El otro "bosque encantado"

38ª Jornada

Viernes, 6 de mayo de 2005

Palas do Rei-Arzúa

Parcial 30 Km; Total 1037 Km; A Santiago: 38 Km

Los Somoza

A las 06:30 me despierto. Hoy también he descansado a gusto. Me asomo a la ventana. Ni una nube en el cielo y el viento parece que ha calmado. Si todo sigue así, se presenta un buen día. El dolor de la pierna va mejorando. Menos mal!!

A las 07:10 horas ya me encuentro saliendo de Palas en busca de un bar abierto que encuentro a la salida del pueblo ya rebasadas las últimas casas. Por lo menos puedo desayunar caliente.

Se continua por la carretera y tras una gran curva que envuelve el Carballal se toma un desvío a la izquierda que me introduce por una “corredoira” en un frondoso bosque de carballos con un sotobosque de tupida vegetación, debe tratarse del lugar que tanto miedo produjo en su primer Camino, a mi querida amiga Elizabeth residente en California. La verdad es que produce cierto “repelús” el entorno y más aún al caer la tarde, cuando ella cruzó el bosque en solitario. Pasadas unas charcas desde donde llega el desaforado croar de las ranas mezclado con el graznido de algún córvido, se abren de nuevo los espacios dejando traslucir un hermoso cielo azul. Poco después, dejo a mi izquierda un nuevo albergue del Camino, debe ser el de San Xulián, tabla de salvación para Elizabeth.

Jardín de los Somoza

Sigo adelante con el dolor en la pierna que comienza de nuevo a aburrirme, tendré que ir acostumbrándome a él. Menos mal que el bello paisaje hace que te olvides a ratos de las molestias. A 4 km de Palas do Rei, está el albergue privado de “Puentecaminos” que queda a mi izquierda. “Goteo” constante de peregrinos. Atravieso la aldea de Casanova donde hay un albergue de la Xunta de Galicia y 2 km después llego a la antigua carretera general en el lugar conocido como Couto. Allí se emplaza la Casa Rural de los Somoza. Menuda sorpresa les voy a dar!!. En el jardín está Puri que me reconoce al instante y llama a su marido Jesús. Se alegran mucho de verme, no esperaban mi llegada. Les cuento por encima mi Camino mientras me tomo un buen desayuno con tostadas de pan gallego con mantequilla y mermelada. Cuánta amabilidad la de este matrimonio!! Frente a mí se hallan desayunando una pareja  de Toledo con su hija que al oírme decir que vengo de Castellón a pié, se sobresaltan. Ellos van de turistas por el Camino, haciéndolo a cuentagotas y con vehículo. Han pasado la noche allí y están encantados del lugar y de las atenciones recibidas. Después de un rato de charla y dar las gracias por el suculento desayuno, me despido de ellos con un fuerte abrazo. Buen Camino!!, me desean- Hasta mi próximo Camino –les contesto.

Curiosa flecha en Leboreiro

En la travesía de Leboreiro, me llama la atención una flecha en una fachada formada con conchas pintadas de amarillo. Me detengo a sacar una foto. Cuando llego al famoso puentecillo medieval a pocos metros de salir de Leboreiro, me desprendo del polar pues el calor comienza a abrumarme. Cuantas vueltas da el tiempo en Galicia!!

Después de atravesar una fea zona industrial, el Camino desemboca en una pista que entre carballos desciende directamente al nivel del río Furelos. Tras cruzar el famoso puente romano se llega a la aldea de Furelos. La iglesia está abierta lo que me decide a entrar para agradecer sobretodo al amigo “Santi” mi mejoría y sellar la credencial. El párroco me muestra orgulloso un curioso cuadro de un Cristo. Su brazo derecho se ha desprendido de la cruz en actitud caritativa. Un gesto expresivo que según me explica el cura es como si Jesucristo en su agonía intentara ayudar a la Humanidad. Un cuadro que da motivos para reflexionar.

Puente de Leboreiro

Diez minutos después entro en Melide, sentándome a descansar en un banco de la plaza. La pierna se me está cargando pero debo continuar antes que me enfríe.

Los eucaliptos van haciéndose poco a poco mas patentes en el entorno y también los peregrinos que me pasan o les paso. Pienso que cuando llegue a Castañeda tomaré algo en la tienda-bar pues ya me está entrando hambre. Pero al llegar al sitio donde estaba el cártel anunciando el bar, observo que ha desaparecido. Posiblemente lo hayan cerrado. Hay que seguir adelante.

Después de atravesar la carretera por un paso inferior, viene un fuerte repecho que con el calor que hace se hace “duro de pelar” hasta la altura de un puente que cruza la carretera que se deja a la derecha. Al principio de la bajada por la ladera opuesta decido detenerme bajo unos eucaliptos a descansar y tomar unos frutos secos y la naranja.

Continúa la pista en descenso continuado hasta llegar al valle del Iso donde se localiza el albergue de Ribadiso de Abajo en un paraje paradisíaco. Entro para tomarme un refresco de máquina y aprovecho para sellar la credencial. La verdad es que me quedo con ganas de finalizar la etapa en este albergue rodeado de tanta belleza. Encuentro a viejos conocidos. Teresa, la rubia brasileña que se alegra mucho de verme. Se ha adelantado a su amiga que anda un poco tocada. Me pregunta si la he encontrado en el Camino. La verdad es que si la he visto, no me he dado cuenta. Aunque ahora recuerdo que vi a una mujer sentada en actitud pensativa a un lado del camino. Muy bien podría tratarse de ella pero no estoy seguro. También están allí los componentes del grupo del sevillano con Pedro el portugués que piensan quedarse.

Son las 15:15 horas y a pesar del calor decido continuar, son unos dos kilómetros y medio los que me faltan para llegar a Arzúa y aunque todo el camino discurre en una cuesta respetable intentaré hacerlos poco a poco. Por otra parte la pierna me duele un poco más. No obstante marcho a buen paso e incluso rebaso a un grupo numeroso de alemanes que van con niños. Mientras sea subida, no me importa.

A la entrada de Arzúa está la PensiónLa Rúa” a la que llego bastante justito de fuerzas. Me acomodo en la confortable habitación asignada y después de ducharme y hacer la colada diaria, bajo al bar a tomarme una fresca cerveza de barril que me apetece de verdad.

Tras aliviar la sed, paso a la habitación y me tumbo en la cama manteniendo los pies levantados ligeramente para facilitar la circulación de la sangre. Vaya calor que hace!! Ya no me acordaba que existía.

A las seis y media me acerco al Restaurante “Teodora” donde me permito el lujo de cenar dos buenas rodajas de merluza fresca con ensalada. Y a dormir. Ahora sí que tengo Santiago a tiro de piedra. Parece mentira!!

Buenas noches y hasta mañana.

Portomarín-Palas do Rei Arzúa-Monte del Gozo
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