"El bosque encantado"

36ª Jornada

Miércoles, 4 de mayo de 2005

Sarria-Portomarín

Parcial 21 Km; Total 982 Km; A Santiago: 93 Km

El bosque encantado

Ni que decir tiene que he descansado de maravilla. La noche ha transcurrido sin enterarme. He dormido de un tirón. Me levanto a las 06:30 horas y después de hacer un buen desayuno en la cafetería del hotel me veo reemprendiendo el Camino cuando son las 07:30 horas. El día de hoy será la prueba de fuego que determinará si al fin he mejorado. Observo que aunque me molesta un poco, de momento la pierna se va portando.

Bar Morgade (cerca de Ferreiros)

Cruzo el coqueto puente sobre el río Aspero y poco después la vía férrea y tras salvar un arroyuelo por un improvisado puente, me sumerjo en el que yo llamo el bosque encantado. Mientras asciendo por el sendero observo los hermosos ejemplares de carballos chorreando lianas y enredaderas entre las que parecen esconderse las meigas. Verdaderamente encantador. A la salida del bosque, me tropiezo con un pequeño grupo heterogéneo de peregrinos que me dan la impresión de haberse formado durante el Camino. Llegando a Barbadelo el dolor vuelve a fastidiarme. Vaya por Dios!! Sobre todo en las bajadas es cuando tengo mayor dificultad para andar. Gracias a que el bordón y el bastón se aplican en su trabajo. Alcanzo el mítico Km 100 y un poco después el Bar Morgade donde unos cuantos peregrinos almuerzan plácidamente en las mesas exteriores aprovechando el calorcillo que proporciona el sol que luce radiante en el cielo. En otras circunstancias almorzaría unos huevos fritos con chorizo pero tal como voy, prefiero tomarme un té con limón y unas magdalenas. Aunque el paisaje tiene su encanto, es una pena no poder disfrutarlo como quisiera, la pierna me sigue obsesionando. Marchan por el Camino bastantes peregrinos pero debido a mi retraso las caras conocidas deben ir por delante.

Típico paisaje gallego
Paisaje entre Ferreiros y Portomarín

Continúo por las corredoiras. Las paisanas se dedican a llevar las vaquiñas a los pastos. En un determinando momento y sin saber cómo, me veo pillado en medio de ellas. Esperemos que se porten bien. Más adelante otro grupo de vaquiñas se me echan casi encima y ante el peligro de sufrir un atropello, aligero el paso casi olvidándome del dolor.

Ya voy pensando en la fuerte bajada al embalse de Belesar sobre el río Sil. Veremos si mis piernas resisten. En la distancia consigo ver Portomarin pero aún me queda más de una hora para llegar. Da comienzo un descenso suave que mis piernas acusan. El cielo se va cubriendo poco a poco y hace fresco. Eso puede resultar un alivio. Por fin llega el temible descenso casi en picado. Extremo las precauciones. Marcho todo lo despacio que puedo hasta llegar al nivel del embalse. Por lo menos me he quitado de en medio un grave problema. Cruzo el largo puente sobre el embalse y evitando la escalinata giro a la derecha para entrar al casco urbano con mayor suavidad. Inmediatamente me dirijo al nuevo albergue inaugurado en el 2004. Son las 13:30 horas. De momento hay camas de sobra. Elijo una de las bajas. Ducha, aseo y pomada. Muy pronto se llena el albergue.

Me acerco a “La Posada del Camino” junto a la iglesia-fortaleza donde como a gusto. Mis piernas me están pidiendo una buena siesta y no tengo más remedio que complacerlas. Hay que tratarlas con mimo. Sorprende cómo la mayoría de los que han salido de O Cebreiro e incluso Sarria, tenga ya problemas con sus pies y piernas. Si vinieran desde donde yo vengo….

Al atardecer el ambiente se vuelve bastante fresco lo que aconseja abrigarse a conciencia. Da poco gusto deambular por la calle. De las caras conocidas solo reconozco a Pedro el portugués que acompaña al grupo del sevillano con el que coincidí en la subida del bosque encantado y la rubia brasileña Teresa que conocí en Rabanal del Camino y que tanta gracia hacía Emilio de Orán o Emilio el Moro como le apodó José el hospitalero. Parece que su amiga se encuentra mejor.

Me apetece algo caliente y en el mismo sitio donde comí me pido un caldo gallego y un poco de queso del lugar, suficiente para mí, e inmediatamente a dormir.

Buenas noches y hasta mañana.

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