Basílica

PROLOGO

Lunes, 2 de junio de 2008

Castellón-Lourdes

Mientras voy dando cabezadas en el asiento trasero del coche que, a buena marcha, nos traslada por la autopista AP-7, envuelto en la oscuridad de una noche cerrada, no dejo de pensar en la ardua empresa que nos espera una vez llegados a Lourdes, punto de partida de nuestra aventura de este año.

Nuestro reto: desde Lourdes, enlazar con el GR-10 y tomando dicho sendero en dirección oeste, entroncar con la Ruta del Baztán en algún punto entre Bayona y Pamplona para rendir Camino en Puente la Reina. Se trata de un Camino atípico ya que salvo el tramo de la Ruta del Baztán, el resto está señalizado como GR, pero nuestra intención es realizarlo con espíritu peregrino, tratando de vivir el Camino dejando algo de nuestro cuerpo en él, con la certeza de que, como en otras ocasiones, algo recibiremos.

Hemos salido de Villarreal a las 00:30 horas para llegar a Lourdes sobre las 08:00 horas. Toda la noche de viaje para aprovechar la jornada. Voy acompañado por los conductores, y por Juan y Pepe, excelentes amigos y compañeros de peregrinación en otras ocasiones.

Es un recorrido que llevo bien estudiado, por lo menos sobre el papel. Incluso tengo hechas las reservas en gîtes d’etape[1] y alojamientos alternativos (en Francia es recomendable hacerlo para evitar sorpresas), Juan ha hecho lo propio en la Ruta del Baztán.

Hay que reconocer las exigencias del Camino que nos espera, a tenor de lo que el amigo Juan Holgado (senderista empedernido y con gran veteranía en grandes rutas) me enseñó. Sus apreciaciones y consejos seguro que nos serán de gran utilidad. También Roger, un amigo de la Lista, no duda en calificarlo de gran dureza. Y a mayor abundamiento, los no menos halagüeños comentarios de peregrinos suscritos a foros franceses que no dudan en calificarlo solo apto para senderistas chevronnés. No son buenas alforjas para llevar in mente. Pero estamos tan ilusionados que tenemos la certeza de que seremos capaces de hacer frente a cualquier eventualidad. En caso de necesidad, siempre confiamos en el amigo “Santi” que nunca nos ha abandonado en momentos difíciles.

Poco a poco van transcurriendo los minutos, las horas, cabezada tras cabezada. Parada obligada en un área de servicio antes de circunvalar Lleida para tomar unos cafés que nos espabilen.

A partir de Lleida, el estado del firme de la carretera deja mucho que desear lo que unido a su sinuosidad de algunos tramos aconseja reducir la velocidad. Comienza a alborear cuando nos aproximamos al túnel de Viella envueltos en una neblina que deja traslucir algunos neveros entre las escarpadas laderas de la montaña. Para colmo de todos los males, empieza a lloviznar. Mal augurio, y también hace frío a tenor del tacto del cristal de la ventana.

Pasado el túnel amanece, sigue lloviznando. Cuando el viaje se nos está haciendo más pesado llegamos a la autopista de Toulouse a Bayona y a las 08:00 horas estamos entrando en la localidad mariana de Lourdes. En el Boulevard de la Grotte que se dirige a la basílica nos dejan a nuestro aire los conductores.

A esa temprana hora, con el cielo totalmente encapotado y lloviznando, se nota mucho movimiento de peregrinos que se dirigen a la Basílica. De momento, nosotros vamos en busca de una cafetería abierta que encontramos enseguida, el dueño y camarero a su vez conoce perfectamente el español, tiene otro establecimiento hostelero en La Pineda, cerca de Salou. El Boulevard de la Grotte está franqueado por una ristra de comercios en los que se exponen recuerdos marianos especialmente diseñados para turistas y peregrinos, es evidente que la ciudad de Lourdes esté considerada para muchos como el gran supermercado de la fe.

Una vez contentados los estómagos con unos cafés y cruasanes, nos cargamos los bártulos peregrinos y nos dirigimos hacia la Basílica, rindiendo antes una visita a la casa paternal de Santa Bernadette.

Casa Paternal de Bernadette
 
Gruta de Massabielle

Salvamos el Gave de Pau por el Pont de St. Michel. Mirando hacia el sur, a nuestra izquierda se alza, orgullosa, la vieja fortaleza[2] encaramada en un elevado roquedo cubierto de vegetación, acariciado por el caudaloso río, que emerge del núcleo urbano, dominando toda la ciudad y los bellos paisajes que la rodean. A nuestra derecha se encuentra la zona de santuarios.

Por la explanada

A pesar de la lluvia, la amplia explanada y sobre todo los aledaños de la basílica son un hervidero de peregrinos. Un grupo de escolares, muy peripuestos con pulcros uniformes, se sacan fotos en la escalinata de acceso a la portada principal de la basílica. Luego le toca el turno a un nutrido grupo de monjitas que se sonrojan ante los aplausos de sus alumnas. Nos acercamos a la Grotte de Massabielle[3] situada bajo la Basílica donde se venera a la Virgen de Lourdes, cuya imagen reposa en una oquedad de la roca un poco ladeada a la derecha de la gruta, justo en el sitio donde tuvieron lugar las Apariciones en el año 1858. Por lo tanto, este año coincide con el 150º aniversario de los hechos. Ante la gruta, se está oficiando la Santa Misa a la que asiste un numeroso grupo de peregrinos apiñados y provistos con paraguas y chubasqueros. Nos abrimos paso como podemos y Pepe deposita una vela encendida en un portavelas junto a la gruta. Con el ambiente propicio, creo que los tres tuvimos la misma idea de dirigir nuestra mirada a la Virgen invocando su ayuda para que mejoren las condiciones meteorológicas, bastante preocupantes en el horizonte pirenaico, y sobre todo para rogarle que interceda por la feliz consecución de nuestro Camino.

Y sin más dilación nos dirigimos al centro neurálgico de la ciudad para tomar la Avenue du Maréchal Foch, arteria principal de Lourdes, y dirigirnos hacia el sur al encuentro del inicio de la Voie verte des Gaves (Vía Verde de los Gaves)[4] que nos acercará, por la ribera derecha del Gave de Pau, a la localidad de Argelès-Gazost para continuar desde allí al pueblo pirenaico de Arrens-Marsous.



[1] Albergues

[2] En sus orígenes  fue una fortaleza militar que según una leyenda estuvo sitiada en 778 por Carlomagno , luego sirvió como Calabozo del Estado, y por fin residencia de los Condes de Bigorre en el siglo XI y XIII, durante el transcurso de los años padeció numerosas transformaciones: Torre del homenaje del siglo XIV, puente levadizo restaurado en el siglo XIX…

[3] Massabielle significa “peña vieja”

[4] “Gave” es una palabra de origen pre-celta común a los ríos que nacen en los Pirineos y discurren por la antigua provincia francesa de Beárn integrada actualmente en el Departamento Pirineos Atlánticos. Tiene su propio dialecto: el bearnés.