33ª Jornada

Sábado, 30 de abril de 2005

Ponferrada-Trabadelo

Parcial 30,5 Km; Total 903 Km; A Santiago: 172 Km

El valle del Valcarce

La noche la he pasado “in albis”. Los compañeros de habitación, todos ellos alemanes, se han estado quejando toda la noche de mis ronquidos. Ni han podido dormir ellos ni lo he conseguido yo y lo peor de todo es que el dolor de la espinilla no acaba de marcharse. Por otra parte, el albergue lo he notado algo descuidado. Está claro que para mis problemas respiratorios son mejores los albergues con sala-dormitorio común. En ellos pasas más desapercibido. Si fuera posible, la próxima noche dormiré en un hostal.

Son las 07:15 horas cuando abandono el albergue casi cojeando, pero hay que hacer de tripas corazón, se hace necesario. Afortunadamente, el día parece que va a ser también bueno.

Hago mi desayuno en un bar frente al albergue y ULTREIA peregrino!!.

La travesía de Ponferrada por todo el centro se hace larga y monótona y qué voy a contar de los 9 km de recta que une Cuatro Vientos, Fuentes Nuevas y Camponaraya. Casi dos horas interminables para llegar al “puente de los peregrinos” que salva la autopista A-6. Menos mal que a la salida de Ponferrada me he quedado en camiseta pues el calor comienza a agobiarme.

Nada mas cruzar el puente, comienzan los viñedos. Unos agricultores se encuentran en plena faena rociando con herbicida las cepas. Me comentan que este año los brotes se han retrasado algo debido al frío. Marcho por una buena pista pero mis pies están acusando el sobreesfuerzo a que se vieron sometidos en la bajada de El Acebo y Molinaseca. Por otra parte el dolor de la espinilla izquierda se va haciendo más patente, lo cual me preocupa bastante. Quiera Dios que no se trate de una tendinitis.

A las 10:45 llego a Cacabelos. Me compro un bocadillo y unas naranjas que tomo mientras reposo sentado en un banco de la plaza del mercado. Observo mucho movimiento de personal, pero mi cabeza no para de dar vueltas buscando una explicación a mis molestias. Después de tantos kilómetros recorridos y de encontrarme tan cerca de Santiago, sería un gran contratiempo tener que abandonar. Espero que no sea nada grave.

A la salida de Cacabelos han instalado un gran mercado ambulante con multitud de puestos donde se venden caballos y todo tipo de aparejos relacionados con los mismos. Me llaman la atención la variedad de sillas de montar expuestas.

Son las 11:00 cuando comienzo a enfrentarme a los 2, 5 km de fuerte repecho de duro asfalto hasta alcanzar Pieros. Por si fueran poco las molestias, el calor va minando mi resistencia. Estoy atravesando los peores momentos del Camino.

El tramo de carretera entre Pieros y el desvío a Villafranca lo encuentro muy mejorado. Menos mal que alguien se ha preocupado porque la verdad es que resultaba muy peligroso. Cuando llego al cruce con la otra alternativa por el Camino Viejo, me alcanzan unos bicigrinos guiris" que se detienen a mi lado. No saben por donde seguir por más que miran el plano-guía. Les explico que la opción de la derecha es más salvaje y la distancia mayor. Por la carretera la ruta es más directa. Al final se deciden por el Camino Viejo.

Yo continúo de frente por la carretera. Después de unas curvas, me desvío por la pista que siempre he seguido. Estoy deseando llegar a Villafranca pero aún tengo que afrontar un repecho de “campeonato” que me hace efectuar algún descansillo a la sombra de alguna encina. Llegando al cruce con el Camino Viejo, me encuentro con los “bicigrinos” de antes. Al final hemos tardado lo mismo a pesar de ir ellos en bicicleta.

Llego a Villafranca muy cansado y con el dolor de la pierna en aumento. Paso de largo por la Plaza Mayor sin fijarme casi en los peregrinos que apuran los refrescos en las terrazas de los bares. Me acerco a la Oficina de Turismo donde me informo del teléfono del Hostal “Nova ruta” de Trabadelo, haciendo la correspondiente reserva. Acto seguido me acerco al Bar “El Padrino” donde recupero fuerzas con una buena comida.

A las 14:00 horas reanudo mi camino con tranquilidad extrema, no quisiera que el dolor me perjudicase más. El sol cae de plano por el andadero acondicionado al margen izquierdo de la carretera cuyo tráfico de vehículos se ha visto disminuido por trasladarse a la nueva autovía. Para evitar males mayores, me protejo la nuca y cuello con el pañuelo colocado a modo de “saracof”.

A las 15:00 horas llego a Pereje donde pido en el bar un vaso de agua que bebo mezclado con un sobre de "Flectomín". Pienso que algo me hará. Reparo en dos jóvenes peregrinos que se encuentran comiendo, parecen encontrarse mas frescos que yo.

Después de un cuarto de hora de descanso, reanudo la marcha por el hermoso valle del Valcarce y el calor en constante aumento. El pavimento despide fuego, un hándicap añadido para las plantas de mis pies. Pero mi voluntad por llegar consigue vencer al dolor y a las 16:15 horas llego por fin al Hostal “Nova ruta” de Trabadelo. Cuanto trabajo me está costando subir las escaleras!!

Por fin en la habitación, me doy una generosa ducha, hago la colada y me embadurno la espinilla izquierda y pies con la pomada que me dejó el peregrino bilbaíno. Mientras tiendo la ropa en el balcón anejo, contemplo como bajan las ruidosas aguas del río Valcarce que pasa junto al hostal. Tumbado en la cama voy a intentar descansar mis piernas. Aprovecho la tranquilidad para telefonear a casa. Allí se encuentra también mi hija Lolita que ha ido a pasar el puente del primero de mayo con Carlos y mi nieto Alex.

Toda mi obsesión se centra en la recuperación para poder afrontar en la mejor forma posible la subida del Cebreiro. Así que no hay más remedio que hacer una buena siesta.

Al atardecer bajo al bar del hostal donde la clientela departe a gusto mientras toma la consumición. Me encuentro a la pareja de peregrinos que estaba comiendo en Pereje. El más joven es de Zaragoza y el otro de Jaca, van haciendo el Camino por etapas, su trabajo no les permite otra opción. Esta vez han salido de León. El de Zaragoza se queja de un pié, parece ser que ha dado un mal paso. Conversamos largo y tendido.

Cuando llega la hora entramos en el comedor donde cenamos compartiendo mesa. Me comentan que son los únicos peregrinos que se alojan en el albergue de Trabadelo que según ellos deja mucho que desear.

Terminada la cena me despido y me dirijo directamente a la habitación. Las molestias de la pierna no terminan de irse lo cual me sigue preocupando más de la cuenta. Me acuesto con la esperanza que durante la noche mejore la situación.

Buenas noches y hasta mañana.

Rabanal del Camino-Ponferrada Trabadelo-O Cebreiro
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