Entre Wamba y Peñaflor de Hornija

8ª JORNADA

Viernes, 9 de junio de 2006

Puente Duero-Castromonte

Parcial:35,7 km; Totales:231,3 km; Restan 551,0 km

Los Páramos de Torozos

            Hoy nos pegamos un buen madrugón. A las 05:00 horas Juan ya está tocando diana. La etapa es larga y puede que sea muy calurosa por lo que se hace preciso iniciarla pronto. Encontramos a la buena de Patricia que ha pasado toda la noche sentada en un sillón. Pobrecilla!!. Al percatarse que nos hemos levantado lo hace ella también. Preparamos el desayuno y nos despedimos de esta noble mujer deseándola todo lo mejor en la vida y que tenga suerte en su nueva faceta de hospitalera. Estoy seguro que atenderá con una hospitalidad de lujo a los peregrinos que pasen por el Albergue.

Puente medieval sobre el Río Pisuerga

            Cruzamos el puente medieval sobre el río Duero. Todavía es noche cerrada. Nada más pasar el puente tomamos una pista a la izquierda rodeando la calle donde ayer tarde vimos al perro. Dos kilómetros después llegamos a la carretera de Simancas tomando una pista que discurre a la izquierda en paralelo a la carretera que se convierte en un magnífico cortafuegos para el último gran pinar de Castilla que encontraremos en nuestro Camino. A las 06:50 horas salvamos el Río Pisuerga por otro puente medieval muy largo y de un solo sentido de circulación por lo que dado que el día aún no ha despuntado, debemos extremar la precaución. Después de cruzar el puente se entra en Simancas por una calle en fuerte subida y a las 07:00 horas estamos junto a la fuente que hay frente al famoso castillo, donde nos permitimos un receso.

Castillo de Simancas

           Cruzamos la autovía de Valladolid por un paso inferior y por una pista en subida nos adentramos en el páramo castellano. A izquierda y derecha campos de trigo mocho, como identifica Juan, intercalados con barbechos y terrenos yermos, sumido todo en una sequedad sorprendente, pero lo que mas sobrecoge es que no hay ni una sombra donde protegerse del sol, ni una casa, nada de nada.

            A estas horas tempranas todavía se puede marchar bien pero el cielo totalmente despejado hace presagiar un día caluroso. Juan de nuevo se adelanta, va muy nervioso.

            1,5 km antes de llegar a Ciguñuela, justo al comenzar un fuerte repecho, se encuentra un peculiar refugio bien señalizado a la izquierda del camino y en la misma vaguada de La Barguilla. Bajo la señalización "Camino de Santiago", una placa donde se puede leer este expresivo soneto:

 
Bajando el repechón que endurece La Barguilla,
como a un cuarto de legua, o así, de Ciguñuela.
verás esta pequeña y humilde cabañuela
que al lado del camino se halla a su diestra orilla.
De recia construcción, es modesta y bien sencilla:
al aire, siempre abierta, su entrada, y sin cancela
la frágil alambrada que cerca la parcela,
pues falta lo que fuera pretexto de portilla.
Lugar de reunión de sociables cabañeros,
que, entre charlas amenas y almuerzos de buen vino,
conllevan la amistad como preciada bandera.
Crisol de tantos ratos pasados placenteros...
Que el sano disfrutar es un grato don divino;
y bueno es arrojar amargura y penas fuera...

Mas..., piensa y considera
que siempre se ha de hacer con estilo y buenos modos...
Y recuerda..., no lo olvides...¡Cuídala, es de todos!


José Daniel Fuentes Macho
Julio 200
3

            Entramos en el refugio. La verdad es que a pesar de su austeridad aparenta robustez, más que suficiente para tomarse un descanso o guarecerse de alguna tormenta. Por donde andará Juan!! Cuando toma la “directa” no hay quien le alcance.

            Llegados al alto se comienza a ver el pueblo presidido por la torre de la Iglesia de San Ginés. El tonto del pueblo, sentado a la entrada viendo como trabajan unos paisanos, nos recibe con aspavientos. No hay ningún bar abierto -nos dice Juan al encontrarle-, tendremos que seguir hasta Wamba. Y el calor apretando lo suyo. En Ciguñuela hay un albergue inaugurado no hace mucho que dicen que está bastante bien.

Llegando a Wamba

            Por otra pista salimos de Ciguñuela. El panorama continúa igual. A 6 km la pista desemboca en una carretera asfaltada que nos conduce en 1,5 km directamente a Wamba, situada en una vaguada con algo de verdor, un oasis en el páramo. Allí está Juan esperándonos. La Iglesia de Santa María se halla cerrada, así que nos quedamos sin visitarla como hubiera sido nuestro gusto. En ella, se aprecian diferentes estilos arquitectónicos. La cabecera es de estilo visigodo del siglo X, la nave central y portada románica del siglo XII y el baptisterio, de estilo cisterciense, data del siglo XII. En una de las capillas del claustro se puede visitar un osario. En fin, dejaremos la visita para otra ocasión.

            Lo que si ha encontrado Juan es un bar abierto. Menos mal, ya se estaba haciendo de rogar. Se trata del BarLa Rinconada”, en cuyo patio a la fresca nos sentamos a almorzar. Unos chorizos y “chistorras” regadas con unas cervezas bien frescas fueron suficientes para reponer energías. Aprovechamos para cambiarnos de calcetines. Hoy parece que voy mejor del pié derecho. El izquierdo ni se ha enterado hasta el momento.

Descendiendo hacia la vaguada de Valdematilla

            A Peñaflor de Hornija nos quedan casi 8 km. Nada mas salir de Wamba, se toma una pista que sale junto al cementerio y una ermita, en ascenso hacia el páramo. El mismo paisaje de antes, aunque a veces algunos campos quiebran la monotonía del entorno ocre-amarillo con amapolas mezcladas con flores violetas que forman un bello tapiz que destaca entre tanta sequedad. Peñaflor de Hornija se hace de rogar. De nuevo, Juan nos toma la delantera.

Cuando llevamos una hora de cansino caminar, aparece a nuestra vista el campanario de la iglesia que parece que lo tenemos a tiro de piedra, pero todo es un espejismo. Todavía tenemos que andar un trecho, descender por un camino pedregoso hacia la vaguada que forma el arroyo Valdematilla y remontarla en fuerte pendiente para entrar en la calle Hospital de Peñaflor de Hornija, donde nos recibe un rebaño de ovejas que se retira a su redil para protegerse del sol que está cayendo a plomo.

Entrando en Peñaflor de Hornija

            Allí vemos a Juan que no ha perdido el tiempo durante la espera. Ya tiene las llaves del Polideportivo que le ha entregado Isabel, la madre de la alcaldesa, y también ha encargado la comida en el Bar Hornija o Casa Paco.

            El Polideportivo está hecho una calamidad. Nos duchamos como podemos con agua fría y preparamos unas colchonetas para echarnos la siesta cuando comamos. Efectivamente tenía razón Paco y Arturo referente a su lamentable estado.

            En el Bar, nos atiende Monse, la hija de Paco, muy altiva y con pocas ganas de trabajar. Nos va sirviendo a regañadientes. Está más pendiente de su chico, apoyado sobre la barra del bar, que de nosotros.

            Concluida la comida, nos retiramos al Polideportivo a descansar hasta que baje un poco el sol y continuar hasta Castromonte que se encuentra a poco mas de nueve kilómetros.

            A las 18:00 horas, reanudamos el Camino. Ya no hace tanto calor y el cielo se está cubriendo de negros nubarrones que barruntan tormenta. Si nos libramos de un buen remojón va a ser todo un milagro.

            Descendemos el promontorio donde se asienta el pueblo por el lado opuesto al que hemos llegado hasta llegar a la vaguada formada por los meandros del río Hornija que cruzamos por un puente a 1,5 km del pueblo. En un cruce de carreteras seguimos de frente y a unos 500 metros las flechas amarillas nos desvían por una pista que sale a la derecha. Si hubiésemos continuado por la carretera hubiésemos ido a parar, tras unos 5 km al poblado de la Santa Espina con Refugio de Peregrinos y donde está el famoso Monasterio del mismo nombre, pero pilla algo desviado del Camino. Pronto el Camino coincide con un sendero de largo recorrido que nos llevará directamente a Castromonte después de atravesar el arbolado de Casa Terradillos, otro oasis en medio del páramo. Precisamente cuando estamos atravesando este “oasis”, nos llama Paco para decirnos que en Valladolid ha caído una granizada de muy señor mío. La verdad es que dirigiendo la mirada hacia el sur se ve el cielo todo negro. De momento nos vamos librando de una buena mojada.

Albergue de Castromonte

            A Castromonte llegamos a las 20:00 horas. En la puerta del recién inaugurado Albergue nos espera un paisano para entregarnos las llaves. Nos cuenta por encima el acto de inauguración que tuvo lugar en la mañana. Advertimos que nos han dejado trozos de coca y canapés. Ya tenemos cena. El paisano nos dice que el Ayuntamiento nos invita a lo que queramos en el bar. Como vamos a rechazar semejante atención. Nos dirigimos al bar donde nos tomamos unas cervezas a la salud del pueblo.

            De vuelta al Albergue, nos duchamos con agua fría, (como es normal, faltan algunos detalles por corregir). Cenamos lo que nos han dejado y nos aprestamos a acostarnos. Me acuerdo que hoy cumple mi padre 97 años y le llamo para felicitarle. Quien llegará a esa edad en la forma que está él. Pepe me hace la cura de ampollas y las protege con gasa untada con Betadine. Y sin más, a enchufarme el respirador y a estrenar cama.

            Buenas noches y hasta mañana.

 

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