4ª JORNADA

Lunes, 5 de junio de 2006

Segovia-Santa María la Real de Nieva

Parcial:32,2 km; Totales: 126,8 km; Restan:655,5 km

Puerta de Santiago

            A las 06:00 horas salimos de la pensión. Todavía es de noche pero una tenue claridad comienza a vislumbrarse por el horizonte de levante. El cielo está estrellado. No se ve un alma por la calle. No hay nada abierto. Así que no tenemos más remedio que desayunarnos la socorrida pastilla energética.

            Desde la Plaza de San Esteban descendemos por unas escaleras al Paseo de San Juan de la Cruz en busca de las flechas amarillas que nos saquen de Segovia. El alumbrado de la ciudad está aun encendido lo que da una encantadora imagen de la Puerta de Santiago por la que dejamos el recinto amurallado. Continuamos descendiendo bordeando los jardines del Alcázar hasta cruzar uno de los puentes sobre el río Eresma. Desde el puente, podemos contemplar la bella imagen del Alcázar que alumbrado por los focos contrasta con el fondo oscuro del cielo. Enseguida buscamos el cruce de la carretera de Zamarramala por la que en ascenso, poco a poco vamos alejándonos de la ciudad. Llegamos a la altura de la Ermita de la Vera Cruz presidida en su exterior por un crucero. Desde esa privilegiada altura volvemos la vista hacia la ciudad en semipenumbra,. el alumbrado nocturno continua encendido y la Sierra de Guadarrama y la emblemática silueta de la“Mujer muerta” sirven de telón de fondo al paisaje.

"...volvemos la vista hacia la ciudad en siemipenumbra..."

            En los primeros albores del día, entramos en Zamarramala por la ermita de San Roque desde donde siguiendo el consejo de una inscripción sobre una lápida giramos la mirada para dar el ultimo adiós del Camino a la capital segoviana. Por el pueblo no nos tropezamos con nadie. No tenemos otra opción que esperar hasta Valseca para tomar algo caliente.

            Una vez salvada la carretera de circunvalación por un paso inferior nos introducimos por una pista del páramo segoviano rodeados de campos de cereales por todas partes casi dispuestos para la siega. En poco más de una hora recorremos los 5 km que nos separan de Valseca. Poca gente también por el pueblo y aunque son las 08:30 horas el bar se encuentra cerrado. El padre del dueño que está dentro haciendo unas chapuzas nos dice que hasta el mediodía no abrirá. Doy una vuelta por el pueblo pero nada de nada, ni siquiera una panadería. No queda más remedio que sentarnos en una plazuela frente al bar y tomar de lo que tengamos. Yo me conformo con una barra energética y unos frutos secos. Desde el bar, el paisano llama nuestra atención, que vayamos. Juan y Pepe acuden a la llamada. Al final el buen hombre se ha compadecido de nosotros y les ofrece lo que deseen. Ellos se toman un refresco. El buen señor acaba de llegar al pueblo para estar con sus hijos una temporada y se muestra como un castellano muy campechano. Después del descanso, reanudamos la marcha, a ver si en Los Huertos tenemos más suerte y podemos almorzar bien.

            Seguimos entre campos de cereales. A nuestra izquierda se dibuja entre unas hermosas choperas el cauce del río Eresma. Una nube estirada de humo que debe proceder de alguna incineradora de basuras se extiende por el valle ensombreciéndolo. Una pena porque es lo único que mancha el cielo despejado. En menos de una hora estamos entrando en Los Huertos. Son las 10:15 y el bar también se encuentra cerrado. Vaya por Dios!!

            Descansamos unos minutos mientras nos abastecemos de agua. Poca gente por la calle en estos pueblos casi perdidos en el páramo. El sol comienza a calentar.

"...directamente hacia la ermita..."

            Reanudamos la marcha. A unos 400 metros del pueblo, existe una bifurcación. No vemos señalización alguna. Optamos por el camino de la derecha que tira un poco hacia arriba. Seguimos sin ver señales. Paramos a releer los apuntes de la etapa. Deberíamos estar al pasar la Ermita de Nuestra Señora de la Vega pero ni rastro. Debemos habernos equivocado de camino. Hay que retroceder. Echamos una mirada a nuestro alrededor y en dirección a las choperas ribereñas del río Eresma vemos sobresalir entre los trigales el tejado de lo que parece una ermita. Efectivamente nos habíamos equivocado. Sin pensárnoslo dos veces, nos introducimos en el trigal directamente hacia la ermita. Con los bastones tenemos que ir apartando las altas y hermosas espigas que están a punto de reventar. Como nos vea el dueño estamos apañados –murmura Pepe. Juan se adelanta abriéndonos paso entre las espigas hasta que alcanzamos la pista por la que tendríamos que haber ido. Enseguida llegamos a la altura de la ermita, cerrada como la mayoría “a cal y canto”. Ahora estamos más próximos al río. Unos metros mas adelante, llegamos a la pedregosa traza de lo que fue en su día vía férrea que unía Segovia con Medina del Campo. Es incómodo andar sobre el balasto, único vestigio de la vía, así que optamos por seguir por el linde de la chopera que aliviará nuestros pies y al mismo tiempo nos proporcionará sombra. A un kilómetro aproximadamente nos vemos encerrados por una alambrada de espinos. Tenemos que salir como sea. Sin problemas –dice Pepe- que en un “plis plas” nos deja el paso expedito, volviendo a un camino que discurre por la izquierda paralelo a la vía férrea y que pronto cruzamos para seguir por su derecha hasta llegar al puente sobre el río Eresma que debemos cruzar y que está a unos 3, 5 km de la ermita.

            Cruzado el puente nos encontramos con unos peones camineros que se encuentran arreglando la carretera. Paramos unos minutos para conversar con ellos. Le preguntamos por el camino hacia Añe. Cuando lleguen a aquella casa a la derecha de la carretera –dice uno de ellos apuntando hacia ella- hay un camino que os llevará a un pinar que deberéis atravesar, a unos 3 km se encuentra Añe, no tiene pérdida.

En el pinar con Rasanca

           La caseta que nos indica el señor está a unos 400 metros del puente. Llegamos hasta ella y efectivamente una flecha amarilla nos indica adecuadamente el desvío hacia el pinar. El primer pinar que encontramos en nuestro Camino por la meseta. Bajo unos pinos descansamos unos momentos pero el calor arrecia y hay que continuar. El camino se haya algo desdibujado pero gracias a la buena señalización no creo que nos perdamos. A los pocos metros de introducirnos en el pinar, vemos un senderista que viene a nuestro encuentro. Al llegar a nuestra altura se le llena la cara de alegría. Vaya hombre –nos dice el buen hombre- haciendo el Camino, no?. Efectivamente –le contestamos. Seguidamente se presenta. Es un conocido peregrino de Segovia, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de esa ciudad. Qué casualidad!! En el ambiente forero-peregrino se le conoce por Rasanca. Su verdadero nombre es Ramón Sánchez Capuchino, un peregrino empedernido y que está en pleno entrenamiento con miras a su próximo Camino que iniciará el 12 de junio desde Segovia pero por un itinerario muy sue generis Después de las presentaciones, la foto de rigor. El coche que hemos visto a la entrada del pinar es el suyo. Cuando lleguéis a Pinilla de Ambrós .nos recomienda- seguís por carretera hasta Pascuales y desde allí a Santa María la Real de Nieva hay unos 2,5 km. A medio camino encontrareis la Venta de Avanto donde podéis comer bien. El resto es un paseo. Ah… y cuando paséis por Nava de Asunción acercaros a la pastelería que está en el mismo Camino y darle recuerdos de mi parte a Margarita, decirle que el día 12 paso por allí. Estaremos en contacto. Buen Camino!! Buen Camino! –le contestamos al unísono. Otra vez la presencia del amigo “Santi” se ha hecho patente.

            A pesar de la sombra que proporcionan los pinos, se nota un calor pegajoso que parece contagiarse de la resina que desprenden las sajaduras de los troncos. Desde la caseta de la carretera son casi dos kilómetros de pinar hasta que salimos a campo abierto. De repente Juan toma, como va siendo su norma, la directa y poco después desaparece de nuestra vista. Pepe prefiere seguir mi marcha pausada y constante. La provisión de agua va tocando a su fin. Estamos deseando llegar a Añe que se hace de rogar, hasta que al fin aparecen repente las primeras casas. Llamamos a la primera puerta que encontramos abierta y pedimos agua a la señora de la casa. Con las cantimploras llenas continuamos la marcha. Recibimos una llamada de Juan. Se halla a la salida de Añe en la ribera del río Moros refrescándose los pies. Mira que bien se lo monta el solito!! Unos paisanos nos informan que a unos dos kilómetros hay un desvío a la izquierda que se dirige hacia Pinilla de Ambrós. No tienen pérdida –nos puntualizan- está junto a una plantación de pimpollos (pinos jóvenes).

Al llegar al puente sobre el río Moros vemos a Juan junto a un remanso del río poniéndose los calcetines. Reagrupados, continuamos la marcha. Todavía nos cruzamos con otro vecino del pueblo que corrobora la información recabada en Añe. Efectivamente, encontramos la pista que sale a la izquierda de la carretera debidamente señalizada con una flecha amarilla. A unos 300 metros del cruce encontramos una desviación a la derecha con una flecha que parece dirigirse hacia ella. No encontramos ninguna otra señal, así que nos decidimos por el desvío. El camino tira hacia arriba. A estas horas del mediodía el sol cae a plomo en un entorno seco e inhóspito, lo que acrecienta sus efectos. Juan y Pepe se adelantan un poco, yo sigo a mi ritmo. Después de unos dos kilómetros sin ver flecha alguna, nos paramos junto a una cantera a pensar en la situación. Oímos el ruido del motor de algún coche procedente de la misma. Por lo menos podremos preguntar a alguien. Los dos trabajadores de la cantera no son de aquí por lo que desconocen los contornos. Así que nos quedamos en las mismas. Optamos por llamar al amigo Rasanca que suponemos habrá llegado ya a Segovia. Os habéis perdido –nos dice- debíais haber seguido la pista de frente. Vuelta atrás, que le vamos a hacer. Desandamos lo andado refunfuñando y al llegar al cruce nos fijamos mejor. Una flecha amarilla ocultada por unos matorrales aparece a nuestra vista a la izquierda de la pista. Esa era la buena. En fin, se ve que el calor y el cansancio van haciendo mella en nuestras mentes.

Sobre las 14:00 horas llegamos a Pinilla de Ambrós situada en lo alto de un cerro a 1000 metros de altitud. No se ve un alma por la calle. Con el calor que hace y a esas horas quien es el humano que se atreve a salir de su casa. Nos avituallamos de agua de la fuente y después de unos minutos de descanso reanudamos la marcha por la carretera, ya en descenso, en dirección al pueblecito de Pascuales. Después de cruzar por un puente la nueva vía del AVE entramos en el pueblo saliendo inmediatamente a la carretera de Santa María la Real de Nieva que ya tenemos a la vista, y en un cuarto de hora llegamos a la Venta de Avanto. Vamos sudando por los cuatro costados y con ansias de tomarnos una buena cerveza y comer. Son las 14:15 horas y los estómagos nos van demandando la ración diaria de comida. La verdad es que Rasanca tenía razón. Comemos estupendamente, frescos y reposados.

Entramos en Santa María la Real de Nieva a las 16:30 horas dirigiéndonos de inmediato al Hostal Real que se encuentra a la entrada del pueblo. Ha sido una larga etapa con propina añadida y necesitamos tumbarnos aunque sea una hora para descansar los cuerpos.

Después de la siesta nos dirigimos a la Iglesia que está cerrada aunque en unas dependencias anejas utilizadas para actividades sociales nos sellan las credenciales y nos muestran el claustro que es lo único que se puede visitar. Es una pena no poder hacer el recorrido completo de la iglesia, no queda mas remedio que conformarse con admirar las columnas coronadas por unos artísticos capiteles que por otra parte es lo más preciado del conjunto junto a la portada.

Terminada la corta visita, nos tomamos unas cervezas en una terraza de la Plaza Mayor y vuelta al hostal. Ya en la cama pienso en lo bien que ha respondido mi cuerpo a los rigores de esta primera etapa por la meseta castellana que tantas vivencias nos ha proporcionado. Me enchufo el respirador y a dormir. Estoy contento de haberlo traído a pesar del peso suplementario que ello supone. Es un buen aparato para dormir de un tirón y dejar dormir a los demás.

Buenas noches y hasta mañana.

 

 

El Alcázar de Segovia.-

 

El Alcázar de Segovia se alza en la confluencia de los ríos Eresma. Tiene una estratégica situación que constituía protección , se asienta sobre una elevación rocosa recortada a modo de proa.

 

Posiblemente la fortaleza fue habitada ya durante la época celta después el castillo se convirtió en Alcázar ( residencia real ) en el siglo XIII.

 El Alcázar ha sido marco de numerosas e históricas celebraciones. En 1256 Alfonso X celebró las Cortes Generales, en 1474 fue proclamada Isabel la Católica reina de Castilla, fue donde Felipe II se casó con Ana de Austria, en 1570 y Carlos III estableció el Real Colegio de Artillería, en 1764

 

En 1862, el Alcázar sufrió un gravísimo incendio. Casi la mitad de la fortaleza quedó destruida. Las obras de restauración se terminaron en 1890, en tiempos de Alfonso XII y en él se instaló el Archivo General Militar del Reino, que aún permanece.

 

El Alcázar de Segovia se divide en dos núcleos. El primero lo forman un patio herreriano con foso, el puente levadizo, la torre del homenaje y dos cubos circulares con chapiteles. El segundo es el interior y cuenta con una estupenda capilla y las salas nobles de la Galera, las Piñas y el Tocador de la Reina. Además, tiene cuatro pisos con buhardillas y amplios sótanos.

 

Un profundo foso rodea el Alcázar, al que se accedía a través de un puente levadizo. Tiene numerosos sótanos y pasadizos que bajan hasta el río y comunican con algunos palacios de la ciudad . En sus mazmorras malvivieron celebres personajes reales (como Don Álvaro de Luna) e imaginarios (como Torcuato, El Delincuente Honrado de Jovellanos).

 

En la silueta del Alcázar sobresale la torrecita de Alfonso X " El Sabio", servía a este monarca de observatorio para estudiar los astros. A primera vista también se destaca la torre de Juan II, ( torre principal ) con 80m de altura, a la cual se accede a través de una empinada y estrecha escalera de caracol, y desde la cual se disfruta de una magnífica vista del pueblo de Zamarramala y sus alrededores.

 

El patio de armas, rodeado a derecha e izquierda por el Colegio de Artillería y el Palacio de los Reyes de Castilla, es en la actualidad escenario de numerosos conciertos de música de cámara.

 

Santa María la Real de Nieva.-

 

Santa María fue fundada a finales del siglo XIV por la aparición de una talla de la Virgen María. Según cuenta la tradición, la imagen se le apareció a un pastorcillo en una cueva, soterrada. De ahí el nombre de la Virgen Nuestra Señora de la Soterraña. Dicho pastorcillo acudió a Segovia a contar lo sucedido al obispo. Mientras lo contaba sucedió otro milagro, y así los reyes Enrique III el Doliente y su esposa, Catalina de Lancaster, decidieron fundar la villa, en un pizarral. La reina mandó construir un monasterio que entregó a los dominicos. La iglesia es románico-gótica, su claustro fue construido entre 1395 y 1437. El pórtico es gótico del siglo XV.

Siete años más tarde la iglesia debió estar terminada y fue entregada a los Dominicos, momento en que se comienzan las instalaciones monacales.

En 1414 el edificio debió verse pequeño por lo que se manda derribar la cabecera y es sustituida por la actual cabecera con crucero. También se abre la monumental portada septentrional y se construye el claustro, quedando el conjunto terminado en 1432.

Después de las reformas del XVIII y los incendios de finales del siglo XIX, la hora del reconocimiento a tan ejemplar monumento llega en 1920 cuando son declarados Monumento Nacional el claustro y la citada portada.

Las obras de la primera fase (antes de 1414) se reducen a las tres naves que no asumen todavía el gótico pleno y se apegan a la tradición planimétrica románica.

La cabecera, incluida el crucero, de la segunda fase ya pertenecen al gótico predecible en fechas tan avanzadas.

Lo más hermoso es la puerta norte y sobre todo el claustro, que a pesar de ser una estructura del siglo XV, reproduce lo que perfectamente podría ser un claustro románico tardío de finales del XII o comienzos del XIII. Es un cuadrilátero con columnas geminadas, capiteles monolíticos y arcos ligeramente apuntados. Los capiteles reproducen escenas escultóricas con similar disposición que los tradicionales capiteles románicos, sólo que la talla es más naturalista.

Estos capiteles reproducen escenas bíblicas, un calendario agrícola, escenas de caza, de construcción del claustro, de la vida conventual, escudos nobiliarios...


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