"Donde se cruza el Camino de las estrellas con el del viento"

19ª JORNADA

Pamplona –Puente la Reina (por Eunate) (27,2 km)

Viernes, 20 de junio de 2008

He dormido como un lirón. A las 07:00 horas comienzo a levantarme y después de un buen aseo y de recoger la ropa que despide un agradable olor a suavizante, me dispongo a tomarme el desayuno con mi hermana Margarita. Un copioso desayuno casero, que me infundirá fuerzas para unos cuantos kilómetros.

Me llama Pepe por teléfono. Van por la Universidad cuando se ha dado cuenta que se ha dejado ropa en el Albergue, así que regresan a recogerla. Es un pequeño contratiempo pero hoy no tenemos ninguna prisa. Estamos en la última jornada de Camino y podemos permitirnos cualquier demora.

A las 07:45 horas mi sobrina Arasteh me lleva en su coche, en compañía de mi hermana, a Cizur Menor donde debo aguardar a Juan y Pepe. Llega la hora de la despedida y agradecimiento familiar. Ahora debo imbuirme de nuevo en el Camino.

A tenor del cielo totalmente despejado, hoy tendremos un día fabuloso, aunque me imagino que el sol calentará lo suyo conforme vaya ganando altura. Durante la espera, comienza el rosario de peregrinos su desfile frente a mí. Esto no es ni el Piamonte ni el Baztán, es simplemente el Camino Francés por el que mayoritariamente se decantan los peregrinos. La espera se hace larga. Nueva llamada de Juan. Ya han salido del Albergue y vienen hacia aquí. Les digo que voy delante haciendo Camino sin prisas y que si no me alcanzan antes, les estaré esperando en el Alto del Perdón.

Siguiendo el rebujo de los peregrinos voy saliendo de Cizur Menor con la mirada puesta en el Alto del Perdón a lo lejos. 500 metros después ya estoy en plena verde campiña, muy bonita con diversos rangos de verdes que inundan como alfombras la llanura. Da gusto respirar el aire puro de la mañana. Llevo peregrinos por delante y por detrás. Desde luego, hoy no me voy a perder. A 2 km de Cizur Menor se cruza la carretera de Galar, un pueblecito aupado en una loma y que paso a paso voy dejando atrás a mi izquierda.

Paraje de frescor llegando a la Charca de Guenduláín

1,5 km envuelto en campos de cereal que hago a un ritmo mas bien lento y llego a una zona junto a un arroyo con mucha vegetación y arboleda que forma un estrecho túnel de frescor que se agradece. Después de bordear el arroyo llego a la Charca de Guenduláin rebosante de agua. Todo un oasis silvestre en medio de los campos de cultivo. Un poco retirado a la derecha queda el caserío de Guenduláin prácticamente abandonado, donde en su día hubo un Hospital de Peregrinos y en la actualidad tan solo quedan como recuerdo las ruinas de la Iglesia de San Andrés y del palacete de los Condes de Guenduláin.

Tras salir de este acogedor paraje, comienzan los primeros repechos antes de llegar a Zariquiegui. Me llama la atención un peregrino acompañado por una chica muy joven que aparenta ser su hija y que lleva el equipaje en el bastidor de un carrito de la compra, a veces tirado por él y cuando el firme se pone malo lo pliega para llevarlo colgado, un poco incómodo me parece.

El calor comienza a hacerse notar. Un poco antes de llegar a Zariquiegui, encuentro a unos peregrinos reposando en un banco tras un fuerte repecho. 2,2 km después de la charca, estoy entrando en Zariquiegui donde en la placeta de la Iglesia me descargo de la mochila y me tomo un descanso mientras me tomo una pastilla energética y unos dátiles que me ha dado mi hermana y haciendo tiempo a que se aproximen mis amigos. Otros peregrinos van llegando y hacen lo propio. Una joven peregrina con mochila violeta, a la que trata de ligar un joven peregrino valenciano se descalza para cambiarse de calcetines. También está aquí el peregrino del carrito con su hija. Y es que éste, es un lugar idóneo para descansar antes de afrontar el tramo más exigente de subida al Alto del Perdón. Llamo a Juan para saber por donde van. Bromea diciéndome que van perdidos. En fin, parece que ya se le ha olvidado el percance de Pepe. Deben venir a todo meter. A mi ritmo, seguiré haciendo Camino.

Se sale de Zariquiegui por una pista que nada mas salir, sin tiempo para respirar, comienza a empinarse. A 600 metros sale una trocha a la izquierda por donde una flecha me dirige, en realidad es un atajo que evita un lazo de pista. Por la ladera de la montaña voy ganando altura. Ya tengo a tiro de piedra la fila de molinos eólicos que corona la sierra y cuyo zumbido hoy no llega, están parados. Un paisano se afana por recolectar caracoles a la vera del Camino. Buen año de caracoles –me dice- ha llovido mucho. Los más apreciados son unos de color amarillento. Yo sigo a lo mío que es tratar de llegar a lo alto.

Fuente Reniega

A casi 2 km de Zariquiegui dejo a la izquierda la Fuente Reniega también llamada de la Teja. Buen sitio para refrescarse. De hecho varios peregrinos están en ello. Y 200 metros después llego sin problemas al Alto del Perdón “donde se cruza el Camino de las estrellas con el de los vientos” según reza una leyenda sobre las siluetas enfiladas de unos peregrinos y sus cabalgaduras que forman parte de un monumento hecho de chapa de hierro. Estamos a 750 metros de altitud. Efectivamente, las aspas de los molinos están completamente paradas. Es raro que no sople ni la más ligera brisa. Son las 10:00 horas y el calor apretando.

Junto a una caseta frente al monumento, ya se encuentran algunos peregrinos y otros que poco a poco van llegando renqueando. Ahí llega sola la chica de la mochila violeta. Parece que se ha deshecho del “moscón” y se sienta sobre la hierba tras las siluetas del monumento contemplando la vasta llanura que se extiende hasta Pamplona. Un matrimonio con sus dos hijos de Alcoy que aprovechan la parada para zamparse unos bocadillos y unos melocotones de Gorga (un pequeño pueblo próximo a Alcoy, donde una sobrina mía tuvo una farmacia). El peregrino del carrito con su hija que resultan ser mejicanos y los dos que estaban refrescándose en la fuente que son murcianos. En total seremos unos 15 peregrinos. Un dominicano va repartiendo folletos de un Albergue de Peregrinos privado de Puente la Reina del que hace publicidad. Comienza a palparse el negocio inherente al Camino.

Al poco rato, aparecen más frescos que una lechuga Juan y Pepe. Y es que con el camino y montañas que llevamos bajo nuestros pies, esta subida les habrá parecido una “mariconada” como acostumbra a decir con cierta guasa Juan. Y casualmente lo afirma nada más llegar junto a mí.

Tras un rato de conversación con los demás peregrinos, reanudamos el Camino, ahora en descenso por la ladera opuesta, a la vista de la extensa llanura más accidentada que la de la otra vertiente, donde se enfilan las poblaciones de Uterga, Muruzábal y Obanos y un poco a la derecha, casi imperceptibe, Puente la Reina.

El descenso se hace a veces peligroso debido a los chinarros y piedra suelta esparcida a todo lo ancho y largo del camino. Se va perdiendo altura con rapidez. Hay que estar muy atento para evitar los resbalones. 1,3 km más abajo termina la pendiente más exigente dando paso a un camino entre campos de cereal. La pendiente se suaviza bastante y el caminar se hace más agradable.

A las 11:00 horas estamos entrando en Uterga a 3,7 km del Alto del Perdón. Es hora de buscar un sitio donde almorzar. Lo encontramos en el bar de un Albergue Privado situado a la salida del pueblo. Pedimos nuestro plato favorito: tortilla de patatas regada con unas cervezas –que hoy apetecen bien frescas- y que nos sabe a gloria, está recién cocinada, sabrosa y jugosa. Unos cafés son el complemento perfecto para digerir la tortilla.

A la salida del bar, nos topamos con un holandés de edad avanzada, extremadamente enjuto y nervudo y con atuendo deportivo que llega corriendo. Nos dice que vuelve de Santiago de Compostela y se dirige a su casa en Holanda de esa guisa y corriendo. Añade que ha sido campeón mundial de maratón. Es preceptiva una foto en su compañía. Es raro encontrar a una persona así durante el Camino. Nos extraña el escaso equipaje que lleva, suponemos que irá por otra vía.

Encuentro con el peregrino holandés en Uterga
Entre Uterga y Muruzábal, en compañía de Gloria

Saliendo de Uterga, y con los estómagos contentados, comienzan los cánticos. El “Gracias a la vida” no puede faltar en el repertorio para luego continuar con pasodobles, mejicanas, arias de zarzuela y otras canciones populares. Alcanzamos a la muchacha de la mochila violeta que nos sonríe al vernos tan cantarines. Aunque viene algo tocada de las rodillas, se anima a acompañarnos. Se llama Gloria, natural de un pueblo de Lleida. Es veterinaria y ha hablado profesionalmente con una colega suya, Nohemí con la que Juan y un servidor tenemos vínculos de amistad desde una reciente “tournée” por Argentina. Casualidades del Camino.

Entre canto y canto llegamos casi sin darnos cuenta a Muruzábal a 2,5 km de Uterga. Seguro que a Gloria le ha venido bien la compañía pues ha seguido nuestro ritmo sin problemas. En Muruzábal nos acercamos a la Iglesia Parroquial de San Esteban. Tenemos la suerte de que el cura se encuentra en la Iglesia y puede estamparnos el sello de Sta. Mª de Eunate en las credenciales. Se sorprende cuando se entera de donde venimos.

Le decimos a Gloria que si quiere pasar por Eunate la acompañamos. Ahora tienes la oportunidad–le decimos- es uno de los hitos mas emblemáticos del Camino, no te arrepentirás. Tanto es el empeño que ponemos, que Gloria se deja convencer.

Bajo un sol de justicia, por pista en suave descenso y entre sembrados de lúpulo, guisantes y patatas llegamos después de 2,5 km a la Ermita de Sta. Mª de Eunate, aislada en medio de campos de cultivo.

El calor es sofocante. Entramos los cuatro al interior de la ermita envueltos por una música celestial de fondo. Tomo asiento en un banco y mientras mis ojos se van acomodando a la penumbra, mis pensamientos van recorriendo los momentos más trascendentales vividos en “Mi Camino Pirenaico” desde nuestra salida de Lourdes -¡qué lejos queda ya!- Una vez acomodada la visión, voy alzando la mirada lentamente saboreando la sobria arquitectura del interior de la ermita esperando que la sillería de las paredes me transmitan la energía esotérica que algunos dicen que poseen. Me fijo en las columnas que se van superponiendo por niveles en los angulares del octógono que forma la estructura de la nave, las nervaduras de la cúpula, los diferentes capiteles decorados con motivos vegetales de gran simplicidad entre los que predominan el acanto y el helecho, algunos, muy pocos con temas humanos muy esquemáticos y algún que otro ángel. Observando con minuciosidad la bóveda justo en el centro de nervadura, me doy cuenta de la irregularidad del octógono. Por las lucernarias penetra la luz que pronto se disipa. Me quedo extasiado. Después echo la mirada al frente donde se halla el ábside en el que llama la atención su forma semicircular en contraposición a la poligonal del exterior. La bóveda que lo cubre es de cuarto de esfera apuntada soportada por robustas nervaduras que confluyen en la clave del arco de acceso. Una maravilla del románico. Preside el conjunto, la majestuosa imagen sedente de la Virgen de Eunate tras el altar.

Abside de la Ermita de Nª Sra. de Eunate.
Nª Sra. de Eunate

Son momentos de abstracción absoluta. El entorno es propicio. Intuyo que Juan y Pepe hacen lo propio. A Gloria la veo como hipnotizada. Aparte de la música, no se percibe ni el zumbido de una mosca. ¿Será verdad que las piedras de la ermita irradian ciertas energías? La verdad es que se queda uno como petrificado.

Al salir, bajo las arcadas del claustro, Gloria no puede aguantar y descarga todas sus emociones a través de sus ojos. Algo especial le ha sucedido pero no logra entender nada. Llora como una Magdalena. Parece encontrarse en otra dimensión. Es todo muy extraño. ¿Como he podido llegar hasta aquí? Nos dice entre lágrimas. Esta vez hemos sido nosotros el amigo “Santi” para ella. Pensar que no quería la compañía de nadie y al final se ha visto atraída por nosotros… Si no nos hubiera encontrado, seguro que ahora estaría llegando a Puente la Reina sin haber conocido este enigmático lugar y haber experimentado las sensaciones que transmite. La verdad es que no había visto nunca algo parecido. Era bastante incrédulo sobre las propiedades esotéricas de la ermita. Pero después de lo sucedido hoy, tengo que reconocer que los que aseguran que la Ermita transmite algo especial tienen razón.

Una vez que logramos serenar a Gloria, reanudamos el Camino en silencio. Hay que dejar que las cosas vuelvan a su cauce. El arcén de la carretera se nos hace interminable. Dejamos Obanos a un lado encaramado en una loma y desde donde no paran de descender peregrinos. Son 4,5 km, pero a las dos de la tarde con el sol de justicia que nos está cayendo encima, los kilómetros se resisten a pasar. El asfalto parece despedir fuego. Nuestros desnudos brazos comienzan a sentir los efectos de los rayos solares. Gloria parece andar algo aturdida, hay que apurar el paso para evitar la insolación.

A las 14:45 horas estamos pasando ante el Hotel Jakue y unos 200 metros después entramos por fin en el Albergue de los Hermanos Reparadores de Puente la Reina, donde una cola de peregrinos espera su turno para la asignación de litera previo pago de 5  . Gloria no se encuentra bien. Nos deja su credencial para que la presentemos en su nombre.

Refrescando las botas
En la Calle Mayor de Puente la Reina

Nos tocan habitaciones diferentes. Una vez aseados y colocadas las botas sobre la repisa de la ventana para que se refresquen, Juan le proporciona a Gloria alcohol de romero para que se friccione sus doloridas rodillas, necesita descansar y tomar una decisión.

Inmediatamente, nos acercamos al centro del pueblo a tomar un tentempié. Aprovechamos para rendir visita a la Iglesia de Santiago. Es obligado hacerlo y en nuestra última etapa con mayor motivo. Ante la imagen de Santiago “Beltza” (el Negro) agradecemos su ayuda y las buenas vivencias experimentadas durante este Camino tan diferente al que estábamos acostumbrados. Genera curiosidad un gran cuadro de la Saníisima Trinidad expuesto en el lateral del evangelio que los lugareños consideran "prohibido" porque imaginan ver en él representados a tres Dioses [1] .

Santiago "Beltza" de la Iglesia de Santiago. Puente la Reina
La Santísima Trinidad de la Iglesia de Santiago. Puente la Reina

De vuelta al Albergue, toca estirar las piernas. A mí me pica bastante el antebrazo que tengo al rojo vivo. Nos habíamos olvidado que el sol existía. Después de la siesta toca un poco de tertulia sobre el césped- que rodea el albergue- sentados a la sombra. Gloria ya tiene una decisión tomada. Abandona el Camino. Teme que el dolor de las rodillas vaya a más. El Camino es inamovible –le digo para consolarla- en cualquier momento puedes reanudarlo. Aprovecho la ocasión para contarle lo que me sucedió en mi Primer Camino. -Yo también tuve que abandonar. Y después mira si he hecho Caminos. Es tanta la ilusión que tienes, sobre todo en tu primer Camino, que se hace muy duro el tener que dejarlo. También a mí me costó sus lágrimas el hacerlo.

Cuando llega la hora de la cena, Gloria declina ir con nosotros al Hotel Jakue, se tomará cualquier cosa en el albergue. Hoy nos permitimos un lujo de cena para celebrar la conclusión feliz de nuestro Camino de este año.

De vuelta al Albergue y antes de pillar la cama, hecho un vistazo al “Libro del Peregrino”. Repasando sus páginas encuentro una bella nota que me emociona y que transcribo:

Día 14-junio-2008

“12h 40. A los tres amigos Mario, Juanito! y Pepito!!
 Encontrados sobre el Camino del “Pièmont”.
 Vamos a dormir a Cirauqui o Lorca.
 Hasta pronto sobre Internet.
 Pensamos también a Richard y Claude.
 Buen Camino!

Chantal y Christiane”

Han cumplido su promesa. Buenos peregrinos este matrimonio francés de Tarbes. Es reconfortante saber que se acuerden de tí. Me viene a la memoria la hermosa velada en casa del Padre Pierre  de Arudy, en su compañía y la de los belgas Richard y Claude que andarán en estos momento en algún lugar del Camino del Norte y del brasileño Marcelo que marchará siguiendo los pasos de Chantal y Christiane.

Con estos bellos recuerdos, me voy a la cama.

EPILOGO

A partir de las seis, comienza el movimiento de peregrinos. Entre sueños escucho el crujir de los plásticos y el ir y venir de los peregrinos por el Albergue que poco a poco va quedando desierto. Sólo permanecemos en él los que hemos terminado el Camino, los que abandonan y los ciclistas. Sobre las ocho me levanto, no hay prisa. En la cama superior permanece Gloria durmiendo como un lirón. La tranquilidad impera en el Albergue.

A Pepe lo encuentro terminando de guardar sus cosas. Juan ha salido temprano hacia Eunate para cumplir una promesa. No tarda mucho en volver.

Todo recogido, nos dirigimos a la Calle Mayor en busca de un bar donde desayunar mientras esperamos la llegada del amigo de Juan que nos tiene que trasladar a Castellón. Pronto recibimos una llamada telefónica. Ha llegado a Puente la Reina.

Llega la hora de despedirnos del Camino por este año. El que viene Dios y nuestro querido amigo "Santi" proveerán.

Durante el trayecto de regreso a Castellón, mi mente va pasando un trailer de lo vivido en este peculiar Camino. Desde nuestro primeros pasos fallidos al encuentro de los Pirineos, el retorno a Lourdes, la hermosa Voie du Pièmont que tantas vivencias nos ha proporcionado, nuestro paso por los temibles Pirineos de la Baja Navarra, hasta nuestro encuentro con la hermosa Vía del Baztán. En resumen, uno de los más bonitos Caminos de los realizados hasta el momento para añadir a mi memoria.

No quisiera concluir este diario, sin agradecer a mis amigos y compañeros de fatigas Juan y Pepe su compañía y paciencia con mi paso cansino, esperando poder ccompartir con ellos futuros Caminos.

"El Camino no se anda, se vive"

¡ULTREIA Y SUS EIA!

'BUEN CAMINO!

Castellón de la Plana, 12 de febrero de 2009

 

 


[1] Nota del redactor: En realidad, el cuadro representa una Trinidad antropomorfa donde aparecen las tres figuras sedentes sobre una gloria de nubes con sus atributos que las identifican: cetro, estigmas y paloma. Es obra atribuida al pintor mexicano Miguel Cabrera y fechada a mediados del siglo XVIII. Formaría probablemente parte del legado enviado por algún conquistador español.