto por José de Montefurado. Hoy no le hemos visto –le digo-. Estaría cuidando las vacas. Hoy ha ido su hermana. Va un día a la semana para dar un repaso a todo. Para mis adentros pienso para comprobar si su hermano sigue vivo.

            Charlando, charlando va cayendo la tarde. Es hora de cenar. Amelia me sirve un caldo calentito, una tortilla de patatas y carne guisada que ingiero con prudencia, no quisiera recaer.

            Y sin más a dormir bien abrigado pues la noche se ha vuelto fría. Mañana hay que madrugar.

            Buenas noches y hasta mañana.

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