El Canal de Castilla

9ª JORNADA

Sábado, 10 de junio de 2006

Castromonte-Villalón de Campos

Parcial 37,8 km; Totales: 269,1 km; Restan: 513,2 Km

El mercado medieval

            Partimos de Castromonte a las 05:45 horas después de desayunarnos las socorridas tabletas energéticas. Todavía está oscuro por lo que nos debemos ayudar con la linterna para tratar de localizar las flechas amarillas que al final perdemos.

Mural a la salida de Castromonte

            Optamos por seguir la carretera que discurre por una vaguada de terreno muy pobre. Tras 7,6 km de suave bajada, dejamos Valverde Campos a nuestra derecha y continuamos por el asfalto. Menos mal que el calor todavía no ha hecho acto de presencia.

            Seguimos la carretera pues no encontramos señalización fiable. Pronto Juan y Pepe me toman la delantera. Unos 3,5 km después encuentro una flecha dirigida hacia una pista que sale a mi izquierda. Llamo la atención a gritos de Juan y Pepe que marchan a unos 200 metros por delante, se vuelven  pero no me hacen ni caso, así que los dejo a su aire. Yo iré esta vez en solitario por el camino señalizado, por lo menos dejaré el asfalto. Al fin y al cabo nos encontraremos en Medina de Rioseco que ya tenemos a la vista.

            Llegando a Medina de Rioseco empieza a dolerme la zona lumbar. Más molestias a sumar a la del pié derecho. Son las 08:45 horas cuando encuentro un bar abierto en el centro. Telefoneo a Juan que debieron entrar por la carretera general. Efectivamente están ya en el pueblo y unos minutos después nos reunimos. Ellos se piden unos bocadillos para almorzar. Para mí es muy pronto todavía y prefiero hacer un buen desayuno con café y bollería, otra cosa no me entraría.

Dársena del Canal de Castilla

            Sobre las 09:30 horas reanudamos la marcha hacia las afueras de Medina. Al llegar a la dársena del Canal de Castilla tenemos que decidirnos por tomar el itinerario de Berrueces y Moral de la Reina o el que discurre por el camino de sirga junto al Canal. Sin pensarlo mucho optamos por este último. Será más agradable ir a la sombra de los chopos acompañados del frescor que debe emanar el canal que marchar por parajes desérticos.

            Después de hacernos unas fotos en la dársena donde se inicia el recorrido del Canal de Castilla, emprendemos la marcha por el camino de sirga de la margen izquierda. Vamos en todo momento por la sombra que proporcionan los chopos ribereños, pero a pesar de ello yo voy de mal en peor. El dolor de la zona lumbar se agudiza lo que me obliga a hacer más paradas de lo normal. Juan se nos adelanta de nuevo. Pero ahí está el bueno de Pepe soportando mis sufrimientos. Hace un calor empalagoso que dificulta más mi marcha y por si faltara poco, la semilla de los chopos mezclada con la hojarasca, forman un conglomerado que se te pega en las plantas de las botas e impide andar con normalidad.

Camino de sirga del Canal de Castilla

            Los 8,5 km de canal hasta la 7ª esclusa se me hacen eternos. Pepe me acompaña con más resignación que el paciente Job y de paso levantándome la moral que pasa por momentos delicados.

            En la 7ª esclusa nos está aguardando Juan en bañador. Aprovecha el remanso de la esclusa para remojarse los pies y el torso. Yo me conformo con descargarme la mochila y aguantar de pié a la escasa sombra de un solitario árbol para protegerme del sol. No encuentro un sitio donde sentarme a descansar mejor. Un paisano senderista, buen conocedor del entorno, nos informa que Tamaríz de Campos queda a unos 3 km por una pista que acaban de compactar para favorecer la marcha.

            Después de unos 10 minutos de “descanso”, reemprendemos el camino que para mí está comenzando a ser un suplicio. Juan y Pepe me dejan a mi aire. Les resulta difícil seguir mi torpe marcha y les comprendo. Y es que entre el sol que cae a plomo, el dolor de la zona lumbar en aumento, y la ampolla, cada paso que doy constituye para mí un verdadero

7ª esclusa del Canal de Castilla

tormento. Incluso pienso que a pesar de que tengo Tamariz a la vista, no voy a ser capaz de llegar. Como otras veces en momentos difíciles, aprieto con fuerza los dientes y encomendándome al Apóstol: ultreia!!, adelante!!. Quedarme parado en medio de la más completa desolación sería un suicidio. Cuando alcanzo el puente sobre el río Sequillo, a unos 300 metros del pueblo, no puedo dar un paso más. Tengo que detenerme por lo menos unos minutos para tratar de recuperarme aunque tan solo sea para llegar. Qué momentos más difíciles!! El Camino se manifiesta en toda su crudeza.

            Cinco minutos después continúo renqueando hasta la fuente donde me esperan Juan y Pepe. Me descargo de todo y me arrellano derrotado en el pretil del depósito de agua. Me tomo un sobre de Flectomín con abundante agua y una tableta energética. Valoramos la situación. En el estado en que me encuentro no voy a poder continuar de momento hasta Cuenca de Campos que está a unos 10 km de duro asfalto que con el calor que hace debe estar despidiendo fuego. Quedarme allí para esperar recuperarme parece una solución temeraria. Además no hay un sitio en el pueblo donde protegerse del sol. Así que no queda más remedio que buscar un vehículo que me traslade. A veces la realidad y los sentimientos viajan por caminos contrapuestos. Huir de la cruda realidad sería una irresponsabilidad por mi parte.

Llegando a Tamariz de Campos

            Sin pensárselo dos veces, Juan se dirige a un vecino que está junto a un coche, que se busca sus excusas para evitar moverse. Se dirige entonces a una obra cercana donde trabajan unos albañiles y uno de ellos le dice que cuando terminen no tiene problemas en acercarme a Villalón de Campos. Juan y Pepe piensan continuar a pié hasta Cuenca de Campos donde comerán y después de descansar se reunirán conmigo en Villalón.

            En el trayecto hasta Villalón me doy cuenta de la dureza del final de la etapa. Todo carretera y sin un árbol. En el lamentable estado en que me encuentro, he hecho bien en abstenerme de hacerla a pie si lo que pretendo es continuar en el Camino. En Villalón están de fiesta –me dice el paisano- celebran un mercado medieval. Para fiestas estoy yo!!.

            Al llegar a las afueras del pueblo, me tiene que dejar ya que están todas las calles cortadas al tráfico. Dándole las gracias, me introduzco en las calles de Villalón entre una multitud de gente ataviada con vestiduras medievales, no podía ser más a propósito. Me dirijo al Bar Bécares que se encuentra en plena calle Mayor flanqueada por arcaicos soportales, en medio de todo el bullicio que celebra con jolgorio su fiesta. En el bar se encuentra una nutrida clientela tomando el aperitivo, dentro y fuera bajo los soportales. Hasta los camareros y propietarios van vestidos a la usanza medieval. Enseguida, uno de los Bécares me acompaña, atravesando la plaza donde se asienta un legendario “rollo jurisdiccional” (1), abarrotada de tenderetes y vecinos, a la pensión donde me instalo en una habitación de tres camas con vistas, a través de un balcón, a la plaza donde no cabe un alfiler.

Rollo jurisdiccional de Villalón

            Después de una buena ducha que hoy necesito más que nunca, me tumbo en la cama todo lo largo que soy. Por lo menos diez minutos de relax no me vendrá mal. Hoy lo he pasado francamente mal. El peso suplementario del respirador lo está acusando mi espalda. Maléficos pensamientos fluyen por mi mente. Para tratar de quitármelos de encima, telefoneo a Juan. Les queda todavía unos kilómetros para llegar a Cuenca de Campos y están sufriendo. El calor y el asfalto están pasándoles factura. Les digo que se lo tomen con tranquilidad y que les espero en la Pensión. Anda que si llego a continuar con ellos… Eso me da nuevos ánimos. Una buena justificación conmigo. En fin, vamos a comer y tratemos de quitar las penas.

            Entre los tenderetes y el público que abarrota la Plaza del Ayuntamiento me acerco a Casa Bécares. Me acomodo en una mesa y echo un vistazo a la carta. Vaya hombre!! Hay menú especial por las fiestas. Y entre los platos que ofrecen veo “Lechazo asado”. Con las ganas que tenía de catarlo!! No me lo pienso. Una ensalada y el lechazo mojado con buen vino clarete de Cigales serán más que suficientes para alegrarme la vida. La paletilla de lechazo me sabe a poco, está riquísima. No todo van a ser pesares.

            Concluida la suculenta comida, me retiro a descansar a la pensión y esperar la llegada de mis compañeros de fatigas.

            Sobre las 18:00 horas aparecen Juan y Pepe reventados. Piensan que ha sido hasta el momento la etapa mas dura del Camino. Una vez aseados y descansados, salimos a dar una vuelta por el mercado medieval mezclándonos con los vecinos que exhiben en la solapa una pegatina reivindicativa del paso de la autovía por el pueblo. Pepe aprovecha la ocasión para comprarse unas alpargatas. En un tenderete exponen sus aves unos cetreros que hacen gala de su experto oficio con unos halcones que dirigen a su antojo. Menudo ambiente!! Compramos embutido, queso y pan para el almuerzo de mañana ya que no sabemos si encontraremos algún bar abierto durante la etapa.

            La tarde comienza a languidecer y el cielo se está cubriendo de "borrregos" por lo que si hacemos caso al refrán: “Cielo aborregado a los tres días suelo mojado”, lloverá cuando menos lo pensemos. Nunca hemos tenido tantas ganas de que eso ocurra. Así por lo menos refrescará el ambiente. Está siendo muy dura la meseta castellana, nada recomendable para atravesarla en meses calurosos.

            Permanecemos un rato en la plaza haciéndonos fotos con el “rollo” y la iglesia de San Miguel de fondo y asistiendo a diversas actuaciones artísticas que nos hacen olvidar las desagradables incidencias de la etapa. Por último nos acercamos al restaurante de Bécares donde damos cuenta de unas copiosas ensaladas.

            Es hora de retirada. Ya veremos si podemos pegar ojo con tanto jolgorio. Antes de acostarnos Pepe me hace la cura diaria del pie renovando el apósito. De momento no va a más. Es una buena noticia.

            Hay música y cantos hasta altas horas de la noche pero estamos tan cansados que no son obstáculo para conciliar un profundo sueño.

            Buenas noches y hasta mañana.

(1)   El “rollo” de Villalón.-

            El rollo o picota de Villalón, sin duda uno de los más hermosos de España se erigió en 1523. Trazado en gótico, se levanta sobre un basamento octogonal que consta de cinco escalones. De esta plataforma arranca su primer cuerpo, de planta cuadrada con nichos y columnillas en cada cara; sobre los doseletes figuran relieves de medallones. Su segundo cuerpo es igualmente de planta cuadrada aunque más reducida, con columnillas en sus ángulos y bichas, a manera de gárgolas. Su remate se forma mediante cinco pilares interpretados como pináculos, resolviéndose el central como un florón coronado por un hierro con aspas horizontales. Fue restaurado por primera vez en 1927. Se ha apuntado la posibilidad de que fuese obra de un arquitecto que trabajaba en la catedral de Burgos y Agapito y Revilla, reforzando esta sospecha no aclarada documentalmente recuerda los lazos familiares de los Benavente con los Condestables de Castilla.

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