31ª Jornada

Jueves, 28 de abril de 2005

Astorga-Rabanal del Camino

Parcial 22 Km; Total 837,5 Km; A Santiago: 237,5 Km

La encina solitaria

A las 07:30 horas bajo al comedor del albergue donde desayuno por 3 € (me parece algo caro). Atravieso Astorga siguiendo las flechas y dejando la localidad por la carretera de Castrillo de Polvazares, famoso pueblo por la cantidad de restaurantes que ofrecen el cocido maragato.

Después de pasar por la Ermita del Ecce Homo, como de costumbre cerrada a cal y canto, y cruzar por un puente la A-6, comienza un andadero que han mejorado bastante. En una hora estoy atravesando la localidad de Murias de Rechivaldo formada por casas típicas maragatas. Gaspar el de Rabanal ha convertido una de estas casas en el Albergue de Peregrinos “Las Aguedasque según oídas lo tiene muy bien acondicionado.

El Camino va ascendiendo con suavidad. Como el calor va haciéndose notar, llega la hora de desprenderse del polar. Y de nuevo en camiseta. A mi derecha observo en la distancia la estirada localidad de Castrillo de Polvazares en cuya calle principal se concentran los restaurantes casi puerta con puerta. Dos horas después llego a Santa Catalina de Somoza, donde hago un receso en una placita a la salida del pueblo.

Una solitaria encina en el Camino

Se camina con comodidad por el andadero. A medio camino entre Santa Catalina y el Ganso casi se tropieza con una encina solitaria que sirvió de portada a mi amigo Vicente para su Librito-guía del Camino Francés. Es menester sacar una foto para mostrársela cuando lo vea y dar fe de que existe. Hay quien piensa que ha sido un montaje fotográfico.

Una hora después llego a la pequeña localidad de El Ganso. El típico mesón-bar “Cowboy” está cerrado, posiblemente debido a la fecha en la que nos encontramos.

A la salida del pueblo, un crucero de hierro da inicio al andadero que discurre entre la carretera y un hermoso pinar donde paro a descansar un poco y aprovecho para tomar algo. En el tiempo de parada pasan varios peregrinos que según nos acercamos a Santiago van en constante aumento. Entre los peregrinos pasa una japonesita que llama la atención por su curiosa mochila polivalente. Cuando el terreno lo permite la mochila se convierte en un carrito como los de la compra y en caso contrario se lleva como si fuera un escapulario. Lo que no inventen los japoneses....

Reanudo el Camino que ahora desciende hasta el cauce de un río, desde donde parte una carretera que se dirige a Rabanal Viejo. Yo sigo al frente hacia el puente sobre el arroyo.

A partir del puente, comienza a la derecha una senda abierta recientemente que en subida serpentea por un frondoso robledal. Hay que prestar mucha atención a los numerosos restos de troncos y raíces que sobresalen de la tierra con grave riesgo de accidente para el peregrino.

Esta senda vuelve a salir a la carretera que hay que seguir hasta Rabanal después de pasar por el espectacular carballo del peregrino que tengo ganas de verlo con hojas algún día.

Llego a Rabanal dirigiéndome directamente al Albergue del Pilar donde me recibe el amable y vivaracho José hijo de Esperanza, la matriarca de la familia que con su hija Isabel, más conocida en el ambiente peregrino por Pilar y que atiende la restauración, mantienen en óptimas condiciones el albergue.

Como hago el número tres de los peregrinos registrados, puedo elegir litera sin problemas y ducharme con tranquilidad. Acto seguido hago la colada quedándome tranquilo.

Decido comer en el mismo albergue. Pido a Pilar una tortilla de patatas cocinada por su madre Esperanza más una ensalada y como hace un día estupendo me acomodo en una de las mesas de un cobertizo del patio-jardín donde doy buena cuenta de ella, la encuentro riquísima. El cuerpo me pide una siesta así que no hay que contrariarle.

En el ínterin van llegando nuevos peregrinos, entre ellos uno muy peculiar, Emilio un “pied noir” residente en las cercanías de París ciudad desde donde ha partido a pié. Desde el 21 de enero lleva fuera de casa. Ya está bien!! Viene siguiendo la ruta París-Arlés, Lourdes, Somport. Lleva sujeta al bordón una pluma de buitre que encontró cuando pasaba por la Foz de Lumbier. De baja estatura, poco pelo y tez morena se convierte enseguida en el punto de atención de todos los presentes. Habla por los codos y sus ocurrencias hacen mucha gracia a Teresa, una simpática rubia brasileña que viene desde Lourdes con una amiga que ha caído enferma y se encuentra con fiebre en la cama. José el hospitalero no para de meterse con Emilio a quien termina por apodarle “Emilio el Moro” lo que no acaba de gustarle mucho al interesado. Pero aguanta las bromas con espíritu fajador. Emilio es de los que se levantan a las 05:30 horas para comenzar a caminar con la oscuridad. Hay gustos para todo. También llegan las dos jóvenes leonesas.

A las 19:00 me acerco a la iglesia para asistir a la misa celebrada por el monje benedictino que queda en la Congregación, lo que ha ocasionado la supresión del canto de vísperas. En la Iglesia todos son extranjeros menos tres vecinos del pueblo, las leonesas y un servidor. Hace frío en el interior de la iglesia por eso se agradece el polar.

Al terminar la misa ya hace también frío en el exterior. No está la tarde para muchos paseos así que me voy al mesón de Gaspar donde pido una sopa bien calientita.

Hoy habrá que acostarse pronto que mañana será una etapa larga y dura y habrá que madrugar algo más.

Buenas noches y hasta mañana.

San Martín del Camino-Astorga Rabanal del Camino-Ponferrada
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