“DE MADRID AL…CAMINO”

 

            Hacía meses que había planeado emprender mi cuarto Camino desde Madrid, mi ciudad natal, pero no siguiendo el itinerario convencional, es decir, enlazando en Sahagún con el Camino Francés hasta Santiago. Mi plan era más complejo, dejar el Camino Francés en León para continuar hasta Oviedo por el Camino del Salvador y una vez allí proseguir por el Camino Primitivo hasta Santiago, vía Sobrado dos Monges cuyo Monasterio tenía grandes ganas de conocer. En total unos 780 kilómetros que había previsto me llevaría unos 30 días. Reconocía que la empresa era exigente pero el recorrido fascinó a mi amigo Juan Calvo que se unió inmediatamente al proyecto, siempre que se realizase durante el mes de junio. En una de nuestras excursiones mañaneras por la sierra del Espadán, nuestro amigo Pepe de Tales, empedernido caminante de esta sierra, nos manifestó su deseo de unirse a nosotros. Sin problemas, ya estás apuntado –le contestamos.

            Fueron meses de intensa preparación física por distintos terrenos de la provincia de Castellón, de consultas vía Internet para recopilar datos del itinerario y de contacto con amigos peregrinos que de una u otra forma poseían alguna información del terreno por el que transcurrirían nuestros pasos. Después de unos meses de ardua tarea, teníamos casi todo hilvanado. Algún tramo quedó al aire por falta de referencias fidedignas, sobre todo la travesía desde Buiza, por las Forcadas de San Antón para rendir etapa en Poladura de la Tercia y proseguir al día siguiente hacia el Puerto de Pajares, salvando la Sierra del Cuchillo y “cayendo” en Arbás del Puerto. Posiblemente era el tramo más intrincado y peligroso de todo el recorrido, pero la ilusión por el proyecto era tan grande a estas alturas que convenimos tratar de resolver las incidencias sobre la marcha.

            El mes de mayo fue el de las vísperas, en el que los días parecen alargarse sin fin, el mes de los nervios peregrinos, que se fueron acrecentando conforme la fecha de partida se acercaba … pero inexorablemente la fecha llegó.

 


Entre El Goloso y Tres Cantos

1ª JORNADA

Viernes, 2 de junio de 2006

Madrid (Plaza de Castilla)-Colmenar Viejo

Parcial:28 km; Totales: 28 km; Restan: 754,3 km

            Son las 02:00 horas cuando Juan Calvo, Pepe de Tales y un servidor nos citamos en Vila-real. Un amigo de Juan nos trasladará en su coche hasta Madrid. Vamos provistos de las credenciales con el primer sello de la Parroquia de Santiago de Madrid estampado. Un mes antes ya me había preocupado de hacerlo en uno de mis viajes a Madrid.

A esas horas vamos casi solos por la Autovía de Levante. A las 04:00 horas paramos cerca de Honrrubia, en “El Marino” donde desayunamos y estiramos las piernas. Atravesamos Madrid sin dificultad hasta la Plaza de Castilla donde llegamos cuando por el reloj del coche suenan los pitidos de las 06:00 horas. Aquí nos deja a nuestro aire el amigo de Juan a quien le agradecemos su amabilidad.

            Todavía es de noche y hace frío a esa temprana hora por lo que hay que abrigarse bien. Nos cargamos las mochilas y sin más preámbulos a caminar. Somos casi los únicos viandantes por la zona. En una farola bajo las Torres de Kio advertimos la primera flecha amarilla que nos confirma que estamos en el verdadero Camino. No encontramos ningún bar abierto, menos mal que hemos desayunado en ruta. Vamos jubilosos y frescos por la Castellana sorteando las vallas de una más de las inacabables obras de la capital. Bordeamos el Hospital de la Paz para salvar la Autovía de Colmenar por un puente. Poco después pasamos por delante del macro Hospital de “Ramón y Cajal”. A nuestra izquierda contemplamos la ancha Avenida de la Ilustración. De momento la señalización es perfecta, no da lugar a dudas. Después de rodear una barriada obrera junto a la autovía, la cruzamos de nuevo por un paso elevado y a través de unos jardines nos dirigimos por nuevas urbanizaciones hacia el cementerio de Fuencarral cuando la claridad del día ya es completa.

            Por la pared derecha del cementerio tomamos el llamado “Camino de las Cañadas” que tras salvar la vía férrea y la M-40 por un paso inferior nos deja en pleno campo.

            Continuamos por camino de tierra hacia una de las esquinas de la tapia del Monte del Pardo que alcanzamos sin dificultad.

            Ahora marchamos entre bajas y resecas encinas, encajonados entre la vía férrea y la tapia del Pardo por un sendero muy descarnado de continuos altibajos, en el que se advierten las huellas de las “motocross”. A veces las ramas de las encinas dificultan el paso, hay que andar con cuidado para no dañarse. Juan va siempre por delante canturreando sin cesar. Pepe le acompaña a veces con el estribillo y un servidor siempre por detrás a mi ritmo, escuchando.

            A las 09:15 horas, avistamos el apeadero de El Goloso y hacia él nos dirigimos, es hora de hacer un receso y almorzar, llevamos aproximadamente 12 km de marcha. Cuando nos disponemos a entrar en el apeadero, una joven nos dice sin rubor: “Buen Camino, peregrinos”. Es el primer saludo peregrino del Camino y se lo agradecemos de verdad.

            El apeadero de El Goloso es una construcción de granito desangelado y frío que se encuentra abandonado a la mano de Dios. Pero un buen refugio para descansar y almorzar.

Primer mojón del Camino de Madrid

            El sol comienza a calentar, Es hora de desprenderse de la ropa de abrigo que comienza a agobiarnos. Reanudamos el Camino que ahora transcurre a la derecha de la vía férrea y en menos de una hora nos encontramos el primer mojón de granito del Camino de Madrid en el que podemos leer.” A Santiago 654 km” que para nosotros serán bastantes más. De momento, la señalización perfecta, “chapeau” para la Asociación de Madrid.

            Ya tenemos Tres Cantos frente a nosotros. En un punto determinado las señales nos desvían hacia la izquierda por un camino en descenso que bordea las instalaciones de la gran fábrica de “ATT” y se dirige hacia el Arroyo de la Tejada donde Juan tiene la esperanza de remojarse los pies. Desde la ladera ya podemos divisar la silueta de Colmenar Viejo a lo lejos. Cuando llegamos al cauce, nos encontramos con un arroyo de aguas casi estancadas y malolientes que nos obligan a separarnos de él rápidamente y buscar una sombra bajo los chopos para darnos un descanso y tomar algo. Juan tendrá que encontrar otro sitio para refrescar sus pies.

            Nos quedan unos 7 km para llegar a Colmenar y el calor comienza a apretar de veras, así que debemos reanudar la marcha de inmediato si queremos soslayar en parte la canícula.

Cementerio de Colmenar. Al fondo Madrid

            El Camino Viejo de Colmenar, que es por el que transitamos, discurre por terrenos totalmente áridos que acrecientan más la sensación de calor con el hándicap de tirar siempre hacia arriba. Se hace interminable la llegada. Vamos sudando por los cuatro costados y deseando encontrar agua para tomar y refrescarnos. El campanario de la iglesia de Colmenar aparece y desaparece por las lomas pero no llega nunca. La cuesta del cementerio se nos hace dura de verdad pero al fin llegamos a su altura. Lo encontramos abierto. Seguro que habrá algún grifo de agua donde saciar nuestra sed y remojarnos. Efectivamente lo hay. Nos descargamos las mochilas y con el permiso de los silenciosos moradores damos buena cuenta del agua fresca que surte del grifo. Por fin Juan tiene la ocasión no solo de refrescarse los pies sino de remojarse bajo el grifo. A lo lejos y por encima de las lápidas podemos divisar la silueta de Madrid con las Torres Kio como mejor referencia. Qué lejos se ve!!

            Solo nos quedan poco menos de 2 km para llegar. En un cuarto de hora estamos ante la Ermita de Santa Ana cuyo interior en penumbra podemos observar a duras penas por la mirilla de la puerta principal que se encuentra cerrada.

            Cruzando la circunvalación junto a una rotonda nos encontramos en las calles de Colmenar, dirigiéndonos al Ayuntamiento. Son las 13:00 horas. Llamamos a Isabel de la PensiónChaveli” para anunciarle nuestra llegada y quedar con ella para alojarnos. Vendrá dentro de un rato al Ayuntamiento.

            Subimos al primer piso para buscar a alguien que nos selle las credenciales. Los funcionarios se pasan la pelota de unos a otros rehuyendo la “enorme responsabilidad” de estampar un simple sello del Ayuntamiento. Pocos peregrinos deben pasar por aquí. Al final tiene que intervenir el Secretario. Parece mentira pero es una realidad.

            Isabel nos está esperando abajo en la entrada. En su coche nos lleva a una casita terrera. Parece como si Isabel dispusiera de varios alojamientos en el pueblo. El que nos tiene preparado para nosotros deja mucho que desear pero estamos cansados y nos conformamos con cualquier cosa. Por lo menos tenemos las dos habitaciones de que se compone la casita para nosotros solos y además nos podemos dar una ducha en unos baños improvisados. Se nota a la legua que la señora Isabel es una “pesetera”. Nos pide el importe del alojamiento y nos deja a nuestra suerte.

            Después de asearnos nos dirigimos al Bar-Restaurante “Siete Picos” donde comemos de lo que hay. Bastante regular. La etapa de hoy por ser la primera se merece una buena siesta que es lo que hacemos.

            Sobre las 18:00 horas salimos a visitar el pueblo. La Basílica de la Asunción de Nuestra Señora (1) está totalmente construida de granito es muy amplia e interesante. Dicen que le faltan pocos metros para ser considerada catedral. Desde sus nidos en los tejados nos observan una colonia de cigüeñas mientras nos tomamos unas cervezas en una terraza de la Plaza Mayor. En un supermercado nos avituallamos de batidos y bollería para el desayuno de mañana. Después de dejar las compras en la casita nos dirigimos al Complejo de “El Mirador”, Una zona de tapeo abarrotada de clientela. En uno de sus bares nos tomamos unos calamares y una ensalada. Muy bien. De haberlo sabido también habríamos comido allí.

            Al ponerse el sol refresca mucho en estos pueblos de la sierra madrileña y no da gusto deambular por las calles. Así que nos retiramos sin más a nuestro “nido” y a las 22:00 horas ya estamos dormidos. Mañana nos espera una larga y difícil etapa.

            Buenas noches y hasta mañana.

 

(1) Basílica de la Asunción de Nuestra Señora

Retablo Mayor

     La construcción de esta Iglesia parece iniciarse, según sus características arquitectónicas, a finales del siglo XV bajo el patronazgo de los Mendoza, señores de Colmenar Viejo y del Real de Manzanares. Debido a sus grandes dimensiones, no llegó a terminarse hasta finales del siglo XVI. Su imponente volumen, unido a su airosa torre, hace que el edificio domine el pueblo. Intervienen en su construcción canteros formados en las obras del castillo de Manzanares, construidos unos años antes bajo la dirección del maestro Juan Guas, uno de los mejores representantes del llamado gótico de los Reyes Católicos.

     El conjunto artístico más importante es el retablo mayor que se realizó entre 1560 a 1584. Se enmarca dentro del Renacimiento Plateresco, siendo Alonso Sánchez Coello y Francisco Giralte algunos de los pintores y escultores más destacados. Destaca la figura de la Virgen María, representándose en el centro su Asunción a los cielos.

     También destaca su torre, a los pies de la iglesia, con una altura de unos 50 metros. Tiene varios cuerpos de piedra de sillería, rematado con un capitel octogonal de piedra caliza con pináculos y gárgolas en sus ángulos. Otro elemento arquitectónico destacado son los diferentes retablos colaterales de la iglesia. Son seis, algunos de estilo barroco y otros como el de san Juan Nepomuceno y santa Ana son de estilo rococó. Ubicados a los largo de las paredes laterales del templo, algunas destacan por sus columnas de tipo salomónica y por la presencia de imágenes como la Virgen del Rosario o la Inmaculada Concepción, ambas fechadas en el siglo XVI.

     Desde el exterior se pueden contemplar las tres puertas de la iglesia. La principal, situada en su lado norte, se abre con un arco trilobulado rebajado, al que se superpone otro de medio punto que alberga el grupo escultórico de la Piedad. La última arquivolta se abre con un arco conopial que acoge a Cristo crucificado, rematándose con un florón que sirve de base a la Virgen con el Niño. A los lados los escudos del tercer Duque del Infantado, Iñigo López de Mendoza y su esposa María de Pimentel, hija del Duque de Benavente. En la moldura que enmarca la portada, colmenas talladas alusivas a Colmenar Viejo, declarada villa en 1504.

     Su puerta que mira al oeste consta de un arco carpanel albergado por otro trilobulado cono conopio. Una moldura enmarca el conjunto a modo de alfiz quebrado. En los arcos hay abundante decoración animal y vegetal.

     La llamada puerta del sol mira al sur. Tiene un arco de medio punto con baquetones. Se cubre con pórtico de madera, apoyado sobre tres columnas dórico-toscanas, obra del siglo XVII. (Información recabada del Ayuntamiento de Colmenar Viejo).

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