Basílica del Pilar

10ª Jornada
Miércoles, 6 de abril de 200

Belchite - Zaragoza

Parcial 45 Km; Total 291 Km; A Santiago: 784 Km

Atrapado en la estepa

      Duermo razonablemente bien en el modesto hostal de carretera que me ha tocado en suerte y tras la ducha y un buen desayuno me dispongo a emprender la siguiente etapa cuando son las siete y media.

      Cruzo la carretera nacional, y a 200 metros del acceso a Belchite encuentro la flecha tras unos almacenes que me indica un giro en ángulo recto. Se camina perfectamente por la ancha pista de concentración parcelaria. El cielo está cubierto por una neblina que dificulta la visión. Una ligera brisa fresca, ideal para la marcha, acaricia mi rostro. A pesar de los pesares voy contento, sobretodo porque el cuerpo me va respondiendo.

       En principio el camino transcurre entre huertos principalmente de olivos pero conforme pasan los kilómetros, el terreno se va degradando hasta convertirse en un auténtico desierto, la estepa aragonesa.

      Voy siguiendo las flechas sin problemas hasta que a los 6,5 km surge la primera duda al no ver señal alguna en un cruce. Son las nueve y cuarto, un poco pronto para llamar a Rafael pero no tengo mas remedio. Me pregunta si veo la fábrica de la cantera, pero la neblina impide la visión a cierta distancia, de todas formas me indica que siga por la pista de la derecha. Es difícil conseguir marcar señales pues el terreno es prácticamente árido con algún campo de cereal pero con ausencia de rocas o alguna piedra donde pintar una flecha. Me dice Rafael que tiene que haber un palo pintado de amarillo en algún sitio. Efectivamente encuentro el palo partido en dos entre la maleza al borde de la bifurcación.

      Sigo mi Camino y al poco tiempo diviso a lo lejos la cantera de caliza con la fábrica en primer término. A un kilómetro y medio llego a una carretera asfaltada por donde circulan enormes camiones-bañeras que dan servicio a la "Cantera del Pueyo". Es curioso observar la gran fábrica en medio de tanta desolación. No se aprecia ni un ser viviente.

       800 metros adelante llego a la altura de la fábrica desde donde tengo que tomar una pista a la derecha que va alejándome irremediablemente del único vestigio de civilización en el entorno. 1250 metros de recta interminable me lleva a la altura del Corral de la Tratera totalmente abandonado y 800 metros después paso por delante de la antigua paridera de la Colorcha que actualmente ha dejado de desempeñar su función por falta de huéspedes. La pista sigue completamente recta, a mi derecha un desvío que conduce a lo que me parece un pozo pero una flecha sobre una piedra me indica que continúe. Así lo hago y a unos 700 metros la pista termina confundiéndose con un campo de cereal. Al frente un carril de rodadas a través del campo y a mi derecha un camino pero marcas ni una. Allí me siento como atrapado en la estepa en medio de la soledad mas absoluta. Son las once menos cuarto y tengo la impresión que han pasado siglos desde mi salida de Belchite.

      Llamo de nuevo a Rafael indicándole mi situación. Después de unos intentos de retomar el camino hacia unas lomas frente a mí y no conseguir ver flecha alguna, Rafael toma la decisión mas radical.

       -No te preocupes -me dice- ahora mismo voy para allá. Tardaré unos tres cuartos de hora.

      Cuánto agradecimiento debo guardar para este buen amigo por la paciencia que está demostrando conmigo!!.

      Me descargo de los bártulos y me siento sobre una de las pocas rocas que existen en el lugar compuesta de alabastro cuarteado. Tengo tiempo para pensar en lo duro que se me está haciendo el Camino por estas tierras desoladas del Bajo Aragón de gran parecido con la Comarca de los Monegros. Me doy cuenta que estoy pillado en medio de la nada dejado de la mano de Dios y del Apóstol.

       Se me hace larga la espera pero todo llega y sobre el mediodía surge a lo lejos una gran polvareda que va cobrando cuerpo. Debe ser Rafael con su "todo terreno", estoy seguro. Cuando llega a la altura de la "paridera de la Colorcha" tuerce a la derecha y se para ante lo que me pareció un pozo. Recibo una llamada de móvil. Es él. Ahora ya se explica donde me había equivocado.

      -Donde estás??

       -Aquí al final de la pista recta por la que has venido.      

      -Ya te veo. Voy para allá.

      Poco después nos encontramos.

       -Tenías que haber tomado el camino de la derecha frente a la granja abandonada.

      -Yo he seguido las flechas y creo que correctamente hasta aquí.

       -Sube, hoy te vas a ahorrar unos kilómetros de marcha a pié.

      Cuando llegamos al cruce donde me había descuidado observamos la piedra marcada con la flecha amarilla que alguien había movido dando lugar al equívoco.

      Una vez colocada la piedra correctamente, Rafael activa la tracción total del vehículo y sigue por una pista infernal hasta la altura de una loma con unos cortados. Cruza campos abandonados para evitar las irregularidades de la pista, corrige señales movidas, me va informando sobre el terreno, llegando casi sin darnos cuenta a Mediana de Aragón.

       -Tenemos preparadas unas estacas mas robustas para indicar el Camino mejor -me comenta Rafael.

      -Menos mal que has venido -le contesto- estoy seguro que me hubiera perdido varias veces.

      Después de cruzar la nueva carretera nacional, retomamos la pista que aquella ha cortado.

       Rafael continúa comprobando la señalización.

      -Mira, este es otro punto conflictivo -me dice apeándose del coche y corrigiendo la dirección de la flecha.
De esta forma seguimos por los vallecillos plantados de cereal que aprovechan al máximo la escasa tierra fértil hasta cruzar por debajo la vía del AVE. Unos metros mas adelante se detiene sobre una loma.

      -Aquí también te hubieras perdido -me dice- estos montículos de tierra que ves a la izquierda de la pista, los ha colocado el propietario del vallecillo para ocultar el paso, por lo que al haber hecho desaparecer también las señales, hubieses seguido erróneamente por la pista. Tendré que volver a colocar unas buenas flechas, ya veremos donde. Aquí te dejo. Tienes que seguir por el vallecillo siempre en descenso, el sendero ha sido arado por lo menos lo que se ve. Pinté unas flechas sobre unos barriles de plástico, no sé si las habrán borrado. Pero tu sigue siempre hacia abajo. Tienes unos cinco kilómetros para llegar al Polígono Industrial de El Burgo. Antes encontrarás un cruce. Sigue recto en dirección a las naves. No creo que te pierdas más. BUEN CAMINO!!

      Gracias a su inestimable ayuda he podido salir airoso de las dificultades que he ido encontrando a lo largo de la etapa.

      Siguiendo sus instrucciones y a través del vallecillo sembrado voy cubriendo los últimos kilómetros. Una pareja de orondas perdices remonta el vuelo casi a mis pies. Compruebo que las señales sobre los barriles que me había dicho Rafael siguen en su sitio. Para qué las iba a hacer desaparecer el propietario si el pobre peregrino ni se le hubiera ocurrido internarse en su propiedad.

      Antes de alcanzar la depresión diviso con tremenda alegría la silueta inconfundible de ese gran río que es el Ebro. Es maravilloso contemplar la vegetación que flanquea su paso. Después de pisar el asfalto junto a las primeras naves del Polígono Industrial y ya sin temor a equivocarme llego a la entrada de El Burgo del Ebro cuando son las dos y cuarto. He enlazado por fin con el Camino del Ebro. Me congratulo por ello; y es que han sido muchas las emociones vividas en cada etapa desde que salí de Castellón.

      En una plazoleta con bancos y algo de sombra me tomo un descanso para tomar algo. Aprovechando el ahorro kilométrico, decido continuar hasta Zaragoza pues me considero con fuerzas suficientes. El sol calienta ya lo suyo pero estoy contento de haber podido llegar salvo y sano a la civilización.

      Después de una media hora de descanso reemprendo la marcha por la calle interior de El Burgo entre la carretera nacional y el río Ebro siguiendo las flechas amarillas que ahora se prodigan.

       Al salir del pueblo mi primer encuentro es con una zona conocida en Aragón por los "galachos" que son antiguos meandros del río abandonados por sucesivas modificaciones del cauce o las crecidas. Mantienen estos "galachos" zonas de aguas claras rodeadas por una exuberante vegetación de ribera donde buscan refugio una importante variedad de especies animales. Los "Galachos" constituyen una Reserva Natural protegida.

      En primer lugar paso por el "Galacho de El Burgo de Ebro". Qué diferencia de paisaje!!, es todo un placer para los sentidos y un poco más allá el de la Cartuja. Enfrente, en la margen opuesta del río destaca el mas extenso y mejor conservado "galacho" de la zona, el de la Alfranca de Pastriz.

      Pasados los "galachos", llego a una zona de cortados que enlazan a un nivel inferior con la Cartuja Baja, donde llego sudando por los cuatro costados, el sol está apretando mas de la cuenta; son las cinco de la tarde.

      Dentro del patio de la Cartuja, me desprendo de las botas y calcetines y me cambio de camiseta. Sentado en un banco junto a un bar, doy buena cuenta de dos reconfortantes cervezas.

      La Cartuja Baja es como un barrio de Zaragoza. A partir de ahí comienza la lucha interminable con el asfalto. Creo que ha llegado el momento de dejar de andar. El autobús urbano de la línea 25 parte de ahí y pasa por delante de la puerta de la casa de mi hija Loli. Es muy fuerte la tentación y al final caigo en ella.

      A las seis menos cuarto llego al punto de destino. Mientras doy los primeros pasos hacia la casa de mi hija, oigo una voz muy familiar tras de mí:

       -Papá, papá.

      Es un encuentro conmovedor. Mi nieto Alex me recibe también sobre un triciclo y se queda un tanto confuso al verme vestido con semejantes trazas.

      Por fin estoy en Zaragoza antes de lo esperado después de 285 km. Es aproximadamente la quinta parte del Camino.

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