Al fondo la Sierra de los Hospitales desde el Alto de la Guardia

20ª JORNADA

Miércoles, 21 de junio de 2006

TineoLa Mortera

Parcial 21,8 km; Totales: 541,9 km; Restan: 240,4 Km

El Camino Primitivo (3)

            Hoy no hay necesidad de madrugar tanto. Sobre el papel, la etapa no reviste demasiada dificultad. Menos mal que he dormido casi de un tirón pero las molestias estomacales no han terminado de desaparecer. A partir de ahora, habrá que ser prudente con la comida.

            A las 07:30 horas ya nos encontramos en el Bar Don Miguel desayunando junto al matrimonio mayor francés que nos dan los buenos días con mucha cortesía. Un cuarto de hora después iniciamos la etapa.

            Como el Albergue se encuentra en un barrio de Tineo, debemos acercarnos primeramente al centro del pueblo, concretamente a la Plaza del Ayuntamiento. Desde ahí se toma a la derecha la Travesía de la Torre con fuerte repecho en busca del Camino de la Sierra pasando junto a la Iglesia Parroquial de San Pedro con crucero en el atrio. Allí está situada una vieira que señaliza la salida, dejando atrás enseguida las últimas casas de Tineo y marchando por el Camino de la Sierra a media ladera del monte.

Capillita de San Juan junto a la fuente homónima

            A unos 500 metros de la Iglesia nos encontramos a la derecha con la Fuente de San Juan donde nos avituallamos de agua. Junto a la fuente hay una capillita con la imagen de San Juan. Pepe no duda en hacer unas fotos. Hoy el cielo está radiante, vamos a tener un día precioso. Continuamos a media ladera bordeando el Alto de Navariego. La panorámica hacia la izquierda es magnífica. Juan y Pepe se quedan un poco rezagados. Como siempre sigo mi ritmo, ya me alcanzarán. Paso junto a un indicador donde se puede leer “Mirador de Letizia”. Desde luego la vista que se divisa merece el nombre de la princesa consorte. A lado, en la pared de una casita alguien ha escrito: “Aquí viven los últimos de Filipinas”, curioso de verdad. Sigo mi marcha entre robles en continuo ascenso bordeando la montaña. Poco después me dan alcance Juan y Pepe. Conforme vamos ganando altura las vistas panorámicas mejoran. Qué bien se camina por estos parajes. Todo está tan verde!!  Los pájaros trinan sin parar amparados en la hermosa mañana y las vacas pacen sin preocupación en los pastos de las laderas. Un paisaje espectacular. Quizá el más claro de los contemplados hasta el momento en el Camino Primitivo.

Bordeando la ladera de Navariego

            A 5 km de Tineo alcanzamos el Alto de La Guardia situado a casi 900 metros de altitud. Aquí ya se acabó la arboleda. Estamos en la cumbre y como es normal el terreno está muy pelado. El escenario se abre abarcando tal amplitud que pueden verse hacia el sur la Cordillera Cantábrica limítrofe con León y hacia el oeste la sorprendente Sierra de Hospitales que mañana tendremos que superar.

            Cresteando la sierra recorremos en descenso los 1800 metros que nos separan del cruce de Piedratecha, tomando la carretera de la derecha. A unos 500 metros dejamos el asfalto un camino que sale a la izquierda y que desciende fuertemente hacia el fondo del valle a través de un frondoso bosque de robles, hayas y abedules cuyas copas impiden el paso de los rayos solares. Hoy vamos disfrutando verdaderamente del entorno, y además acompañados del continuo trino de los pájaros. Atrás quedaron el orbayo y la molesta niebla.

Panorama desde el Mirador de Letizia

            A unos 1000 metros de la carretera, llegamos a un indicador que señala hacia la derecha en dirección al Monasterio de Obona. Aquí hay que decidirse por visitar el Monasterio o seguir el camino hacia la izquierda. Después de pensarlo un poco, optamos por seguir el Camino. En otra ocasión visitaremos este importante enclave.

            Siguiendo la pista bordeando otra ladera, vamos ascendiendo suavemente hasta llegar a Villaluz donde irremisiblemente salimos de nuevo a la carretera y pasando por Vega del Rey, Berrugoso y Las Tiendas, llegamos a Campiello a buena hora para almorzar. Llevamos 14 km recorridos.

            En Campiello hay dos tiendas de ultramarinos-bares, una frente a otra. Optamos por Casa Maximino ya que según dicen, Herminia, propietaria de la de enfrente, es algo pesetera.

            Nos pedimos una tortilla de patata y acertamos, estaba sabrosa de verdad. Yo no me excedí porque todavía no encontraba el estómago en condiciones. Son las 12:15 horas cuando aparece el matrimonio francés. Ellos van a su paso pero llegan igual a todas partes. Pepe obsequia a la mujer con una flor silvestre que toma entre su mano con alegría. Nos encontramos a gusto, pero todavía faltan casi 5 km para llegar a Borres así que no hay más remedio que continuar.

Descendiendo al Valle de Obona

            Sigue la carretera. Yo me adelanto ya que Juan se queda a charlar con unos vecinos del Fresno. De nuevo estoy deseando llegar. A la salida de El Fresno viene una bifurcación con las flechas que parecen indicar a la derecha. Siguiendo las indicaciones, camino durante unos 200 metros sin volver a ver señal alguna, voy solo y no me fío. Así que vuelvo sobre mis pasos hasta tropezarme con Juan y Pepe que acaban de dejar la conversación. Efectivamente es por donde yo iba.

            A unos 300 metros de la bifurcación viene una curva cerrada donde un mojón nos indica un caminillo que sale hacia la derecha que 1200 metros más adelante nos deja en Borres. 600 metros antes de llegar a Borres, justo donde existe una fuente a la derecha del camino, está el indicador del Albergue. En Borres preguntamos por el mejor camino para llegar a La Mortera. Sin lugar a dudas, la carretera –nos dicen- la tienen a unos 3,5 km. En este punto terminan los grandes valles para dejar paso a terreno mas abrupto y montañoso.

            Vamos a paso ligero adentrándonos en la sierra. El calor va en aumento por lo que estamos deseando llegar. A las 14:00 horas entramos al Bar Boto de La Mortera.

            Yo llego muy cansado y con las molestias del estómago que no terminan de irse y me preocupan.

            Nos recibe la buena de Elena, una mujer entrada en años menudita y desenvuelta a pesar de su edad que con su hermana Maruja continúan llevando la única tienda de ultramarinos-bar existente en muchos kilómetros a la redonda. Le da mucha alegría volver a ver a Juan. Al reparar en la escayola de su brazo, se interesa de inmediato por él. Lamentablemente no tienen preparado nada para comer, pero no importa porque ya casi lo hemos hecho en Casa Maximino. Tanto Elena como Maruja se desviven por atendernos. Irradian cortesía por todas partes. No suelen albergar peregrinos, pero tratándose de Juan nos ofrece dormir en una cochera contigua al bar. El local no reúne las condiciones mas adecuadas para el descanso que necesito y además no hay corriente eléctrica para enchufar el respirador del que ya me costaría mucho separarme durante la noche. Unas viejas colchonetas sobre el suelo de piedra y agua fría es lo que nos pueden ofrecer. No pueden dar más que lo que tienen. En otra situación no me hubiera importado compartir con Juan y Pepe el espacio pero teniendo Pola de Allande a 11 km creo que lo mas juicioso, y en eso están de acuerdo ellos, es tomar un taxi y dormir allí. Me cuesta trabajo mostrar mi agradecimiento a las hermanas y al mismo tiempo disculparme por haber declinado su ofrecimiento. Son en estas circunstancias cuando más cuesta elegir las palabras idóneas para excusarte sin herir la sensibilidad de la parte contraria. Afortunadamente, ellas son comprensivas y aceptan de buen grado mis razones. La misma Elena se presta amablemente a contactar con el taxista Luis.

Fachada de Casa Boto en La Mortera

            A las 16:00 horas parto en el taxi hacia Pola. Resulta que el taxista es concejal del Ayuntamiento y está muy involucrado por la realidad jacobea. Durante el trayecto me va explicando los proyectos en relación con los peregrinos que día a día van aumentando. Van a abrir un albergue en la misma Pola y otro en Berducedo aprovechando las antiguas escuelas. Es una pena dejarlas abandonadas a su suerte teniendo necesidad de locales para alojar a los peregrinos. Por lo menos se mantendrán en pié. Una buena idea a imitar por otras poblaciones de este Camino Primitivo. En esto que veo al matrimonio francés con paso reposado acercándose a su final de etapa. Qué paisaje más bonito!!. Casi a la entrada de Pola, reparo en un caserón en lo alto de un cerro. Es el Palacio de Cienfuegos –me informa Luis- data del siglo XIV y está totalmente abandonado. Es una pena. A ver si alguien se compromete a restaurarlo y dedicarlo, por ejemplo, a hospedería. Creo que sería un éxito porque desde el privilegiado lugar donde se asienta se domina la villa y el valle.

            En el pueblo me deja en La Nueva Allandesa donde pido alojamiento. Quedo con el taxista en que venga mañana a recogerme a las 06:45 horas, para retornar a La Mortera.

            Después de darme una ducha de campeonato, me acuesto a descansar el cuerpo y sobretodo las piernas que se lo merecen.

            Una vez descansado, bajo al bar donde encuentro al matrimonio francés departiendo con otros peregrinos. Me dicen que desde La Mortera a Pola hay tres subidas con sus correspondientes bajadas de respeto. Han llegado muy justitos, pero aquí están como si nada.

            Mientras me tomo un café con leche pienso en las etapas transcurridas y lo lejos que queda ya Madrid. Aunque no estoy al 100% de facultades, por lo menos he sabido capear el temporal y salir indemne de todas las contrariedades que me han sobrevenido.

            Salgo a la calle a pasear un rato por tan hermoso pueblo. El café con leche no me ha sentado muy bien. Vaya por Dios!! Y es que el estómago todavía lo tengo algo revuelto. Hay varios peregrinos, todos ellos extranjeros, que han preferido quedarse en el pueblo a pernoctar en el Albergue de Peñaseita. Es un pueblo muy pintoresco surcado por las agitadas aguas del río Nisón que desciende desde el Alto del Palo. Pero la tarde se está volviendo fría y no da nada de gusto deambular por sus calles. Lo más oportuno es refugiarse al calorcillo del bar y esperar la hora de la cena.

            La cena insuperable. De menú: pote asturiano, pudin de verduras y berza rellena de carne. Como veis todo dentro de la gastronomía asturiana pero elaborado con mucho cariño. Los extranjeros se vuelven locos con la cena que apuran hasta no quedar una migaja en los platos. Tenemos que ofrecerles –me dice el camarero- lo típico de aquí. Esto no lo comen en sus países. El pote asturiano que hacemos ha cogido fama, figúrese que el entrenador del Málaga C.F. mandó con el coche a su chofer al solo objeto de recoger unas cuantas raciones para una celebración. Lástima que yo no pude saborear a conciencia la cena a causa de mi estómago.

            Una vez concluida la cena, a acostarse que mañana habrá que madrugar un poco y tenemos la travesía de la Sierra de los Hospitales.

            Buenas noches y hasta mañana.

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