Los Siete Picos

2ª JORNADA

Sábado, 3 de junio de 2006

Colmenar Viejo-Cercedilla

Parcial:35,5 km; Totales: 63,5 km; Restan: 718,8 km

            Son las 06:00 horas cuando todavía oscuro salimos de nuestro refugio después de habernos desayunado los batidos y bollería. Pepe comenta que le ha costado conciliar el sueño debido a unos ruidos extraños en la planta superior. Hace fresco en el exterior pero el cielo plagado de estrellas hace presagiar un día caluroso.

            Por la calle Pilar de Zaragoza enfilamos la salida de Colmenar Viejo hacia la cañada pasando por unos solares que están replanteando para construir alguna urbanización. La euforia de la construcción se ve que está por todas partes.

            Llegamos a un descampado donde una pareja dentro de un coche apuran apasionadamente los últimos minutos de lo que sin duda habrá sido una loca noche de viernes. Deben haberse asustado porque se esconden al advertir nuestra presencia.

Saliendo de Colmenar Viejo por la Cañada Real

            Enseguida comienza la cañada propiamente dicha. Una gran roca que emerge en medio del camino sirve de base para una flecha amarilla. Continuamos alegremente por la cañada respirando los buenos aires serranos y escuchando los canturreos de Juan que se ven acompañados por los trinos de los pájaros mientras la claridad del día va ganando su espacio.

            Al poco rato se divisan entre las lomas las torretas del centro penitenciario de Soto del Real. La cañada se adentra en el monte alejándose de la civilización. Comenzamos a vivir el Camino!!. Olor a sierra a nuestro alrededor. Paz absoluta. A nuestras espaldas, 40 km nos separan de Madrid cuya silueta se deja ver distinguiendo la de las Torres de Kio algo desvaída por la polución. 1 km más adelante encontramos una bifurcación convenientemente señalizada. Hay que tomar el camino de la derecha y 1 km después cruzamos la vía férrea Madrid-Burgos por un paso inferior. En menos de media hora alcanzamos la carretera Colmenar-Cerceda que cruzamos a la altura del río Manzanares. Franqueado el río por un puentecillo comienza un repecho por buena pista que pasa por delante de la explotación “La Venta” que queda a nuestra derecha. A nuestra izquierda extensas dehesas con ganado vacuno cuyas reses nos miran algo sorprendidas. Poco después llegamos a la altura de la entrada posterior de las propiedades de Valderrevenga. Seguimos ascendiendo regularmente con enfilación oeste dejando a nuestra derecha una alambrada hasta llegar a una bifurcación donde tomamos la pista de la derecha que de nuevo nos enfila hacia el norte. Seguimos ascendiendo 1 km más allá alcanzamos un collado donde los espacios se abren. Frente a nosotros El Parque de la Cuenca Alta del Manzanares y el macizo de La Pedriza con su emblemático “Yelmo” que destaca entre formaciones rocosas graníticas y un poco a su izquierda la silueta de la mole grisácea y enigmática de la traicionera Maliciosa cuya cumbre hoy se aprecia nítida, seguida de la ligeramente redondeada Bola del Mundo con sus características antenas de comunicaciones en la cima. La gran nava se extiende a nuestros pies con Manzanares el Real y su Castillo de los Mendoza (1) junto al Embalse de Santillana que deberemos alcanzar. Nos tropezamos con un senderista septuagenario, con el busto descubierto bronceado por el sol, todo nervio que dice se hace el recorrido desde el pueblo casi todos los días. Se nota. Así está él.

El "Yelmo" desde Manzanares el Real

            Ahora nos toca descender por irregular camino unos 2 km hasta alcanzar el puente sobre la cola del Embalse de Santillana desde donde parte el Canal homónimo que suministra agua de consumo a Madrid.

            Tras rebasar el puente, nos cruzamos con un jinete cuyo caballo nos hace más caso que él. Vamos que ni nos contesta a nuestro saludo. Cuando son las 09:20 horas llegamos a un bar en la entrada al pueblo donde hacemos un receso para almorzar y descansar que todavía nos falta más de la mitad del recorrido. Pepe se da una vuelta por el Castillo para sacarle unas fotos, mientras tanto vamos pidiendo unos bocadillos de jamón y unas cervezas.

            Salimos del pueblo por donde hemos entrado después de cruzar el río Manzanares, tomando la carretera que tras cruzar una urbanización se dirige al Centro de Información del Parque de la Pedriza. Por este itinerario se coincide con el GR-10. Como es sábado se nota concurrencia de “domingueros” en los alrededores. Una fila de coches espera su turno para entrar en el Parque.

            Desde aquí se abandona el asfalto por una pista en ascenso a la izquierda. Somos varios los que seguimos la misma ruta. Al poco rato alcanzamos la ermita de San Isidro que se alza al pie del macizo montañoso junto a un área recreativa con mesas y bancos y unos paneles con planos y fotos explicativos para reconocer los picos más notorios. Desde aquí vamos de nuevo solos. Juan aviva el paso y en cuestión de minutos nos deja solos perdiéndose de vista entre los matorrales de una senda que bordea la ladera.

            Llegamos a Matalpino que se encuentra a unos 7 km de Manzanares el Real y al que se accede por una calle de gran pendiente, llegando a la Plaza del Ayuntamiento donde nos desprendernos de las mochilas y ropa de abrigo. El calor comienza a apretar. Hay un ruido ensordecedor que desentona con el entorno, provocado por unas excavadoras. No se está muy bien que digamos, pero debemos esperar a que Juan dé señales de vida. Por fin logramos comunicar con él. Resulta que se ha quedado junto al río para remojarse los pies y refrescarse. Una vez juntos nos tomamos un sobre de Flectomín, hoy lo vamos a agradecer.

            Tomamos la salida del pueblo por la carretera que se dirige a Becerril de la Sierra. Pasamos por la Urbanización Vista Real y poco después la rotonda con las desviaciones a Becerril o a Navacerrada. En este punto dejamos la carretera y por una senda nos dirigimos hacia el cauce de un arroyo. Buen sitio para descansar unos minutos. Observo a la sombra de una encina como Juan se refresca de nuevo los pies en el espacio de arroyo que ha limpiado Pepe de maleza.

...la senda continúa en ascenso...

            Salvado el arroyo la senda continúa en ascenso bordeando la vaguada donde varias vacas dejan de pastar para mirarnos recelosas. La carretera discurre por arriba paralela a nosotros. En el mismo collado volvemos al asfalto que abandonamos de nuevo a unos 100 m por una vereda que sale por la izquierda. Ahora sí que el paisaje se hace más bonito y agradable, es el primer tramo de nuestro Camino en el que, a pesar de la hora, sentimos auténtico frescor. Caminamos bajo el ramaje de hermosos árboles que nos protege del sol. En un claro nos entretenemos unos instantes para contemplar la silueta de los Siete Picos que destaca en el horizonde y que me trae bellos recuerdos de la juventud cuando con mi padre y mi hermano Juan los recorrimos saliendo de Cercedilla hasta el Puerto de Navacerrada. El pueblo de Navacerrada lo tenemos ya a la vista en el valle. Pasamos por un curioso puentecillo construido con una gran losa. Se agradece el entorno. Antes de entrar en Navacerrada pasamos junto al embalse y enseguida las primeras urbanizaciones de villas. Los kilómetros van haciendo mella

Pasamos por un curioso puentecillo...

en nuestras piernas. Son las 13:15 horas y el estómago nos está reclamando la ración diaria. Preguntamos a unos veraneantes por algún sitio para comer. –Hay varios en la plaza –nos informan- pero les recomendamos el Bar Espinosa. Nada más traspasar el umbral de la entrada del bar nos percatamos que efectivamente es un buen sitio. Como vamos sudorosos no hacemos uso del comedor sino que nos acomodamos en una de las mesas junto a la barra. Nos comemos un revuelto de patatas con morcillas exquisito que junto a una buena ensalada es suficiente para continuar.

           Reanudamos la marcha saliendo de Navacerrada por la calle Abel en fuerte subida. Menudo repecho!!. Son casi 1 km hasta la carretera que nos hace sufrir, sobretodo al encontrarse nuestros cuerpos en plena digestión. Cuando termina el asfalto, Juan comenta que la calle en lugar de llamarse Abel debería haberse llamado Caín de como lo hemos pasado. Comienza una vereda con  repecho final muy duro. Una mujer muy predispuesta a subir acusa de manera ostensible la pendiente. Por fin llegamos a la nacional 601 junto a un hotel y respiramos profundamente. A ver si encontramos un sitio donde echarnos una siestecilla, lo necesitamos.

            Unos metros mas adelante llegamos a una rotonda tomando la carretera que se dirige a Cercedilla. El sol cae a plomo a estas horas, pero gracias a cierta brisita que corre del norte, modera algo sus efectos. Bajo unos pinos encontramos el lugar idóneo que buscamos para echarnos un rato. Un senderista que pasa nos dice que un poco mas adelante hay un desvío a la izquierda que abandona el asfalto y se dirige atajando a Cercedilla.

            Tenemos ganas de llegar pero apuramos la siesta al máximo. Efectivamente las flechas nos dirigen por el atajo. Ya tenemos Cercedilla a tiro de piedra. Las piernas comienzan a notar los kilómetros. Entramos en Cercedilla por la Avda. de Manuel González Amezua. Una vez cruzado el río enlazamos con la Avda. de José Antonio que empalma con la del Generalísimo. Parece mentira como perduran nombres de calles de la época franquista. La travesía de Cercedilla se nos hace larguísima pues debemos recorrer toda la arteria principal del pueblo para llegar al extremo opuesto. Sin problemas encontramos la calle Emilio Serrano y casi al final la Residencia de los Escolapios. Una monjita se asoma a la valla y nos dice que nos esperaban. Nos recibe un “hermano” que muy atento ofrece su hospitalidad con unos vasos de agua que tomamos agradecidos. Después de sellar las credenciales, nos lleva a unas dependencias anejas a la Residencia donde seguro que descansaremos a gusto. Por los jardines pasean abstraídos algunos “hermanos” leyendo sus breviarios, desde luego el lugar predispone a la meditación.

            Después de darnos una buena ducha, nos acercamos al centro urbano donde compramos el desayuno de mañana y nos sentamos en una de las terrazas ubicadas en un ensanchamiento de la Avda. del Generalísimo, junto al Ayuntamiento, donde pedimos unas “rabas” y ensalada copiosa. Las “rabas” están algo duras, habrá que hincar el diente, pero al final cayeron. El ambiente se está volviendo frío por momentos, no se está a gusto y menos con la indumentaria de verano que llevamos. Así que optamos por retirarnos a descansar que mañana nos espera una jornada bastante dura sobre el papel.

            Yo creo que nos quedamos dormidos nada más caer en la cama.

            Buenas noches y hasta mañana.

 

(1) Castillo de los Mendoza

 

      Erigido sobre una ermita románico-mudéjar que hoy se mantiene erguida, el palacio-fortaleza de los Mendoza es el mejor conservado de la Comunidad de Madrid. Sus obras dieron comienzo en 1475.

      Este bellísimo conjunto de grandes ventanales de arcos de medio punto consta de patio rectangular y dos galerías sobre columnas octogonales. El edificio del castillo tiene cuatro torres en sus vértices, adornadas con unas bolas del más puro estilo isabelino. Sobre el adarve meridional la galería es de traza flamígera sobre antepechos decorados a base de punta de diamante.

      Todo el castillo está circundado por una barbacana cuyas saeteras llevan esculpidas en bajo relieve la cruz del Santo Sepulcro de Jerusalén, por el título que gozó Don Pedro González de Mendoza.El castillo consta de un patio porticado, de un sótano y de seis plantas: planta baja, entreplanta primera, planta principal, entreplanta segunda, galería alta y galería de cubiertas. La galería gótica del primer piso está considerada como la más bella de la geografía nacional. Su construcción fue iniciada por el primer Duque del Infantado y finalizada por su hijo, Don Iñigo López de Mendoza, participando Juan Guas de su construcción.

      El Castillo alberga un museo de los castillos españoles y es sede de una colección de tapices.

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