Puente de Molinaseca

32ª Jornada

Viernes, 29 de abril de 2005

Rabanal del Camino-Ponferrada

Parcial 35 Km; Total 872,5 Km; A Santiago: 202,5 Km

Ponferrada templaria

A las 06:30 horas arriba. Hago un buen desayuno con tostadas de pan de pueblo y aceite servidas por “Pilar” y abandono el albergue a las 07:20 horas después de despedirme de la atenta familia hospitalera.

Enseguida se inicia la subida por carretera a la Cruz de Ferro. A un kilómetro y medio arranca a la izquierda una senda que remonta la ladera entre matorrales y plantas aromáticas, enlazando con la carretera un poco antes de Foncebadón.

En Foncebadón las calles están todas levantadas.  Van a instalar el alcantarillado. Del albergue de peregrinos de la antigua iglesia sale el hospitalero que me saluda. Saca comida para el perro. Me comenta que han pasado la noche 18 peregrinos, entre ellos Pedro el portugués. Desea que la gente que tiene propiedades en el pueblo, en estos momentos casi abandonado, se decida a restaurarlas lo que le daría nueva vida.

Cruz de Ferro

Tras pasar como puedo por charcas y arroyuelos llego a la emblemática Cruz de Ferro cuando son las 09:00 horas. Me encuentro con las jóvenes leonesas y nos hacemos mutuamente unas fotos. Cuantos recuerdos alrededor de la cruz!! Clavada entre una pirámide de piedras traídas por los peregrinos. Emilio habrá dejado sus viejas botas y algunos encargos. Si salió del Albergue a las 05:30 horas, sería aún noche cerrada cuando llegó. Posiblemente hasta tuvo la suerte de contemplar el amanecer desde este privilegiado lugar. Eso sí que debe ser todo un espectáculo.

Continúo mi Camino. Manjarín me saluda con repiques de campana. Tomás se encuentra cuidando la pequeña huerta y las ocas. Qué gran hombre Tomás!! Los inviernos por estos parajes deben ser muy duros. Hay que echarle mucho valor para vivir en el humilde chamizo que hace de refugio durante todo el año. Me comenta que ayer pasaron 130 peregrinos. No está nada mal. Pero tiene que llover –me manifiesta con insistencia- hay poco agua. Me recomienda que siga la senda que sale de la carretera por la izquierda que evita el asfalto. A pesar que Tomás insistía en la escasez, por los caños de las fuentes que encuentro a mi paso mana abundante agua y el suelo rezuma mucha humedad, incluso existen muchos tramos completamente encharcados los que dificulta la marcha.

Con Tomás de Manjarín

La senda confluye con la carretera a la altura de la base militar situada en el Monte Irago. Cruzando la carretera han habilitado una pista que asciende por la ladera paralela a la carretera. Se anda con mucha comodidad. Desde esa privilegiada altura me detengo para contemplar los amplios valles entrelazados con profundos barrancos que tengo ante mi vista. Las laderas de las montañas poseen un tono cobrizo con ribetes y matices verdosos. Llama la atención un pueblo perdido que parece incrustado en la montaña, al fondo de un valle y a lo lejos las cumbres nevadas de los Montes de León. Un espectáculo maravilloso. Me quedaría aquí durante más rato pero el tiempo acucia y aún quedan bastantes kilómetros para llegar a Ponferrrada.

Durante el trayecto hasta El Acebo alcanzo a unos pseudo peregrinos que me confiesan que van con coche de apoyo. Por su manera de andar y a pesar de la ayuda,lo deben estar llevando bastante mal. La bajada a El Acebo la han suavizado bastante con nuevos senderos en zig-zag, aun así es un descenso molesto y peligroso. Comienza a apretar el calor. Paso de largo hasta Riego de Ambrós que está precioso. Se ven muchas casas restauradas. Sigo hasta una pradería donde emergen vigorosos unos castaños centenarios. A la sombra de uno de ellos me detengo a descansar y tomar algo. Un grupo de chicos y chicas se divierten entre los castaños bailando extrañas danzas. Ahí viene a paso ligero el “dandyIgor. Me dice que tiene que llegar a Ponferrada antes del cierre de la Oficina de Correos. Lo tiene difícil, aunque siempre puede tomar algún medio de transporte en Molinaseca. De todas formas va muy justo.

Sigo adelante. La pronunciada bajada hasta Molinaseca es de las más duras del Camino. Se me hace difícil mantener el equilibrio. Gracias al doble apoyo, bordón y bastón, que alivia algo mi peso. Y lo peor es que las piernas deben estar notando el sobreesfuerzo. Ya veremos. Por otra parte los kilómetros van pasando factura. Cuando ya tengo la carretera a la vista, veo que la japonesita de la mochila polivalente gira a la izquierda por una pista que sale directamente al asfalto. En esta ocasión lo prefiero pues el tramo que queda de senda sigue siendo muy malo. A trancas y barrancas, consigo llegar a Molinaseca cuando son las 14:00 horas dirigiéndome al Restaurante “Palacios” situado junto al puente. Buen sitio para comer y descansar. Pido el menú. Pasable. Llega un alemán con el que coincidí ayer en Casa Gaspar. Me pregunta lo que puede comer. Hace un Camino muy raro. Debe tener casi agotado su periodo vacacional porque me pregunta por la Estación de Autobuses de Ponferrada para ir hasta O Cebreiro.

A las 15:00 horas reanudo la marcha. Al pasar por el Albergue de peregrinos saludo a Alfredo que casi no se acuerda de mí. Es normal. Pasan tantos peregrinos por aquí…. El calor va en aumento. El asfalto de la carretera parece despedir fuego.

202, 5 Km a Santiago

Por fin, llego al Albergue de Ponferrada a las 16:15 horas bastante reventado y con la espinilla de la pierna izquierda dolorida. Han llegado bastantes peregrinos, casi todos ellos “guiris”. Entre ellos reconozco a Emilio de Orán, como a él le gusta que le llamen, está muy contrariado porque le han dicho que el albergue no permite la salida de ningún peregrino antes de las siete y media, hora a la que se abre la puerta. Son las normas- le intento convencer. Pero él no se queda muy conforme. También está por ahí Pedro el portugués e Igor “el dandy que al final ha conseguido ligar a una jovencísima extranjera con la que se muestra muy cariñoso. Al cruzar el jardín en busca del tendedero, un mojón situado junto al monolito de madera tallada instalado no hace mucho tiempo, en el que se puede leer: “Santiago 202,5 Km”. Ya falta menos pero reconozco que todavía tendré que emplearme a fondo.

Salgo a dar una vuelta por el centro, sentándome en una terraza de la Plaza Mayor donde saboreo una fresquita cerveza. Me encuentro al peregrino alemán que durmió en la cama alta de mi litera en Astorga. Se llama Stéphano. Parece un buen muchacho necesitado de compañía. Después de cruzar unas cuantas frases me dice si puede ir a cenar conmigo, Faltaría más!!-le contesto-.Encontramos un bar con menú a 6 €. La carta nos parece adecuada y entramos. Durante la cena, me comenta que reside en Frankfurt donde trabaja como contable en una multinacional. Ha salido de Burgos. Conoce bien Königstein. Resulta que se trata del pueblo donde reside una tía mía. Qué casualidad!! Otra a las que el Camino nos asombra de vez en cuando.

Terminada la cena regresamos al Albergue. Encuentro a Germán, un peregrino bilbaíno con el que coincidí en Burgos. Allí se tomó un descanso de un par de días por una tendinitis. Le comento que me duele un poco la pierna izquierda. Me ofrece un calmante en pomada que le prescribieron en Burgos. Dice que a él le fue bastante bien. Por probar no se pierde nada. Ha sido durante bastante tiempo deportista pero está convencido que en el Camino hay que olvidar el espíritu de competición. Lo más importante es mantener un ritmo regular, el que cada cual tenga y no pasarse nunca de kilómetros que al final los excesos suelen salir caros. Habrá que aplicarse la lección algún día.

Llega la hora de acostarse. Comparten mi habitación tres peregrinos extranjeros. Ya veremos si consigo dejarles dormir y lo que más me preocupa, si me recupero.

Buenas noches y hasta mañana.

Astorga-Rabanal del Camino Ponferrada-Trabadelo
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