El Patriarca del Belate

17ª JORNADA

Venta de San Blas – Olagüe (15 km)

Miércoles, 18 de junio de 2008

En el remanso de paz de la Venta de San Blas hemos dormido como benditos. A las 07:15 horas, ya cansados de tanta cama nos vamos levantando y aseando y cargados con los bártulos peregrinos bajamos al comedor donde nos está esperando Xefe.

Mientras Xefe nos sirve unos espléndidos desayunos que vamos degustando sin prisas, nos cuenta como su marido prepara unos caracoles de su especialidad que exigen esmerada dedicación y paciencia. Tiene que lavarlos y purgarlos, luego sacar la molla uno a uno que una vez picadita y mezclada con jamón serrano, vuelve a introducir en los caparazones para finalmente cocinarlos. Los suele preparar para los cazadores que acostumbran a alojarse en la Venta durante la temporada de caza, a partir del 1 de octubre hasta el 15 de noviembre. Por aquí, se cazan palomas, becadas, corzos y algún que otro zorro del que se aprovecha solamente la cola para venderla por unos 18 €. Por su parte, Karlos nos da los últimos consejos para no extraviarnos en el bosque. ¡Qué amable pareja!

A las 08:35 horas, después de pagar la cuenta (110 €), nos despedimos de la amable pareja. Aunque todavía hace algo de fresco, se respira Naturaleza, el cielo aparece prácticamente despejado lo que augura un buen día. Menos mal, lo estábamos deseando.

 

Por piso de hojarasca, entre estiradas hayas....

Casi al final de la curva de herradura que forma la carretera, hay una fuente y junto a ella parte una senda entre dos ribazos por la que nos dirigen las flechas amarillas. Es un buen repecho de unos 150 metros que corta el “lazo” de carretera. Cruzándola, salimos a un camino en ascenso y tras pasar un portillo con escalera nos desviamos a la izquierda en diagonal por la ladera alejándonos poco a poco de la carretera. Por piso de hojarasca entre estiradas hayas que son la delicia del paisaje vamos ganando altura. Pronto pasamos junto a un cobertizo. La senda va zigzagueando y aunque la pendiente es severa, el solo hecho de contemplar el paisaje que la Naturaleza nos ofrece es suficiente para infundirnos fuerzas. Subimos como en volandas. Es maravilloso. Los rayos solares en su esfuerzo por traspasar el tupido bosque dan al entorno unas tonalidades de color indescriptibles formando unos contraluces que permanecerán en nuestro recuerdo mientras vivamos. Es un regalo de la Madre Naturaleza que hay que saborear con avaricia. Ambiente propicio para entonar las hermosas estrofas del Gracias a la vida. Este paradisiaco lugar se lo merece.

Contraluz
Saboreando el paisaje

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
graba noche y día grillos y canarios;
martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano;
cuando miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
los dos materiales que forman mi canto,
y el canto de ustedes que es el mismo canto
y el canto de todos, que es mi propio canto.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Entre verso y verso vamos cubriendo los 900 metros que nos separan de un collado situado a una cota de 850 metros. A partir de aquí, el camino comienza a llanear por el monte. La arboleda es ahora una constante, seguimos atiborrándonos de paisaje. En suave descenso llegamos a un claro junto a una borda, por donde sale una pista a la derecha y otra de frente cerrada con un portillo. No localizamos ninguna flecha. No muy convencidos, tomamos la pista de la derecha que desciende y cuando nos damos cuenta que va a salir a la carretera, retrocedemos. Nos hemos equivocado en el cruce del que Karlos ya nos puso sobre aviso. Llegados de nuevo al claro por fin logramos ver una flecha amarilla algo escondida sobre el tronco de un árbol por la pista que sale enfrente. Tenemos que pasar un portillo y por piso muy encharcado proseguir a media ladera en paralelo a la carretera.

...pasamos junto a unos corrales abandonados..

 

 

El camino convertido en una regata

Después de unos metros bordeando la ladera, pasamos junto a unos corrales abandonados. El piso se hace más pedregoso y en algún momento hay que prestar atención con las rocas desprendidas. Nos dirigimos en suave ascenso a un barranquillo por donde mana abundante agua en cascada procedente de una regata. Tras la casacada, el agua fluye sobre las pulidas piedras del camino formando pequeños saltos de agua. ¡¡De postal!!.

Disfrutando del último tramo de bosque del Belate

 

 

Hermosa cascada

A partir de la cascada, el camino salva el barranquillo hacia la derecha y comienza a ascender los pocos metros que quedan para salir al claro por un portal natural formado por dos esbeltos robles a ambos lados del camino. El de la izquierda, por su envergadura, debe ser el “Patriarca del Belate”. Parece como si nos hubiéramos despertado de un sueño. Desde el portillo han sido 1200 metros de bosque total.

Aquí comienza la calzada romana, que discurre por terreno desnudo, flanqueada a intervalos por losas puntiagudas y con un piso de prado empapado de agua por el que sobresalen restos de la antigua calzada. Estamos en lo más alto del puerto a 921 metros de altura. 100 metros de cota por debajo podemos ver la carretera desde donde un grupo de senderistas inicia el ascenso a la ladera. 700 metros después de salir del bosque, junto a las ruinas de la Ermita de Santiago, nos cruzamos con ellos. Son un grupo de estudiantes que, dentro de sus actividades escolares, hacen la clásica ascensión al Saioa. Se sorprenden de ver a unos peregrinos por estos parajes. Estaban convencidos que el único Camino de Santiago es el Camino Francés. Desconocían la existencia de este Camino. Después de un rato de charla, continúan su ruta despidiéndonos con un Buen Camino.

Calzada romana del Alto de Belate

En este collado, decimos adiós al Valle del Baztán, que tan buenas vibraciones nos ha proporcionado, pasando al Valle del Ultzama.

Por un rústico portillo que debemos saltar con la ayuda de unas piedras colocadas al efecto, nos dirigimos en pronunciado descenso al Monasterio de Belate que tenemos a la vista al fondo del barranco junto al cauce del Río Ultzama en sus primeros metros de curso. Es una bajada formando eses por terreno desnudo, en la que hay que emplear todos los sentidos, pues el piso se encuentra muy resbaladizo por el barrillo. 500 metros más abajo enlazamos con la pista de acceso al Monasterio desde la carretera que tomamos a la izquierda y casi en llano lo alcanzamos 150 metros después [1] .

Llegando al Monasterio de Belate
Iglesia de Belate

El Monasterio de Belate comprende en la actualidad dos construcciones. A la izquierda se encuentra la Iglesia de una sola nave y portada románica cuyo interior –muy desangelado- podemos ver a través de una reja. Destaca una enorme chimenea y los contrafuertes. A la derecha está la otra edificación -recientemente restaurada que serviría como estancia de los monjes. Es un lugar muy solitario situado a 826 metros de altitud. Hacemos un pequeño receso para tomarnos unos tragos de agua aprovechando el tiempo que sigue siendo espléndido.

Reanudamos el Camino caminando por la ribera del naciente Río Ultzama durante unos 150 metros, salvándole por un puentecillo de hormigón, penetrando en nuevo bosque e iniciando el ascenso a la ladera por un atajo que sale a la derecha de la pista. De nuevo en la pista continuamos la exigente subida hasta alcanzar los 900 metros e iniciar un llaneo por otro espectacular bosque de hayas.

Entre las hayas

La pista a tramos se hace intransitable por el agua acumulada lo que nos obliga a caminar entre las hayas con el consiguiente peligro de pérdida. En algunos momentos, incluso nos vemos perdidos pero ahí tenemos al amigo Santi para sacarnos de los apuros. Da pena abandonar tan paradisiaco lugar pero como ocurre en la vida, todo llega. Comienzan a mezclarse los robles entre las hayas y a aparecer brezos y matorrales lo que vaticina la terminación del bosque para salir a terreno despejado entre tierras de labor.

Ya tenemos a la vista la localidad de Lantz a la que nos dirigimos en descenso por pista embarrada. Después de una hora de camino desde el Monasterio, entramos por una bocacalle de la Calle Mayor al pueblo de Lantz, seguimos la Calle Mayor a la derecha. Son las 12:15 horas. Buen momento para buscar un sitio donde almorzar o comer y descansar. Siguiendo las indicaciones de un vecino, nos acercamos a “La Posada” donde nos atiende el posadero Peio que con cara de pocos amigos nos dice que durante la semana no acostumbran a servir comidas que deberíamos haber avisado. Ya lo saben en la Venta de San Blas –nos dice-. Es el único lugar donde podemos tomar algo ya que en Olagüe no hay nada. Así que, mientras nos tomamos unas cervezas, intentamos con diplomacia trabar amistad y pedirle que por lo menos nos pudiera preparar unos huevos fritos. Peio al final accede y como si de un mago se tratara, se saca de la chistera varios platos que por supuesto debe tener ya cocinados. Darme un tiempo para prepararos la comida. Pueden ser unas alubias y de segundo un bacalao al ajo arriero o unas patas de cerdo. Le pedimos que nos saque lo que le venga mejor a él. Nosotros nos conformamos con todo. Al final hasta nos vamos a hacer amigos.

Mientras prepara la comida, salimos a pasear un poco por el pueblo aprovechando la buena mañana de sol. De nuevo en “La Posada”, nos acomodamos en una mesa y nos disponemos a comer. Nos fijamos en los vistosos cuadros que adornan las paredes del bar-comedor. Todos ellos con pinturas representando a los personajes que salen en los famosos carnavales que tienen lugar en el pueblo, en todos los cuadros, la figura sobresaliente es un muñeco con los brazos en cruz que caracteriza al bandido Miel Otxin [2] .

La Posada de Lantz

 

 

Calle Mayor de Lantz

Peio, ya con cara sonriente, nos saca una fuente rebosante de alubias rojas humeando con un aspecto impresionante. Esto ya es la comida que estábamos esperando encontrar en Navarra y nos ha venido de la forma mas inesperada. Están tan buenas que repetimos dejando la fuente limpia como una patena. Y que decir del segundo plato, unos huevos fritos acompañados de un bacalao al ajo arriero soberbio. Al final hemos tenido suerte.

Durante los cafés, aparecen tres peregrinos franceses que vienen siguiendo nuestros pasos, un hombre y dos mujeres que piden  también alimento. Hoy han salido de Berroeta y a su paso por la Venta de San Blas, Karlos y Xefe ya les han puesto en aviso de nuestra presencia en el Camino. Ellos no tienen tanta suerte como nosotros, se tienen que conformar con unos bocadillos de tortilla a la francesa.

Las alubias de Peio
Tomando los cafés junto a uno de los cuadros de los carnavales de Lantz

Peio nos recomienda que sigamos la carretera hasta Olagüe ya que el tramo de camino que deja el asfalto debe estar hecho un barrizal. No merece la pena –nos dice- total son unos 2,5 km hasta la carretera y 2 km hasta Olagüe. En una hora estareis de sobra allí. Después de pagarle la cuenta (37,2 €) –calidad/precio inmejorable-, nos disponemos a continuar. Los franceses todavía se quedan.

A 700 metros del pueblo cruzamos por un puente el Río Elzarrain y 1 km después de marchar por la margen izquierda del río, justo antes de iniciar la carretera una curva a la derecha, vemos las flechas que indican el desvío del Camino por una pista. Haciendo caso de la recomendación de Peio seguimos carretera adelante, que en medio de la curva cruza de nuevo el río por un puente, para salir a la carretera general 400 metros después.

Por un camino pegado a la carretera evitamos el peligroso tráfico de transporte pesado y 2 km mas allá estamos entrando en el pueblo de Olagüe cuando son las 14:30 horas.

Nos dirigimos a la plaza de la Iglesia donde nos descargamos las mochilas y esperamos a que Juan encuentre a Araceli para que nos proporcione las llaves de la Casa Parroquial donde esperamos poder pasar la noche. Al cabo de un rato, regresa en compañía de Araceli quien nos guía hasta la Casa Parroquial situada justo por detrás de la Iglesia.

Llegando a Olagüe

 

 

Iglesia de Olagüe

Cuando Araceli abre la puerta, nos quedamos de piedra. Está todo hecho una calamidad. Nos dice que podemos hacernos sitio en la planta baja o bien en el primer piso. La planta baja se utiliza como salón social donde la juventud prepara sus diversiones, no es el mejor sitio para ubicarnos. Subimos a la primera planta. Todo está manga por hombro, lleno de polvo y con trastos diseminados. Parece como si estuviera en obras interrumpidas. Es lo que hay nos dice la buena señora. Es el destino del peregrino, de vez en cuando hay que hacer de tripas corazón y aceptar la hospitalidad que nos ofrecen de buen grado la vecindad. Nos dice Araceli que está previsto la apertura de un Albergue en esta casa. Nos elegimos la habitación mas soleada con una balconada frente a la Iglesia. Por lo menos aquí hará menos frío. Araceli, muy atenta y disalachera se compromete a traernos una buena ensalada para cenar ya que no hay ningún sitio donde hacerlo o comprar en el pueblo.

Mientras tanto, aparecen los peregrinos franceses con un hijo de Araceli. También se quedan.

Nuestro humilde dormitorio de la Casa Parroquial

Ahora toca despejar la habitación, barrerla, fregarla y montar las camas que están amontonadas en la planta baja. Manos a la obra. Entre los tres, en poco tiempo apañamos un poco la habitación. Menos mal que la temperatura ambiente es buena. Ha quedado una tarde estupenda. Juan y Pepe se deciden a ducharse como pueden y a juzgar por los gritos que dan, el agua debe estar helada. Yo me resisto a hacerlo, no aguanto el agua fría y me lavo como los gatos. Toca ahora una siestecilla.

Cuando me despierto a las 6, me doy cuenta que estoy solo. Me arreglo un poco y salgo a buscarlos. En la planta baja, unos muchachos están alrededor de una televisión jugando al fútbol virtual con la “play station”. Pocas diversiones deben tener en el pueblo. Enseguida encuentro a Juan y Pepe que han ido a localizar la salida de mañana y a pedir las llaves de la Iglesia a Araceli. Hacemos tiempo visitando la sencilla iglesia y dar una vuelta por el pueblo.

A las 19:30 horas en punto, aparece Araceli con una fuente de ensalada con atún y huevos duros y un poco de pan. No encontramos palabras para agradecerle su deferencia. Si no fuera por ella no tendríamos nada que echarnos a la boca. Juan ha sabido bien ganarse su confianza.

Sin más dilación, sacamos una mesa y unas sillas en plena calle junto al “albergue”, y nos disponemos a dar cuenta de la completa ensalada. Hace una temperatura ideal. Incluso se puede estar en manga corta. Y pensar que ayer estábamos buscando el calor de una chimenea…. ¡Qué caprichoso es el tiempo por estos parajes! Se acercan unos paisanos sorprendidos por la escena. Nos explayamos a gusto con ellos, no hay prisa. Nos dicen que el pueblo ha cambiado mucho de un tiempo a esta parte. Antes había hostales, bares y tiendas, ahora no hay nada de nada. Es un pueblo dormitorio. Cualquier cosa que necesites te tienes que acercar a Pamplona. La verdad es que con la buena carretera que hay en media hora estás allí. En la conversación se siente la proximidad de Pamplona.

Cenando al aire libre

Terminada la tertulia, nos acercamos a la casa de Araceli para devolverle la fuente y pedirle la “cuenta”, pero no nos quiere cobrar nada. Dice que nos invita. Pues si que está bien-le decimos- encima que le hemos dado trabajo. Ante su empeño por mantener su invitación, no nos queda mas remedio que agradecerle lo bien que se ha portado con estos desconocidos peregrinos. Todavía le queda cuerda a Araceli para seguir conversando sobre el proyecto de Albergue de Peregrinos, el pueblo en general, Pamplona, su familia, etc. etc. La verdad que la Casa Parroquial es un sitio idóneo para Albergue. A ver si terminan pronto la restauración. El único inconveniente es la falta de servicios, pero sabiéndolo es una cosa que tiene solución. Es una habladora innata. No tiene prisa en despedirse Tenemos que despedirnos nosotros diciéndole que mañana nos queremos levantar temprano para llegar pronto a Pamplona, antes de que el calor apriete.

De vuelta al “Albergue”, encontramos a los franceses acostados y medio dormidos. No tengo mas remedio que molestarles para decirles que mañana saldremos muy pronto y que se encarguen ellos de dejar las llaves en casa de Araceli. Les deseo Buen Camino y buenas noches.

Ya en el camastro, no dejo de pensar en la bonita etapa vivida. La subida al Belate, los hayedos, la comida de Lantz y la buena gente, en especial Araceli, que nos ha acogido como si fuéramos de la familia.

Buenas noches y hasta mañana.



[1] Nota del redactor: El Monasterio-Hospital de Santa María de Belate data del siglo XII dependiendo directamente de la Catedral de Pamplona. Funcionaba también como Hospital de Peregrinos.

[2] Nota del redactor: En Lantz, los carnavales tienen lugar el martes de carnaval, escenificando el apresamiento, juicio y muerte del mítico bandido Miel Otxin. Los personajes que forman la comparsa del carnaval de Lantz son el «ziripot», vestido con traje de saco relleno de paja; el «zaldiko», joven disfrazado de caballo que intenta continuamente hacer caer al suelo a ziripot; los «arozak» o herreros, que persiguen al zaldiko para herrarlo, y los «txatxos», vecinos con trajes estrafalarios armados con palos y escobas. Tras un intento de huida de Miel Otxin, un gran muñeco con los brazos en cruz, es abatido en el monte de un tiro y luego quemado al anochecer, mientras todos los personajes bailan la mutil danta y el zortziko.