Crucero de Brazuelas

7ª JORNADA

Jueves, 8 de junio de 2006

Alcazarén-Puente Duero

Parcial:24,7 km; Totales: 195,6 km; Restan:586,7 Km

Una peregrina del mundo

            Hemos descansado a gusto en el Albergue de lujo que Carlos ha tenido la atención de poner a nuestra disposición. Muchas gracias Carlos por la hospitalidad. A las 06:00 horas, nos disponemos a emprender la etapa después de un desayuno improvisado. A pesar de la temprana hora, hace ya calor. Ya veremos como se portan los pies. La ampolla no termina de secarse. Mal asunto.

Río Eresma a su paso por Brazuelas

            Aunque todavía está oscuro, no tenemos problema en buscar la salida pues ya la teníamos bien controlada desde ayer. Después de casi un kilómetro de asfalto, alcanzamos la carretera nacional N-601 que debemos cruzar para seguir por una pista de tierra que nos introduce en un nuevo pinar. Juan anima la marcha con sus consabidos canturreos. A 3,8 km de la carretera llegamos a la Finca de Brazuelas, donde hay un espléndido crucero levantado frente a la puerta principal junto a un hermoso árbol. Desde allí y siempre siguiendo el curso del río Eresma, continuamos por pistas arenosas que discurren entre pinares. Juan y Pepe van siempre delante mía a cierta distancia. La ampolla del pié derecho sigue fastidiándome. Temo que mis pies no aguanten hasta Puente Duero, sobretodo si el calor continúa apretando.

            A 3,2 kilómetros de Brazuelas, la pista desemboca en la carretera comarcal de Matapozuelos-Mojados, a la altura del puente sobre el río Eresma, que va siendo nuestro compañero de camino desde Segovia, donde me esperan Juan y Pepe. Tras 600 de asfalto, las flechas nos dirigen a una cañada que parte a la derecha y que discurre entre el Río Adaja (nuevo compañero) y el Eresma. Al fondo parece adivinarse Valdestillas pero aun nos quedan casi 7 kilómetros para llegar a dicha localidad. Es un tramo bastante descubierto.

            A 2,3 kilómetros de la carretera cruzamos el río Adaja muy cerca de su confluencia con el Eresma que da por terminado su curso. Estoy deseando llegar a Valdestillas para cambiarme los calcetines. Juan mete de nuevo la directa y se adelanta, cuando le entran los nervios no hay quien le pare. Pepe me acompaña. Pasamos entre campos de labranza. Da la sensación de ser una vega muy fértil. 4,4 km después de cruzar el río Adaja, llegamos a las primeras casas de Valdestillas. Juan nos está aguardando. Son las 09:30 horas. Encontramos un bar abierto pero no tienen nada que echar a la boca, parece como si lo acabasen de abrir. Unos paisanos nos recomiendan el Bar Taquita, junto a la estación de FF.CC.. Allí –nos dicen- podrán comer lo que deseen, pero aun les queda casi dos kilómetros. Qué le vamos a hacer, casi media hora de marcha. La travesía por el pueblo, una “longaniza” de cuidado, se nos hace eterna. En el Bar Taquita, Juan y Pepe piden sendos bocadillos. A mí hasta se me ha quitado el apetito y es que estoy preocupado por el pié. Me pido una tapa de tortilla y me tomo un sobre de “Flectomín”, aprovechando la parada para cambiarme de calcetines.

            A las 10:15 horas reemprendemos el Camino. Pasamos junto a la Estación de FF.CC. y salvamos la línea férrea por un paso inferior. Inmediatamente cruzamos de nuevo por un puente el Río Adaja que forma un remanso, desviándonos a la izquierda por una senda arenosa que se introduce en un pinar discurriendo en paralelo a la carretera que la llevamos a nuestra derecha. De nuevo a Juan le entran los nervios y se adelanta, Pepe sigue conmigo. Se hace incómoda la marcha sobre el terreno arenoso de la pista, sobretodo teniendo en cuenta mis molestias. El calor va pasando factura, conforme avanza la mañana me voy resintiendo de verdad. Pepe poco a poco se va separándose de mí, pues mi marcha se va ralentizando por momentos, dejándome a mi aire con mis sufrimientos y pensamientos de desasosiego. A 3,5 km paso por la entrada principal de la Dehesa privada de Osada. Al terreno arenoso de la pista se han agregado los guijarros que martirizan mis pies, es un verdadero suplicio y para colmo de todos mis males, el calor bochornoso que no para de aumentar.

Albergue de Puente Duero

            A 4 km de la Dehesa comienzo a ver las primeras casas de Puente Duero y 400 metros mas adelante, después de pasar bajo un puente, encuentro a Juan y a Pepe que están charlando tan campantes con un vecino, amparados del sol que cae a plomo, por el porche de una casa. Yo llego exhausto. Dicen que han cortado el agua hasta mañana  y que el Albergue no lo abren hasta la tarde –me lanza Juan con cierta ironía-. Lo que faltaba para rematar la jornada. Son las doce del mediodía.

            Nos dirigimos al Albergue que se encuentra a la izquierda del famoso puente romano sobre el río padre, el gran Duero. Efectivamente el Albergue, una coqueta casita de madera rodeada de jardín, está cerrado. Telefoneamos a Paco, las llaves están a nuestra disposición en el Bar Loli cruzando el puente. Juan y Pepe van a recogerlas. Yo me quedo, a la estrecha sombra de un muro, guardando las mochilas. Aprovecho para quitarme las botas y ponerme las sandalias.

Preparando la comida con Paco

            Acomodados y aseados, esperamos la llegada inminente de Paco que lo hace a las 13:00 horas y después de unos breves comentarios sobre la etapa, acudimos a un bar cercano para intentar calmar el calor con unas cervezas mientras termina de descongelarse el guiso de cordero. Ya me voy encontrando bastante mejor.

            De vuelta al Albergue, calentamos el guiso y preparamos una buena ensalada y bajo un sotechado de madera nos disponemos a saciar el apetito, contándole a Paco nuestras venturas y desventuras de la etapa. Nos propone Paco, que mañana en vez de quedarnos en Peñaflor de Hornija a pernoctar, lo hagamos en Castromonte, 9 km más de etapa pero con la ventaja de que en vez de dormir en un polideportivo, que desconocemos en que estado se encontrará, lo haremos en un Albergue que precisamente lo inauguran mañana viernes. Seríamos los primeros peregrinos en pasar por él. La idea no nos desagrada. Ya veremos mañana cuando lleguemos a Peñaflor de Hornija como nos encontramos.

            Cuando estamos apurando la ensalada, aparece sin apenas darnos cuenta una mujer menudita de unos sesenta años portadora de una pequeña bolsa de viaje. Con cabello canoso peinado corto y lacio y gafas muy sencillas, va vestida con traje-chaqueta azul oscuro muy serio, por su aspecto más bien aparenta ser una monjita, que algo tímida nos pregunta con mucha educación por Arturo. Soy la nueva hospitalera –añade algo turbada, con acento extranjero-. Parece un ángel caído del cielo. Al momento Paco la atiende, poniéndole al corriente del que será su nuevo hogar de paso. Nosotros nos quedamos boquiabiertos haciendo cábalas sobre quien será y de donde procede.

Con Patricia en la cocina del Albergue

            Un rato después, la tenemos ante nosotros. Bienvenida hermana –se presenta Juan según acostumbra-. Por favor –contesta la nueva hospitalera –no me diga hermana, prefiero que me llamen Patricia. Al momento comprendemos que no se trata de una monja. Efectuadas las presentaciones se sienta con nosotros. Le ofrecemos algo de comer pero rehúsa alegando que ya ha tomado algo. Como muy poco, saben? –nos dice agradecida. Es de Buenos Aires, donde reside, de ascendencia  irlandesa. Conforme va entrando en materia, nos damos cuenta que es una mujer muy culta. Mientras conversamos con ella aparece Arturo que se lleva a Patricia para instruirle en su cometido. Nos despedimos, tenemos que estirar un poco las piernas sobre la cama para descansar de la dura etapa. Pepe aprovecha para sanear y proteger mi ampolla que ha aumentado de forma ostensible. Y es que con el calor que hace, cómo va a curarse?.

            Sobre las 18:00 nos acercamos al pueblo para comprar los ingredientes para preparar una buena ensalada, bollería y cola-cao para el desayuno de mañana y recoger el “Flectomín” de la farmacia. De vuelta investigamos la salida de la etapa de mañana, según indicaciones de Arturo. Observamos como un perrazo “tapona” prácticamente la calle por donde debemos salir. Mala cosa y peor aún será mañana al alba. Tendremos que dar un pequeño rodeo para eludir el peligro pues no nos fiamos un pelo del can.

            De vuelta al Albergue formamos tertulia con Paco y Arturo, mientras Patricia prepara la ensalada. A Pepe le llama la atención la forma peculiar que tiene Patricia de cortar la ensalada, todo tan menudito!!. Arturo irá mañana a la inauguración del Albergue de Castromonte. Avisará de nuestra posible llegada al atardecer. Pronto se suma Patricia a la tertulia. Enseguida se muestra como una peregrina del mundo. Nos comenta anécdotas referentes a sus vivencias, todas ellas tienen un común deniominador, el autoabastecimiento familiar, del que ella está convencida como única forma de mejorar las grandes desigualdades norte-sur que hoy en día empaña la convivencia entre los seres humanos. Nos quedamos extasiados oyéndola. Qué entrañable mujer!! Seguro que será una excelente hospitalera de este modesto y apartado albergue. Su único patrimonio es lo que lleva puesto, el pequeño bolso de mano con más libros que otra cosa y sobretodo la ayuda a los más necesitados cuando se la requiere. Nos damos cuenta que no usa ni reloj. Ha recorrido medio mundo y hasta ha trabajado con la madre Teresa de Calcuta. A mí me da la impresión que no vive en este mundo y se ha quedado anclada al pasado. Pero es tan bonito lo que expresa!!

Puente medieval sobre el río Duero

La tarde va tocando a su fin. Paco se despide de nosotros. Le agradecemos sinceramente sus atenciones. Mientras comemos la ensalada advertimos que Patricia lo hace sin aderezarla. Posiblemente sea lo único que comerá hoy. Yo me encuentro cansado y deseando acostarme pero me da pena dejarla con la palabra en la boca. Una tras otra sigue relatándonos historias entrañables de familias austeras que se valen de sus pequeñas artimañas para sobrevivir. Arturo también tiene sus historias. Entre ellas la del indigente que pedía limosna ante la Puerta de la Catedral de Murcia que salió corriendo tras de él cuando acababa de sellar la credencial en su Camino del Sureste. Nunca olvidará aquellos instantes en que alguien le tocó en el hombro. Era el indigente que le alargó la mano para entregarle unas monedas. Recuerda que no pudo contener las lágrimas. Desde luego, ha sido una velada enriquecedora. Seguro que el amigo “Santi”, ha puesto en nuestro Camino a esta caritativa peregrina del mundo para darnos una lección de humildad.

Llega la hora de la despedida. Arturo nos recuerda lo del Albergue de Castromonte. Hacedme caso –nos dice- son solo 9 km más que podéis hacer después de la siesta y estaréis mucho mejor que en el Polideportivo de Peñaflor. Igual que a Paco, le agradecemos su hospitalidad y atenciones.

Ya es noche cerrada y mañana queremos levantarnos pronto para aprovechar al máximo el frescor de los albores del día.

Buenas noches y hasta mañana.

Atrás Adelante

Tabla de contenido