En Salas junto al restaurante

19ª JORNADA

Martes, 20 de junio de 2006

Grado (San Juan de Villapañada) - Tineo

Parcial 36,6 km; Totales: 520,1 km; Restan: 262,2 Km

Un encuentro inesperado

            Tras tomarnos como desayuno unas tabletas energéticas, ya que no tenemos otra cosa que meter al cuerpo, nos disponemos a comenzar la jornada que se presenta como la de ayer. Niebla y “orbayo”. Son las 06:30 horas. Hemos madrugado un poco más previniendo que la jornada pueda presentarse larga. La pareja francesa ha partido hace rato y los jóvenes ovetenses remolonean en la cama.

            Hay que ir bien abrigado y con el chubasquero puesto. Cuando llevamos unos 300 metros caminados me viene a la cabeza que la funda de la almohada se me ha olvidado. Sigue tú –me dicen Juan y Pepe- volvemos a por ella, ya te alcanzaremos. Ellos son más rápidos y me doy cuenta que siempre van tirando de mí.

            Así que en solitario como en mis mejores tiempos aguantando el orbayo persistente y la poca visión que me permite la densa niebla hago los 900 metros de retorno al cruce de la local hacia El Fresno.

            Tomo la estrecha carretera a la derecha que asciende con fuerza pero estoy muy fresco todavía y paso a paso voy venciendo la pendiente. A unos 700 metros del cruce marcho entre un prado en tirada a la izquierda y un bosque de pinos a la derecha. Voy ensimismado pensando en lo bien que voy respondiendo a las adversidades propias de un Camino tan largo. Me congratulo de haber podido superar momentos de salud muy difíciles. Cuando mas distraído iba, veo como una gran mole viviente oscura y espeluznante se me cruza de repente a dos palmos de distancia dándome tal susto que casi me hace perder el equilibrio. La carne se me pone de gallina y los pocos pelos que tengo de punta. Un escalofrío recorre mi cuerpo de arriba abajo. Cuando comienzo a salir de mi asombro, me digo a mí mismo -no puede ser real lo que he visto-. Pero sí era real, se trataba de un auténtico y enorme jabalí que estaría comiendo apaciblemente en el prado y al advertir mi presencia ha huido atemorizado para buscar refugio en el bosque. Si me pilla por delante ni lo cuento. Menudo encuentro inesperado!!.Es el primer jabalí salvaje que me he tropezado en mi vida y mira por donde he estado en un tris de ser arrollado. Qué casualidad que siempre que me pasa algo especial me encuentro solo. En mi Camino de Castellón fue un toro y ahora un jabalí. Cuando se lo cuente a Pepe y Juan no se lo van a creer. Tardo unos minutos en reaccionar y con el miedo metido en el cuerpo prosigo mi marcha atento a cualquier ruido extraño.

            La subida al Alto del Fresno se hace cada vez más dura pero pasito a pasito voy superando la pendiente. Antes de llegar al collado, escucho las voces de Juan y Pepe que ya están a punto de alcanzarme. Cuando les cuento lo sucedido, tal como había supuesto no se lo pueden creer. Es normal. A trancas y barrancas y bajo el pertinaz orbayo alcanzamos el Puerto del Fresno donde se encuentra el Santuario mariano de Nuestra Señora.

            Continuamos de frente cruzando la carretera comenzando un fuerte descenso por las laderas de la Sierra de los Morriondos por una pista de piedra y tierra irregularmente compactada hasta que alcanzamos el valle a la altura del pintoresco poblado de San Marcelo (1,8 Km del alto) donde destacan variedad de hórreos y típicas construcciones.

Iglesia de Sta. Eulalia en Doriga

            Seguimos adelante y tras atravesar un bosquecillo junto a un arroyo llegamos a la aldea de Doriga (1,3 km). Junto a la iglesia de Santa Eulalia, advertimos una tienda-bar que se encuentra abierta. Se trata de Casa Pacita donde encontramos un buen refugio a salvo del pertinaz orbayo y además podemos desayunar caliente. Son las 08:00 horas y el café con leche bien caliente que nos ofrece Pacita nos sienta de maravilla. Los cuerpos van acusando el frío y la humedad de la lluvia y la niebla que no acaba de disiparse. Al poco rato aparece Antolín con sus compañeras. Dicen que Pacita es una especialista en tortilla de patatas. En otra ocasión habrá que comprobarlo.

Poste señalizador junto al Monasterio de San Salvador de Cornellana

            Por bellos parajes, alcanzamos nuevamente la carretera. Por un camino de servicio a la izquierda de la misma pasamos ante una gran plantación de kiwis y 3,1 km desde Doriga estamos cruzando el puente sobre el río Nancea que nos introduce en la población de Cornellana que dejamos por una calle debidamente señalizada a la izquierda que se dirige directamente al Monasterio de San Salvador donde se ubica desde el 2004 un Albergue de Peregrinos. Dicen que este Monasterio, fundado en el año 1024, es uno de los más importantes de Asturias. Llama la atención un curioso poste con un enjambre de señalizadores con las distancias a diversos lugares del mundo tal como el que existe en Manjarín. Juan y Pepe se entretienen sacando unas fotos. Adelántate –me dicen- ya te alcanzaremos. Saben de sobra que mi ritmo es lento y pueden alcanzarme cuando se lo propongan.

            A partir del Monasterio, el Camino continúa por una pista que remonta el monte por la margen izquierda del río Nonaya internándose en un bosque. Al final la niebla ha dejado paso a una mañana soleada pero el barro ha hecho acto de presencia en el camino. Al llegar a un claro en la loma una tira de plástico naranja corta la pista lo cual me confunde. Me habré equivocado?. Vuelvo hacia atrás en busca de la última señal pues además de ir solo no me fío, tropezándome con Juan y Pepe que suben canturreando como si tal cosa y me dicen que adelante. De nuevo ante la cinta, optamos por superarla y a pesar de no encontrar ninguna señal tiramos a la derecha intuitivamente. Menos mal que por ahí viene un pastor con sus vacas y podemos preguntar. Notamos que al pastor no debe

Subiendo al Alto de La Espina

hacerle ninguna gracia que los peregrinos pasen por aquí porque con cara de pocos amigos nos responde con frialdad: “Van bien, hombre, van bien”. Por detrás aparece la pareja francesa. Nos dicen que en Cornellana se han despistado y han seguido por la carretera teniendo que volver cuando llevaban andados unos 2 km. Entre boñigas pegajosas por el fango alcanzamos unas casas donde nos tropezamos con una panera. Pepe que sigue sin comprender la utilidad que tienen las losas que rematan los apoyos de las paneras y hórreos justo bajo el piso, no se resiste a preguntar a un paisano con el que nos cruzamos que simplemente nos dice que se llaman muelas y sirven para evitar el paso de roedores al interior con lo que queda corroborada mi versión. Asimismo nos explica que la diferencia fundamental entre la panera y el hórreo es que la panera es mayor y más vistosa, de planta rectangular con más de cuatro apoyos, llamados aquí pegoyos. El hórreo es más simple, de planta cuadrada y con solo cuatro pegoyos.

Subida a La Espina

            Satisfechos por la explicación, todos los días se aprende algo, continuamos nuestro Camino. Un mojón nos dirige por un sendero en subida que va bordeando una colina. El terreno se encuentra muy mojado y en algún tramo embarrado pero se marcha bastante bien. Nos adentramos en otro bosquecillo que va siendo la tónica de este Camino. Comenzamos a escuchar unos sonidos estridentes que poco a poco van en aumento turbando el silencio que disfrutábamos. Por detrás del monte nos tropezamos con una cantera de áridos en plena producción donde la maquinaria en movimiento es la responsable de los desagradables sonidos, sobretodo una demoledora de roca blanquísima. La pista se convierte en arena blanca por la que hay que andar con cuidado para no resbalar. Saliendo a la aldea de Llamas. Desentonan estas canteras que se prodigan más de lo que desearíamos entre el verdor del terreno.

            Por diversas pistas y sendas llegamos a un paraje donde se halla la Fuente Caliente con área recreativa y mesas. Buen lugar para hacer un receso.

            Continuamos ahora por el borde del valle. Un corzo sale del bosque y se nos cruza huyendo aterrado por los bancales de cereal.

La pasarela sobre el Río Nonaya

            Poco después cruzamos la aldea de Casazorrina salvando a la salida el río Nonaya por una rudimentaria pasarela de madera apropiada para tomar unas fotos.

            A partir de aquí, el camino se desvirtúa bastante a causa de las obras de construcción de la nueva autovía hacia La Espina, lo que nos obliga a dar un buen rodeo al quedar cortado el Camino.

Finalmente conseguimos alcanzar la carretera que cruzamos siguiendo por una senda muy cerrada por la maleza y entrando en Salas por una carretera comarcal cuando son las 12:35 horas.

En un bar nos tomamos unas cervezas y unos pinchos y en el ínterin aprovecho para cambiarme de camiseta que se encuentra totalmente empapada en sudor y a las 13:00 horas nos acercamos a un restaurante que está junto al arco de la puerta de salida del pueblo hacia La Espina. Entre los primeros platos del menú está el cocido. Juan y yo no lo dudamos y lo pedimos mientras Pepe más juicioso se toma una ensalada de pasta. Pienso que he comido demasiado para abordar los 18 km que restan para llegar a Tineo. Ya veremos como se presenta la digestión.

Arroyo en el Camino a La Espina

Salimos de Salas bajo el arco que comunica el Palacio de Valdés con una torre medieval, y enseguida emprendemos la subida al Alto de La Espina que discurre por una pista entre bosque de castaños y robles y el murmullo de la corriente del río Nonaya. Las primeras rampas no son muy exigentes pero lo peor está por llegar –nos informa Juan-. Después de 3 km de ascenso salimos a la carretera nacional a la altura de El Llanón. Los últimos 300 metros han sido los más duros. Advierto que me cuesta digerir el cocido. Ya veremos. Paramos unos minutos a tomar aire. Los garbanzos deben estar removiéndose en mi estómago sin poder ser metabolizados adecuadamente. Empiezo a preocuparme.

Seguimos durante unos 1200 metros por la peligrosa carretera con escaso arcén por donde caminar algo seguros pero afortunadamente la pendiente es suave. Una pista que nace a la izquierda junto a una vieja construcción señalizada por un mojón nos salva del peligro. Pero todo no van a ser alegrías. Todavía tenemos que sufrir porque fuertes rampas se suceden antes de alcanzar el poblado de Porciles ya en terreno llano. Los molinos eólicos que se alinean en la loma a nuestra izquierda no paran de dar vueltas. La temperatura va descendiendo conforme transcurre la tarde y mi cuerpo se va destemplando por momentos. Al final, el cocido me ha pasado factura. Me está costando Dios y ayuda hacer la digestión. Tengo ganas de llegar a algún sitio donde descansar y tomar algo para aliviar el malestar de estómago. Pero La Espina se resiste. Se nos hacen eternos los 8 km que separan Salas de La Espina. Cada paso que doy es un verdadero suplicio para mí.

En La Espina entramos en el primer bar que encontramos donde me pido una coca-cola del tiempo que tomo poco a poco para tratar de recomponer la digestión. Todavía nos quedan 11 km para llegar a Tineo.

En la travesía de La Espina nos cruzamos con la pareja francesa que piensan quedarse a pasar la noche en un hostal. Poco después nos alcanza un bicigrino con el que conversamos unos minutos. Todo esto ayuda a aliviar los kilómetros pero yo me voy sintiendo cada vez peor. No sé por qué pero en todos mis Caminos he padecido complicaciones de estómago en algún momento.

A la salida de La Espina, las señales nos desvían a la derecha por un camino con bastantes tramos embarrados. El bicigrino también se mete por él. Con el barro que hay lo va a pasar mal.

Los metros no ya los kilómetros se me están haciendo eternos. Maldito cocido!!. A Juan sin embargo parece como si no fuera con él. Qué suerte!!. Después de pasar por La Pereda y El Pedregal encontramos a unos lugareños que nos animan diciéndonos que solo nos queda una media hora para llegar. Eso me da fuerzas. Aprieto los dientes como en mis momentos más difíciles y a pesar de las molestias estomacales y el dolor de piernas y espalda sigo adelante con paso mas acompasado. Juan y Pepe hacen verdaderos esfuerzos para seguir mi marcha. En esta ocasión no quieren dejarme solo dándose cuenta de lo mal que voy. Juan recibe una llamada de Rafael desde Castellón interesándose por nuestra situación. Pregunta por mí pero no puedo ni verme y eludo ponerme, no tengo fuerzas ni para hablar.

Cuando nos falta 1 km para llegar a Tineo, recibo una llamada de mi hija Loli de Zaragoza que no tengo mas remedio que atender sin demostrar signo alguno de debilidad. No me salen las palabras del cuerpo pero no quiero que se de cuenta. Poco a poco el sonido de música verbenera va llegando a nuestros oídos, ya debemos estar muy cerca. La música cada vez se hace mas intensa. Se trata de una verbena que celebran los vecinos de Tineo en una explanada que existe junto a la ermita de San Roque. A esa pradera le llaman la “playa” de Tineo. Se lo están pasando en grande bailando al son de una orquesta verbenera pero yo lo que quiero es llegar cuanto antes al Albergue.

Tras un descenso pronunciado llegamos por fin al Albergue de Mather Christi ubicado en el Barrio del Viso. Ha sido una larga etapa complicada sobretodo para mí. He llegado al límite de mis fuerzas. Ya veremos si consigo recuperarme.

En el coqueto albergue se encuentra una pareja guipuzcoana, un suizo y una francesa.

Nos damos una buena ducha y después de hacer la colada y de charlar un rato con nuestros nuevos compañeros nos acercamos al Restaurante Don Miguel. La verdad es que tengo pocas ganas de comer, el estómago sigue revuelto. Una ensalada, por comer algo, va a ser más que suficiente. Advertimos la presencia en el comedor de una pareja de peregrinos franceses de edad madura que nos saludan. Deben estar hospedados en el hotel.

Hoy más que nunca debo acostarme pronto. Además el ambiente en el exterior se muestra frío. Así que al Albergue, conexión al respirador y a intentar recuperarme. Ha sido una etapa de muy señor mío.

Buenas noches y hasta mañana

 

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