Panorámica desde el Puerto de Pajares

15ª JORNADA

Viernes, 16 de junio de 2006

Poladura de la Tercia - Campomanes

Parcial 31,0 km; Totales: 418,0 km; Restan: 364,3 Km

Asturias!!

            Juan toca diana a las 06:00 horas. He dormido de maravilla, parece mentira como me he recuperado. Habrá que salir pronto porque la etapa de hoy será larga e incluso puede que sea algo complicada. Desayunamos los zumos, cafés y bollería que nos han dejado las atentas Lucía y Feli y sin más preámbulos nos cargamos las mochilas y demás atuendos y al Camino.

 
Comenzando la subida
 
Seguimos subiendo

            Tenemos que abrigarnos bien porque hace bastante fresco. Saliendo del pueblo por el norte y pasando el puente sobre el río Viadangos, justo donde la carretera forma una curva, sale un camino utilizado para llevar a las vacas a pastar y que tira hacia arriba en pendiente fuerte en dirección a la Sierra del Cuchillo que deberemos sobrepasar. La traza del camino se desdibuja bastante debido a la hierba que está bastante crecida, pero unos grupos aislados de escoberos y los postes amarillos indicadores del gasoducto de Enagás son una referencia inmejorable. Enseguida comenzamos a ver las flechas o brochazos amarillos. El Camino no deja de subir. Hay que ir atento a las marcas porque la hierba las encubre. Fijándote bien no hay problema de perderlas. Por otra parte, el cielo está totalmente cubierto y reina una humedad en el ambiente impresionante que nos hace sudar la gota gorda. Ya veremos si nos respeta la lluvia. Alcanzamos una loma donde tenemos que parar unos minutos a tomar aire.

 
Bordeando la vaguada
 
Llegando al colladito

            En este punto, el camino comienza a bordear una extensa y profunda vaguada. Los postes del gasoducto tiran recto ladera abajo. Así que nos despedimos de esa buena referencia que habíamos llevado hasta el momento. En la otra vertiente de la vaguada podemos entrever la traza del sendero que termina en un colladito en el que distinguimos unos peñascos puntiagudos. Otra buena referencia.

            Ahora vamos bordeando la ladera casi por una senda prácticamente en llano. Las señales amarillas no nos dejan. Menos mal. Una vez rodeada la cabecera de la vaguada, se inicia la senda que distinguíamos desde el otro lado. Es un repecho pedregoso con pendiente exigente. Por ahora vamos agrupados. Da miedo ir solo por estos parajes solitarios donde impera un silencio impresionante. Pasito a pasito vamos ganando altura hasta que llegamos al colladito de los peñascos.

Directamente a la Sierra del Cuchillo

            Allí el camino forma un recodo iniciándose otro barranco que tenemos que bordear a media altura y que enfila directamente en dirección a la Sierra. Los postes del gasoducto podemos reconocerlos difusamente al otro lado del barranco. Seguimos ascendiendo hasta alcanzar por fin el collado principal de la Sierra del Cuchillo que se perfila a nuestra derecha por una sucesión de formaciones rocosas que se nos antojan un cuchillo de sierra. Ahora sabemos por qué la llaman así.

            Pero en el mismo collado nos damos cuenta que estamos atrapados por una alambrada de espinos que cierra nuestro paso. Vaya por Dios!!. Al fondo del barranco opuesto podemos divisar a malas penas el pueblo de Busdongo y la carretera nacional por la que circulan vehículos que parecen hormigas. Estamos a 1565 metros de altitud, la cota más alta del Camino del Salvador. El problema es ahora pasar al otro lado. Pero para Pepe este no es su problema. En cuestión de segundos, emplea la fuerza bruta para inclinar dos postes y ya tenemos el camino despejado. Sabemos que los pastores lo hacen para evitar que salga el ganado pero unos portillos darían el mismo resultado sin cortar el paso a nadie.

            De momento hacemos un receso para descansar de la dura subida. Grupos de vacas pastan con tranquilidad sin preocuparse en exceso de nosotros. Algunas de ellas nos echan una mirada de curiosidad pero ahí queda todo. En otra ladera una manada de caballos hace lo propio. Es sorprendente la vista que se puede contemplar a trescientos sesenta grados a la redonda. Incluso advertimos las antenas situadas en la estación de esquí de Pajares. Es muy bonito todo lo que divisamos desde esta altura privilegiada, pero debemos continuar. Nos queda todavía mucho camino por recorrer.

"..advertimos una pista que asciende por la izquierda."

            Ahora nos toca descender la empinada ladera del barranco hacia una pista que vemos en el cauce. Aprovechando las trochas que el ganado ha ido formando en su continuo ir y venir por los pastizales (para las vacas no hay cuestan que valgan), bajamos cada cual como Dios le da a entender.

            El descenso se hace muy peligroso y hay que esmerarse para no sufrir ningún percance. Juan y Pepe alcanzan en primer lugar el cauce del barranco y unos minutos después lo hago yo que he bajado con mucha precaución.

            Allí tenemos una pista que tomamos a la derecha. El panorama desde la profundidad del barranco es grandioso. Mirando hacia las alturas vemos como los escarpes de la Sierra del Cuchillo lo dominan todo. A través de la boca del barranco continuamos viendo Busdongo y la carretera. Unos metros mas adelante encontramos una bifurcación. En principio no encontramos las flechas pero después de unos momentos de dudas advertimos una en la pista que asciende por la izquierda.

Comienzan los brezos

            Son unos 700 metros de repecho que nos deja en lo alto de una loma donde se pierde la pista pero reencontramos los postes señalizadores del gasoducto que van paralelos a una alambrada de espinos muy deteriorada. Tomamos a la derecha por una sendita bastante desdibujada que discurre por la loma pero de nuevo tenemos las referencias de los brochazos amarillos pintados sobre cualquier cosa que sobresalga algo del suelo, la línea de postes del gasoducto y la alambrada. Estamos rodeados de brezos por todas partes que conforme avanzamos se van haciendo mas grandes, dificultando, y de qué manera nuestra marcha. Nos faltan bastones, codos e incluso piernas para separar sus gruesas y duras ramas. Pero no tenemos mas remedio de abrirnos camino como sea.. Juan se pone nervioso y se adelanta perdiéndole de vista tras los matorrales. Pepe y yo vamos fijándonos bien en cualquier vestigio de amarillo que salte a la vista y de paso luchando a bastonazos con los brezos. Qué suplicio!!. Cuando llevamos andados unos 600 metros de loma, el amigo “Santi” nos ilumina y localizamos de casualidad una flecha amarilla girada hacia la izquierda. Franqueando los brezos de turno, damos con una senda bien marcada que desciende por la ladera algo hacia atrás durante 200 metros desembocando en un camino más ancho y un arroyo que debemos vadear. De Juan ni rastro. Si se ha conseguido percatarse de la señal, debe marchar bastante por delante. Entendemos que en estos parajes tan inhóspitos es importante no perder el grupo. Pero Juan a veces parece estar en otro mundo, nos da la impresión como si no acabara de desconectar del trabajo.

            Una vez franqueado el arroyo el camino inicia otra subida por la ladera opuesta. Cuando hemos recorrido unos 300 metros, vemos a Juan en la loma opuesta con los brazos levantados y luchando con los brezos. Es obvio que no ha visto la señal. Agarro el silbato y comienzo a soplar con fuerza pero ni con esas, parece que no nos oye. Llamada de teléfono. Que vas perdido Juan!! –le dice Pepe mientras yo continuo haciendo uso del silbato. Vamos por la pista que discurre por la ladera opuesta a la que vas –le sitúa Pepe. Nada que no os veo. Y sigue adelante. Pero bueno, que nosotros ya estamos viendo el Parador del Puerto de Pajares –continúa informándole Pepe. Pero Juan ni caso. Sigue adelante haciendo aspavientos con los brazos. Bueno, pues ya saldrá a la carretera por algún sitio. Nosotros continuamos el camino que nos indican, nunca mejor dicho, las benditas flechas amarillas.

            A unos 900 metros de haber cruzado el arroyo pasamos delante de una casa de labranza. A unos 200 metros de la casa las flechas nos desvían a la derecha por un sendero que va rodeando una loma que termina a 450 metros en un espacio abierto desde donde de repente tenemos Arbás del Puerto a tiro de piedra. En bajada alcanzamos un ribazo que seguimos y bordeando un montículo, donde unas vacas dejan de pastar para mirarnos sorprendidas, alcanzamos la carretera a través de un portillo (300 metros).

Colegiata de Arbás

            Cruzamos la carretera y nos descargamos las mochilas delante de la Colegiata. Son las 09:45 horas lo que quiere decir que hemos invertido casi tres horas en hacer unos 9 km, lo cual dice por si solo las dificultad del terreno. Llamamos a Juan que como Dios le ha dado a entender ha conseguido salir a la carretera a la altura de una gasolinera unos 800 metros mas abajo de donde nos encontramos. Al poco rato le vemos que viene tarareando a grito pelado, como si tal cosa. Es que no oías los silbatos? –le decimos. Los oía pero a través del teléfono –nos contesta- no era capaz de veros, pero lo peor es que al intentar apartar unas ramas de brezo, perdí el equilibrio cayendo hacia atrás sobre la mano derecha y llevo la muñeca que me duele un montón. Lo he pasado muy mal intentando sin éxito llegar hasta vosotros. El adelantarte te ha jugado esta vez una mala pasada-le contestamos-. Eso es un aviso del amigo “Santi” para que no te separes tanto y aún así has tenido suerte. Si no te has dislocado la muñeca, poco ha faltado-. Pepe, que se ha convertido en nuestro enfermero, le hace un vendaje provisional hasta que le vea un médico tratando de no darle importancia.

 
Nuestra Sra. Sta. Mª de Arbás
 
Baptisterio

            A pesar de todo, Juan se encuentra con los ánimos por todo lo alto. Cruza la peligrosa carretera hasta un bar donde le dicen que lleva cerrado desde hace tiempo. De todas formas le dan la llave de la Colegiata para que la podamos visitar.

            Después del almuerzo entramos al interior de la Colegiata donde reina la más absoluta penumbra. Mientras los ojos se van acomodando a la poca luz, podemos contemplar un interior muy sobrio. De planta basilical, la colegiata consta de tres naves. La cabecera de la nave central está presidida por la imagen de Nuestra Señora Santa María de Arbás, protegida por una bóveda de ojivas rematada por una semicúpula de cinco gallones. Todo el conjunto es de una sobriedad extrema favorable a la abstracción pero no por ello deja de ser muy bello. Es curioso el piso del baptisterio y atrio fabricado con pequeños guijarros de diferentes tonalidades formando artísticos dibujos. Según he leído, en un principio (siglo XI) se destinó a Hospital de Peregrinos con el nombre de Hospital de Arvum.

            Continuamos nuestro camino por la carretera en dirección al Puerto. Los camiones que bajan lo hacen tan veloces que da miedo mirarlos. A unos 200 metros las marcas nos sacan de la carretera por la derecha. Tenemos que remontar un talud y luego franquear una alambrada de espinos que parece que han puesto para evitar que el ganado acceda a la carretera.

            De mala manera nos introducimos en el pastizal y de pronto nos vemos rodeados de vacas que nos miran extrañadas. Vamos por una trocha evitando su mirada pero observando sus movimientos con el rabillo del ojo. Cuando nos disponemos a cruzar una torrentera, vemos a un perrazo que se viene directo hacia nosotros con cara de pocos amigos y ladrando con insistencia. No sabemos lo que hacer. Tratando de evitarle nos desorientamos. Pepe trata de quitárnoslo de encima lanzándole una piedra, con tan buena fortuna que le pega en todo el hocico. Creo que el amigo “Santi”, de nuevo nos ha echado una mano dirigiendo la piedra al sitio adecuado. Quejándose y con el rabo entre las piernas sale corriendo ladera arriba alejándose de nosotros. Por el momento, nos hemos librado de él. Pero lamentablemente, hemos perdido toda traza de senda. Caminamos hacia el Puerto a través de los encharcados pastizales, sorteando las boñigas desperdigadas por doquier. No confiando en reencontrar el Camino, optamos por salir a la carretera cuanto antes. Lo hacemos por una portilla junto a las primeras casas del Puerto.

            Hay un bar abierto un poco antes de traspasar el límite provincial. Aleluya!! Un gran panel informa de que estamos en lo alto del Puerto de Pajares a 1378 metros de altura. Entramos en el bar a tomarnos unos cafés. Nos enteramos que dan comidas también. De momento el tiempo nos está respetando, luce un sol magnífico pero el panorama hacia el norte no es muy halagüeño. No os fiéis –nos dicen los del bar- aquí el tiempo es muy voluble. No les extrañe que esta tarde caiga agua. Nos informan que para retomar el camino tendríamos que subir por un sendero a su encuentro pero parece una tontería subir para después bajar. Es mejor que sigan por la carretera. A unos 900 metros, justo donde una señal de tráfico indica una pendiente del 17%, sale un camino hacia la izquierda por el que tenéis que tirar.

            Al salir del bar cruzamos la carretera hacia el mirador del que fue Parador Nacional, hoy inactivo, y poder admirar el impresionante panorama que se divisa desde este privilegiado balcón. Allá abajo el profundo valle del Pajares que tendremos que seguir en su totalidad encajonado entre verdes montañas muchas de ellas se encuentran envueltas en niebla o salpicadas con nubes. Lo que contemplamos, es un paisaje espectacular.

El Parador Nacional desde el Camino

            El tiempo apremia. Hay que acometer el descenso del Puerto. La pendiente es de padre y muy señor mío. Menos mal que de momento mi estado físico no se ha resentido de la dura etapa y me permite bajar con soltura. Tal como nos dijeron en el bar, a los 900 metros encontramos el desvío junto a la señal de tráfico del 17% teniendo enfrente una pista de frenado de emergencia.

            Incorporados al nuevo camino vemos en primer lugar las vías del tren que se introducen en un túnel. La bajada es de vértigo. Los cuadriceps los tenemos que forzar al límite para conseguir no perder el equilibrio.

            Cruzamos la línea férrea por encima del túnel dando el camino a una loma casi en llano. Buen momento para echar una visual hacia atrás y comprobar por la posición del Parador Nacional que hemos descendido lo suyo pero todavía nos queda mucho trecho para alcanzar la profundidad del valle.

            Terminada la loma, el camino se introduce en un frondoso bosque de encinas y robles con su ramaje formando túnel. El sotobosque está casi cubierto de esbeltos y frescos helechos. A pesar de la peligrosa bajada, vamos disfrutando del entorno. Juan comienza a canturrear y nosotros a acompañarle. Al fin llegamos al cauce del río Pajares donde es más evidente la exuberante vegetación. Nos cruzamos con grupos de vacas e incluso de caballos que van guiados por sus dueños hacia los corrales. Sobre la una llegamos a San Miguel del Río (5 km desde el desvío), donde paramos bajo un frondoso roble frente a la iglesia. Aquí nos tomamos unos minutos de descanso y llamamos a la familia.

 
"..el camino se introduce en un frondoso bosque..."
 
Caballos por la ribera del río Pajares

Pero lo que barruntábamos desde el puerto comienza a hacerse realidad. Comienza a chispear. Es preciso enfundarse el chubasquero. De momento es un lloviznar constante pero soportable pero conforme nos alejamos de San Miguel hacia la nacional, la lluvia va arreciando por momentos hasta que se convierte en un aguacero de cuidado que nos pilla en medio de la nada. Las botas chapotean sobre los charcos y regueros que se van formando sobre el asfalto, mientras una cortina de agua limita bastante la visión. A unos 750 metros del pueblo, nos percatamos del desvío a la izquierda señalizado también como Camino, se trata de la alternativa por Santa Marina y Llanos de Somerón, pero es tanta el agua que cae que nos da miedo meternos por medio del monte. Preferimos seguir por la carretera que ahora se empina lo suyo. Los 3,1 km de fuerte subida que separan San Miguel de la carretera nacional se nos hacen interminables y lo peor es que seguimos sin encontrar un lugar donde guarecernos.

            Cuando alcanzamos la carretera a la altura del Puerto de San Miguel, vamos calados hasta los huesos. Para más inri, un panel señala hacia el Puerto de Pajares con 7 km y se nos pone una cara de tontos…y es que hemos tardado dos horas y media en llegar hasta aquí. Parece imposible pero resulta cierto. Debemos haber dado un buen rodeo.

            Muy cabreados, comenzamos a bajar el Puerto de San Miguel. Menos mal que la lluvia ya no es tan persistente. A unos 900 metros encontramos a la derecha el Santuario de Sra. de las Nieves, con un mojón a un costado cuya vieira nos dirige a una pista en ascenso pronunciado. De nuevo a subir y padecer. Remontando la empinada ladera, observamos contrariados como mientras nosotros subimos, la carretera desciende. Es inaudito!! Iremos por el buen Camino?. Por lo menos las flechas amarillas están ahí. Momentos de dudas y de enfados con nosotros mismos. A los 800 metros llegamos a un ensanche de la pista donde se sitúa una fuente-abrevadero. A la izquierda del camino vemos un mojón con la vieira. Debemos ir bien pero por nuestras cabezas circulan muchas vacilaciones. De momento vamos a avituallarnos de agua. De repente aparecen las primeras discrepancias serias del Camino. Juan dice que se vuelve a la carretera, que no lo ve claro. Pepe y yo somos partidarios de seguir. Si hay un mojón es que vamos bien. Al final Juan se vuelve y nosotros continuamos el ascenso. De todos modos, por uno u otro lado, al final tendremos que salir al mismo sitio. Veremos quien lleva la razón.

            Pepe y yo llegamos reventados a un altozano donde comienza un vallecillo en suave tirada descendente. Pero lo peor es que no hemos vuelto a ver ni mojones ni flechas. Por lo menos en el cruce, debería existir alguna señal. Mal augurio. Intuitivamente tomamos el ramal de pista de la izquierda que es la dirección lógica. Pero para desgracia nuestra, termina en una casita de recreo situada en medio de un prado. Con resignación nos convencemos que hemos errado. No vamos bien. Juan ha hecho bien en volverse. De momento, vamos a refugiarnos en el porche de la casa pues sigue lloviendo con ganas y de paso repondremos sales con el Flectomín y energías con una tableta. Son las dos y media y no hemos probado bocado desde Arbás del Puerto y nuestros cuerpos lo acusan. No vaya a ser que nos dé una “pájara” y se complique la situación. Y sobre todo pensar y pensar. Al final, de qué manera se nos está atragantando la etapa. Con lo bien que íbamos…

            A desandar lo andado y volver a lo seguro que, nunca mejor dicho, es sin duda la carretera. Cuando llegamos de nuevo a la fuente, nos fijamos detenidamente en la posición del mojón y nos damos cuenta que está algo revirado hacia la izquierda. Posiblemente el camino vaya en esa dirección pero como las trazas del sendero no nos inspiran confianza alguna, optamos por la seguridad de la carretera.

            Cuando la alcanzamos, calculamos que entre ir y volver errático habremos recorrido unos tres kilómetros y medio, una propina innecesaria en esta ya de por sí larga etapa. Pero que vamos a hacer, los 31 km previstos se convertirán cuando lleguemos a Campomanes en 35 km. Como dice el dicho, “a lo hecho pecho”, y con la rabia metida en el cuerpo iniciamos el descenso del puerto por el arcén. Hablamos con Juan que nos dice que está llegando a Puente de los Fierros. Nos saca más de una hora de ventaja.

            Menos mal que de momento la lluvia persistente se ha convertido en llovizna. Lo que sí tenemos que soportar es el intenso tráfico. Llegando al cruce de Navedo advertimos de nuevo la señalización del Camino. Por lo tanto, a partir de la fuente, si hubiésemos tomado el sendero mal trazado que salía a la izquierda habríamos llegado a Navedo y desde ahí a la carretera por el punto donde nos encontramos ahora. En fin, para la próxima vez ya lo sabemos.

            Juan ha llegado ya a Puente de los Fierros. Nos dice que el dolor de la muñeca va en aumento. Tomará un tren que pasa a las 16:20 horas y en cuanto llegue a Campomanes irá a que se la vea un médico.

            Pepe y yo llevamos una buena marcha. Menos mal que las piernas se están portando. Los 5,4 km que separan el Santuario de Puente de los Fierros los hacemos en una hora.

            Casi una hora y media mas de carretera empleamos para recorrer los últimos e interminables 6,5 km. Estamos en Campomanes. Hemos invertido en la etapa casi 12 horas. Ya está bien.

            Juan nos está esperando en la puerta de la Pensión “Senderos del Huerna” con el brazo vendado y en cabestrillo. Le han aplicado una solución de emergencia hasta que vaya mañana al hospital de Mieres a que le hagan una radiografía y le den un diagnóstico. No obstante, Juan da la impresión de no estar preocupado. Subimos a la Pensión donde el propietario Roberto se vuelca en atenciones con nosotros.

            Una vez aseados, le entregamos la ropa completamente chorreando a Roberto para que la meta en la lavadora. Luego nos acercamos al BarLa Rúa” a comer, porque resulta, por si alguien no se ha dado cuenta, que hoy aún no hemos metido al estómago nada caliente y la verdad es que lo notamos.

            Juan se pide una fabada. Pepe y yo no llegamos a tanto y nos conformamos con algo más digerible pensando en la noche. La fuente de fabada que le ponen a Juan delante se la “devora” en una sentada. Menos mal que duerme en una habitación individual. Mañana Juan saldrá antes para llegar al hospital de Mieres lo más pronto posible. Nosotros no tenemos ninguna prisa. Tenemos que descansar bien.

            De vuelta a la pensión, hacemos un balance de la etapa, destacando su dureza pero también, no nos cabe la menor duda, su hermosura, del tiempo empleado y de todas las incidencias ocurridas. En definitiva, la etapa más compleja de todas las que llevamos hasta el momento.

            No estamos para muchos paseos. Menos mal que la etapa de mañana discurre por terreno prácticamente llano. Será una etapa de transición.

            Ya en la cama, me sorprendo de que no me haya acordado del pié. Buena señal.

            Me enchufo el respirador y a dormir como un tronco.

            Buenas noches y hasta mañana.

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