11ª Jornada
Viernes, 8 de abril de 200

Zaragoza - Torres de Berrellén

Parcial 17 Km; Total 308 Km; A Santiago: 767 Km

El Camino del Ebro (1)

Plaza de Europa (Zaragoza)

       Durante el día entero de ayer y las dos noches que he permanecido en Zaragoza, he tenido tiempo suficiente para descansar y poder disfrutar de la presencia de mi hija, mi yerno y mi nieto Alex con una temperatura ambiente ideal para el paseo reposado. Mi paso por Zaragoza fue refrendado con un enorme sello que el Sacristán de la Virgen de la Basílica del Pilar estampó en mi credencial de peregrino.

      Llegó la hora de la despedida, las obligaciones mandan. Hoy la etapa no es muy larga lo que me ha permitido recrearme algo más de lo normal para un peregrino de a pié. Son las nueve y media de la mañana del viernes 8 de abril.

       El tiempo ha experimentado un giro radical. El cielo está totalmente entoldado y unas gotas de fina y helada lluvia comienzan a mojar las calles y golpean en mi rostro impelidas por el fuerte viento del cierzo que ha hecho acto de presencia lo que obliga a los viandantes a ir bien protegidos. No pensaba que hiciera tanto frío, menudo cambio meteorológico!!. No hay mas remedio que ponerse los guantes de lana y la bufanda tubular en el camino por la calle de Conde Aranda en busca de la Plaza de Europa. Allí tomo la calle Pablo Gargallo que me adentra en el Barrio de la Química que atravieso por completo llegando a las afueras de Zaragoza.

      Veo la primera flecha señalando un camino que pasa junto a un parquecito con altos chopos junto a la margen derecha del río Ebro. Ahora el cierzo se hace mas patente y lo peor es que lo llevo de cara dificultando la marcha. Después de cruzar como puedo un nudo de carreteras, llego a las “Piscinas Sindicales”, recinto que debo rodear introduciéndome de lleno en la fértil vega de la ribera del Ebro donde el agua no es un problema lo que permite a los agricultores regar incluso “a manta”; es su derecho –aseguran convencidos.

      Si no fuera por el viento de cara, el trayecto hasta Monzalbarba hubiera sido un auténtico paseo, pero no es así. Llego a dicha población a las once y media y buscando el socaire y el sol en la plaza de la Iglesia me tomo un receso.

      3 km más adelante hago mi paso por Utebo y 4 km después por Sobradiel. El viento racheado, lejos de amainar, arrecia por momentos lo que hace que una etapa que tendría que haber sido cómoda se me esté atravesando.

      A las dos y media llego por fin a la plaza del Ayuntamiento de Torres de Berrellén. Pregunto a un paisano que se dispone a subir a un “todo terreno” y bingo, es el secretario del Ayuntamiento que le falta tiempo para proporcionarme el número de teléfono del Concejal de Deportes que es el que se encarga de albergar a los peregrinos en el Pabellón Deportivo y me indica donde está su casa. Dentro de unos cinco meses no tendréis problemas de alojamiento –se desvive en informarme- mira el albergue que estamos construyendo frente al Ayuntamiento. Dispondrá de 12 plazas para peregrinos.

      Después de agradecerle su atención y dada la hora que se me ha hecho, me dirijo al Bar Vanesa siguiendo también sus indicaciones donde llego muy justo para comer.

      Una vez alimentado, me acerco a la casa del Concejal donde me atiende su mujer. Mi marido no debe tardar mucho –me dice con amabilidad- pero yo le acompaño hasta el Pabellón y le dejo las llaves, no hay problema.

      Una vez en el Pabellón, me indica el apartado que el Ayuntamiento tiene habilitado para los peregrinos, un anexo a la cancha donde se imparten clases de diversas modalidades deportivas, un lugar, por otra parte, con colchonetas esparcidas en completo desorden.

      Después de agradecerle su atención, me quedo solo en medio de la fría soledad del pabellón. Me acomodo como Dios me da a entender, una rápida ducha y a tumbarme cobijado en el saco de dormir sobre la gruesa colchoneta que he elegido.

      Sobre las cinco recibo la llamada del Concejal. Me informa de las actividades que tendrán lugar en el Pabellón y quedamos en la plaza del Ayuntamiento.

       Recojo mis cosas en una taquilla y me dirijo al encuentro del Concejal que se interesa por mi estado. Estoy de maravilla –le contesto- muchas gracias por todas las atenciones recibidas. Me acompaña a la Biblioteca Municipal donde me estampan el sello en la credencial y me informa que en el bar sirven bocadillos. Si necesita algo, no dude en llamarme –me dice despidiéndose y deseándome “buen viaje”. Da gusto encontrarse con tan buena gente.

      Con el frío y viento que hace, no es cuestión de andar deambulando por la calle, así que me refugio en el Pabellón donde me entretengo observando a unas jóvenes muchachitas que practican unas sesiones de patinaje artístico. En el habitáculo que me han asignado, me parece que están dando clases de kárate.

      Siguiendo las recomendaciones del Concejal, me tomo un bocadillo en el bar junto a la Biblioteca y acto seguido a descansar definitivamente al Pabellón. La tarde va tocando a su fin y el mejor sitio donde refugiarse es en el Pabellón.

       Me acoplo como puedo y con el sonido del viento bufando sobre la estructura metálica del Pabellón que parece crujir bajo sus efectos voy a procurar, no estoy seguro que lo logre, conciliar el sueño.

      Buenas noches y hasta mañana.

  Belchite-Zaragoza Torres de Berrellén-Luceni
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