Llegando a Alcorisa

7ª Jornada
Domingo, 3 de abril de 2005

Aguaviva - Andorra

Parcial 34 Km; Total 190 Km; A Santiago: 885 Km

Una etapa interminable

      Desayuno en el bar del hotel servido por el propietario, son las ocho y cuarto cuando me dispongo a reanudar mi Camino. Me despido del buen señor, deseando que tanto él como su mujer, encuentren la suficiente fortaleza para, al menos, seguir luchando por vivir. Ya se sabe que en estos casos la mejor medicina es el tiempo.

      Hace bastante fresco y el cielo está cubierto de negros nubarrones que no vaticinan nada bueno pero de momento calma. En esta etapa voy a adentrarme en terreno desconocido. Son las tierras del Bajo Aragón, ya veremos como me reciben. De momento, cuento con la ayuda de Rafael el Presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago "San Macario" de Andorra, se ha ofrecido a sacarme de apuros si fuera necesario. Es una tranquilidad para mí.

      Hago los 4 km que me separan de Mas de las Matas por el arcén de la carretera, no hay mas remedio. Por ser domingo, el tráfico es prácticamente inexistente. Medio kilómetro antes de llegar a Mas de las Matas, se cruza por un puente el Río Guadalope, en el que 5 km curso abajo afluye el Río Bergantes, mi compañero de fatigas durante un tramo de la etapa de ayer. Poco después desaguan parcialmente en el Embalse de Calanda.

      A la entrada de Mas de las Matas, observo que están construyendo un Albergue Municipal. Esperemos que esté terminado pronto pues sería una buena opción para rematar la etapa que parte de Sorita y aliviar la que hoy he emprendido. No existe en el pueblo ningún establecimiento hotelero. Sigo caminando por la circunvalación del pueblo, después me doy cuenta que podía haber atajado atravesándolo. Pero no tengo guía alguna y de momento no veo ninguna flecha, lo cierto es que esa carretera es la de Alcorisa.

      A partir del otro extremo del pueblo es cuando comienzo a ver flechas amarillas pintadas sobre las señales verticales. Menos mal. Paso frente al campo de futbol y a 1,3 km de la salida veo la cruz cuya referencia me ha facilitado Rafael. 200 metros adelante, junto a una casita abandonada a la derecha, sale la pista que debo seguir (justo en el punto kilométrico 12).

      Por terreno completamente llano, entre campos de cereal, tierra baldía y algún pinar aislado, sigo contento mi camino. El suelo está algo mojado por la lluvia caída pero no es obstáculo para andar con comodidad. Llego al Barranco de la Canaleta que debo seguir hasta "tocar" la carretera en un paraje denominado la Torre o Masada de Anduch donde hay un manantial y abrevadero en cuyo extremo emergen dos robustos chopos. Pregunto a unos paisanos que están reparando un tractor y me dicen que puedo beber sin problemas, el agua es de confianza. Llevo recorridos unos 11 km, así que decido sentarme junto al manantial a tomar algo y descansar. Los paisanos desconocen que por aquí está marcado el Camino de Santiago, a pesar de que una flecha amarilla aparece pintada en la pared de la edificación donde se encuentran. No se habían dado ni cuenta.

      Continuo mi Camino entre unas casas semi-derruidas siguiendo la dirección de las flechas. Junto a la puerta de una de las casas abandonadas, aun puede verse un pequeño azulejo con el escudo de la Torre de Anduch.

      La pista ahora en ascenso duro hacia el Alto del Caballo. Después de casi 2 km hay que salir obligatoriamente a la carretera. Por su arcén corono el puerto (731 m) y unos 500 m mas abajo dejo de nuevo la carretera por una pista que sale a la izquierda y que sigue en descenso hasta llegar a una depresión. De momento he podido seguir bien las flechas pero a la altura de una balsa las pierdo. Retrocedo hasta la última flecha que estaba pintada sobre una roca. Oteo todas las posibles salidas pero no puedo distinguir flecha alguna. Tanteo una pista que sale a la izquierda pero pronto me percato que no voy por buen camino. Retrocedo de nuevo hasta la roca. Debo llamar a Rafael quien localiza al instante mi situación y me dice que tengo que tirar a la izquierda pero un poco mas adelante por donde se ve una casa abandonada en lo alto de una loma. Siguiendo sus indicaciones, con dificultad consigo ver la siguiente flecha amarilla pintada sobre otra roca. Rafael me ha sacado de mi primer apuro.

      A través de la fea e inhóspita hondonada, pienso en la gran soledad que me rodea. Por otra parte, el sol va calentando lo suyo. Pero los nubarrones no están muy lejos. Se me hacen interminables esos 6 o 7 km que hay desde la carretera a la Plaza de Toros de Alcorisa, durante los cuales he tenido que llamar a Rafael otras dos veces. Qué duro se hace el Camino a veces!!.

      Ya con las primeras edificaciones a la vista me quedo tranquilo. La pista de acceso al pueblo, bordea un farallón y tras una fuerte bajada piso por fin las calles de Alcorisa en la zona lúdica.

      Son las dos menos cuarto cuando aparezco en el centro del pueblo donde se concentra la zona de tapeo. Voy sudando por los cuatro costados y me encuentro mas cansado de lo habitual a estas alturas. Entro en uno de los bares a reponer calorías. Hora del aperitivo dominical, los parroquianos apuran las consumiciones. Lo primero que hago es tomarme casi de un trago una caña de cerveza, ante las miradas de curiosidad de la clientela. Como si no fuera conmigo, me acomodo y pido algo sólido. Los clientes, como prevenidos por una sirena, dejan casi al unísono el bar, es la hora de retirarse a comer. Tras el descanso, salgo de Alcorisa cuando el reloj marca las dos y media. Aún me faltan 14 km para llegar a Andorra.

      Sigo la calle que me ha indicado el camarero. Es la salida del pueblo pero resulta que es la nueva, la antigua no he logrado encontrarla. Un dependiente de la gasolinera me lo confirma. Ha dado Vd. un buen rodeo -me dice-, por lo menos kilómetro y medio más. Era la propina a una fea etapa.

      A mayor abundancia, cuando enfilo la carretera de Andorra, después de pasar el campo de fútbol, llamo a Rafael al no ver ninguna flecha. Te has dejado la desviación 500 metros atrás -me dice-, debías haber tomado la carretera antigua, ahora no te merece la pena volver, sigue por donde vas, te vas a ahorrar dos kilómetros. Qué difícil se me hace seguir el recorrido sin guía!!. La ayuda de Rafael se hace imprescindible.

      El cielo se está poniendo oscuro por momentos, se avecina una buena tormenta. Aligero el paso. Voy como una moto. Cuando me faltan 3 km comienzan a caer las primeras gotas, son gordas las condenadas, la que se va a formar... Mientras me estoy poniendo el chubasquero, un agricultor que acababa de llegar a su huerto al otro lado de la carretera para concluir alguna faena, me dice que me lleva en su coche. A la vista del panorama que tengo delante y lo cansado que estoy, no tengo mas remedio que aceptar a regañadientes su ofrecimiento. Me estibo como puedo en la parte de atrás del "cuatro latas" y llego sin apenas mojarme a la puerta del hotel que me había indicado Rafael. Son las cinco. Al final he tenido suerte pues si hubiera seguido el camino señalizado, a esta hora estaría luchando en terreno desconocido con la lluvia, el viento y el barro y lo peor de todo bajo un cielo de impresión.

      Tomo posesión de la habitación reservada previamente por Rafael. Es a cuenta de la Asociación -me había dicho-, y eso a qué se debe -le respondo sorprendido-, -es lo menos que podemos hacer con los escasos peregrinos que pasan por aquí -me contesta. Otra vez la hospitalidad del Camino se manifestaba en toda su plenitud.

      Telefoneo a Rafael. Pues si que has llegado pronto -me dice-. Es que he venido a paso ligero por la lluvia -se me ocurre bromear-. -Espérame abajo, ahora mismo estoy ahí.

      No conocía a Rafael en persona pero la impresión que me da es inmejorable. Me lleva en su todo terreno al local de la Asociación donde acredita en la credencial mi paso por Andorra y además me obsequia con una camiseta, un polo y un cachirulo baturro y encima el hotel gratis. Hay quien dé más? No encuentro palabras para expresarle mi agradecimiento.

      De vuelta al hotel, primero me indica in situ la salida del pueblo por el polígono industrial y luego nos sentamos tranquilamente a charlar. Me informa de la etapa de mañana. Yo no estaré aquí pues tengo que acercarme a Zaragoza -me dice- pero apunta mi móvil por si acaso. Si quieres descargarte de peso, prepárame en una bolsa lo que veas que te sobra y se lo entregaré con mucho gusto a tu hija en la Óptica -continúa- yo tengo la casa muy cerca. Es una buena idea -le contesto- seguro que podré desprenderme de algo, muchas gracias. -La etapa de mañana ya verás como te gusta más -me informa- al inicio tendrás que sudar un poco la camiseta, es la única subida dura que encontrarás. Si tienes algún problema no dejes de llamarme.

      Qué buena persona es Rafael!! Mejorando lo presente es la amabilidad personificada. Me dice que estuvo de hospitalero en el Albergue de Ventosa. Se ve que la hospitalidad no la ha manifestado solo en el albergue, se le ha pegado y la continua ejerciendo en su propia casa, y de qué forma!!. Mil gracias, amigo Rafael!!

      Paso el resto de la tarde en el bar del hotel. La lluvia sigue cayendo con insistencia. Hoy no está el tiempo para paseos.

      Ceno un plato combinado y me retiro a descansar en este albergue de lujo. Como veis, al final todo tiene su recompensa.

      Buenas noches y hasta mañana.

Sorita-Aguaviva Andorra-Albalate del Arzobispo
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