Puesta de sol en Mansilla de las Mulas

11ª JORNADA

Lunes, 12 de junio de 2006

El Burgo Ranero – Mansilla de las Mulas

Parcial 18,7 km; Totales: 318,6 km; Restan: 463,7 Km

Una etapa de transición

            La noche ha sido sofocante. A las 05:00 horas ya está Juan tocando en la puerta. Al levantarme siento alivio al comprobar que la planta del pie me molesta menos. A ver si pronto el calor va a menos y se me cura. La etapa de hoy podría denominarse de transición, no llega a 19 km.

            Desayunamos en el mismo Bar Peregrino, un desayuno completo, servido por el madrugador dueño.

            A las 05:45 horas nos encontramos abandonando el pueblo todavía a oscuras. Esta vez no necesitamos las linternas para alumbrarnos, conocemos de sobra el Camino. Observamos como nuevos peregrinos se van incorporando. Por el momento marchamos por el andadero de gravilla, habilitado a la izquierda de la carretera, a través de esa “longaniza” interminable de 10 km que pasando por el cruce de Villamarco que dejamos a nuestra izquierda, termina en el cruce con la línea férrea Palencia-León.

            Conforme pasan los kilómetros los pies se me van recalentando y comienzan a mortificarme, sobre todo el derecho. Menos mal que vamos agrupados siguiendo mi ritmo, Juan y Pepe saben muy bien que hoy la etapa es corta y no hay prisa por llegar. Una peregrina nos alcanza y camina a nuestro lado durante un rato. Se da a conocer. Se trata de Rosa residente en un pueblo de Extremadura y que ha salido de Burgos. Lleva un ritmo endiablado y pronto nos deja. Advierto como Juan se queda con las ganas de seguirla, no le gusta que le pase nadie, pero algo me dice que se contiene por mí. Los cantos no cesan. Hoy me atrevo con un solo que probablemente ellos no conozcan. Allá voy!! Comienzo con los sones de esa bella melodía francesa cuya letra nunca olvidaré:

J'attendrai le jour et la nuit
J'attendrai toujours ton retour
J'attendrai car l'oiseau qui s'enfuit
Vient chercher l'oubli dans son nid.

Le temps passe et court
En battant tristement
Dans mon coeur plus lourd
Et pourtant j'attendrai ton retour.

            A pesar de que mi voz no es muy buena, dejo estupefactos a mis compañeros que no esperaban verme arrancar así. Termino con la melódica canción con su complacencia. Ya estábamos deseando oírte cantar –me dicen-. Y es que de vez en cuando hay que distraerse con algo para tratar de que los kilómetros pasen más rápidos, sobre todo en estas etapas tan monótonas.

Crucero a la entrada de Mansilla de las Mulas

            Una vez salvada la vía férrea por un paso inferior, que lleva construido unos dos años para evitar el peligro que supone atravesar las vías por la superficie, tan solo nos quedan poco mas de 3 km a Reliegos donde llegamos a las 08:30 horas. Paramos a descansar un rato en la plaza del bar que aún no está abierto. Rosa se encuentra ya allí sentada en un banco. Nos sentamos con ella y charlamos. Nos dice que seguramente llegará a Villarente. Va muy fuerte. Nos tomamos unas tabletas energéticas para reponer energías y adelante pues la dueña del bar parece que no tiene ganas de abrirlo. Nos quedan unos 6 km de andadero por terreno completamente llano. Rosa va delante de nosotros y poco a poco se va alejando con la desesperación de Juan que no pone buena cara.. Cuando la vemos comenzar a subir el puente de la autovía, Juan no aguanta más y mete la directa. Voy a tratar de alcanzarla –nos dice-.

            En la entrada del Albergue estamos a las 10:00 horas, muy pronto todavía. El Albergue no lo abren hasta las 12:30 horas. Juan y Pepe se marchan a dar una vuelta. Yo me quedo en el bar junto al albergue, reposando los pies y guardando las mochilas que ya hacen cola. Tengo yo bueno el pie derecho como para dar pasos de propina. Mientras me tomo plácidamente, sorbito a sorbito, una rica cerveza, aprovecho para ponerme las sandalias. Qué alivio!! Noto que la ampolla se me ha vuelto a reproducir. Cuando nos instalemos en el albergue, no tendré más remedio que ir al ambulatorio.

            Poco a poco van llegando nuevos peregrinos, que siguiendo la costumbre, van colocando sus mochilas en cola tras las nuestras. Algunos pasan de largo, son los que prefieren llegar a León. Los últimos de la mañana son los que han pasado la noche en Bercianos. Menos mal que decidimos no rendir etapa allí, porque nos dicen que al mediodía el albergue estaba completo.

            A las 12:15 horas aparece el alemán “Wolf” (El Lobo), enjuto y entrado en años, un veterano del Camino que ha echado raíces en el albergue de Mansilla, donde ayuda, con muy buen tino por cierto, a la infatigable Laura, hospitalera oficial. “Wolf” nos va reclamando las credenciales para agilizar el protocolo de llegada y seguidamente hace un recuento de las mochilas para verificar que cuadran. Y es que hay mucha picaresca en el Camino Francés. Hay peregrinos rezagados o que van con coche de apoyo que entregan las credenciales a un adelantado para que tengan asegurada la cama. Pero “Wolf” es un viejo zorro y no está dispuesto a dejarse engañar.

            Una vez dentro, nos acomodamos en una habitación de la planta alta teniendo por compañeros a una extravagante australiana de edad avanzada y dos franceses. Juan y Pepe me cuentan que en su paseo han encargado lechazo en el recomendado Restaurante “El Horno”.

            Mientras recogemos las credenciales en el despacho de Laura, le pido a ella, gran experta en ampollas, que le eche un vistazo a la planta de mi pié. La veo muy mal –me dice observándola con detenimiento- yo de ti iría a que la viera un especialista. Incluso creo que se te ha infectado. Mal asunto.

            Mis amigos de fatigas me acompañan al ambulatorio. Una ATS me atiende. Cuando ve la ampolla pone cara de preocupación. Yo que Vd. –me dice convencida- dejaría al momento de andar, la tiene muy mal, a punto de reventar y si se desgarrara la piel va a ver las estrellas. Son unos momentos difíciles que requieren una decisión inmediata. Tu interior te dice que continúes, dejando a la providencia o al amigo “Santi” la posibilidad que no vaya a más y termine por curarse pero de nuevo percibes con nitidez la cruda realidad que se inclina por el abandono. En unos segundos pasan por mi mente multitud de pensamientos. Lo tengo claro –le contesto a la enfermera- le ruego que me cure la ampolla y me la proteja con un apósito. Descansaré un día y después Dios dirá. Allá Vd. –me dice algo enfadada- pero mañana no camine. Estoy convencido que lo que mas me afecta es el calor. De aquí en adelante, con un poco de suerte, este no será el problema.

            Una vez curado, nos acercamos al restaurante reservado que para más “inri” está en una futura zona residencial en el extremo del pueblo. El lechazo deja mucho que desear. De cordero lechal nada de nada. A Juan por lo menos le toca en suerte la paletilla que siempre es más sabrosa y tierna. Pepe y yo nos tenemos que conformar con sendas piernas resecas. Qué diferencia con el que me comí en Villalón de Campos!!. De vuelta al Albergue, lástima de pié, nos echamos una buena siesta hasta las seis. Necesito mucho descanso si quiero continuar el Camino. Lo tengo decidido, mañana iré en autobús a León. Hablamos con un matrimonio de edad asturiano que lleva residiendo en Australia nada menos que 40 años y que no quieren irse al otro mundo sin haber realizado el Camino de Santiago. El marido me dice con sorna si en el estado en que me encuentro pienso llegar a Oviedo. Por lo menos lo intentaré –le contesto convencido-tengo confianza en el Apóstol. El Albergue está a tope, hasta han tenido que sacar colchones a los pasillos.

            Salimos a dar un paseo tranquilo. La temperatura ha descendido bastante y ráfagas de viento barren las calles de Mansilla. Por otra parte el cielo se va cubriendo con nubarrones tormentosos. En el bar “El Molino” nos sentamos en la calle para tomarnos unas “colas”. Todavía no habíamos tomado el primer trago cuando nos tenemos que refugiar en el interior del bar. Está cayendo un chaparrón de cuidado. Nunca habíamos deseado tanto ver llover!! Está claro que no estamos en el páramo castellano.

            Ha caído mucha agua en poco tiempo. Cuando deja de llover nos acercamos a cenar al Restaurante Marcelo. La dueña se esmera en atendernos aunque los macarrones están algo pasados de cocción. Pero por lo menos serán suficientes para reponer fuerzas.

            Está oscureciendo cuando nos retiramos al Albergue. Hay que recuperar energías.

            Me enchufo el respirador y antes de quedarme dormido pienso en lo difícil que se está poniendo el Camino para mí. Pero la esperanza no debo perderla. Dios y el Apóstol proveerán.

            Buenas noches y hasta mañana.

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