Las Forcadas de San Antón

14ª JORNADA

Jueves, 15 de junio de 2006

La RoblaPoladura de la Tercia

Parcial 24,0 km; Totales: 387,0 km; Restan: 395,3 Km

Las Forcadas de San Antón

            Ha estado lloviendo durante toda la noche. Después de tomarnos los batidos y bollería, a las 06:15 horas estamos saliendo de La Robla cuando comienza a vislumbrarse algo de claridad por las cumbres del este. Los 2 kms que hay hasta Puente Alba se hacen por la antigua nacional que según nos dijeron ayer se había convertido en la ruta del colesterol para los vecinos del pueblo. El asfalto se encuentra completamente mojado y de momento la pendiente es imperceptible. De Puente Alba continuamos por la antigua nacional hasta Peredilla (1,2 Km más) y a 500 metros de Peredilla se sale a la temible nueva nacional. Menos mal que solo son 600 metros de arcén los que nos separan de la Ermita del Buen Suceso donde nos detenemos para hacer unas fotos y echar un vistazo al entorno. Aunque algo oscuro todavía, esperemos que se pueda ver algo.

Ermita del Buen Suceso

            A 200 metros de la Ermita, las flechas nos sacan de la nacional en dirección a Noceda de Gordón después de cruzar la línea férrea y poco después el puente sobre el río Bernesga. Sin entrar en Noceda, a unos 400 metros de la carretera, el Camino se desvía a la derecha por una pista de gravilla que discurre por el valle pegada a la ladera del monte, llevando siempre la corriente fluvial a nuestra derecha. De vez en cuando la pista se interna por hermosos robledales que alegran la vista. Unos 300 metros antes de avistar Pola de Gordón, las flechas nos sacan de la pista por un sendero que sale a nuestra izquierda (debe tratarse de un atajo) y que en algunos tramos se encuentra cubierto de charcos y barro, restos del agua caída anoche. Va a ser el bautizo de agua y lodo para las botas. El sendero en ascenso suave, desemboca en una calle asfaltada desde donde avistamos Pola de Gordón asentada en el valle. Estamos a mayor altura del pueblo entre una depuradora y unas obras de una nueva urbanización. Se nota que por todos lados ha llegado la fiebre de la construcción. Hemos recorrido 3,1 km desde Noceda.

            Las flechas amarillas no aparecen por ningún sitio. Nos encontramos con que la vía férrea nos corta el Camino directo al pueblo. No sabemos por donde continuar, si a la derecha o la izquierda. Preguntamos a los albañiles por la salida hacia Buiza. Nos indican que sigamos a la izquierda por la calle paralela a las vías que cruzaremos pasados unos 300 metros, por un puente junto a la Estación de Tren. Desde el puente del ferrocarril pasamos por delante de la Estación y 400 metros después cruzamos el río Bernesga por otro puente que nos lleva a la calle principal de Pola de Gordón. En el trayecto coincidimos con un paisano que hizo en una ocasión el Camino del Salvador y se muestra receptivo a acompañarnos hasta el cruce, donde reencontramos las flechas, que nos llevará a la carretera de Buiza. 800 metros después tenemos que cruzar las vías del tren que lo hacemos por la superficie aunque existe la posibilidad de hacerlo por un paso inferior. Estamos en el polígono industrial de Valdespín que cruzándolo nos deja en la carretera a Cabornera y Buiza a la altura de un nuevo puente sobre el río Bernesga del cual nos despedimos definitivamente pues continua por el valle principal junto a la carretera nacional y la línea férrea. Nos adentramos en un valle transversal formado por el río Casares que llevaremos de la mano a nuestra izquierda.

 
Por el valle del río Casares hacia Buiza

           A 100 metros escasos del puente las flechas nos sacan de la carretera por el acceso al poblado de Beberino que se asienta en la ladera del monte. Hay que vencer un buen repecho para llegar al poblado. Enseguida entramos por las calles del solitario pueblo (400 metros) para salir de nuevo a la carretera. Nos damos cuenta que ha sido un rodeo innecesario.

            El valle se estrecha. El río forma torrentes y cascadas que embellecen el paisaje. Qué lejos queda ya la sequedad de la meseta castellana!! A 1,5 km del puente, después de pasar por un desfiladero, se encuentra el desvío hacia Buiza. Dejamos el río Casares que sigue hacia Cabornera. La nueva carretera discurre por un estrecho valle formado por el Arroyo de Folledo. A 1,2 km del cruce llegamos a la pequeña Ermita de Sra. Del Valle donde nos tomamos un descanso. Los rayos solares que acaban de hacer su aparición sobre las cimas, atraviesan la espadaña del campanario de la ermita componiendo una estampa única del entorno. Desde Pola de Gordón el camino no ha dejado de ascender aunque la pendiente se hace soportable. Peor son los camiones-bañera que no dejan de pasar para arriba y para abajo dejando a su paso un rebufo molesto. 1,5 km más y estamos en el pueblo de Buiza cuando son las 09:30 horas. Qué bien se está portando la planta del pie!! Y es que el descenso de la temperatura ha sido la mejor medicina.

 
Ermita de Nª Sra. del Valle
 
Llegando a Buiza

Buena hora para descansar y tomar el almuerzo que llevamos casi preparado. Preguntamos por el bar y nos dicen que no lo abren hasta el mediodía. En fin, buscamos unos poyetes donde sentarnos y con tranquilidad damos cuenta de los bocadillos de jamón y queso. Aprovechamos para llamar a la Posada del Embrujo informando a Lucía de nuestra situación. Queremos llegar para comer –le indicamos-. –En unas 3 horas podéis estar aquí. Acordaros de que el desvío a Poladura se inicia donde se encuentra una caseta a la izquierda de la pista que baja a Rodiezmo.

A las 10:15 horas iniciamos la subida de verdad a la montaña. Nada más abandonar el pueblo, siguiendo la buena señalización, el camino se empina de lo lindo. Marchamos por una especie de cañada que sube por la ladera del monte. Unos 300 metros más allá, el camino se ve cortado de golpe por una gran explanada que deben haber preparado para almacenar áridos y prefabricados y que se halla protegida por unas cintas. Oteamos más allá de la explanada en busca de la continuidad del camino. No somos capaces de encontrarla. Decidimos bordearla por la izquierda campo a través. Cuando estamos en el otro lado advertimos a nuestra derecha un camino en ascenso. Nos acercamos. Y ¡¡aleluya!! una flecha amarilla. De momento hemos salvado el escollo. Cuando llevamos andados unos metros, miramos hacia atrás para comprobar por donde habíamos salido del pueblo y nos percatamos que si hubiésemos saltado la protección de la explanada cruzándola directamente, habríamos dado también con el camino. Lo que ocurre que a veces la falta de flechas te desorienta.

 
Comienza la subida (atrás Buiza)
 
Llegando a Las Forcadas de San Antón

Ahora comienza la dureza de verdad del recorrido. El camino se empina bordeando la ladera de Peña Prieta. Yo no puedo seguir el ritmo que imponen Juan y Pepe que se distancian. Habrá que subir cada cual a su aire. Yo tengo que parar repetidas veces para tomar aire. Mis amigos han desaparecido de mi vista. Me encuentro en la más absoluta soledad. A pesar de no existir mucha arboleda, el terreno se presta más a servir de pastizales, observo la profundidad del paisaje que tengo ante mí, el panorama no podría ser más impresionante. De vez en cuando alguna encina perdida que me sirve de sombraje en los momentos de parada pues el sol pica. A media ladera, parece que la pendiente se ha suavizado. Menos mal. El piso se encuentra a tramos empedrado, signo evidente de que en su día fue un camino de herradura utilizado mayormente por los arrieros. Poco a poco me voy acercando al grupo rocoso formado por multitud de peñascos picudos que emergen de la tierra como si fueran puntas de iceberg. Estoy ante el paraje denominado Las Forcadas de San Antón. El silencio del lugar es verdaderamente sobrecogedor. Ya veo a Juan y Pepe que me aguardan entre los peñascos.

            Agrupados atravesamos las Forcadas. Al otro lado de las rocas, el terreno está casi cubierto de brezos y escoberos con su floración amarilla. El camino se ha convertido en trocha cuya traza se va haciendo muy imprecisa y casi siempre se encuentra anegada de agua formando regueros que fluyen desordenadamente. Es algo incómodo andar. Llevamos las botas completamente empapadas. Gracias a la membrana de Gore-tex”, el agua aun no ha llegado a los calcetines. Caminamos por una loma de poca pendiente, debemos estar casi en el collado. ¡¡Vaya charcas!! 600 metros mas adelante, por fin lo alcanzamos en el lugar por donde cruza un cortafuegos que baja por nuestra izquierda desde la collada del Pedrosillo y por la derecha remonta la ladera hacia otro pico. Frente a nosotros y sin duda a equivocarnos la pista de Rodiezmo que debemos tomar y que desciende en pronunciada pendiente. Al fondo de la barrancada, divisamos el verde valle de la Tercia sobresaliendo entre dos cortados. Después del esfuerzo realizado creo que merecemos un descanso. No obstante, me siento fuerte. La subida ha sido dura pero no la he acusado. Sopla una brisa fresca del norte, hay que abrigarse y es que nos encontramos a 1465 metros de altitud. Observamos el cielo. Por el norte, es decir, hacia donde nos dirigimos, se está cubriendo por momentos de preocupantes nubes tormentosas.

La caseta del desvío

            Iniciamos el descenso. Tenemos que bajar justamente lo que hemos subido desde Buiza.. Por esta ladera hay más vegetación arbórea, sobre todo de pinos y zonas de repoblación forestal. Vamos contentos y Juan lo demuestra cantando su variado repertorio, mientras Pepe y yo hacemos de comparsas. Pero debemos extremar la precaución para no pasarnos el desvío como lo han hecho muchos peregrinos. La referencia de la caseta proporcionada por Lucía y Feli es muy importante. A eso de 1 km encontramos una caseta a la izquierda. ¿Podrá tratarse de ésta? Un camino poco pisado sale a la izquierda. Pero ni una flecha que nos confirme el buen camino. No obstante, Pepe se interna por él para explorarlo. Vuelve enseguida. No puede ser –nos dice con seguridad- está totalmente embrozado. Por ahí no ha pasado ningún ser humano en mucho tiempo. Bueno, pues a continuar bajando. Todo sea que tengamos que continuar hasta Rodiezmo. Sería un mal menor, aunque luego nos tocaría andar unos 5 km de carretera hasta Poladura de la Tercia. Seguimos descendiendo y sin encontrar sendero alguno. Cuando más estaba cundiendo el pesimismo y nos vamos haciendo a la idea de seguir a Rodiezmo, aparece de repente, tras una curva cerrada a la derecha, una segunda caseta. Y esta sí que es la buena. Un senderito que se abre de la pista con una buena flecha amarilla pintada sobre una roca nos hace cambiar el semblante. ¡¡Aleluya, amigo “Santi!! ¡¡Lo hemos conseguido!!

 
Inicio del sendero
 
La senda a media ladera

            Salimos de la pista y por el sendero nos vamos apartando de ella al mismo tiempo que ascendemos la ladera en diagonal. La senda de momento es de tierra pero al final de la subida se convierte en pura roca descarnada. Es el cortado izquierdo que veíamos desde el collado que cae a plomo hasta la pista que se abre por ese paso natural. Nos paramos unos momentos para contemplar la mayor parte del valle de la Tercia, con Rodiezmo al frente en medio del valle, hacia nuestra izquierda se encontrarán los pueblos de San Martín y Poladura de la Tercia que aun no podemos ver. ¡Qué reconfortante para los sentidos es poder disfrutar de este espectacular paisaje!

 
Llegando al final de la subida
 
El valle de la Tercia y Rodiezmo

            De momento no tenemos ningún problema de seguir el sendero, ayudados por las flechas amarillas y a veces por brochazos. Observamos que la hierba está muy alta lo que significa que todavía no han llegado los pastores con el ganado.

            En un momento determinado perdemos la traza del camino y la señalización que deben estar confundidos con la hierba. Guiados por la intuición caminamos campo a través por medio de los pastizales que están horadados por las pisadas de las vacas. Hay que extremar el cuidado para no torcerse un tobillo. Porque la verdad es que vamos, como quien dice, a tientas. Definitivamente nos hemos perdido. Y además, las nubes que veíamos desde el collado están encima de nosotros y comienza a tronar y relampaguear. De un momento a otro lloverá irremisiblemente. De nuevo el pesimismo se apodera de nosotros. No queda mas remedio de dirigirnos campo a través hacia la carretera de Rodiezmo a Poladura. Pero la carretera está lejos y comienza a llover. Rápidamente nos ponemos los chubasqueros que se estrenan en el Camino. Tan deprisa como el terreno nos permite vamos descendiendo la ladera ligeramente hacia el oeste. A veces tenemos que pasar unos pastores eléctricos que nos cierran el paso. Que manera de llover!! Y en medio de la montaña. Iba todo demasiado bien, algo tenía que fallar. Encomendándonos a Dios y al Apóstol seguimos una despavorida huida hacia adelante sin saber por donde vamos. En uno de las hoyos del terreno casi me tuerzo del todo el tobillo, las botas evitan males mayores. Juan se separa un poco de nosotros para ampliar la zona a explorar. Buscamos a la desesperada. El tiempo pasa irremisiblemente y la soledad de la montaña impresiona. Nada de nada, solo pasto y más pasto. Cuando la desesperación más roía nuestras mentes, una flecha amarilla aparece como por encanto. Pepe es el que la descubre y como si de Rodrigo de Triana se tratara grita a Juan. Flecha a la vistaaaaaa!! El Apóstol Santiago se nos ha aparecido de nuevo guiándonos hacia el Camino. Gracias amigo Santi!!

 
Llegando a Poladura de la Tercia

            Nos reagrupamos y seguimos encontrando una flecha tras otra. Parece imposible pero es cierto. Ya no notamos ni el agua que cae con persistencia y fuerza, ni oímos los truenos, ni vemos los relámpagos. Estamos salvados. De momento hemos recuperado el Camino.

            Continuamos en dirección oeste por la zona del valle más próxima a la ladera. Vamos por una especie de cañada ancha cubierta de hierba entre dos líneas de cintas naranjas y cuando es necesaria la flecha amarilla pintada donde mejor han podido. Vamos muy contentos.

            Poco a poco el agua nos va empapando, incluso nos penetra en las botas. Pero que más da. Pronto estaremos al calorcillo del Albergue.

            A las 13:00 horas alcanzamos la pista que se dirige a San Martín de la Tercia que tenemos a nuestra derecha. Poladura debe estar escondida tras la arboleda. Estamos salvados. Solo queda encontrar el mejor camino para llegar a Poladura.

            Yo había visto en el mapa, que siguiendo la pista hacia la izquierda existe un desvío que se dirige a Poladura, pero ignoro a la altura que se encuentra. No queremos arriesgarnos lo más mínimo y decidimos asegurar la dirección torciendo a la derecha hacia San Martín. A unos 200 metros llegamos a una casa de labor donde intentamos medio resguardamos unos momentos porque la lluvia arrecia. Al doblar la esquina de la casa, se nos aparece una flecha amarilla pintada sobre la pared dirigida hacia un sendero que sale a la izquierda de la pista. Indudablemente el Camino continúa por allí pero el sendero está bastante deteriorado y medio tapado con las ramas secas de las encinas. Además con la lluvia, se está formando barro. Hay que andar con cuidado para no resbalarse.

            Como podemos llegamos a un arroyo por el que fluye un buen reguero que debemos vadear a nuestra suerte. Pepe encuentra el sitio adecuado. Juan y yo que vamos un poco rezagados hacia la izquierda nos resulta difícil cruzarlo. Tenemos que volver atrás y rectificar. Al final, con el barro hasta el cuello y completamente mojados pasamos al otro lado saliendo del apuro. Aunque no podemos verle, Pepe no deja de gritarnos desde algún sitio en lo alto del talud. Guiados por sus voces lo remontamos hasta el lugar donde nos está aguardando. De qué manera se nos ha complicado el final de etapa. Nos la prometíamos muy felices y mira por donde todos los elementos se han puesto en nuestra contra.

Poladura de la Tercia

            Seguimos por la traza de lo que aparenta ser una senda y tras una arboleda se nos aparece una hermosa pista que aunque está completamente encharcada nos conduce a Poladura de la Tercia que ya tenemos a tiro de piedra. Lucía nos está esperando en la entrada del pueblo. Ya estábamos diciendo donde os habíais metido –nos dice Lucía dándonos la bienvenida- Además habéis entrado por el verdadero Camino. Son las 13:30 horas. Nos ha llevado tres horas y cuarto en llegar desde Buiza. Aleluya!!

            Lucía nos guía hasta la Posada del Embrujo, una casa rural cuya dirección comparte con Feli. Haciendo honor a su nombre, es un lugar encantador en un pueblo perdido entre parajes salvajes.

            Saludamos a Feli, es la encargada de la cocina, y nos desprendemos del chubasquero y de las botas. Ponerlo donde podáis –nos dice amablemente Lucía-. Mientras nos acoplamos nos tomamos unas cervezas. Extendemos los chubasqueros sobre los respaldos de unas sillas y rellenamos las botas con papel de periódico.

            Las habitaciones están decoradas con mucho gusto. Juan se instala en una y Pepe y yo en otra. Vamos empapados de agua. Una buena ducha de agua caliente nos deja nuevos.

            La comida abundante y sabrosa la comemos con apetito. Después de la dura etapa, necesitamos cargar baterías a tope.

            Cuando terminamos de comer, la lluvia ha cesado por completo y sale el sol. Así que aprovechamos para hacer la colada y tender la ropa en el exterior..

"Las vacas regresan hacia los corrales"

            Después de una buena siesta, conversamos con Lucía y Feli sobre todo con referencia al Camino. Ellas pertenecen a un grupo de vanguardia que se preocupan por el mantenimiento de la pureza del entorno. Les proponemos señalizar el tramo de Camino entre la pista de Rodiezmo y Poladura con estacas. Creemos que es la forma más adecuada en estos terrenos de pastizales donde una marca en el suelo puede fácilmente pasar desapercibida. Toman nota de nuestra sugerencia.

            Se ha quedado una buena tarde propia de paseo. Lucía nos indica la salida del Camino de mañana. La señalización del gasoducto –nos informa- será vuestra referencia en todo el trayecto hasta Arbás del Puerto. No tiene pérdida. Para asegurarnos nos dirigimos en esa dirección. Pepe sube por un camino de vacas hasta la loma donde se encuentran los escoberos en floración que nos ha indicado Lucía. Creo que tenemos asegurada la salida y regresamos. Las vacas regresan también hacia sus corrales. El sol inicia su ocaso. Es maravilloso contemplar los montes salpicados de formaciones rocosas de formas caprichosas que circundan el valle de un verde intenso.

            Feli nos tiene preparada la cena que no podemos terminar. Es demasiado. El desayuno nos lo dejan preparado para que salgamos cuando queramos. Ha sido una jornada viva de las que dejan huella. Agradeciendo a Lucía y Feli sus atenciones, nos despedimos de ellas hasta la vuelta. Espero que en otra ocasión podamos volver a vernos.

            Buenas noches y hasta mañana.

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