Albalate del Arzobispo

8ª Jornada
Lunes, 4 de abril de 200

Andorra - Albalate del Arzobispo

Parcial 24 Km; Total 214 Km; A Santiago: 861 Km

El Albergue de Albalate

      A las siete y media, ya me encuentro dispuesto para iniciar la etapa. He dormido plácidamente y desayunado en el bar del mismo Hotel. Miro al cielo. Afortunadamente, el frente nuboso ha pasado, pero en el ambiente se siente la humedad que la lluvia ha dejado y que unida a la baja temperatura hace que tenga que abrigarme a conciencia.

La "Pilarica"

      Cruzo la carretera justo cuando pasa el autobús de línea que va a Zaragoza. Me adentro en el polígono industrial siguiendo las flechas amarillas. Cuando llego a la falda de la Sierra de Arcos, coinciden tres señalizaciones, una blanca-amarilla de PR, otra azul y las flechas, por señales no va a ser.

      Afronto el repecho con decisión, a pesar de los kilómetros parece mentira lo fuerte que me encuentro. Porque la pendiente es de aúpa, ya me lo dijo ayer Rafael. Entre pinos alcanzo un descansillo donde la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Andorra (AACSA) ha erigido un pequeño monumento en honor de la Virgen del Pilar, la "Pilarica" como se la conoce en Aragón. Un buen detalle.

Alto del Cerero

      La senda continua ascendiendo en busca del Collado del Cerero (855 m) en medio de un paisaje que se estaba haciendo duro contemplar. Hay que saborearlo con avaricia -digo para mis adentros-. En el alto, una gran vieira amarilla seguida de las clásicas flechas. Comienza la bajada por un sendero encantador. La lluvia caída en la tarde-noche de ayer ha dejado un aroma a pino que apetece respirar con profundidad.

      La senda termina en una pista de tierra que tengo que seguir a la derecha ya por terreno llano. A unos 500 metros dejo las señales azules a mi izquierda, siguen otro recorrido. 1 km mas adelante la flecha me saca de la pista por la izquierda. El camino casi se adivina pero gracias a las señales puedo seguirlo con cierta dificultad ya que discurre prácticamente campo a través por un suelo muy irregular. Dejo a mi derecha una masía donde unos perros me saludan con sus ladridos desaforados.


"Cruz de Ferro" - Camino del Bajo Aragón

      Continuo buscando la cima de la montaña por una ladera muy pedregosa. Las señales en este tramo se hacen imprescindibles, llegan a ser tus mejores aliadas. En lo mas alto hay una réplica de la "Cruz de Ferro" pero de menor tamaño, otro buen detalle de la AACSA. El descenso por la ladera contraria sigue por terreno pedregoso, y como consecuencia de ello, la dificultad de la marcha.

      Al llegar a la llanura, lo primero que me encuentro es un pozo de agua de muy difícil acceso junto a unos huertos de olivos. Unas canalizaciones de goma indican que el agua es aprovechada. Y efectivamente, a unos 200 metros hay una pequeña masada, cuya puerta está abierta. Unos perros sueltos salen a mi encuentro pero por los movimientos de sus rabos intuyo que no son peligrosos. En el interior de la masada advierto la presencia de un hombre que sale al oír los ladridos y me mira con extrañeza. Pocas personas deben pasar por estos andurriales. Estoy en el lugar conocido como la Masada del Pozuelo.

      - Soy hombre de paz -le digo para tranquilizarle- Buenos días.
       - Buenos días -me contesta mas tranquilo -no se preocupe por los perros, no son peligrosos.
      - Soy un peregrino que se dirige a Santiago -le respondo intentando entablar conversación.
      - A Santiago!! Válgame Dios -me contesta -y de dónde viene.
      - De mi casa de Castellón -noto que va tomando confianza -el pozo que he visto un poco mas atrás es de agua buena?
      - Buenísima -me contesta -llega aquí por gravedad, le apetece?

      Desde luego que me apetecía, bebo un trago largo y luego relleno la cantimplora, posiblemente ya no encuentre agua hasta llegar a Albalate. Se trata de un pastor que mientras cuida al rebaño se entretiene haciendo bastones que veo colgados en fila en una de las paredes de la humilde choza. Oigo los balidos insistentes de las ovejas. En un ambiente cada vez mas distendido, me comenta que hoy tendrán que comer pienso, no las saca a pastar porque hay mucha humedad y eso no es bueno para ellas.

      Después de decirme que siga la pista sin problemas, me despido del buen pastor. Allí, en medio de la nada te percatas cómo el Camino, cuando menos te lo imaginas, te muestra su rostro hospitalario.

      Sigo mi Camino acompañado de los perros durante unos metros. Atravieso una casa abandonada. La tierra en estge altiplano debe ser de muy difícil cultivo. Algo de cereal de poca calidad y pequeños olivares desperdigados. Las flechas amarillas siguen cumpliendo su misión.

      Sobre las diez y media llego a una bifurcación que coincide con un redil junto a un olivar que acoge a unas cuantas ovejas (2 km desde la Masada del Pozuelo). La señalización me indica que gire a la izquierda. A pocos metros distingo una flecha sobre un poste de la luz que está en medio de un bancal fuera del camino. Una vez allí, oteo en todas direcciones en busca de algún indicio de señal, pero no consigo verla. Pruebo campo a través pero tengo que regresar, no distingo nada. Al final desisto, no me queda mas remedio que molestar a Rafael. Ya sé que no es ninguna molestia para él, pero no por eso deja de darme corte. Por mis explicaciones reconoce mi situación.

      - Tienes que ver lo que fue un transformador eléctrico en su día -me informa.
      - Sí, ya lo veo -lo tenía a cierta distancia.
      - Pues en una de sus paredes está la señal y por detrás encontrarás una cruz clavada en el suelo que indica el inicio de la bajada hacia el Barranco de Matapuercos. Tendrás que pasar por medio de un bancal que estará sin sembrar. Ahh, esta mañana te vi cuando cruzabas la carretera por la zona industrial de Andorra, iba en el autobús de Zaragoza y por cierto, ya he estado con tu hija.
      - A duras penas veo la flecha, muchas gracias, Rafael, no sé lo que haría sin tu ayuda. Siento tener que molestarte tanto.
      - Ya sabes que no es ninguna molestia, llama cuando quieras.

Comienzo del Barranco de Matapuercos

      Siguiendo sus instrucciones llego al transformador que dista 400 metros del corral de ovejas y a unos 70 metros hacia el oeste, tal como me ha dicho, reparo en la cruz que está emplazada a un nivel que no permite verla desde la pista. En ella alguien ha garabateado "mata puerco". Vaya nombre!!

     Son las once menos cuarto. Inicio la bajada al barranco, otra vez rodeado de pinos. Junto a una gran oquedad de la ladera brota un manantial con abrevadero pero tengo que esquivarlo como puedo pues está plagado de avispas. Sigo bajando rodeado de la soledad mas absoluta. Las flechas amarillas siguen siendo mis mejores guías en estos difíciles momentos. Al pisar una roca me resbalo cayendo de espaldas. Gracias a la mochila que haciendo de muelle amortigua mi peso. No me hago daño pero ha sido un aviso. Tendré que llevar mas cuidado.

       Después de que la senda enlaza con un barranquillo por cuyo cauce tengo que seguir, llego sin mas incidencias a la entrada de una pista ya en la llanura. Han sido 2 km desde la cruz. Debe haber llovido con ganas pues el piso se nota muy mojado, incluso hay tramos con barro.

     Va siendo hora de parar y tomarme un descanso y refrigerio. Encuentro el lugar adecuado junto a una casita abandonada. Delante mía una antigua construcción de piedra sin tejado invadida por las zarzas.

     Siguiendo la pista y entre pequeños huertos alcanzo una carretera asfaltada. Han sido unos 3,5 km por la llanura. Frente a mí una gran finca de melocotoneros. Bordeando la finca se llega al Río Martín (700 m) cuyo cauce tendré que seguir hasta Albalate por una pista muy embarrada que discurre por la ribera derecha del río. Es una pena que haya tanto barro, pues sin él hubiera sido un plácido paseo a la sombra de altos chopos entre huertas de melocotoneros y hortalizas.

Llegando a Albalate del Arzobispo

     A la una y media diviso las primeras edificaciones. Estoy pensando ya en como será mi primer Albergue del Camino, si encontraré algún peregrino, si tendré que estrenar el saco de dormir, en la ducha que me espera ... y a las dos menos cuarto me encuentro cruzando el puente sobre el río Martín, por cuya margen derecha he andado unos 4 km.

     Pregunto a un paisano por el Ayuntamiento.

     -El Ayuntamiento está cerrado. Hoy es fiesta en el pueblo. La autoridades están todas en la Ermita de la Virgen de los Arcos adonde han ido de romería -me informa.

     -Soy un peregrino camino de Santiago y necesitaba las llaves del Albergue para pernoctar.

     -Pues difícil lo veo pues no queda en el pueblo ni el gato.

      Empiezo a impacientarme, pero queda mucha tarde por delante. No debo ponerme nervioso. Junto al puente veo un Restaurante (Casa Agustín). Decido ir para preguntar.
El restaurante está a tope, los empleados están en plena faena. Voy sudado de arriba abajo. Mi estado debe ser lamentable, necesito sin falta una buena ducha. Además tengo hambre.

      Mientras me tomo una cerveza y vuelvo a explicar mi condición, pregunto al que se encarga de asar la carne.

      -Buenos días. Conoce algún sitio donde pasar la noche?

     - En el pueblo no hay nada -me responde de mala manera, mirándome de arriba a abajo -y el Albergue está completo.

      O sea, que resulta que es él el encargado del Albergue.

      -Dice que está completo el Albergue? -le contesto. Pues tiene que haber algún sitio donde pernoctar porque el siguiente pueblo (Belchite) está a 35 km. Me conformo con cualquier rincón. No hay problema. Pero necesito ducharme. Mire como voy.

       Bueno -se compadece por fin, veremos a ver si podemos hacer algo. Espere un momento.
       A los tres o cuatro minutos me entrega unas llaves.

       -Son las llaves del Albergue -me informa, -mire a ver si encuentra alguna cama libre en la habitación 2 o 3.

      Menos mal. He tenido la suerte de dar con la persona indicada pero queda por ver si hay alguna cama libre. Será que con la fiesta han ocupado el albergue algún grupo numeroso de personas?.

      Atravieso de nuevo el puente y siguiendo sus indicaciones encuentro el albergue algo retirado junto a las escuelas. En la fachada se puede leer "Albergue Juvenil El Palomar" Me sorprende no ver actividad alguna por los alrededores. La puerta está cerrada y además me cuesta un poco abrirla. Qué raro!!

      Lo primero que me encuentro es el comedor donde todas las mesas y sillas están apiladas. Esto no ha estado ocupado desde hace tiempo, hay mucho polvo y telarañas y todo rodeado por un absoluto silencio. Subo al piso donde deben encontrarse los dormitorios y cual no es mi sorpresa al comprobar que está completamente vacío. Puedo elegir la habitación y la cama que quiera.

       Será cabrón, el tío!! Me va a tener que oír cuando me lo tropiece. Me debe alguna explicación.

      Pero lo realmente importante es que ya tengo un sitio donde descansar y por supuesto darme una ducha relajante. De momento no hay que pensar en nada más.

       Después de asearme, me acerco al Restaurante dispuesto a plantar cara al que me había engañado sin sentido alguno. Pero ya no se encontraba allí. Para más "INRI", resulta ser el hijo del dueño. En fin queda toda la tarde- noche para dar con él.

       Mas relajado me siento a comer. Me atiende una camarera rumana muy atenta y la verdad es que la comida estuvo bien y el precio aceptable.

Capilla de Nª Sra. de los Arcos

     Después de una buena siesta en mi albergue particular, salgo a dar un paseo por los alrededores. La tarde se presta para ello. El pueblo es muy interesante con todas sus casas apiñadas alrededor de la Iglesia de la Asunción con el castillo del Arzobispo en lo alto de un cerro. Las calles estrechas y sinuosas respondiendo al carácter medieval del pueblo. La entrada por la calle Mayor conserva todavía su puerta arqueada con capillas sobre el arco tanto en el exterior como en el interior. La del exterior es la consagrada a la Nª Sra. de los Arcos (patrona del pueblo) y la interior lo está a Sto. Domingo.

      Al atardecer me sitúo junto al puente para asistir al regreso de la romería. Muy interesante.

       Llega la hora de cenar y el individuo sin dar la cara. En el restaurante está el padre pero me sabe mal decirle nada, él no tiene la culpa. Pido una merluza rebozada para cenar. Para mi sorpresa era merluza fresca de pincho. Qué suerte!!

      En el exterior va haciendo frío. Es hora de retirarse a descansar. Es de noche y da un poco de miedo el camino hasta el albergue pues es muy solitario. Pero no hay mas remedio que hacerse el valiente.

      Ya en el albergue me cierro a cal y canto y a dormir. Causa mucha impresión tanto silencio y soledad. Mañana será otro día.

      Buenas noches y hasta mañana.

  Aguaviva-Andorra Albalate del Arzobispo-Belchite
Inicio