17ª Jornada
Jueves, 14 de abril de 200

Calahorra-Arrúbal

Parcial 32 Km; Total 452 Km; A Santiago: 623 Km

El Camino del Ebro (7)
El Canal de Lodosa

     He pasado una noche tranquila y reparadora. Cuando me despierto a eso de las siete, no tengo mas remedio que dar gracias a Dios y al Apóstol por lo bien que se están portando conmigo. A pesar de los kilómetros recorridos, me encuentro en plena forma.
Hay mucho bullicio y actividad en la Plaza del Raso. Son los mercaderes que se hallan en plena faena instalando sus paradas para montar el tradicional Mercado del Raso tal como lo vienen haciendo todos los jueves desde la Edad Media. Por lo tanto no tengo dificultad en encontrar un bar donde hacer un saludable desayuno.

     Aunque la salida está señalizada por la calle Santiago (al costado de la Iglesia homónima) para enfilar el Carretil en dirección NW, Mª Pilar me recomendó un atajo. Por la calle de Toriles (una bocacalle de la Plaza del Raso), calles Pastores, Dr. Chavarría y Los Tilos, dirijo mis pasos hacia el final del Paseo de Mercadal. Allí confluyo con el Camino señalizado, continuando por la calle Ruiz y Menta (Escuela Oficial de Idomas) y calle San Millán hasta desembocar en el tramo urbano de la Carretera de Murillo hasta salir de Calahorra por la Residencia de la Tercera Edad (1600 metros desde la Plaza del Raso).

     Ya en los extramuros, cruzo la carretera de circunvalación por una rotonda y poco después la vía del tren. Me encuentro en la carretera de Murillo, que a unos 250 metros abandono para tomar a mi izquierda el llamado Camino viejo de Alcanadre que sigue la traza de la calzada romana que discurre cruzando fértiles campos de hortalizas y frutales, la vía férrea (a mi izquierda) y el Canal de Lodosa (a mi derecha) forman sus flancos. En una de las huertas encuentro a un agricultor con el que cambio impresiones huertanas y del Camino que me espera por delante. -Está algo complicado -me dice- pues una torrentera ha cortado la pista, no sé si se perderá-. Se ofrece a llevarme en su coche hasta pasar la complicación. Se lo agradezco pero continuo a pié. Si tengo algún problema -le contesto- ya sé que pasará por mi lado.

     La pista es extraordinaria y se anda muy bien. Cuando mas distraído estaba, un coche para a mi costado. Es el agricultor que me insta a que suba que si no me perderé. Ante tanta insistencia no tengo mas remedio que hacerle caso. En el corto recorrido me va dando pelos y señales de cualquier cosa. Mire donde está cortada la pista -me dice señalando al frente-. De todas formas le indico que el desvío está bien señalizado con flechas amarillas, por lo que hubiera sido casi imposible perderme. Cruzamos el Canal de Lodosa y poco después la vía férrea dejándome en una pista junto a la Autopista Zaragoza-Logroño (7 km desde la Residencia de la 3ª Edad). Me doy cuenta que el Canal de Lodosa (1) lleva tanta agua como el Imperial de Aragón. Me encuentro en un paraje donde confluyen la Autopista, el ferrocarril, el Canal y el río Ebro que en ese punto forma un recodo. Al otro lado de la autopista el monte baldío. Con mi agradecimiento y buenos deseos me despido del agricultor. Es importante en este punto no cruzar la autopista sino seguir por la pista que va paralela a ella en dirección a Logroño.

     Llevando de mi mano izquierda la autopista, 2,3 kilómetros más allá, la cruzo por un paso inferior, hasta desembocar en la carretera de Pradejón 600 metros más adelante. Aquí tengo unos instantes de duda al no percibir la flecha continuadora del Camino que después de mirar y remirar encuentro a mano derecha cruzando la carretera.

     Es hora de hacer un receso, así que a unos 300 metros me detengo a tomar algo y reposar. Hace un día magnífico con una brisilla fresca que anima a caminar. Unos agricultores se afanan en un viñedo. El zumbido de los coches que circulan por la autopista me llega por detrás. En diez minutos ya me encuentro de nuevo caminando con la autopista a mi derecha. A 3,5 km de la carretera de Pradejón cruzo de nuevo la autopista por un puente. 3 km de pista entre montes muy secos me aproximan a Alcanadre. A la entrada un coche se detiene a mi lado. Resulta que se trata de un peregrino de San Sebastián que posee una casa junto a la Iglesia. Lo noto contento de poder a hablar conmigo, los peregrinos no se prodigan por estas tierras. En el pueblo no hay ningún sitio donde quedarse -me informa- si tienes algún problema, estaré de vuelta dentro de una hora, puedes ducharte en mi casa. Eso sí que es hospitalidad natural.-Lo tendré en cuenta -le contesto- muchas gracias.

     Una vez en el pueblo me dirijo al Ayuntamiento tal como me dijo el amigo Antonio. El secretario está enterado de mi llegada. Si lo deseas -me explica- puedes quedarte en las piscinas, aunque no sé como estarán, el alguacil te abrirá la puerta y enseñará. Después de sellar la credencial, una vecina me acompaña al bar Ideal junto al cuartel de la Guardia Civil, donde me presenta al dueño a quien indico que volveré para comer cuando me asee un poco.

     Estoy deseando darme una ducha, así que me dirijo a las piscinas que se encuentran a unos 300 metros del Cuartel de la G.C.. La reja se encuentra abierta, unos jardineros, parecen extranjeros, están concluyendo la media jornada de mañana repasando el hermoso césped que rodea la piscina. Mientras espero al alguacil, me desprendo de los bártulos y ropa que chorrea de sudor, no hay temor a enfriarse pues hace un sol espléndido. Al poco rato aparece el alguacil. Efectivamente, los vestuarios están hechos una calamidad y es que desde el mes de septiembre no ha a parecido nadie por allí. Descarto la opción de quedarme allí a dormir. El alguacil me informa que si hubiese llegado una semana después podría haber estrenado el albergue que piensan abrir en las dependencias de la casa del Jefe de Estación ahora inoperante. El lunes -me dice- van a traer las literas. Como me en-cuentro fuerte, decido continuar hasta Arrúbal que según me informó Mª Pilar contaba por lo menos con un hostal de carretera. El alguacil me abre la llave de paso del agua a las duchas de la piscina y con el buen día que hace, no tengo reparos en darme una buena ducha al aire libre, aunque el agua esté algo fría. Me recomienda que vaya a Arrúbal por una pista que discurre por el lado derecho de la vía férrea, más o menos me indica el recorrido por el que se atajan unos 3 o 4 km y además el paisaje es mas agradecido. Vd. no pierda nunca las vías -me reitera- quizá tenga que recorrer 1 km por encima de ellas por estar un tramo de pista embozada por las zarzas y maleza, pero enseguida encontrará una nueva pista y ya hasta Arrúbal. Le agradezco la información y decido hacerle caso, ello me dará opción a explorar itinerarios alternativos. Mientras tanto al Bar Ideal a comer.

     Terminada la comida casera y de vuelta a las piscinas para recoger los bártulos, reanudo la marcha atravesando el pueblo hasta llegar a la Estación de FFCC. que como era de esperar, se encuentra totalmente desamparada, hace años que no efectúa su parada tren alguno. Observo la casa del Jefe de Estación, buen lugar para un futuro Albergue de Peregrinos tal como me lo adelantó el alguacil. Me encamino por una pista en buen estado paralela al ferrocarril (Castejón-Bilbao) entre productivos huertos que se aprovechan de la cercanía del río Ebro.

     A unos 3 km llego a una bifurcación. Uno de los ramales cruza las vías y me da la impresión que vuelve hacia atrás. El otro continua por la derecha y aparenta encontrarse en perfecto estado. Decido seguir haciendo camino por la pista junto a las vías que según el alguacil nunca debo perder de vista ya que pasan por el mismo Arrúbal.

      Pero lamentablemente el estado de la pista se va deteriorando por momentos cerrándose al final en zarzas que hace imposible la circulación humana. No hay mas remedio que echarse a la vía férrea y caminar de mala manera sobre el balasto que soporta las traviesas de la línea férrea. Algo tenía que pasar, iba la tarde demasiado bien.

     Comienzan los cortados que me habló el alguacil a mi izquierda y las vías que poco a poco se van encajonando entre ellos y el río. Aunque el paisaje es hermoso, me voy arrepintiendo de no haber seguido el camino señalizado. Ya veremos como termina la jornada. Lo único que faltaba era que se me destrozaran las botas con tanto pedrusco o lo que es peor, se me torciera un tobillo. Mas vale no pensar en ello pero los nervios se van apoderando de mí pues el tiempo pasa, el cielo se está cubriendo de oscuros nubarrones y por si fuera poco no consigo divisar pista alguna que me saque de este atolladero. Ultreia!! -grito-, hay que seguir adelante, aunque sea por las vías llegaré a Arrúbal.

     Cuando más me estaba lamentando de mi mala suerte, en uno de los senos que forma el río diviso una hermosa pista que muy bien podría tratarse de la continuación del Camino. Me apresuro y la tomo con alegría. Pero enseguida me doy cuenta que no puede ser la buena pues la vía férrea que se va convirtiendo en una obsesión para mí, se va alejando de mi vista.

     Campo a través por los huertos retorno a las vías y a sufrir, no queda mas remedio. Me voy haciendo a la idea de que va a ser el camino que me ha tocado en suerte hasta Arrúbal. En las paredes de los altos cortados que llevo a mi izquierda reparo en los alimoches y otras rapaces que desde sus nidos en cornisas y hendiduras parecen observarme con ojos ávidos esperando un desfallecimiento por mi parte y es que los kilómetros recorridos y el balasto por el que debo caminar van haciendo mella en mis piernas. Un paso mal dado sería fatal.

     En mis peores momentos y con la moral por los suelos, el amigo Santi por fin me echa una mano, no es su estilo dejar abandonado a ningún peregrino a su suerte. Al llegar a otro de los senos del río diviso al otro lado de las vías una flecha amarilla pintada sobre un murete. No puede ser verdad!! Debe ser un espejismo. Pero no lo era, es realmente una flecha que para mí se trata de la mas hermosa de todas las encontradas hasta el momento y que marcaba el Camino que por casualidad confluía en ese lugar con el ferrocarril. Ultreia!! Estoy salvado!! -grito con rabia a las rapaces de los cortados que se espantan temerosas ante tanta fortaleza. Casi de un salto cruzo las vías y pongo mis pies sobre una hermosa pista con la señalización jacobea reglamentaria. Parece como si el Apóstol me la hubiera puesto en bandeja. -Muchas gracias amigo mío, se acabaron los pesares, te prometo no dejar nunca más a tan buenas compañeras-.

     Entretanto, el cielo continua cerrándose cada vez más en tormentosas nubes por el oeste, es decir, hacia donde me dirijo y no tardará mucho en comenzar a llover. Pero esto ya es pecata minuta. Lo mas importante es que ahora tengo la seguridad de ir por el buen Camino.

     Al poco rato, la pista cruza las vías y continua por su derecha, ahora sí, libre completamente de zarzas.

     Advierto un gran caserío con una finca que se extiende por todo el seno del río. Debe tratarse de San Martín de Berberana que se encuentra a unos 2,5 km de Arrúbal.

     La pista transita ahora entre las vías y el río envuelta en una densa vegetación pero sin obstruir el paso. A mi izquierda siguen los cortados y las rapaces planeando por las cercanías. Pensando en si conseguiría llegar a Arrúbal sin mojarme, advierto un todo terreno que me da la sensación de pertenecer a la Benemérita, parado en medio del camino y con la puerta del conductor abierta de par en par. Instintivamente, un estremecimiento recorre mi cuerpo de arriba abajo. En mi mente se encadenan rápidamente sucesos recientes de atentados, bombas, patrullas, detenciones y similares. Que ocurrirá? Voy acercándome con precaución sin observar ser viviente por las inmediaciones, todo aparenta calma absoluta, lo que acrecienta mi estado de inquietud.

     Al llegar a la altura del jeep, aparece de súbito un guardia civil que a trompicones se dirije hacia mí desde las vías. Mi corazón parece desbocarse. En un acto reflejo y sin esperar a que el guardia civil llegue a mi lado, le largo santo y seña y toda la retahíla peregrina que se me ocurre. Me ha asustado -me dice- no acostumbra a pasar nadie por estos parajes. El que estoy con un susto de muerte soy yo -le contesto. Como comienza a chispear, me descargo la mochila y me agacho para hacerme con el chubasquero. No es necesario -se apresura a decirme pensando seguramente que iba a enseñarle la documentación. Esta vez ambos sonreímos. Con la situación mas relajada le cuento por encima mis circunstancias. En cuanto a ellos (se trata de una pareja) del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) y se encuentran allí de servicio en este espacio protegido controlando la colonia de rapaces que han hecho de los cortados su hábitat. Muy amables se ofrecen a llevarme hasta Arrúbal pero declino el ofrecimiento, ya estoy cerca de allí, de todas formas muy agradecido -les contesto.

     Con el chubasquero puesto, reanudo la marcha mas tranquilo sabiendo que me ampara una buena retaguardia.

     Recibo una llamada de Antonio desde Logroño interesándose por mi estado. Le informo de mi intención de quedarme en Arrúbal y de mi percance con la guardia civil. Por qué será?? -me deja caer - lo cual me da que pensar. A todo esto se detiene a mi lado el jeep de la pareja que se ofrecen de nuevo a llevarme. Ya tengo el pueblo a la vista así que no merece la pena.

     Cuando entro por las calles del pueblo comienza a diluviar. En este aspecto he tenido suerte porque se estaba viendo venir desde hace rato. A pesar de la lluvia, parece que el final de la etapa va resultando mejor que lo que esperaba.

     Entro en el primer bar que encuentro a mano. Allí coincido de nuevo con la pareja tomándose unos cafés. Nos saludamos y preguntamos a la camarera por algún sitio para pernoctar en el pueblo. No hay nada -nos contesta-, solamente un hostal en la carretera-. Los guardias civiles se ofrecen de nuevo a llevarme hasta el hostal. No es cuestión de resistirse más, no está el tiempo para bromas y para andar preguntando aquí y allá. La etapa ha sobrepasado mis intenciones y el cuerpo está deseando darse un respiro.

     El hostal de la carretera está al completo, no hay posibilidad de alojamiento y otro que se encuentra un poco mas lejos en dirección a Logroño más de lo mismo. Será posible!! Y con la que está cayendo!! Parece ser que las contratas que trabajan en el Polígono Industrial del Sequeiro lo tienen todo acaparado. Lo único que podemos hacer por Vd. Es acercarle hasta Logroño, está solo a 12 km -me dice uno de los guardias. Como no encuentro ninguna alternativa válida y sigue lloviendo sin parar acepto la invitación.

     Cuando me dejan en las afueras de Logroño, llamo a Antonio que no termina de creerse que haya llegado hasta allí. Le expongo mas o menos mi situación y me contesta que me acerque hacia el centro por la Av. de la Paz que me saldrá al encuentro.

     Mientras me dirijo al centro bajo un incesante chirimiri, no paro de pensar en la cantidad de vivencias acontecidas en esta larga etapa. Por si fuera poco, unos muchachos que van en bicicleta me saludan con fuerza desde el carril de enfrente: "BUEN CAMINO, PEREGRINO". Verdaderamente estoy en el Camino, no me he perdido. Cuántas ganas tenía de oír esas mágicas palabras expresadas con tanta naturalidad y sin complejos!!

     Cuando llega Antonio nos fundimos en un fuerte abrazo. No esperábamos vernos tan pronto. Me lleva al Hostal Sebastián donde tomo cobijo. Mañana dormirás mejor, ya lo verás -me anticipa Antonio que se había encargado de reservarme una habitación, no sé donde.

      Después de asearme nos acercamos, como no, a la calle Laurel y aledaños donde entre charla y charla damos buena cuenta de unos sabrosos pinchos, creo que el estómago se lo tiene bien merecido.

      Antonio me trasladará mañana a Agoncillo para completar los últimos kilómetros a pié hasta Logroño, tal como estaba previsto.

     Antes de dormirme, pienso del modo como he logrado superar con éxito las dificultades de esta jornada en la que podía haberme sucedido de todo. No tengo mas remedio que congratularme del buen estado de forma y sobretodo moral que me encuentro después de 450 km recorridos en solitario.

     El eco del BUEN CAMINO!! de esta tarde todavía resuena en mi interior. Se acabó la soledad. Estoy en el Camino Francés.

     Buenas noches y hasta mañana.

NOTAS:

     (1) El Canal de Lodosa.

     Al igual que otras zonas próximas al río Ebro, parte del actual Canal de Lodosa se regaba ya desde tiempos inmemoriales.

      La primera concesión data de 1.861 pero al ser considerada irrealizable caducó a los 20 años.

      A pesar de ello, la idea del canal se mantuvo viva y en 1.903 la Dirección General de Obras Hidráulicas incluye el estudio del Canal de Lodosa en el Plan General de Canales y Pantanos.

      En 1.906 D. Saturnino Bellido y otros miembros de la Junta Gestora nombrada por los pueblos afectados por el "futuro" canal solicitan la agilización de los estudios, con el ofrecimiento de contribuir económicamente a ello. Como resultado de esta gestión, en 1.907 el proyecto fue redactado por D. Cornelio Arellano, aprobado por R.O en 1.910 y se iniciaron las obras el 30 de mayo de 1.915 con la denominación de Canal de Victoria-Alfonso.

     A partir de la creación en 1.926 de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, ésta pasa a hacerse cargo de las obras así como de la explotación y administración del canal. En 1.935 el Canal de Lo-dosa es ya una realidad.

     El Canal de Lodosa toma sus aguas del Ebro en el azud o presa de los Mártires de Lodosa (entre Alcanadre y Lodosa) discurriendo a lo largo de sus 127 km de forma mas o menos paralela al propio río. Su capacidad de conducción en origen que era de 22 m3/s ha pasado a 29 m3/s.

     Los regadíos del Canal de Lodosa

     La superficie regada por el Canal de Lodosa es aproximadamente 29.000 ha, distribuidas en tres Comunidades Autónomas: Navarra (60%), La Rioja (30%) y Aragón (10%).

     Los regadíos de Lodosa presentan una gran variedad. En Lodosa es posible encontrar horticultura intensiva y extensiva, invernaderos y cultivos bajo plástico, algunas zonas con vid y frutales, y en menor medida cultivos herbáceos extensivos. Entre los cultivos más tradicionales o arraigados están: el pimiento (de "piquillo"), el espárrago, la alcachofa y el tomate, pero también se cultivan: judía verde, guisante, haba, zanahoria, patata, borraja, acelga, espinaca, y así hasta una lista interminable. Es sin lugar a dudas una de las zonas hortícolas más importante del Valle del Ebro.

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